One of these days.

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Re: One of these days.

Mensaje por roxxiie.GD el Jue Abr 01, 2010 1:12 am

ESA PELI NUNCA LA PUDE VER .__. ES LA DE JOHNNY DEEP, NO?

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Re: One of these days.

Mensaje por Amanda el Jue Abr 01, 2010 1:22 am

sí, la del barbero :B

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Re: One of these days.

Mensaje por soxfreak el Vie Abr 02, 2010 12:07 am

me trae recuerdos leer esoo xD es como .. wn te acordai cuando leia eso y estaba super emocionada !! y metia en la historia xD

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Re: One of these days.

Mensaje por Amanda el Vie Abr 02, 2010 12:09 am

oh, que risa, cuando terminó STOF y creo que que´rias matarme xD

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Re: One of these days.

Mensaje por AleKerplunk el Vie Abr 02, 2010 12:10 am

la Kmy siempre quiere matarte para el final de tus fics xd

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Re: One of these days.

Mensaje por Amanda el Vie Abr 02, 2010 12:14 am

y a mediados.... y a inicios...
eh... subiré cap acá, para hacer algo xD
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Chapter seven.
-¿Te acostaste con Anastasia? –preguntó Jenny, sorprendida.
Billie sonrió.
-Claro que no, lo dije para que Mike se fuera... Soy un idiota.
Seguían en el parque. Ya eran las diez, por lo que estaba oscuro. Las estrellas estaban tapadas por las nubes que surcaban el cielo, al igual que la luna menguante. Billie había contado todo, sin omitir nada y sin ninguna interrupción de parte de la pelirroja.
-Lo siento mucho, Billie –dijo ella, sinceramente.
-No te preocupes... Algún día pasaría...
-Sí, todo el mundo alguna vez engaña a su pareja por error, pierde todo, se droga, intenta suicidarse y se pelea con sus dos mejores amigos –ironizó Jennifer. Billie la miró, molesto-. Es la verdad, no es algo que iba a pasarte.
Billie negó. Metió una mano en un bolsillo y sacó una cajetilla de cigarrillos, de la cual sólo sacó uno. Luego la guardó y sacó, del mismo bolsillo, un encendedor, con el que prendió el cigarro.
-Que maleducado soy... –musitó- ¿Quieres uno?
Ella rió.
-No, gracias, no fumo –contestó. Él se encogió de hombros, intentando ignorar que esa era otra cosa en común que tenía Jenny con... Bueno, él se entendía.
Se quedaron mirando el cielo durante un buen rato, hasta que Jennifer se paró, omitiendo una mueca de dolor (lo más posible, al menos).
-Me tengo que ir –dijo.
-Sí, yo igual –musitó él, incorporándose.
Sorpresivamente, ella lo abrazó, haciéndolo sonrosar, mientras que ella se sonrojaba demasiado.
-Por favor, no digas que tu vida no tiene sentido –susurró, sin soltarlo.
Él sonrió y se separó lentamente de ella.
-Me gustaría pensar que sí lo tiene...
-Pues hazlo –él la miró, alzando una ceja-. Tu vida tiene un significado. ¿Sabes cuánta gente escucha tus canciones, porque se siente identificada, porque los reconforta de algún modo? ¿Sabes cuánta gente escucha tu música, porque piensa que la hace un genio?
Billie estaba sonrojado y sorprendido por las palabras de la chica.
-Algo me dice que, viniendo de ti, eso es todo un halago –dijo él, mirándola a los ojos.
-Sí, señor –dijo ella, sonriendo.
Le dio un beso en la mejilla.
-Adiós –se despidió.
Jenny se volteó y se alejó, rápidamente, camino a su casa.
Billie se quedó mirándola por unos segundos. Luego, se dirigió a su departamento. Apenas llegó, sacó un cuaderno muy viejo. Lo hojeó y llegó a una página con los cinco mejores amigos de todos. El quinto era Jason, el cuarto Tré, el tercero Mike, la segunda Adrienne... Y la primera era la vieja Jenny, su ex novia de la adolescencia.
Nunca supo el porqué ella había querido terminar con él. Sólo supo que un día ella llegó y le dijo que no quería nada más con él. Antes de eso, habían sido los mejores amigos del mundo. Podían contarse todo, sin problemas.
-Jason, estás fuera –murmuró, tachándolo. Tachó los números, de forma que Tré quedó en quinto lugar, Mike en el cuarto y así-. Jennifer Kiffmeyer gana el primer lugar.
Mientras, en su habitación, Jenny escribía el final definitivo de la historia que estaba por publicar. Esa conversación con Billie había sido tan... Tan inspiradora... Al fin se le había ocurrido como hacer para que todo quedara bien y “cerrado”. No le gustaban los finales abiertos, ya que sentía la obligación de continuarlo. Recordaba una historia que les hicieron hacer en el colegio. En un comienzo, la profesora se había enojado porque ella se demoraba mucho en terminar el trabajo... Pero luego...
La profesora la hizo acompañarla a su oficina... Donde le pidió una historia completa, para cuando pudiese. Le llevó una al día siguiente. La profesora se la devolvió a la semana, sin hacer ningún comentario. Sin embargo, en la última hoja, estaban todas las críticas, que, en comparación a los halagos, no existían. Al final, había un número... El de Paul Hayes, su editor.
Pero tenía un problema muy serio: No podía escribir un buen final. Y esa era la primera vez que le salía uno bueno.
-Tu vida tiene mucho sentido, Billie –susurró, al escribir el punto final, seguido de un gran “FIN”-. Demasiado...
Tenía una vaga idea de cómo recompensarle todo... Pero...
No, era una locura...
Sólo requería el pensarlo un poco...
Prefirió dormirse; era tarde y estaba cansada. Apagó la luz y se durmió al instante.
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Re: One of these days.

Mensaje por roxxiie.GD el Vie Abr 02, 2010 1:00 am

*O* solo esoo*o*

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Re: One of these days.

Mensaje por Amanda el Vie Abr 09, 2010 4:34 pm

Acabo de recordar que yo resubía esto xDDD
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Chapter eight.
Chapter eight
El despertador sonó, sacando a Jenny del mundo de quienes duermen sin soñar. Se estiró y lo apagó. Lentamente, salió de la cama y, sin hacer ningún ruido, se dirigió al baño; sus padres seguían durmiendo.
Tomó una ducha muy rápida, volvió a su cuarto, se secó, vistió, peinó, tomó su bolso y salió. Compraría algo para comer en el camino, pero, si no salía, llegaría tarde.
Se sorprendió al ver, apoyado en el auto que estaba estacionado fuera de su casa, a Billie Joe, con un café en un vaso desechable, sostenido en su mano.
-¿Qué haces aquí? –preguntó ella, sorprendida.
-Hola, Billie. ¿Cómo estás? Que bueno que estés bien. Oye, ¿qué haces por aquí a estas horas? –ironizó Billie. Jennifer sonrió-. Te vine a buscar. Sé que no quieres subirte a ningún autobús por un buen tiempo, así que...
Ella sonrió, recibiendo el café que él le pasaba.
-Muchas gracias.
Se subió al asiento del copiloto, mientras que él subía al del conductor. Echó a andar el auto y se alejaron de la casa.
-Bueno... ¿Adónde te estoy llevando? –preguntó, haciendo que ella riera. Jenny le dio las indicaciones- Excelente, cerca de una plaza
La adolescente notó cuan melancólico había sonado eso, pero no hizo ningún comentario, aunque dirigió una disimulada mirada al asiento trasero, donde se veía el estuche de la guitarra eléctrica que debía haber en el interior.
-Y... ¿Qué se supone que haces con un editor? Digo... ¿Lee todo y lo arregla?
Jennifer negó.
-Te dice las cosas que podrías arreglar y cómo. También me ayuda a decidir que capítulos son basura y cuales son excelentes. Además, aguanta todas las estupideces que les hago a los personajes –explicó rápidamente, con una sonrisa.
-¿Cómo cuáles estupideces? –preguntó Billie Joe, interesado.
-Tengo una tipa con un enredo familiar más grande que Sudamérica –dijo a modo de respuesta-. Y a otra le maté a todos antes de la mitad del primer capítulo.
Billie la miró sorprendido.
-With an angel face and a taste for dead –cantó, haciéndola reír nuevamente-. Así era originalmente, pero no calzaba, así que pusimos “suicide”... A Mike y Tré no les agradó la idea, pero bueno... Así eran ellos...
Su voz se cortó. Mencionar a quienes habían sido sus dos mejores amigos como si estuviesen muertos, era tan terrible como perderlos otra vez.
-Los extrañas, ¿cierto? –inquirió Jenny, delicadamente. Él sólo asintió- Las cosas se arreglarán, te lo aseguro...
Billie lo descartó con un simple movimiento de su cabeza.
-Les dije cosas que nunca perdonarán... Tú pensarás que lo que le dije a Tré no fue tan malo, pero... Bueno, la forma en la que se lo dije... Aún si me perdonaran, su orgullo no les permitiría hablarme ni nada –musitó.
Jenny negó.
-Se arreglarán, estoy segura...
“Creo que requerirán de un pequeño empujón” pensaba mientras decía eso. ¿Qué idiotez se le estaba ocurriendo?
-Bueno, me llamas cuando estés lista –le dijo Billie, cuando estaban por llegar.
-No tengo tu número –dijo ella, con tono de obviedad.
Billie sonrió. Sacó una hoja muy arrugada de papel de un bolsillo, recogió un lápiz del suelo del auto y le anotó el número de su celular.
-Me llamas, ¿eh? No quiero que te vayas sola.
Ella sonrió, mientras el auto se detenía frente al edificio de la editorial de Paul Hayes.
-Muchas gracias, Billie –agradeció ella.
Le dio un beso en la mejilla y bajó.
Ya en el interior, corrió hacia el ascensor y subió en él los cinco pisos. Paul la esperaba, con una sonrisa en su rostro, surcado por arrugas, única señal de que su juventud estaba escapándosele de las manos.
-¿Cómo estás, Jenny? –preguntó él, aún preocupado por lo del accidente.
-De maravillas –respondió honestamente. Paul alzó una ceja-. En serio, no me pasó nada. Sólo quedé llena de moretones y algunos movimientos hacen que me duelan nuevamente los lugares de los golpes, pero eso es todo.
-¿Cómo te viniste? –inquirió, preocupado.
-Un amigo me vino a dejar –contestó.
No estaba segura de que el editor le hubiese creído, pero le daba igual. Se limitó a sentarse en el sofá que solía usar. Paul suspiró y se sentó en otro.
-¿Me traes un final?
Jenny sonrió.
-Al fin uno bueno –contestó, con una amplia sonrisa.
Así empezaron a trabajar.
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Re: One of these days.

Mensaje por roxxiie.GD el Sáb Abr 10, 2010 3:08 pm

lei*O* quiero masssss!!*o*

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Re: One of these days.

Mensaje por gdpony el Miér Abr 14, 2010 3:22 am

kiero leerlo todo :O ... kiero mas!!
son casi las 2 de la mañana y en vez de hacer mi tarea.. lei todos los capitulos! WUB

eres muy buena escribiendo Amanda Smile

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Re: One of these days.

Mensaje por Amanda el Miér Abr 14, 2010 5:56 pm

^ gracias Embarassed
asdfñjadlkjflkj gente, no sean como yo, hagan sus trabajos en vez de sacar la vuelta D: D: D: D: (malditos prefijos que se supone que busco xd)
Anyways....
_________________________________-
Chapter nine
Jenny salía del edificio, aún sonriente. Paul había amado el final. Aún con eso en mente, sacó su celular y marcó el número que Billie le había anotado.
-¿Aló? –preguntó él.
-¡Billie! Soy yo, Jenny –dijo ella, rápidamente.
-¡Hola! –saludó él, alegre- ¿Dónde te paso a buscar o vienes tú para acá?
Ella lo pensó un poco antes de contestar.
-Dime dónde estás y voy –respondió, firmemente.
Billie le explicó cómo llegar a una plaza que quedaba muy cerca y ella se encaminó hacia allá. Llegó a los pocos minutos al lugar. Encontró a Billie tocando con una guitarra eléctrica, de pie, con un pequeño amplificador. Llevaba una boina, pero estaba sin las gafas. Jenny esperó a que terminara la canción (era una de The Clash, si no se equivocaba) y se acercó a él. Se saludaron y fueron al auto, estacionado en la misma cuadra.
-¿Tienes planes o me acompañas a almorzar? –preguntó Billie, volviendo a Oakland.
-¿No te molesta? –el hombre negó, con una sonrisa- Ok, te acompaño.
Llegaron al edificio. Billie dejó el auto en el estacionamiento y luego subieron al séptimo piso, donde estaba su departamento, el 723.
-Perdón por el desorden –se disculpó él, mientras abría la puerta.
-No hay cuidado –dijo ella, con una sonrisa.
Sin embargo, a Jenny le costó un poco mantener esa actitud luego de ver el interior.
Solía quejarse de lo ordenada que su madre mantenía las cosas... La casa de Billie Joe, era exactamente lo contrario.
Había botellas de cervezas por doquier. Olía a encierro y había una gruesa capa de polvo sobre todas las cosas. La loza sucia estaba amontonada en el lavaplatos. El living estaba lleno de papeles y bolsitas plásticas vacía y los muebles estaban predispuestos en cualquier posición.
A medida que avanzaban, Billie iba recogiendo todas las botellas de cerveza posible y las guardaba en una bolsa.
-Podría ordenar aquí un día de estos –comentó para sí mismo, mientras pasaba un paño húmedo, relativamente limpio, por encima de la mesa, para limpiar un poco antes de comer.
-Te puedo ayudar, mi madre intentó convertirme en limpiadora compulsiva... ¿Cuándo fue la última vez que abriste las ventanas?
Billie negó, mientras dejaba el paño en el lavaplatos.
-No lo recuerdo –contestó.
Suspirando, Jennifer abrió todas las cortinas y ventanas que había en el living, iluminando y ventilando un poco el lúgubre lugar. Luego, se acercó a Billie.
-Puedo ayudarte hoy mismo si quieres –afirmó.
Él sonrió y le revolvió el cabello, haciéndola reír.
-Gracias... Pero comamos algo primero.
Pidieron una pizza familiar para los dos. Mientras llegaba, Billie puso música y se sentaron en el sofá a conversar.
La pizza llegó. Billie le pagó al repartidor y se sentaron alrededor de la mesa de la cocina, tras sacar dos botellas de medio litro del refrigerador.
-Una bebida para ti –dijo, pasándole una de las botellas a la adolescente-, y una linda cerveza para mí.
Después de almorzar, comenzaron a ordenar. Partieron limpiando el desastre que había en el living. Botaron toda la basura, pasaron la aspiradora y ordenaron los muebles, tras pasarles un paño por encima. Luego, entre los dos, se pusieron a lavar toda la loza sucia. Debido a la guerra de agua (comenzada por Billie), ambos terminaron muy mojados
-Terminamos con el living y la cocina –decía Jenny, mientras guardaba un plato.
Billie lo pensó un poco, mientras secaba un tazón.
-Mi pieza y el baño están hechos un desastre. Lo demás está igual que cuando llegué –contestó, pasándole el tazón a Jenny, para que lo guardara junto a los platos.
Ella asintió, pensativa.
-Yo limpio la pieza y tú el baño... No quiero meterme con el inodoro.
Billie maldijo, sacándole otra sonrisa a la joven. Él sí que sabía como hacerla reír.
Mientras él limpiaba el baño, ella comenzaba a ordenar el desastre de la habitación. Botó los papeles, las botellas y las bolsitas de cocaína vacías. No pilló ninguna con droga en su interior, por lo que dedujo que él no tenía más guardadas. Botó también las colillas de cigarro. Pasó la aspiradora por la alfombra de la habitación y luego hizo un montón con toda la ropa sucia.
-Billie, ¿tienes sábanas limpias? –preguntó ella.
Billie salió del baño.
-No –contestó, un tanto avergonzado.
-Bien, habrá que lavar estás también...
Billie sonrió. Ella lo miró sin entender.
-¿Qué es tan gracioso?
-¿Has visto una lavadora por aquí? –Jenny maldijo- Vamos a la tintorería...
-Bien... Y en el camino... Tengo algo que proponerte.
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Re: One of these days.

Mensaje por gdpony el Jue Abr 15, 2010 5:41 pm

:O .... mas! WOOT

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Re: One of these days.

Mensaje por Angie Armstrong el Vie Mayo 14, 2010 8:59 pm

nooooo amanda actualiza esta cosa *o* qero más :C

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Re: One of these days.

Mensaje por Amanda el Vie Mayo 14, 2010 9:40 pm

OH, VERDAD! XDDDDDDDDD
Ya, subo dos caps de una xd
(por si acaso, todos los caps es´tan listos, así que recuerdenme de subir sin culpas Smile )
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Chapter ten.
-¿Estás loca? –Inquirió Billie, ya en la tintorería, una vez que ella acabó de explicarle su “plan”.- ¿Realmente crees que vayan?
-¿Por qué no habrían de ir? –Preguntó Jenny, a modo de respuesta.- Son tus mejores amigos, seguro que irán...
-No lo sé –musitó Billie-. Es obvio que ya no quieren estar conmigo... Normalmente, su orgullo desaparece a los pocos días, no a las casi cinco semanas...
Jenny negó, echando otro canasto de ropa sucia a una de las lavadoras.
Llevaban ahí un buen rato, lavando toda la ropa de Billie Joe. Había desde paños de limpieza a sábanas, pasando por camisas, poleras, boxers, corbatas, calcetines y jeans. Lo increíble, era que aún le quedara ropa limpia en su casa.
-¿No hay otra forma? –Preguntó, suplicante.
-Eso o finges homicidio o secuestro o alguna otra estupidez –dijo ella, por enésima vez-. Da igual lo que hagas, tu “orgullo” –simuló comillas- queda dañado.
Billie Joe maldijo. Realmente quería recuperar a sus amigos, pero quería saltarse la parte de pedirles disculpas por ser un imbécil fracasado, que no sabe ni lo que hace ni dice... Y también quería saltarse la parte que venía justo después de ejecutar el plan de Jenny.
Terminaron de lavar la ropa y la pusieron a la secadora. Mientras se secaba, siguieron hablando de cómo harían que el plan funcionase. Era bastante simple, pero Billie Joe seguía diciendo que no iba a funcionar.
-Tan difícil no es –lo regañaba Jenny, subiendo una de las bolsas de ropa al auto-. Yo estaré ahí en caso de que algo vaya mal, ¿ok?
Billie suspiró, mientras echaba a andar el auto. Billie la dejó en frente de su casa.
-Te paso a buscar mañana –dijo él, antes de que ella se bajase.
-No hace falta, Billie –se apresuró a contestar ella.
-No era una pregunta, sino una afirmación –aseguró él-. En serio, no es ninguna molestia.
Jenny sonrió.
-Muchas gracias.
La adolescente tomó su bolso, se despidió del hombre con un beso en la mejilla y salió del auto, para entrar a su casa. Sus padres no estaban en el living. Seguramente estaban ocupados en su habitación, o habían salido. No le interesaba en lo absoluto.

-No quiero hacer esto –decía Billie Joe, por enésima vez.
-Vamos, es simple, llamas a Mike y le dejas el mensaje y luego haces lo mismo con Tré...
Billie suspiró y miró a Jenny.
-No tengo opción, ¿verdad? –Ella negó.- ¿Cómo explicas que estás tú aquí?
-Lo tengo todo cubierto –lo tranquilizó la pelirroja-. Ahora, ¿vas a hacer esas llamadas?
Él tomó el teléfono y marcó el número del bajista. Eran las dos, hora en la que Mike y Brittany almorzaban... Y ambos tenían la costumbre de no contestar el teléfono durante las comidas.
-Mike, sé que pasamos por muchas cosas juntos y... Bueno... –Billie no sabía que más decir. ¿Qué se decía antes de suicidarse? Las veces que lo había intentado, se había limitado a intentar tirarse por el balcón, sin decirle nada a nadie.- Quería decir adiós. Así que... Te veo en otra vida, hermano.
Sin saber que decir, colgó la llamada.
-Ok, ahora a Tré –murmuró Billie-. ¿Qué hago si me contesta?
-Improvisas. Le dices que no te interrumpa, le dices que planeas matarte y luego cortas la llamada –respondió Jennifer, sin dudar. Él la miró inquisidoramente-. ¿Qué?
-¿Cómo inventaste eso tan rápido? –Preguntó.
-Es una buena pregunta, cuya respuesta no existe –contestó, sonriendo-. Ya, ¡llámalo!
Billie revoleó los ojos y llamó a Tré, quien no contestó el teléfono.
-Tré, sé que estás ahí, dudando si contestar o no –comenzó Billie, seguro de lo que decía. De algún modo, sabía que Tré estaba acercándose más al teléfono, esperando una disculpa o algo-. Menos mal no contestaste, sino no sabría como decirte esto.
-Billie, ¿qué pasa? –preguntó Tré, contestando y preocupado.
El guitarrista se contuvo de maldecir.
-Adiós –fue todo lo que dijo.
Cortó el teléfono. Jenny le aplaudió enseguida.
-Eso estuvo bueno –dijo, sonriente.
-Gracias... ¿Ahora qué?
Jenny metió una mano en su bolso y sacó un frasco vacío de antidepresivos. Se lo pasó a Billie, quien miró sin entender.
-Vas a estar en tu pieza, con esto en tu mano –explicó ella, armándose de paciencia-. Cuando te dé la señal (que será un mensaje de texto que no contestarás), te harás el muerto.
Billie supuso que ella diría más, pero no fue así.
-¿Eso en que me ayuda? –preguntó él.
Ella sonrió, misteriosamente.
-Deben estar por llegar, voy a esperarlos en el pasillo, escondida –fue todo lo que ella dijo.
Jennifer salió del departamento, dejándolo solo. Buscó un sitio donde esconderse y esperó a que Mike y Tré llegaran, cosa que no tardó mucho en pasar. Primero llegó Tré, que fue corriendo hacia la puerta, quien empezó a tocar frenéticamente.
-Maldición –masculló el hombre, bajo, robusto y de cabello castaño. Sus ojos, de un color azul grisáceo, demostraban su preocupación-. ¡Billie Joe, abre la puerta!
Justo ahí, apareció Mike, quien era alto, de cabello rubio, ojos azules, y muy delgado. Era totalmente opuesto al baterista, pese a que también llevaba aquel semblante de preocupación.
-¿No contesta? –Preguntó apenas lo vio. Tré negó.- Mierda... ¡BILLIE JOE, ABRE LA JODIDA PUERTA!
Jenny decidió que era momento de actuar. Salió de su escondrijo y se dirigió hacia allá, tras mandar el mensaje a Billie.
-¿Hay algún problema? –preguntó ella, acercándose.
-Nuestro amigo está ahí dentro y creemos que se su... –Tré calló.
-Creemos que puede estar en problemas o algo peor –completó Mike, con un poco más de tacto. Jenny los miró, con falsa preocupación.
-Soy hija del encargado de este piso, tengo las llaves de aquí –dijo, luego de fingir pensarlo unos segundos-. Con gusto les abro.
Fingió rebuscar en su bolso por las llaves del departamento, pese a que las tenía en su llavero; las había puesto ahí apenas se escondió, para disimularlas con sus propias llaves.
-Esta es –susurró.
Abrió la puerta y Mike y Tré entraron, casi corriendo.
-Ok, algo anda mal –musitó Mike-. ¿Por qué está ordenado y no huele a cerveza?
Jenny casi soltó un improperio, pero logró contenerse.
-El señor Armstrong me pidió que le ordenara aquí hace un par de días –improvisó ella.
Mike y Tré comenzaron a buscar, habitación por habitación. El cuarto de Billie era el último del pasillo. Apenas llegaron, Mike y Tré entraron casi corriendo.
Mike soltó una tanda de improperios al ver el “cadáver” de Billie Joe, mientras que Tré se limitaba a mirar aturdido. Ambos se acercaron un poco más.
-Billie, deja de fingir –dijo Jenny, desde la puerta.
Mike y Tré la miraron extrañados, mientras que Billie se sentaba.
-¿Qué?
Sin contestar, la joven cerró la puerta por fuera.
-¿Qué mierda fue eso? –Preguntó Mike, molesto.- Billie, realmente creímos que habías muerto. Yo me voy de aquí.
Pese a que lo giró, el pomo no cedió.
-Lo siento, chicos, pero de ahí no salen hasta que se traguen su orgullo y se arreglen –decía Jenny, desde el exterior.
-¿Nosotros tragarnos el orgullo? ¡Él empezó! –exclamó Tré.
-Te dije que no funcionaría –canturreó Billie-. Ahora, Jenny, ¿nos dejas salir?
Mike lo miró sorprendido, pero no hizo ningún comentario.
-Arréglense primero.
Pese a que le insistieron por un buen rato, ella no les contestó nada más. Los tres maldijeron a la vez.
-¿Qué ocurre aquí? –preguntó Tré, al cabo de unos minutos de silencio.
-Oh, nada, sólo estamos teniendo una fiesta de té –ironizó Billie. Luego calló. Sabía que la única forma de salir de ahí, era diciéndose todo lo que tenía que decirse con Mike y Tré-. Bueno, a ella se le ocurrió que esta sería la única forma de que ustedes viniesen, y parece que así era y...
-¿Para qué querías que viniéramos? –preguntó Mike, dolido. Claramente, seguía enojado porque Billie se había “acostado con Anastasia”.
-¿No terminaste de decirnos todos los insultos que nos merecíamos? –añadió Tré, socarronamente. También seguía dolido porque le hubiese dicho idiota.
-Quería que vinieran... Para poder disculparme –dijo Billie.
Tanto Mike como Tré lo miraron sorprendidos.
-Es decir... Todo esto es mi culpa. Yo fui el imbécil que los trató mal y que les mintió. Mike, nunca me acosté con Anastasia, lo dije para que me dejaras en paz con mis malditos intentos suicidas –Mike asintió, mientras que él se volteaba hacia Tré- y Tré, no creo que seas un imbécil. La verdad, chicos, es que ustedes son los dos mejores amigos que cualquier idiota como yo podría llegar a tener.
Mike y Tré se miraron.
-Te equivocas, si no fuera un imbécil, habría sido un buen amigo y habría estado aquí, acompañándote –dijo Tré, abrazándolo.
-Sabía que nunca me harías algo así –le decía Mike, suspirando, uniéndose al abrazo.
Jenny abrió la puerta.
-Jennifer se va –dijo ella, hablando en tercera persona-. Parece que los tres tipos de la pieza de su amigo necesitan estar un rato a solas.
Sin más, se fue.
________________________________________


Chapter eleven.
Billie, Mike y Tré pasaron el resto de la tarde poniéndose al día, conversando respecto a todo lo que habían hecho y a planear cosas para el nuevo disco. Pese a que al comienzo el ambiente no era muy agradable, terminaron como si nada hubiese pasado entre ellos, como si esas últimas cinco semanas no hubiesen existido.
A eso de las seis, decidieron dejar los instrumentos de lado, para comer algo. Mike y Tré se sentaron en la (ahora) limpia mesada, mientras que Billie preparaba todo. Hizo unas lasañas para todos, mientras conversaban y demás.
-Como extrañaba la comida del tío Billie –decía Tré, riendo, ensuciándose entero con la comida.
-Como extrañaba ver al sobrino Tré manchándose toda la ropa –comentaba Billie, llevándose un trozo a la boca, ensuciándose igualmente.
-Como extrañaba ser el único imbécil que sabe comer –suspiraba Mike, sin ninguna mancha en sus vestimentas. Los tres rieron-. Ahora... ¿Nos dirás quién era la chica que estaba aquí?
-Ah, era Jenny, una amiga –respondió Billie, evitando la mirada acusadora que Mike le lanzaba-. A ella se le ocurrió todo el maldito plan, sin decirme nada.
Los otros dos sonrieron.
-Por Jennifer –“brindó” Mike, con su vaso de cerveza.
-Por Jennifer –respondieron Billie y Tré.
Los tres amigos tomaron lo que quedaba de sus respectivos vasos rápidamente. Sin embargo, la expresión que Tré tenía en el rostro no era de alegría, ni nada por el estilo. Era la expresión que ponía cada vez que se daba cuenta de algo grande... MUY grande.
-Se me hace conocida.
Eso era realmente algo que Billie no se esperaba. Sabía que el parecido era notorio, pero, aún así... Mike estaba apunto de concordar con Tré, cuando notó la expresión que había puesto Billie, quien se había quedado totalmente en blanco.
-Es hija de Al Sobrante –soltó el guitarrista.
Tanto el bajista como el baterista quedaron sorprendidos.
-Pero a él no se parece –musitó Tré.
-No mucho... Pero no sé, algo en la cara –aventuró Mike, “salvando” a Billie, quien se contuvo, dificultosamente, de suspirar por el alivio.
Tré asintió, no muy convencido, pero sin hacer ningún comentario.
-¿Y cómo se conocieron? –preguntó Mike.
-Oh, fue la primera que despertó en el hospital, después de que el autobús se volcó –respondió Billie, restándole importancia.
-¡¿Queeeeé?! –Exclamaron Mike y Tré, sorprendidos. Ese había sido un pequeño detalle que Billie Joe había olvidado mencionar.
-Sí, hace cuatro días, el lunes. Fuimos quienes salimos mejor parados...
-Eso no me importa, ¿qué mierda hacías en un autobús? –inquirió Tré.
-De algo tenía que ganarme la vida –espetó Billie, molesto. Sus dos amigos lo miraron boquiabiertos-. ¿Qué, tengo algo en la cara?
-¿Estabas tocando en un autobús por dinero? –Preguntó Mike, sorprendido.
-Sí, grave error... Pero me especializo en plazas.
Mike y Tré intercambiaron una rápida mirada.
-Se acabó, hablaré con Rob –dijo Tré, poniéndose de pie-. Te pones a componer hoy mismo, no te queremos mendigando por ahí.
-Sí, mami –dijo Billie, con un tono santurrón muy falso, haciendo que los otros dos rieran. Tré le dio unas palmadas en la espalda a Billie, les dijo adiós y se fue. Billie miró a Mike-. Algo me dice que tú también te diste cuenta de aquel pequeñito detalle...
-¿Pequeñito detalle? Pero... ¡Billie, son iguales!
El guitarrista se tomó la cabeza entre las manos.
-Lo sé –susurró, sin levantar la vista.
Mike siguió mirándolo fijamente, durante un buen rato, rato que el guitarrista empleó para terminar su cerveza
-Entonces, lo que quería preguntarte, querido Michael... –Lo miró fijamente, creando suspenso.- ¿Qué sabemos de reencarnaciones?
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Re: One of these days.

Mensaje por Angie Armstrong el Mar Mayo 25, 2010 3:17 pm

mierda ._. tengo qe confesarme fuck,
no me aguante y me la lei de una en el fotolog :C xdd. pero la leere aca tb si la subes de nuevo *o* esqe es muy cool C:

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Re: One of these days.

Mensaje por Amanda el Mar Mayo 25, 2010 6:34 pm

me perturbas! D:
BTW... Subiré 3 caps, porque ando de muy buen humor! WOOT
____________________________
Chapter twelve
-¿Reencarnaciones? –Preguntó Mike, extrañado, mientras Billie asentía.- ¿Por qué quieres saber de eso?
-Dime lo que sabes y te digo mi teoría –lo calló Billie, mirándolo fijamente con sus ojos verdes-. Por favor –añadió.
Mike negó con la cabeza.
-Sólo sé que es cuando alguien muere y el alma se va a otro cuerpo o algo así –musitó Mike, no muy seguro de sus palabras.
Si había algo que los dos hombres sabían, era que ninguno de los dos tenía idea de esas cosas. Serían unos genios en cuanto a música, pero no sabían nada de religiones, ni de cosas que tuviesen que ver con espíritus, fantasmas, almas, muerte y creencias populares varias.
-Bueno, ¿cuál es tu teoría? –inquirió Mike, impaciente.
Billie negó.
-De que esta Jenny sea la reencarnación de la otra... Pero eso significaría que la otra murió, ¿no? –Mike asintió.- Me niego a aceptar eso. Creo que esto requerirá algo de investigación...
El bajista cabeceó, dudoso.
-Billie, aún si fuera así... Eso no te traería a Jenny de vuelta. Esta chica... Bueno, estamos seguros de que no siente nada por ti, es tu amiga, nada más, y así deben ser las cosas, ya que si no, estás mal –dijo Mike, seriamente.
-Lo sé –murmuró Billie-, pero no me resigno a dejarla ir sin saber el porqué.
Jenny había sido una novia de Billie durante la adolescencia. Y, hasta el momento en que conoció a Addie, él estaba seguro de que ella era la única. Siempre lo hacía sentir bien consigo mismo, lo ayudaba en cuanto pudiese... Era una chica fantástica y nunca le había fallado... Hasta el día que decidió terminar con él, aquel verano de 1989. No supo nada más de ella, ya que dejó la escuela y, al parecer, el pueblo.
¿Por qué habían terminado? No lo sabía. Él nunca la había engañado, rara vez peleaban y, cuando lo hacían, se arreglaban enseguida. Y, lo más importante, ambos se amaban.
-Billie –musitó Mike, sacándolo de su ensimismamiento-, tengo que irme, Britt debe estar preocupada. Después de todo, escuchó el mensaje conmigo.
El guitarrista asintió. Se despidió de su amigo y se tiró en el sofá.
-Y todo vuelve a estar en orden.
Mientras, Jenny estaba en su habitación, muy ocupada mirando al techo como para prestarle atención a la conversación que llevaban a cabo su madre y su padre en la habitación contigua. En realidad, no era el mirar el techo lo que la tenía ocupada, sino sus pensamientos.
-No creerás que lo dice en serio... –Se filtró la voz de su padre. No le prestó atención.
¿A qué se debía la mirada que le lanzó Mike en cuanto la vio? Fue... Fue una mirada de reconocimiento, como si la hubiese visto antes en algún lado. Pero ¿dónde? Ella no lo conocía ni a él ni a ningún otro integrante de la banda. Y eso habría seguido así, de no ser por el choque del autobús.
Tampoco entendía el porqué con Billie Joe se llevaba tan bien. Era como si lo conociera de toda la vida...
-¡No, ella no puede hacer eso! –Exclamó John Kiffmeyer.
Pero Jenny no escuchaba más, ya que se había quedado dormida.
Soñaba con una escuela, para ella desconocida. Y veía a una pelirroja abrazada por un chico de ojos verdes y cabello castaño rojizo.
¿Acaso eran ella y Billie Joe?
No, no lo eran. La chica que había ahí era y no era ella misma. Se parecían bastante, pero se veía más... Más feliz. Como si no le faltase nada en el mundo. Como si no le faltasen ni amor, ni amistad, ni una familia agradable...
-Jennifer, ¡contéstame cuando te hablo! –Le gritaba alguien, un hombre, despertándola de un modo para nada agradable.- ¡Jennifer!
-Perdón, padre, me es un tanto difícil hablarte mientras duermo. –Ironizó la adolescente.- ¿Qué pasa?
-Tu madre me dijo que planeas dejar la escuela –murmuró John.
-Si le va bien al libro, por supuesto –contestó Jenny, sin dudar.
El hombre a quien estaba obligada llamar “padre” empalideció.
-No dejarás la escuela –susurró, amenazante-. ¿Oíste? No la dejarás...
-¿Por qué no? No aprendo nada ahí –se quejó ella-. Luego puedo hacer exámenes libres y sacar una carrera de todos modos...
John le echó una mirada fulminante.
-Ruega, por tu bien, que ese libro no se venda –masculló-, porque si sigues con tus planes –salió de la habitación- puede ser lo peor que te pase en tu vida.
Sin decir nada más, Jenny cerró con un portazo, un tanto asustada. Sabía que su padre era capaz de cumplir todas las amenazas insinuadas y más.
Sólo le quedaba esperar.
____________________________
Chapter thirteen
Jenny salió de su casa a la misma hora de siempre, aunque bastante más silenciosa, cuidando de no pisar los escalones que sonaban y de no chocar con nada en su camino a la puerta. No quería que su padre la viera salir. Después de todo, John no quería que su hija continuase con sus planes, sus sueños, sus metas... No, él quería que ella llevase la misma vida que él, que viviese día a día preguntándose que hubiera pasado si no hubiese tomado la decisión de continuar los estudios.
-Tienes la cara de alguien que ha sido amenazado a muerte –le dijo alguien, con una voz conocida, sobresaltándola.
-Billie, ¿qué haces aquí? –Inquirió, sorprendida.
-Lo mismo de todos los días: Te vine a buscar –respondió, con tono de obviedad-. ¿Qué te pasa que estás tan nerviosa?
Suspiró.
-Mi padre no quiere que deje la escuela después de sacar el maldito libro, si es que le va bien –explicó ella, molesta-. Dijo que, si todo salía bien, me arrepentiría.
Él le abrió la puerta del auto. Ella subió al asiento de copiloto, mientras que él daba la vuelta y subía a la del conductor.
-No le hagas caso. Mal que mal, eres su hija, ¿no? –dijo él, intentando calmarla.
-Créeme, eso no es un impedimento para él.
Billie la miró un tanto preocupado, pero no volvió a sacar el tema. El resto del trayecto, lo hicieron conversando de otros temas.
-Y Billie te va a buscar –dijo él, en tercera persona, mientras detenía el auto.
-Bueno –accedió Jenny, con falso tono de molestia-. Hasta luego.
Le dio un beso en la mejilla y bajó del vehículo, mientras que Billie iba a una cafetería. Mike y Tré le habían hecho prometer que no volvería a tocar por dinero, ni en plazas, ni en autobuses, ni en ningún lado, así que él no tenía nada que hacer en Berkeley. Pensó en visitar a sus hijos, quienes vivían ahí con su madre desde el divorcio, pero no podía. No aguantaría mirar a Addie a la cara y escuchar como ella lo trataba de imbécil, de idiota... Escuchar como ella le decía que no lo amaba...
Después de desayunar en una cafetería cercana al edificio del editor, Billie fue a la plaza de costumbre, sólo que ahora a componer... O intentarlo. Se distraía mucho con la disparatada teoría de que Jennifer Kiffmeyer pudiera ser la reencarnación de Jennifer Lovett. Era tan... Tan probable como que él fuese la reencarnación de Jimmy Hendrix.
Luego de lo que le parecieron cortos minutos, pese a ser eternas horas, su celular sonó. Era Jenny, diciéndole que estaba lista, así que volvió a buscarla.
-Paul dice que estará listo pronto –comentó ella, cerca de la entrada de Oakland-. Así que ya no tendrás que seguir yéndome a dejar... Aunque no hace falta, puedo tomar el autobús.
-No es ninguna molestia llevarte hasta allá, me da algo que hacer –se apresuró a decir él, honestamente-. En serio. Ahora, ¿quieres almorzar?
Ella sonrió.
-Gracias.
Fueron hasta el departamento de Billie, donde él preparó dos porciones de su sopa japonesa. Jenny la probó, con algo de escepticismo, pero terminó amando los fideos con picante, pollo, verduras raras y quién sabe que más.
-¿Cómo dijiste que se llamaba? –preguntó.
-Ramen –contestó él, divertido.
Estaba apunto de agregar algo más, cuando sonó el teléfono. Él fue a ver, apresurado. Mike y Tré siempre lo llamaban al celular, así que sólo podían ser Adrienne, Jakob o Joseph. Addie no lo llamaría y Jake estaba un tanto resentido con él, por lo que sólo le quedaba...
-¡Joey! –Saludó él, alegre, en respuesta al titubeante “aló” de parte de su hijo mayor.
-¡Papá! –Respondió el chico.- ¿Cómo has estado?
Conversaron un rato. Joey le contó acerca de su hermano, de su madre, como estaban las cosas, la escuela, mientras que Billie se limitó a inventar que estaban empezando el nuevo disco.
-Papá... ¿Por qué no vienes un día de estos? –Preguntó el niño, de pronto
Billie negó con la cabeza, pese a saber que su hijo no podía verlo.
-Veré que puedo hacer –mintió-. Cuídate.
-Tú igual –musitó.
Colgaron la llamada.
-Nunca te he preguntado por tus hijos –murmuró Jenny-. Ahora me doy cuenta que, viviendo tan cerca de ellos, nunca los veas. ¿Por qué es eso?
Billie la miró a los ojos, y sonrió, con tristeza.
-Con Addie –empezó- éramos la mejor pareja del universo entero. Nos contábamos todo, teníamos dos grandiosos chicos y nos amábamos con locura. Nada podía salir mal.
»Después de lo que pasó, Addie no quiere saber nada más de mí. Puso a Jake en mi contra y lo intentó con Joey. No le funcionó, pero no me deja acercarme a los chicos.
-Lo siento –farfulló Jenny.
-No hay cuidado –dijo él, quitándole importancia-. Eso no me duele tanto como el hecho de que –suspiró- aún la amo.
Jenny se acercó a él y lo abrazó, intentando darle un apoyo imposible de brindar.
____________________________
Chapter fourteen
Últimamente, sus sueños eran visiones de una adolescencia que le era ajena y le causaba una verdadera envidia. La pelirroja de sus sueños tenía un novio, tenía amigos, había visto que su familia era agradable. Todo le iba de maravillas. Nada le faltaba y, si algo llegaba a faltarle, lo conseguiría de inmediato. No había nada que ella pudiese anhelar con tanta desesperación como Jenny, que vivía aferrada a objetivos imposibles de cumplir. No lo demostraba, pero necesitaba cariño, afecto... Algo, aparte de la amistad de Billie, que le demostrase que estaba viva, que tenía sentimientos. Nunca había tenido novios y los amigos no eran algo que le sobrasen. Su madre no era afectiva ni nada, ni hablar de su padre. ¿Cuándo había sido la última vez que había recibido un abrazo? ¿Un “te quiero”? ¿Cuándo había sido la última vez que se había sentido querida, aceptada? ¿Cuándo había sido la última vez que alguien le había dado un beso en la frente, deseándole las buenas noches?
No lo recordaba.
Habían pasado dos semanas desde aquella conversación con Billie Joe, respecto a lo que pasaba entre él y Adrienne. Durante esas semanas, ella había seguido yendo donde Paul por lo del libro y se había juntado con Billie, prácticamente todos los días. A veces, se juntaban con Mike y Tré en la casa del guitarrista y conversaban, comían y ella veía como ensayaban y demás, para las sesiones de grabación, programadas para el mes siguiente, una vez que los hijos de todos entraran a clases.
Un débil rayo de sol entró a la habitación. Finalmente, amanecía. Estaba despierta hacía varias horas, pero no había logrado conciliar el sueño aquel sábado, segundo día de agosto. Y la razón no le era desconocida, la tenía más que clara. Después de todo, no era algo que ella iba a hacer todos los días.
Se vistió en silencio; no quería despertar a nadie. Ya se ducharía en la tarde, después de hacer lo que se había propuesto para el día.
Terminó de vestirse y bajó, saltándose varios escalones y procurando que su bolso no hiciese ningún sonido. Luego, tras dejar una nota en la mesa de centro del living (la cual indicaba que no sabía a que hora volvería), salió de la casa.
Respiró a grandes bocanadas el aire fresco. A esa hora, aún no pasaban autobuses, por lo que decidió avanzar a pie hasta hallar con uno.
Estaba llegando al límite con Bekerley. Aún le quedaba un buen trecho, pero ya tenía la mayor parte del recorrido hecha. Recién ahí pudo subirse a un autobús. No subía mucha gente a esa hora y nadie los chocó, lo que no dejó de ser un alivio para la joven.
Bajó del vehículo en cuanto vio que ya estaba en la calle indicada.
¿Qué estaba haciendo? ¿Cómo se le ocurría hacerlo? Era una locura, no podía hacerlo... ¿Cómo se le ocurría siquiera planteárselo en la cabeza? No, no, no podía hacerlo... Estaba volteándose en la calle, para volver a su casa.
¡No! Debía hacerlo, era por el bien de todos. No sabía cómo, pero estaba segura de que todo podía arreglarse. Sólo debía hablarle...
Suspiró y se dirigió a una casa grande, color lúcuma. Quizás era muy temprano... Pero daba igual, después de todo, no despertaría a los niños, ya que ellos estaban en casa de amigos. Y, por lo que sabía, Adrienne era más madrugadora que su madre cuando tenía que hacer “el aseo semanal”, los domingos.
Tocó el timbre.
-¿Aló? –Preguntó una voz femenina.
-Disculpa que te moleste, pero... –No había vuelta atrás, y lo sabía- Addie, tengo que hablar contigo, en serio.
-¿Quién eres? –Inquirió, preocupada.
-Una amiga de Billie...
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tan tan xd mañana/pasado/cuando me acuerde subo 2 ó 3 caps más xd

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Re: One of these days.

Mensaje por roxxiie.GD el Miér Mayo 26, 2010 12:02 am

estoy leyend, sisi me atrace xD (?

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Re: One of these days.

Mensaje por roxxiie.GD el Miér Mayo 26, 2010 12:29 am

2DOBLE POST DFSDJKFHSDJ e,e

NOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO
QUIEROOOOOOOOOOOOOO CAPITUUUUUUUULO T.T no me dejes con la intriigaaa D:
bueno me voy :') lei :3

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Re: One of these days.

Mensaje por Amanda el Miér Mayo 26, 2010 7:49 pm

alguien dijo cap? Smile Subiré 3 de nuevo, para terminar rápido xD
______________________
Chapter fifteen.
La casa de Adrienne estaba ordenada y limpia, muy limpia, casi tanto como la suya propia. Todos los muebles relucían y estaban dispuestos ordenadamente. No se veía ninguna mota de polvo. Sin embargo, Jenny se percató que, al contrario de la casa de Billie Joe, el lugar lucía triste y parecía que no había sonado una risa en él desde hacía un buen tiempo.
Addie se sentó en el único sofá sin plástico encima, mientras que Jenny tuvo que sentarse en uno de los otros. Se miraron fijamente un rato, hasta que la mujer rompió el silencio:
-¿De qué quieres hablar? Pero antes, dime tu nombre.
-Me llamo Jenny y... Quiero hablarte de Billie
La expresión de curiosidad que tenía Addie, desapareció, para ser reemplazada por una de asco o algo parecido.
-¿Qué quieres decirme de él? –Preguntó, despectivamente.
-Él te ama, realmente lamenta lo que te hizo –comenzó Jenny, pero Addie la detuvo con una mano.
-Ya lo sé –susurró la mujer-, pero no puedo perdonarle lo que me hizo a mí y, técnicamente, a los niños.
Jenny la miró fijamente.
-Al menos déjalo ver a sus hijos –pidió ella.
Adrienne la miró analíticamente, como preguntándose si contestar o no, o cuanto decirle, en caso de hacerlo. Lo que dijo salió al cabo de varios segundos.
-¿Qué edad tienes? –Inquirió, finalmente.
-Quince –respondió Jenny, extrañada-. ¿Eso importa?
Addie la miró, indecisa.
-Supongo, entonces, que no te habrá contado esto –musitó Addie-. Es mejor que lo sepas, para así poder juzgarlo correctamente.
»Yo planeaba perdonarlo, tenía pensado en decirle que lo perdonaba y que siguiéramos como si nada hubiese pasado. Él ya estaba en su departamento y el divorcio se llevaría a cabo al día siguiente, pero aún podíamos arrepentirnos. Así que fui para allá... y me encontré con una pequeña sorpresa
»Vi salir a una puta de su departamento. No pude entrar a exigirle una explicación ni nada, fue demasiado para mí. Sólo pude irme a casa y... y ponerme a llorar como una idiota desgraciada.
»Al día siguiente, en el divorcio, lo encaré y el estúpido de mi ex esposo negó todo, dijo que no recordaba haber estado con una prostituta, que sólo recordaba haber ido a un bar de mala muerte y que después había despertado en su living, con una resaca inmensa.
Addie contó eso, sin expresión alguna en su rostro o voz, mientras que Jenny la miraba sorprendida. Eso era lo último que se había imaginado de Billie Joe.
-No... No puedo creerlo... –Murmuró, con un hilo de voz- ¿Joey y Jake lo saben?
-Sí. Ambos saben que me engañó y que luego estuvo con otra mujer, al menos una vez; Jake lo odia y Joey le cree cuando dice que no quería y que no se había metido con la prostituta. Preferí mandarlos con sus primos por unos días, para que se olviden un poco del asunto –explicó Addie-. Y yo te aconsejo que te cuides... Ya no sé de lo que es y no es capaz mi espo... Billie.
Jenny asintió. Sin decirse nada más, Addie la fue a dejar a la salida.
¿Cómo había sido capaz Billie, su amigo, de meterse con una puta, sólo por despecho? Eso no tenía sentido alguno, desencajaba totalmente con la imagen que tenía ella de él. Sin dudarlo por un instante, Jenny se subió a otro autobús, dispuesta a regañar a Billie, gritarle, hacerle comprender que era imposible reconciliarse con Addie, que no importaba cuanto le rogase, ella no lo perdonaría, porque nadie era tan imbécil como para perdonar dos engaños del mismo hombre.
El vehículo se detuvo cuando ella apretó el botón, permitiéndole bajar. Corrió al apartamento del hombre y tocó la puerta, fuertemente, varias veces, hasta que un Billie Joe despeinado, somnoliento y con sólo un par de boxers y una polera le abrió.
-Jenny, ¿qué pasa? –Preguntó, extrañado.
-¿Por qué no me dijiste que te habías metido con una puta? –Inquirió ella a su vez, bruscamente, claramente enojada.
-Deduzco que hablaste con Addie –musitó él, mientras ella entraba.
-¡Sí! –Exclamó- Fui a preguntarle el verdadero porqué no te dejaba ver a sus hijos y me contó eso. ¡Nunca lo imaginé de ti!
-Escúchame –le decía él, pero los gritos de la adolescente eran más fuertes.
-¡Yo te apoyé! ¡Fui a hablar con ella para que se arreglaran! ¿Y tú omites ese “detalle”?
-¡ESCUCHA! –exclamó él, tomándole una muñeca, haciendo que ella soltara el bolso, que cayó bocabajo- Nada pasó entre esa puta y yo, nada. Seguramente me vio en mal estado en el bar y me trajo, a cambio de unos cuantos dólares, pero no hicimos nada...
-¿Y por qué no me lo dijiste?
-Porque no quería que tú también me dejarás de lado –farfulló.
Jenny sonrió, irónicamente.
-Te equivocaste de persona en ese caso.
Se soltó, tomó su bolso y, sin escuchar las réplicas del hombre, salió, dejándolo solo nuevamente, solo con sus problemas... Y unos cuantos papeles de ella, olvidados, aún desparramados en el suelo de la habitación, esperando a que alguien les prestase atención.
______________________
Chapter sixteen: Forgive me.
Billie tomó los papeles del suelo, entristecido. Sabía que esos papeles eran la única razón por la cual Jenny volvería a pisar su hogar. Había arruinado todo sólo por ser tan imbécil como para no haber mencionado antes que Addie había visto a una prostituta salir de su hogar. Volvía a estar solo, sin contar a Mike, ya que Tré estaba en New York con Ramona.
Suspiró. Dejó los papeles encima de la mesa de centro del living y fue a la cocina, donde sacó una cerveza del refrigerador. Sería otro día de no hacer nada, pensaba, mientras se sentaba en el sofá. Planeaba quedarse ahí el resto del día, que acababa de comenzar.
Su vista se desvió del techo a la mesa del centro, donde seguían los papeles. Se sintió tentado a tomar uno y comenzar a leerlo, pero se contuvo. Después de todo, ella no quería que los leyera.
Terminó la cerveza y, un buen rato después, fue al baño. Tras pasar nuevamente a la cocina, volvió al living, con un plato de pastas (sobrantes del día anterior) y un café. Dejó su almuerzo encima de la mesa de centro, junto a los papeles y puso música. Era un disco que compilaba unas ocho horas de su música favorita. Subió el volumen y comenzó a comer. Se sentía tan solo....
Nuevamente, su mirada se desvió a las hojas sueltas. Sin pensarlo antes, tomó una, sólo con el fin de analizar la caligrafía de Jenny.
Se sorprendió al comprobar que tenía la misma letra que la de Jenny Lovett. Iba a dejar la hoja de lado, pero leyó de casualidad una línea, escrita en primera persona, que era como la presentación del narrador...
Era él.
Quedó realmente anonado al asegurarse de que el nombre del protagonista era el suyo y que también salían Mike, Tré, Addie, Joey y Jake, más avanzada la lectura.
-¿Cómo que Addie está muerta? –susurró, extrañado.
Siguió leyendo, fascinado. Era una historia... Podría decirse que policial, ya que el Billie de la historia estaba intentando averiguar quién era el causante de la muerte de Addie. Llegó al clímax, estaba en la mejor parte...
-Mierda.
La última hoja sólo tenía dos líneas escritas. Los siguientes dos párrafos estaban tan tachados que eran ilegibles. Parecía que Jenny no podía escribir el final. Suspiró.
Se dio cuenta de que no había música sonando, lo que indicaba que el disco había acabo. Eso explicaba el porqué estaba tan muerto de hambre, pero no había querido interrumpir su lectura.
Se paró, dejó el plato en el lavaplatos y la botella vacía en la bolsa en la que juntaba las botellas. Volvió al living. Tomó un lápiz de algún mueble y se acercó a la última hoja, donde escribió en letras mayúsculas un gran “Perdóname”.
No tenía nada más que hacer, por lo que fue a su habitación, donde se metió a la cama y se durmió al instante.
Al mismo tiempo, en su casa, Jennifer Kiffmeyer encendía el computador. Paul le estaba pidiendo otra historia, por lo que debería traspasar una y cambiarles los nombres a los personajes de sus Fan Fictions. Abrió su bolso, para sacar una de sus historias...
No estaba.
Dio vuelta el bolso, vaciando todo su contenido. Había desde papeles a folletos, pasando por pañuelos y botellas plásticas de bebidas, vacías. Maldijo.
-Se debe haber quedado en casa de Billie –se susurró, pensando en voz alta, mientras empalidecía levemente-. Dudo que lo lea.
En realidad, no lo dudaba. Estaba segura de que la curiosidad del hombre bastaba para leer las hojas... Y descubriría que ella...
Negó. Se obligó a pensar positivamente.
¿Y de qué le servía? Se preguntaba, mientras apagaba el computador, inútilmente prendido. Creer algo no cambiaba la realidad, simplemente le daba un enfoque diferente y falso.
Se puso el pijama, fue al baño y, un tanto angustiada, se metió a su cama, donde se durmió de inmediato.
El día siguiente comenzó a pasar muy lentamente... Recién acababa de desayunar y sentía que el día se le había hecho eterno. Y sabía la razón: La pelea con Billie Joe. Ahora le parecía estúpida y demás. Había una posibilidad de que él dijese la verdad...
Negó con la cabeza. Debía hablar con él. Además, necesitaba recuperar esa historia para poder terminarla.
Sin dudarlo, tomó el bolso de siempre (cuidando de no llevar ningún papel) y corrió al edificio de su amigo. Subió al ascensor, donde apretó impacientemente el botón del séptimo piso. Llegó allá y corrió a la puerta 723. Tocó la puerta y Billie le abrió de inmediato.
Ella abrió la boca para decir algo, pero él la interrumpió.
-Sé que debí haber confiado en ti y decirte lo de la prostituta. Si no me crees, está bien, es cosa tuya... Pero... –la miró fijamente, con la honestidad reflejada en sus ojos- ¿Me perdonas?
______________________
Chapter seventeen: She could be my old love.
Jenny lo miró fijamente, con expresión molesta.
-No me gustó lo que hiciste; me hace creer que no confías en mí –masculló, cabizbaja. Luego, levantó la vista, con una sonrisa y, seguidamente, lo abrazó-. Sólo por ser tú quien lo pide, te perdono.
Billie le devolvió el abrazo, fuertemente, aliviado y feliz.
-¿Vamos a dar una vuelta? –Ofreció él, cuando se soltaron.
-Por supuesto –respondió la adolescente, con una gran sonrisa
Caminaron conversando, sin fijarse muy bien por donde iban. De algún modo, llegaron a un parque, cerca del atardecer. Se recostaron en el prado y quedaron mirando el cielo durante un hermoso atardecer.
Al mismo tiempo, mientras ellos conversaban, Mike entraba a una biblioteca. Estelle y Anastasia habían salido a comprar los útiles escolares de la niña, por lo que estaría solo un buen rato. Y como no tenía nada mejor que hacer, decidió ir a investigar el tema que no lo dejaba tranquilo: Jennifer Kiffmeyer.
La chica era idéntica a Jennifer Lovett... Su amor imposible. Ella estaba con Billie Joe, su mejor amigo. ¿Qué posibilidades tenía? Aún si terminaban, no podía intentar nada... Después de todo, no era bien visto que alguien saliera con la ex novia de un amigo. Al final, terminó superándolo y, saliendo con Anastasia, cerró definitivamente aquel “capítulo” de su vida.
Pero, aún así, nunca había dejado de preguntarse cómo hubiera sido una relación entre ellos: Dos amigos que, supuestamente, nunca se habían visto con otros ojos.
-¿Le ayudo en algo, señor?
Se volteó y se encontró con una anciana, una anciana que estaba apunto de desmoronarse ante él. Sus ojos, ocultos tras un gran par de anteojos de carey, lo miraban fijamente, con una expresión afable y amistosa en su rostro.
-No, gracias –respondió Mike, con una sonrisa.
-Sí necesitas algo, me lo haces saber, querido –dijo ella, aún sonriendo. Señaló la mesita detrás de él-. Estaré ahí.
Sin decir nada más, la mujer se alejó y volvió a su puesto, mientras que Mike se adentraba más en el lugar, lleno de libros, ubicados en los numerosos estantes. Después de buscar un rato, llegó a la zona que buscaba. Agarró un libro y comenzó a leer.
La reencarnación era cuando una persona moría y, al mismo tiempo, en alguna otra parte, nacía un bebé, que recibe el alma de la persona que había muerto. Pero otro libro le decía que, cuando alguien moría, su alma vagaba durante años, décadas e, incluso, siglos, buscando el cuerpo indicado para reencarnar. Sin embargo, el único libro que realmente le llamó la atención fue uno cuya portada estaba corroída y las letras (originalmente doradas) del título estaban totalmente desgastadas, casi ilegibles.
El libro explicaba, en un capítulo, la reencarnación según el punto de vista de la Iglesia Católica antigua. Se creía que las almas que habían hecho cosas malas, habían pecado o no habían cumplido todas las cosas que debían hacer en vida, reencarnaban y reencarnaban, hasta que cumplieran todo lo que les tocaba. Sin embargo, esa creencia fue eliminada de la religión cuando un rey (cuya esposa moribunda había sido cruel, vil y demás) le pagó al papa una buena cantidad de dinero para “cancelar” la reencarnación.
Mike leyó muchos libros más, y, a pesar de los diferentes enfoques, llegó a una conclusión.
Jennifer Kiffmeyer, podría ser su viejo amor; su viejo anhelado, imposible, inimaginable y muerto amor.

La brisa de la noche avanzaba por aquel parque desierto, sin contar a dos personas que seguían recostadas, mirando a las estrellas. Era un hombre y una chica. Podría decirse que eran padre e hija... O hermanos con una gran diferencia de edad. Nadie podría imaginarse que eran simplemente amigos.
-Será mejor que me vaya –musitó Jenny, poniéndose de pié. Billie la imitó.
-Pasemos a mi departamento primero... A menos que quieras que me quede con tus hojas.
La chica se limitó a asentir, con una pequeña sonrisa, mientras él la rodeaba con un brazo, haciéndola sonrojar. Billie lo notó y la miró, extrañado.
-¿Tus amigos y tú nunca caminan así? –preguntó.
-Eh... Éste... –Titubeaba Jenny, buscando las palabras justas para expresarse.- No somos muy expresivos que digamos –contestó al fin, un tanto incómoda.
Él sólo se encogió de hombros y continuaron la charla en el camino, sin soltarse, aunque se notaba que Jenny estaba bastante... ¿Incómoda? ¿Nerviosa? Algo por el estilo.
Llegaron al edificio y entraron. Caminaron hacia el ascensor, presionaron el botón del piso, esperaron que subiera y, en cuanto llegaron al pasillo, se dirigieron al número 723.
-¿Quieres quedarte un poco antes de irte? –Pidió él.
-Bueno, si lo pides así –accedió ella, sonriendo, yendo al living.
Él se dirigió a la cocina y sacó una lata de bebida y una de cerveza del refrigerador. Sacó un paquete de galletas y fue a living, donde encontró a Jenny, pálida.
-¿Qué pasa? –Inquirió él, extrañado.
A modo de respuesta, ella le mostró la última hoja de la historia: La hoja que decía que lo perdonara.
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Re: One of these days.

Mensaje por Angie Armstrong el Miér Mayo 26, 2010 7:54 pm

si se que soy rara Sad
pero nunca me habian dicho qe perturbaba u:ú xd aksjdjkasjkd

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Re: One of these days.

Mensaje por Amanda el Miér Mayo 26, 2010 8:15 pm

es que la palabra rara se usa mucho Sherlock <3

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Re: One of these days.

Mensaje por Amanda el Dom Mayo 30, 2010 12:28 am

alguien dijo más? no? no me importa xD
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Chapter eighteen: I love the way you write about me.
-¿Qué? ¿Qué tiene? –Preguntó él, extrañado de su reacción.
-¿Estuviste leyendo mis cosas? –Inquirió ella. Él asintió, causando que ella se sonrojara a más no poder.- ¿Por qué?
-Bueno, estaba solo, aburrido, tú estabas enojada conmigo y estaban esos papeles. Mi idea era sólo echarles una hojeada, pero quedé... Digamos que “atrapado” –explicó, honestamente-. Ahora yo soy el que siente que no confías en mí.
-Confío en ti... Pero... Bueno, no quería que leyeras eso –farfulló, incómoda.
-¿Por qué no? –Ella alzó una ceja, como si fuera obvio.- No me importa que me usen de personaje, siempre que esté bien escrito –añadió él.
-Eso está mal escrito –murmuró ella.
-En ese caso, tengo pésimo gusto, porque me encantó. –Jennifer lo miró, anonadada, mientras que él sonreía.- No tengo idea como lo hiciste, pero capturaste mi esencia. Realmente eran líneas que yo habría dicho. ¿De dónde lo sacaste?
Ella negó, sin saber como responder.
-Desde siempre, cada vez que veo una foto tuya, soy capaz de decir si estás triste, feliz, enojado o algo así –comenzó a explicar, tras tomar un sorbo de la bebida que Billie le había pasado-. Creo que así fui “conociéndote”. Y esa historia surgió de la nada.
Él asintió, comprendiendo.
-Así fue cómo me reconociste en el autobús. Nadie más lo hizo... Incluso había una chica que tenía un parche que decía “Green Day” en la mochila, pero no me reconoció ni nada –murmuró.
-¿Cómo no te reconoció? Se notaba que eras tú.
Sonriendo amargamente, él negó.
-Nadie, pero absolutamente nadie, supo quien era el imbécil que pasaba tocando por dinero –contestó-. ¿Ridículo, no? Tantos años en esto y sólo tú me reconoces.
Ella sonrió levemente.
-Ahora, me debes una explicación. Sé que eres perfectamente capaz de escribir sin usarme a mí... ¿Por qué lo haces? –Preguntó.
Jenny no dijo nada durante algunos momentos, como si estuviese meditando el cómo dar su respuesta, para que quedara entendible.
-Nadie lee una historia de personajes irreales –comenzó-, ya que no le encuentran la gracia a leer. Pero todo el mundo lee los Fan Fictions y cosas similares. Eso en parte. Lo otro... Bueno, había una chica en mi clase, que los ama tanto o más que yo y tenía una página con sus historias y se creía la mejor y criticaba a todas las demás, aún si las historias de ellas eran mejores que las suyas, ya que las de ella siempre seguían la misma... “Estructura”. Y eso no me gustó, así que también empecé a subir, para hacerle guerra. No creo haberla superado, pero hago el intento...
»Y luego apareció Paul en mi vida, por decirlo de algún modo. Y él quiere otra historia, aparte de la actual, para tenerla de apoyo. Así que ahora tengo que arreglar esta y cambiarle los nombres a todos y demás.
Él asintió y, seguidamente, la abrazó, haciéndola sonrojar.
-Amo como escribes de mí, en serio –susurró él.
-Lo dices sólo por decir –farfulló ella.
-Nope, lo digo porque creo que es verdad –rebatió él. Luego se separó un poco de ella-. ¿Me puedes decir cómo mierda termina?
Riendo, ella tomó su bolso y sacó unos cuantos papeles más.
-Ahí está el final –dijo Jenny-. Y yo me voy.
Le dio un beso en la mejilla a Billie Joe y salió del lugar, aún bastante sonrojada y con su historia en el bolso. No podía creer que Billie hubiese leído esa... esa... esa imitación a historia y le hubiera gustado.
Llegó a su casa, donde su madre estaba, como de costumbre, limpiando. Diana no había terminado de gritarle que se sacara los zapatos y ella ya estaba en la habitación, dejando sus cosas.
-¿Cuánto falta para poder irme de aquí? –Se preguntó, a un volumen inaudible de voz.
La respuesta le era desconocida. Sólo esperaba que fuese pronto.
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Chapter nineteen: The forest calls my name!
-¿Qué quieres que te diga, Jenny? ¡Me encanta! –Exclamó Paul, haciéndola sonreír.- Sólo tengo una queja, y es respecto a la escena del bosque.
Era miércoles por la mañana y la chica ya estaba con el editor en Bekerley. Ella le había pasado la historia el día anterior y su editor (quien no podía leer más rápido) ya la había terminado de leer, por segunda vez.
-¿Qué hay con esa escena? –Preguntó Jennifer, extrañada.
-Que describes todo en la historia, menos el bosque –contestó Paul, con tono de obviedad.
Ella negó con la cabeza.
-Hace tiempo que no voy al bosque –masculló-. ¿Me das el día libre mañana? –Añadió.
-Te doy la semana –respondió él, con una sonrisa-. Ahora, anda, que quiero tener algo seguro cuando publiquemos esto.
Agradecida, Jennifer se despidió y salió de la oficina. Caminó hacia el ascensor, bajó en él y salió del edificio, en dirección a una plaza cercana, plaza en la cual Billie acostumbraba a esperarla.
Lo encontró en la banca de siempre, leyendo una de las historias que le había pedido a Jenny. Sólo le costó una hora de ruegos y súplicas, pero, según él, había valido la pena.
-¿Cómo te fue? –Le preguntó Billie, al ver que se había sentado a su lado.
-Tengo que ir a un bosque –murmuró. Billie la miró extrañado-. Hay una parte en un bosque y describí todo lo que ocurría, menos el maldito bosque y no tengo idea de cómo hacerlo, así que tengo que ir a uno a describirlo.
El hombre asintió, pensativo, mas no dijo nada por varios minutos.
-Lo que no entiendo... Si ya terminaste la historia, si ya terminaste de editarla... ¿Por qué sigues yendo donde Paul?
Jenny suspiró.
-Por la portada, las citas de otros autores, la mini-biografía que va en la contraportada... En fin, aún quedan cosas por hacer y tengo que estar ahí con Paul supervisándolas todas.
Él sólo volvió a asentir.
-¿Quieres almorzar? –Inquirió, amablemente.
-He almorzado contigo casi todos los días desde hace un mes –respondió ella, con una sonrisa-. Por supuesto que almorzaré contigo hoy.
Se pararon y se dirigieron al auto de Billie, en el cual se dirigieron de vuelta a su departamento en Oakland.
-Creo que deberías ir mañana –soltó repentinamente Billie Joe. Ella lo miró sin entender-. Al bosque, deberías ir mañana temprano, así te aseguras que no haya nadie arruinando la escena de un bosque.
-¿Puedes decirme donde hay un bosque? –Preguntó ella, alzando una ceja.- Mi idea original era buscar imágenes e imaginar que estoy ahí.
Él negó con la cabeza.
-Yo conozco un lugar, puedo llevarte mañana –dijo, con una sonrisa.
-¿En serio? –Inquirió Jenny, incrédula. Él asintió.- ¿Por qué te tomas tantas molestias por mí? –Ahora su tono era de fingida desconfianza.
-Porque soy tu amigo, al contrario de John me preocupo por ti y... Digamos que el bosque llama mi nombre –dijo, riendo.
Así fue como el día siguiente los encontró dirigiéndose a un bosquecillo cercano. Billie había llevado su compilado de siempre, para tener algo que escuchar en el auto. Llegaron poco después de la media hora.
-Parece que va a llover –farfulló él, al ver el cielo.
-Excelente –dijo ella, con una sonrisa y sus ojos azules brillando levemente al ver las nubes. Billie la miró extrañado-. Amo mojarme en la lluvia, pero mi padre nunca me deja. Suele encerrarme cuando llueve, sin exagerar.
Billie abrió mucho los ojos, sorprendido.
-Si encuentras a tu padre amarrado bajo la lluvia algún día, yo no fui –masculló, en un fingido tono de inocencia, haciendo que ella se riera.
Caminaron varios minutos, adentrándose en el bosque, en aquel hostil ambiente al cual, obviamente, no pertenecían. Habían aves cantando, insectos varios y muchas hierbas en el suelo. Las copas de los árboles tapaban el cielo, impidiéndoles ver las nubes que cubrían el lugar.
Tal como Billie predijo, comenzó a llover poco después. A ninguno de los dos les importaba mucho, ya que no era mucha el agua que se filtraba.
-Voy a escribirlo, espera...
Jenny se apoyó en un árbol en el cual el agua no caía y describió todo lo del bosque que pudo. Terminó rápidamente.
-Hay algo que no entiendo –comenzó Billie, mientras ella guardaba su cuaderno. Ella lo miró, demostrándole que tenía su atención-. Describes todo lo que puedes describir y si no, vas al lugar o a lo más cercano para describirlo –se acercó un poco más a ella, ya que donde estaba parado caía toda la lluvia-. ¿Por qué nunca describes un beso?
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Chapter twenty: I’m going to cut you into little pieces
Ella se sonrojó levemente, como si estuviese avergonzada de la respuesta.
-Imaginemos que tengo que escribir una escena de sexo –comenzó, haciendo que él la mirase extrañado-. Nunca lo he tenido, pero es algo más... “corporal” que un beso, que es una muestra de sentimientos y demás, por lo que es descriptible.
Billie alzó una ceja.
-Eso significa que... ¿Nunca has dado un beso? –Jennifer se sonrojó mucho antes de asentir.- ¿Por qué?
-Nunca he tenido un novio –masculló-. No encuentro a ningún imbécil interesado en mí.
Él abrió la boca, asombrado. Ella lo miró extrañada, como buscando una explicación a esa reacción.
-¿Cómo nadie se va a interesar en ti? –Inquirió Billie, extrañado.- Eres inteligente, bonita, buena amiga. ¿Qué más se puede pedir?
Ella se sonrojó más aún.
-Que sea lo suficientemente popular como para no avergonzarlos... Eso y piernas de cuatro metros y 140 centímetros de busto –ironizó.
Él sonrió, tristemente.
-Así que eso buscan ahora –masculló, en tono afeminado, haciéndola reír-. ¿No te molestó que te preguntara eso?
Ella negó, con una pequeña sonrisa.
-Es parte de quién soy, me da igual –dijo.
Volvieron a emprender camino, de vuelta al auto. Billie iba delante de ella, quien disfrutaba de la poca lluvia que le caía directamente.
Sin embargo, él se detuvo, repentinamente, sin voltearse. Ella lo miró extrañada.
-Billie, ¿qué ocurre? –Preguntó ella.
Jenny no obtuvo respuesta, por lo que se acercó más a él, quien estaba parado en medio de un claro.
-¿Billie? –Volvió a preguntar.
Nuevamente, el guitarrista no dijo nada.
Jenny se acercó más aún, quedando a unos pocos centímetros detrás de él.
-Billie, ¿qué pasa? ¿Qué viste?
Él se volteó y quedó mirándola fijamente. Antes de que ella pudiera notar lo cerca que estaban, él se acercó más.
Jenny sintió como los labios del hombre devoraban los suyos en aquel beso, instándola a seguirlo. Ella comenzó a devolver el beso, sin saber muy bien que hacer, mientras él ponía sus manos en la cintura de la joven.
Las sensaciones eran muchas en ese instante. Amor no había, eso estaba claro; nunca había sentido algo así por Billie Joe. ¿Miedo? No, tampoco. ¿Alegría por experimentar algo tan... maravilloso? Sí, tal vez.
El beso se prolongó por unos minutos más, tras los cuales él la soltó y se separó un poco de ella, con una pequeña sonrisa.
-Para que puedas describir un beso –fue todo lo que dijo, y siguió caminando.
Jenny lo siguió.
-Uno de estos días te cortaré en pequeños pedacitos, ¿sabes? –dijo ella.
Billie volvió a detenerse, sólo que esta vez estaba pálido. Ella lo notó.
-No te lo tomes así, es sólo una expresión –farfulló, a modo de “disculpa”.
Billie sólo la miró.
Aquella frase, aquella expresión, era la prueba de que él y Mike estaban en lo correcto. Aquella frase era muy dicha por Jennifer Lovett. Aquella frase, era como su “firma”, el modo de identificarla. Y ahí tenía a Jennifer Kiffmeyer diciéndosela como si nada.
-¿Hace cuánto que dices esa frase? –Inquirió él.
-Desde siempre. Es mi “cliché” –respondió, extrañada por la reacción que él había tenido.
-¿Cuánto sabes de reencarnaciones? –Volvió a preguntar.
-Lo básico, con eso estoy bien –contestó, más extrañada por el tema en el que desembocaba aquella conversación-. ¿Por qué?
Él se sentó en una piedra, sin importarle que estuviese completamente mojada. Después de todo, él igual estaba mojado, y mucho.
-Cuando era adolescente, yo tenía una novia, llamada Jennifer y... ¿Notaste que tanto yo como Mike te miramos sorprendidos cuando te conocimos? –Ella asintió.- Eso es porque, básicamente, tanto en lo físico como en lo psicológico...
No pudo continuar, pero no hizo falta que lo hiciera, ya que ella había entendido.
-Soy igual a ella –susurró, sorprendida.
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Re: One of these days.

Mensaje por roxxiie.GD el Lun Mayo 31, 2010 8:29 am

Describes todo lo que puedes describir y si no, vas al lugar o a lo más cercano para describirlo –se acercó un poco más a ella, ya que donde estaba parado caía toda la lluvia-. ¿Por qué nunca describes un beso?

u.u me hiciste ilusionar xD

EDIT: NO NADA Laughing



oseaa YO QUIERO LEER MAAS. NO ME DEJEES CON LA INTRIGA, AL MENOS PONE 5 CAPITULOS JAJAJAJAJ XD

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Re: One of these days.

Mensaje por Amanda el Lun Mayo 31, 2010 7:00 pm

a petición del público.... 3 caps más! Smile
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Chapter twenty-one: I didn’t know you, but I think I loved you
El viaje de vuelta al apartamento de Billie Joe transcurrió en silencio. Lo único que se escuchaba era el repiqueteo de las gotas de lluvia contra el techo del viejo auto. Jenny parecía estar demasiado confusa como para mirar a Billie Joe a los ojos, mientras que él estaba demasiado... avergonzado. ¿Cómo se le ocurría besarla? No había estado nada mal, debía admitirlo, pero no sentía nada por ella. ¿Qué pasaría si ella comenzaba a hacerse falsas ilusiones con él?
-¿Billie? –susurró ella, rompiendo el silencio. Él hizo algo similar a un gruñido, para demostrar que prestaba atención- ¿Estamos bien?
Él sonrió al percatarse de que ella tenía las mismas preocupaciones que él en la cabeza.
-Por supuesto que sí –contestó él. A continuación, le revolvió el mojado cabello con una mano-. Creo que debemos secarnos un poco, ¿no?
-Opino lo mismo que tú.
Tras haber aclarado eso, el ambiente recuperó la calidez habitual entre ellos, pese a que el silencio perduró un poco más. Billie seguía un tanto incómodo.
-¿Tienes frío? –preguntó al notar que la pelirroja estaba tiritando. Ella sólo asintió, con poco entusiasmo- Falta poco para llegar. Te pasaré una toalla y ropa, te secarás y te cambiarás y comeremos ramen, ¿ok?
-¿A qué se debe el ramen? –inquirió. El ramen lo reservaban sólo para ocasiones especiales.
-Hace mucho frío y estamos empapados. Merecemos un gusto, ¿no?
Llegaron a la calle. Billie estacionó el auto, apagó el motor y bajaron. Más que caminar, corrieron los pocos metros que los separaban de la entrada. Ambos tiritaban tanto que, apenas llegaron, Billie prendió la estufa del apartamento.
El guitarrista puso a hervir el agua y preparó las dos porciones, mientras que Jenny comenzaba a secarse en el baño. Tuvo que ponerse ropa de Billie Joe, la cual, extrañamente, le quedaba buena. Un poco grande, pero no mucho. Se arregló el cabello y volvió a la cocina, donde Billie la esperaba, ya seco y cambiado.
-Billie, ¿entiendes que si soy la reencarnación de Jennifer Lovett es porque ella está muerta, cierto?
Él sonrió, amargamente,
-Por supuesto –respondió, tras tragar los fideos que se había echado a la boca-. Pero he de admitir que son exactamente iguales.
Jenny lo miró.
-¿Cómo era ella?
Él sonrió, ahora nostálgico. No eran pocos los recuerdos de ella, así que no tuvo ningún problema en describirla.
-La única diferencia contigo, físicamente, es que ella tenía el cabello más liso, y lo odiaba. Psicológicamente, ella era un poco más aprensiva, pero no tanto. Al igual que tú, siempre estaba ahí para ayudar. También escribía, pero nunca me dejó leer más de tres líneas seguidas. Esa era mi Jenny...
Sus ojos verdes brillaban, y mucho. Ella sonrió al notarlo.
-¿Qué le pasó? ¿Por qué terminaron?
Él negó con la cabeza.
-Un día ella llegó y me dijo que todo terminaba. No volví a saber nada de ella, fue como si se la tragara la tierra. ¿Alguna otra pregunta?
-¿La amabas? –preguntó, tras pensarlo unos momentos.
-Más de lo que jamás había amado. Claro que después conocí a Addie, aunque... ¿Quién sabe cómo habrían sido las cosas si no hubiese acabado? –rió, levemente- Técnicamente, es como si te hubiera amado a ti y ahora volvemos a ser amigos.
Cambiaron el tema y continuaron su almuerzo. Como de costumbre, Jenny se quedó ahí hasta poco después del anochecer.
-Tengo algo que proponerte –dijo ella, desde el baño, mientras volvía a ponerse su ropa, ahora seca.
-¿Qué cosa? –inquirió él, con curiosidad.
Jenny abrió la puerta y salió, completamente vestida.
-¿Qué te parece que averigüemos lo que le pasó a Jennifer Lovett?
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Chapter twenty-two: Is there anybody at home?
El viernes amaneció tan frío como el día anterior. La lluvia no había aminorado en lo más mínimo, incluso podía decirse que llovía más fuerte que el día anterior. Pero a Jenny no le importaba. Después de todo, estaba durmiendo profundamente. Y al dormir, a uno no le interesa lo que sucede en la realidad, ¿no?
Y, nuevamente, sus sueños eran los supuestos recuerdos de su vida anterior. Esta vez, además de ver a sus padres, veía a un niño de unos siete años... Debía ser su hermano. ¿O algún vecino o pariente lejano? No había forma de saberlo; nadie explicaba lo que ocurría en un sueño.
Cuando logró salir de aquel irreal y maravilloso mundo, mundo al que estaba encadenada mientras dormía, ya eran las diez de la mañana. Ya a esa hora, se escuchaba el ruido de la aspiradora en la pieza contigua Su madre ya estaba despierta. Jenny, aún con sueño, fue al baño a ducharse.
-Buenos días, Jenny –la saludó su madre (quien ahora pasaba la aspiradora por el living), al verla bajando la escalera. .
-Hola, mamá –saludó, evitando demostrar que temía un ataque de bipolaridad de parte de su madre-. ¿Cómo estás?
-Bien, igual que siempre –respondió la mujer, inexpresivamente-. He notado que estás en casa muy poco tiempo a lo largo del día. ¿Algo que quieras contarme?
-¿Cómo qué? –inquirió Jenny, haciéndose la desentendida.
-No sé, algún nuevo amigo o amiga... O algún novio, sería interesante que tuvieras uno –se explicó Diana, despreocupadamente.
Jenny tragó saliva.
-Nope, nadie. Sólo sigo con lo del libro –mintió Jenny. Bueno, en parte era verdad.
Tanto ella como Billie Joe, estaban cien por ciento seguros de que no era buena idea que su amistad se diera a conocer. John era capaz de encerrar a Jenny el resto de sus días... Y ni hablar de lo que le haría a Billie.
-¿También los fines de semana? –El tono de Diana era suspicaz.
-Es que me inspiro más en el parque. Además, me junto con mis amigos de la escuela –se excusó.
Diana alzó una ceja.
-¿A dónde vas a esta hora? Es viernes, pero ya son las once, es muy tarde para el editor.
-A lo de Ally –inventó-. Bueno, me voy o ella va a matarme. Adiós.
Sin esperar respuesta de la mayor, salió corriendo de la casa, sin importarle le lluvia que seguía cayendo, ahora empapándola.
-¿Tú no conoces los paraguas? –preguntó Billie, irónicamente, al abrirle la puerta del departamento y verla mojada por completo- Son prácticos, un excelente invento.
-Salí un tanto apurada hoy –Billie la miró, inquisidoramente.- Mi madre recordó que existo y me preguntó por amigos nuevos o novios. No creo que se haya tragado lo que le inventé.
Billie hizo una mueca y la dejó pasar a su departamento. Fueron al living, cuya mesa de centro estaba llena de cuadernos viejos, agendas y papeles arrugados, desgastados y doblados.
-¿Qué es esto? –inquirió Jenny.
-Mi adolescencia –respondió Billie Joe, lanzándole un cuaderno a la adolescente-. En algún lado debe haber un número de Jenny o algún familiar.
Jenny alzó una ceja al ver la cantidad de cosas esparcidas sobre la mesa.
-¿Tú no conoces los basureros? –preguntó ella, haciendo que Billie sonriera- Ahí botas las cosas viejas.
-Ayúdame a buscar y verás el porqué no puedo botarlas.
Jenny accedió y, tras sentarse en un sofá, comenzó a revisar uno de los cuadernos.
En la parte donde iba el nombre de Billie, había una acotación, hecha con otra letra. Decía “It’s a guy, I swear it”, seguida de un “Fuck you, Mike”, con la letra del guitarrista. Luego, comenzaba la materia de lenguaje, la cual quedaba camuflada entre los dibujos en los márgenes, las canciones, las conversaciones con Mike y, ocasionalmente, con John. Había notas de guitarra y más canciones, desde The Beatles hasta The Ramones, pasando por The Clash, The Rolling Stones y más.
-¿Tú escuchando “Just like a woman”? –Jenny sonaba sorprendida.- No te imagino.
-She takes, just like a woman. Yes, she does. She makes love, just like a woman. Yes, she does. And she aches, just like a woman. But she breaks just like a little girl –cantó él, sonriendo y mirando disimuladamente a Jenny, ya que, supuestamente, seguía buscando en su cuaderno de historia-. Todo músico debe escuchar a Bobby, ¿no?
Jenny sonrió.
-Por mi culpa, un amigo le dice God Dylan (en broma) –confesó Jennifer, riendo.
Terminó con ese cuaderno y continuó con otro, ahora de matemáticas. Esta vez, la acotación de Mike decía “Dude, called like a lady”, mientras que la respuesta era “Mother fucker asshole, stop with that shit!”.
Pero lo interesante no era eso, sino lo que había en la segunda hoja: Una conversación en la que ambos se quejaban de que el profesor los iba a cambiar de puesto. “Who’s Lovett?” preguntaba Billie. Mike le había contestado con un “The red-haired one”. Luego, no había conversación, sólo un trozo de only of you, el que decía “The first time I caught a glimpse of you, then my thoughts were only of you”.
-¿La conociste sentándote con ella en matemáticas? –Preguntó la pelirroja, extrañada.
-Sí. Más adelante ella empieza a apropiarse de mi cuaderno.
Y así era. Pocas hojas después, decía “Now there’s a look in your eyes, like black coals in the night”, con la letra de Billie, y, abajo, en una letra idéntica a la suya propia (quizás un poco más ordenada) decía “It’s ‘like black holes in the sky’”. Luego se iniciaba una conversación.
Y esa conversación llevaba a otra... Y a otra... Y ahora en los márgenes habían canciones desconocidas para la adolescente, las cuales hablaban de una de una chica que escribía historias en matemáticas, historias que no le dejaba ver; y otra que hablaba de una chica que no dejaba de corregirle los cuadernos. Jenny sonrió.
Pasaron lo que quedaba de la mañana buscando algún número, alguna dirección. Al final, Billie encontró el número de Jenny y Jenny el de los tíos.
El encontrado por Billie Joe no funcionaba, eso era obvio, ya que él había intentado llamarla ahí antes. Pero nunca había encontrado el de los tíos en Oregon (el cual su novia le dio cuando iba a pasar ahí un fin de semana).
-¿Ahora qué? –inquirió la Jenny actual.
Billie tomó el teléfono.
-¿Hay alguien en casa? -preguntó, mientras marcaba el número.
Y el aparato comenzó a llamar.
-El número que usted marca no existe. Agradecemos verificar su información –dijo la grabación de una voz femenina por el auricular.
Billie maldijo y colgó. Jenny lo rodeó con un brazo.
-Ya la encontraremos –musitó ella.
Billie asintió, mientras, sin darse cuenta, le tomaba la mano.
-Eso espero –murmuró.
____________________________
Chapter twenty-three: Mother, do you think he’s dangerous?
Mientras los dos amigos buscaban el modo de contactar a Jennifer Lovett, un niño de trece años intentaba tocar algo en la guitarra. Sin embargo, sus dedos no parecían querer coordinarse para tocar aquel complicadísimo punteo, ya que seguía enredándose, una y otra vez.
-Mierda –masculló.
-¡Joseph! –lo regañó su madre- ¿Qué dijimos de las malas palabras?
-Que no hay que decirlas –respondió Joey, revoleando los ojos-. Aunque lo encuentro un tanto hipócrita de tu parte, ¿qué quieres que te diga? –añadió, sin poder contenerse.
Estuvo apunto de lanzar otra maldición al darse cuenta de lo que había dicho. Y no supo cómo no lanzó otra cuando vio que la vena de su madre (una vena ubicada en su frente, que se hinchaba con el enojo) comenzaba a hincharse.
-¿A qué te refieres? –preguntó en un tono frío de voz.
“Ya que estamos” pensó Joey, antes de contestar. O mejor dicho, mientras pensaba en cómo iba a contestarle a su madre.
-He escuchado como hablas de papá con tus amigas, ¿sabes? –Comenzó a imitar el tono de voz de su madre:- “Es un imbécil, debe estar drogándose y emborrachándose todo el día”. “Ahora debe estar denigrándose para vivir”. “El muy hijo de puta quería que la custodia fuera compartida. ¿Te imaginas cuánto sufrirían los niños?” –Joey volvió a su tono de voz normal.- Madre, ¿crees que él es peligroso? No veo el porqué. Él no intenta llenarnos de ideas falsas, él no nos mete sus miedos en nosotros, ni nos intenta convencer de que nuestros temores, nuestras pesadillas, son cosas reales, cosas que van a comenzar a pasar poco a poco.
Addie lo miró molesta, ocultando el hecho de que realmente la había sorprendido al no elevar el tono de voz.
-Yo sólo quiero lo mejor para ustedes. Los quiero sanos...
-Pero sin ideas propias –masculló Joey.
-... limpios...
-... sin diversión...
-... Y, sobre todo, felices.
-¿Tú concepto de felicidad no estará un tanto distorsionado? Porque en esta cárcel no somos felices. A mí no me dejas ni ir a la esquina, no puedo conectar ni la guitarra, ni el bajo y no puedo bajar al estudio de papá a tocar batería o alguna otra cosa que encuentre por ahí. Y en cuanto a Jake... ¡Lo tienes más confundido que japonés en España! No sabe qué pensar, no sabe qué decir, ¡no sabe qué hacer! ¡Su vida entera está puesta en duda y todo es tu culpa!
-¡BASTA! –gritó Addie, callándolo, haciéndole saber que había ido muy lejos- Tu hermano está bien y no te dejo tocar, porque... Porque...
-¿No sabes la respuesta? –inquirió Joey, alzando una ceja.
-¡PORQUE TOCAS COMO TU PADRE! –respondió, con lágrimas en los ojos.
-¿Acaso no te gusta que te lo recuerde?
-¡NO! Ahora, ¡a tu cuarto!
Joey le obedeció, a regañadientes, y comenzó a subir la escalera.
¿Por qué eran tan iguales? Ambos hacían comparaciones ridículas y se amparaban y basaban en canciones para sus argumentos y discursos... Y ambos le hacían sentirse tan mal. ¿Acaso no veían cuánto había sufrido, cuánto había sacrificado por él? Había abandonado todo por Billie Joe, desde su familia hasta sus amigos de toda la vida. ¿Y cómo se lo pagaba? Metiéndose con la primera que se le cruzase. ¿Lo habría hecho antes? ¿La habría engañado más de una vez?
-¡Te aseguro que papá no se mete con otra! ¿Por qué? ¡Porque te ama! –gritó Joey, desde el segundo piso, como si le leyese el pensamiento- ¡Y tú a él! Me pregunto si George estará al tanto de eso...
-¡TE DIJE QUE TE FUERAS A TU CUARTO! –profirió ella, fuera de sí- ¡NO MÁS PERMISOS PARA TI!
-No hay problemas, no me dejas hacer nada de todos modos. Por cierto, ¿le contaste a papá de tu nuevo novio?
-¡JOEY, A TU CUARTO! –volvió a gritar la mujer, ahora con el rostro completamente mojado por las lágrimas.
Y, como era de esperar, su hijo mayor tenía razón. Seguía amando a Billie Joe y se odiaba. Tenía muchas más cosas en común con George que con Billie. También estaba segura de que George no le causaría tantos problemas como le había causado su ex esposo. Entonces ¿por qué no podía dejar de pensar en Billie Joe, de amarlo?

-No tenías para qué ser tan duro con ella –le reprochaba Jake.
-Se lo merece –farfulló Joey.
Jakob negó.
-Eres igual de terco que papá.
Joseph miró a su hermano menor, horrorizado.
-¿Te das cuenta de lo que acabas de decir? –Inquirió Joey, molesto.- ¡Esas son palabras de mamá!
-¡Pero si papá es terco! ¿Recuerdas el Pictionary? Discutió por una hora de los pudú son una especie de monos –comentó riendo Jake, haciendo que Joey también riera.
-¿Y el Scrabble?
-¿Y las cartas?
Ambos hermanos siguieron riendo por varios minutos, como hacía mucho tiempo que no lo hacían.
-En serio, no debes ponerte de ese modo con mamá –musitó Jake, una vez que pararon de reír-. A mí tampoco me gusta que esté con George, pero ella es feliz así.
Joey negó.
-No lo es, cree serlo. No es lo mismo...
Jake sólo suspiró y salió de la habitación.
Bajó las escaleras y fue al living, donde encontró a su madre en el suelo, abrazándose las piernas, aún llorando.
-¿Estás bien? –preguntó Jake, inocentemente.
Addie se secó las lágrimas y levantó la vista.
-Por supuesto que sí, Jakob –mintió ella.
¡Claro que no estaba bien! Se encontraba dividida dos partes: Lo que le decía su cabeza y lo que le dictaba el corazón. Su cabeza le decía que se quedara con George, pero su corazón le ordenaba una inmediata reconciliación con Billie.
Jake, sin decir nada más, la abrazó.
-Si crees que él es peligroso, te equivocas. Sólo cometió un error.
Y ahí tenía a su hijo menor diciéndole la verdad que ella supo. Y, pese a que no quería admitirlo, ella igual había cometido un error, uno bastante grande.
Ese error tenía fecha: Dos meses más.
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Re: One of these days.

Mensaje por roxxiie.GD el Lun Mayo 31, 2010 9:04 pm

aaaww *-* leiiiiiiiiiiiiiiiiii ♥♥♥ onda qe ahora voy a BJ_cute y voy a cachar los cap xd
igual segui posteando aca(?

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Re: One of these days.

Mensaje por Amanda el Mar Jun 01, 2010 1:12 pm

NO FUI AL COLEGIO, ESTOY FELIZ, SIGO CAGADA DE SUEÑO (por qué? ni idea, si dormi como 12 horas), Y SUBIRÉ 4 CAPS Very Happy
___________________
Chapter twenty-four: All I know is that I learned better than you
-Nunca había visto una película tan mala –murmuraba Jenny.
-Ni que lo digas –concordó Billie.
-A Tré se le escaparon unas lágrimas cuando murió la niña –susurró Mike, a un volumen bastante audible.
-Idiota, lloré porque el amigo hizo un puente en su honor –se defendió Tré-. Ustedes no harían eso.
-También lloraste cuando casi murió la dragona en la otra película –le recordó el bajista, con tono cansino.
-Eso simplemente fue triste –masculló Tré.
Encontrábanse los cuatro recostados en la cama de Billie. Hasta hacía pocos minutos, habían estado viendo películas en el cable; Mike y Tré habían llegado poco después de almuerzo y, tras aburrirse de conversar, habían ido a la habitación.
-Chicos, yo me voy –dijo Tré, poniéndose de pie-. Extraño mi cama, la de New York es muy incómoda.
Los otros tres rieron y el baterista se fue.
Apenas escucharon el sonido de la puerta al cerrarse, Billie habló.
-Mike, ¿qué es lo último que supiste de Jenny?
Mike lo miró sin entender.
-Que está acostada entre nosotros dos... Más cerca de ti, eso sí –dijo, con tono de obviedad.
-No yo, la otra Jenny –aclaró la adolescente-. Jennifer Lovett.
El bajista se sentó y los miró sorprendido.
-Sí, lo sabe todo, y estamos casi seguros de que la reencarnación es una buena teoría –intervino Billie-. Ahora, ¿qué sabes?
-Lo mismo que tú, que desapareció sin dejar rastro –respondió Mike, aún sorprendido. Miró a Jenny-. ¿Cuándo lo supiste?
-Ayer –contestó la adolescente-. Billie me lo dijo.
Por acuerdo tácito, no iban a hablar del bosque ni de lo que había ocurrido en él. Sabían que Mike no los regañaría (al menos, no mucho), y no se avergonzaban de ello, pero era algo privado, que había ocurrido entre ellos, y sólo ellos.
El bajista asintió, y, pese a haber notado inmediatamente que le ocultaban algo, no dijo nada al respecto.
Se quedaron conversando de otros temas un rato más y, con la misma excusa de Tré, Mike se fue, dejando a Billie y Jenny solos. Ella se acomodó un poco al lado de Billie Joe, quien la abrazó, inconscientemente. Hacía frío y ambos tiritaban levemente.
-Creo que yo igual debo irme –murmuró ella, al notar la posición en la cual estaban.
-Te acompaño, debo comprar cigarrillos –dijo Billie, poniéndose de pie.
Jenny lo imitó y salieron de la habitación, del departamento y finalmente del edificio, para encontrarse con el frío nocturno de la calle. La lluvia había cesado a la mitad de la tarde.
-¡Amo el frío! –exclamó la chica, dando vueltas.
-Recién estabas tiritando... –El hombre se fijó en la delgada polera de su amiga.- ¿No trajiste nada más? ¡Te vas a resfriar!
La tomó por los hombros, obligándola a caminar semi-abrazada con él.
-No me voy a resfriar –se quejó.
-Más vale prevenir que lamentar –replicó él.
-Entonces debían haber prevenido que yo no los viera –dijo una voz masculina a sus espaldas.
Pese a no haber escuchado aquella voz desde hacía varios años, Billie la reconoció al instante y, al igual que Jenny, empalideció notoriamente.
-Hola, papá –saludó ella, en un hilo de voz, a la vez que se volteaba.
John Kiffmeyer se acercó a ella, la tomó bruscamente de un brazo y la separó de Billie Joe, a quien volteó, obligándolo a mirarlo fijamente. Billie se contuvo de lanzar una exclamación de sorpresa al verlo.
La última vez que había visto a John, se hacía llamar Al Sobrante y, pese a ser un completo imbécil, lucía joven y feliz por su elección. Mas ahora se veía mucho mayor que él. Tenía una gran calva, varias arrugas y una expresión de agotamiento, que rápidamente era reemplazada por la ira.
-¿Quién eres tú para andarte metiendo con mi hija? –susurró, en un tono frío.
-John, ¡no me meto con tu hija! –exclamó Billie.
El rostro de John cobró, aparte de más enojo, sorpresa.
-¿Billie Joe? –inquirió, tomándolo de la camisa.
-¿John Kiffmeyer? –preguntó Billie a su vez, con fingida sorpresa- ¡Por supuesto que soy yo! ¿Podrías, por favor, soltarme?
John lo soltó.
-El hecho de ser famoso, no te da el derecho de aprovecharte de una menor –John abrazó a Jenny y, cambiando su tono de voz a uno más suave, preguntó:- ¿Estás bien?
Jenny se soltó.
-¡Por supuesto que estoy bien! –respondió, bruscamente- Papá, él es un amigo, nada más.
-¿Y por qué iban abrazados? –inquirió John, suspicazmente.
Billie revoleó los ojos.
-Porque hace frío y no lleva nada encima. Se va a resfriar, ¿sabes?
Jenny asintió, como confirmando la historia. Los nervios no le permitían articular ninguna palabra, no de momento al menos.
John los miró, desconfiado. Luego, tomó a su hija por la muñeca, fuertemente, haciéndole soltar una maldición.
-Tú usas a mi hija con la ilusión de tener a Lovett de nuevo. Para ti, éste es tu escape de la realidad. ¿No es así, Armstrong? –masculló John- ¿No te imaginas que es ella cada vez que la abrazas?
-¡¿QUÉ?! –exclamaron Billie y Jenny a la vez.
La adolescente intentó a soltarse de su padre, quien la asió con más fuerza aún.
-¿Cómo se te ocurre semejante estupidez? Somos sólo amigos, tal como tú, yo y Mike lo fuimos alguna vez –arguyó Billie, intentando mantener la compostura-. Nunca ha pasado nada entre nosotros, y nunca lo pasará, ya que no se me ha pasado jamás por la cabeza aprovecharme de Jenny.
-Papá, sé relacionarme con gente –intervino ella.
-¡Pero si tú no tienes amigos! –exclamó él.
-¿Qué hay de Ally, Carol, Fran, Jess, Lau, Matt, Rose, Val y todos los demás? –inquirió ella.
-¡Pero ellos no son normales! –exclamó.
“Val sí” –pensó Jenny.
-¿Cuál es la obsesión que tienes con las cosas normales? No seguiste tus sueños por ser normal, no me dejas seguir lo mismo por la misma razón. ¿Qué tiene ser un poco diferen...?
John la abofeteó, con fuerza, haciendo que Jenny lo mirase shockeada; nunca antes la había golpeado.
-¡Hey! –exclamó Billie, poniéndose entre los dos, al ver que John preparaba su mano para otro golpe- Serás su padre y todo, pero eso no te da ningún derecho a golpearla. Tal parece que aprendí mejor que tú el cómo ser un buen padre.
El ex baterista lo miró con odio.
-Jenny, vamos –farfulló, ácidamente.
-No –respondió ella, firmemente.
-¡DIJE QUE NOS VAMOS! –exclamó, con los ojos desorbitados, fuera de sí.
-¿PARA QUÉ? ¿PARA QUE ME PEGUES CON ALGÚN ÚTIL DE LIMPIEZA DE MAMÁ? –gritó ella.
Él apartó a Billie de un fuerte manotazo, que por poco no lo tira al suelo, y tomó a su hija por el brazo, nuevamente. Sin decir nada más, la forzó a irse a su casa.
-¡SUÉLTAME! –gritaba la adolescente a su padre.
-¡NO! –le gritaba él de vuelta.
Billie corrió hacia ella.
-John, ¿en qué te afecta que seamos amigos? –inquirió, intentando mantener la calma.
El hombre soltó a Jenny, quien comenzó a frotarse el adolorido brazo.
-Me afecta en que tú lograste todo lo que querías. Seguiste tus sueños. ¡Y heme aquí, aprisionado en el trabajo y mi estúpida familia!
-Si tu familia te parece tan estúpida –comenzó Jenny-, ¿por qué no me dejas ir?
John sonrió, maniáticamente.
-Si sufro yo, sufren conmigo –susurró.
Sin más, se la llevó al interior de la casa, la cual cerró de un fuerte portazo.
___________________
Chapter twenty-five: I’m not afraid of him
John irrumpió en la casa, con Jenny sujetada firmemente por su brazo.
-¡SUÉLTAME! –volvió a gritar ella, por enésima vez.
Y, finalmente, John la soltó, sólo para empujarla contra un sillón, en el cual cayó sentada en una posición muy incómoda.
-¿Qué ocurre aquí? ¡Acabo de limpiar! –exclamaba Diana, a la vez que entraba al living.
-Lo que ocurre, es que nuestra hija desarrolló una amistad con un hombre mayor –explicó él, mordazmente-. Adivina quién es.
La mujer negó, intrigada.
-¡Billie Joe Armstrong! ¡El imbécil que cumplió todo los sueños que tenía pensados para m... nosotros!
-Perdóname, pero el imbécil eres tú, por haber dejado lo que te gustaba sólo por hacer lo correcto –soltó Jenny, sin poder contenerse.
John le pegó otra cachetada en la ya enrojecida mejilla. Jenny no se quejó.
-No quiero que vuelvas a salir.
Jenny quedó shockeada al ver que quién decía eso no era su padre, sino su madre, Diana. Su madre, quien la dejaba hacer de todo, la única razón por la que no vivía en el sótano. Su madre era quien estaba confinándola a un sufrimiento que no acabaría hasta septiembre, donde la salida sólo se permitiría para ir a la escuela.
Y antes de darse cuenta, estaba encerrada en su habitación. Su padre había puesto un candado en el exterior y había salido a comprar una alarma, para evitar que escapase por la escalera de emergencia. Así que ese día iba a acabar con una Jenny tirada en su cama, analizando los sonidos del exterior. Debían ser las once de la noche. John ya había instalado una sirena que comenzaría a sonar apenas alguien pasase por ahí.
¿Cuánto tiempo llevaba ahí, intentando escuchar algo más que su propia respiración, algo más que las palabras que sus padres aún intercambiaban a gritos? ¿Para qué? ¿De qué le servía? Ninguno de sus amigos acudiría. Billie Joe era el único que sabía que estaba encerrada en su hogar y era obvio que no iría.
La tristeza la sobrecogió tanto, que llegó a sentirse ahogada. Corrió hacia la ventana, lo cual fue una suerte, ya que logró ver a la figura de un hombre de baja estatura caminando hacia la escalera, haciendo que Jenny entrara en pánico. ¿Qué podía hacer? Si John veía a su amigo, éste podía darse por muerto.
Apenas consciente de lo que hacía, abrió la ventana (que era de esas que se habrían hacia arriba, por lo que sonaría cuando se abriera) y sacó un brazo fuera, activando la alarma.
-¡Corre! –le gritó a Billie, apenas por sobre el sonido de la sirena.
Sin dudarlo, el hombre se alejó del callejón.
Y justo a tiempo, ya que apenas se perdió de vista, la puerta se abrió, para darle paso a John.
-¿Quién está ahí? –preguntó él.
Jenny se contuvo de gritar al ver que su padre la apuntaba con un rifle. La oscuridad no le permitía descifrar su rostro, pero estaba segura de que no era una expresión agradable.
-Soy yo, Jennifer, tu hija –contestó ella, controlando su voz para que no temblara mucho. No quería demostrar su miedo y su debilidad ante el hombre que la mantenía cautiva.
-¿Qué hacías en la ventana? ¿Intentabas escapar? –inquirió, molesto.
-Te presento a mi amigo Aire Fresco, con quien conversaba –dijo ella, irónicamente-. ¡Necesitaba aire! Me olvidé de la alarma y saqué la cabeza.
John la miró suspicazmente, pero no hizo ningún comentario al respecto.
-El lunes pondremos los barrotes en la ventana, así que tendrás que quedarte en nuestro cuarto –le informó él.
Ella sólo gruñó a modo de afirmación, mientras cerraba la ventana.

Al mismo tiempo, Billie se paseaba de un lado a otro de su living, nerviosamente. ¿Cómo podían tenerla así de encerrada? Era más cruel que tener a un pez dentro de una pequeña pecera, dando vueltas, corriendo una y otra sobre los mismos terrenos. ¿Para qué? Para encontrarse sólo con los mismos viejos miedos.
-Wish you, were here –sonaba en la radio, que el guitarrista apagó. No necesitaba una distracción.
Se tiró de espaldas en el sofá, para quedar mirando el techo. ¿Qué podía hacer?
De algún modo, terminó llegando a la conclusión de que la alarma debía tener algún sensor de movimiento... Y esos sensores no detectaban objetos de menor tamaño que una pelota de football. Así que, pese a no poder pasar, otros objetos sí.
Con una sonrisa, comenzó a trazar su plan.

-Jenny, ¿puedo pasar? –preguntó su madre, dulcemente, desde el otro lado de la puerta.
-Yo no tengo la llave –masculló la chica, molesta, aún tirada en la cama-. Así que depende de si tú quieres entrar.
Escuchó como su madre abría el candado y le sacaba el seguro a la puerta, para luego entrar.
-¿Cómo estás? –preguntó Diana.
-¿Cómo crees? ¡Estoy encerrada! Papá pondrá barrotes el lunes, no puedo salir... ¡Ni siquiera puedo ir al baño!
-Sí puedes salir al baño, sólo debes avisar –Jenny revoleó los ojos-. También puedes salir para las comidas.
La adolescente rió.
-Eso lo haces para no tener que subir tú la comida –farfulló.
Diana la miró entristecida. Sin saber bien lo que hacía, se acercó a su hija y la abrazó. Era la primera vez que lo hacía en mucho tiempo... Pero a Jenny no le importó. Habría recibido gustosa un abrazo de parte de cualquiera de sus amigos...
En cuanto notó que su hija no estaba interesada, se separó de ella y salió del cuarto, volviéndola a encerrar.
Jenny volvió a tirarse en la cama.
Y ahí se quedó hasta las dos de la mañana, hora en que decidió que lo mejor era dormir. No tenía la energía suficiente como para ponerse el pijama y meterse a la cama, así que comenzó a cerrar los ojos, dispuesta a entrar a ese mundo maravilloso de los sueños... Quizás soñaría con su familia anterior...
Desde el exterior le llegó un silbido, un silbido que era igual al de Patience de los Guns N’ Roses. Se sintió despierta al instante y, guiada por un impulso, se acercó a la ventana, desde la cual vio a Billie Joe, quien silbaba. Al notar que había captado la atención de la joven, sacó un cartel.
“Abre la ventana y aléjate de ella”
Jenny obedeció sin chistar. Se alejó de la ahora abierta ventana y esperó, sólo por unos segundos, ya que una piedra no tardó en entrar. La tomó. Estaba envuelta en un papel, el cual estaba escrito. Lo tomó.
“No le tengo miedo a tu padre, y por ti estoy dispuesto a hacer esta locura. Ten todas tus cosas listas mañana, a una hora en que tu padre esté en casa... Mejor escribe aquí cuando está y todo lo que sepas de la alarma”
La chica se quedó asombrada. Billie parecía estar dispuesto a todo.
Tras meditarlo un poco, tomó una hoja y escribió lo que sabía de la alarma y las horas en las que su padre estaba en casa. Envolvió la piedra con la información y la lanzó hacia a su amigo, quien tomó el cartel y le escribió algo al reverso.
“Todo saldrá bien; la señal es ‘Only of you’”
Sin decir nada más, se alejó.
___________________
Chapter twenty-six: It’s been a long time since he rock ’n’ rolled
El desayuno en casa de los Kiffmeyer fue mucho más tenso de lo usual. Diana había obligado a Jenny a bajar al comedor, pero la chica se rehusaba rotundamente a mirar a nadie a la cara. Apenas terminó su desayuno (consistente en una leche fría y un pan), volvió a subir y cerró la puerta. Su padre no tardó ni dos minutos en ir y cerrarle la puerta con candado.
Recién cuando Jenny escuchó como su padre bajaba las escaleras se atrevió a comenzar a guardar todo. Dejaría un par de cosas inútiles y quizás otras útiles, pero lo importante era que se iría ese día.

El plan era simple: John estaba en casa desde las cinco en adelante, así que Mike se aparecería a eso de las cinco y media. Entraría con alguna excusa, desactivaría la alarma, llamaría a Billie Joe y listo, esa era la parte que le correspondía al bajista. En cambio, Tré, debía esperar con el auto del guitarrista varias cuadras más, ya que Billie buscaría a Jenny en el auto del baterista; no querían que John intentase seguir el auto y luego lo viera estacionado en su misma calle.
Y Billie... Billie debía esperar a Jenny en el callejón hasta recibir la señal de Mike. Luego debería subir, ayudarla a bajar sus cosas y listo, se irían. Pero no todo era tan simple, debían hacerlo todo en silencio y no contaban con mucho tiempo.
Todo parecía depender de la excusa que Mike pusiese.

El timbre sonó cuando Mike lo accionó. Pese a estar muy nervioso, ya que no estaba seguro de que lograra distraer a John el tiempo suficiente, era imposible que alguien luciese más calmado.
Una mujer de su edad, quizás un poco menor, le abrió la puerta. Llevaba su cabello, de color castaño rojizo, recogido en un apretado moño. Era muy delgada y ya tenía varias y finas arrugas estampadas en su rostro.
-¿Sí? –dijo ella, a modo de saludo.
-Hola, quería saber si John Kiffmeyer vive aquí... Encontré la dirección en el directorio telefónico –respondió Mike, con un falso tono de relajo.
Ella lo miró extrañada.
-Sí, pasa, le diré que lo esperas en el living... ¿Cuál es tu nombre?
-Michael Pritchard –contestó sin chistar.
La mujer asintió y, tras dejarlo en el living, fue por otra puerta, en busca de su esposo.
Apenas salió, Mike empezó a revisar la pared que tenía a su derecha. Según lo que Jenny les había dicho, la alarma se activaba y desactivada con un interruptor que estaba ahí. No fue difícil distinguirlo, ya que sólo había uno encendido y debía ser ese. Lo apagó y llamó a Billie Joe, quien le colgó.
Ahora todo dependía de que John estuviese interesado en su conversación.

Jenny seguía ordenando cosas. Había guardado lo más importante. Todos sus papeles, sus libros y toda su música iban en una mochila. Las historias completas habían sido impresas y puestas ahí y, por seguridad, guardadas en su correo electrónico. Su ropa iba en otra mochila y un bolso. Sólo usaba un par de zapatillas (las que tenía puestas) y un par de zapatos en el colegio, aunque había tenido que ponerse más de un chaleco para ahorrar espacio. Además, llevaba en su fiel cartera un montón de cachivaches más. Tenía todo listo para cuando recibiera la señal...
Que llegó a los pocos minutos, en un silbido. Era “Only of you”. Con una sonrisa de oreja a oreja, tomó sus cosas y abrió la ventana.
Dejó una mochila y el bolso fuera. Se puso la otra mochila en la espalda y, con cuidado, trepó a la ventana. Le echó un último vistazo a su habitación y salió.
Billie ya estaba ahí, esperándola, con los restos de la alarma en su mano; la había destruido con un palo que había llevado. Dejó el palo ahí y, tras tomar una mochila y el bolso, comenzaron a bajar, sin intercambiar ni una sola palabra con la joven.

-¿Mike Dirnt? –inquirió John, sorprendido.
-¡Al Sobrante! –saludó Mike, estrechándole la mano a su viejo amigo- ¡Tanto tiempo! ¿Cómo estás? ¿Qué ha sido de tu vida?
El ex baterista lucía sorprendido. Y no era para menos. No veía a sus viejos amigos desde 1992, un año antes del nacimiento de su hija. También quedó shockeado al ver lo bien que se había mantenido Mike.
-Bien, todo igual... Esposa, trabajo, mi hija... Todo bien –mintió, sentándose en un sofá-. ¿Qué hay de ti? ¿Sigues en Green Day?
Mike hizo una mueca de desagrado, mientras se sentaba frente a él.
-De eso quería hablarte –murmuró-. Con Billie Joe –John reprimió la furia-, Tré y yo estamos teniendo muchos problemas. Demasiados. Así que, en mi opinión, lo mejor sería acabar todo lo que tuvimos como grupo.
Los ojos de John adquirieron un ligero brillo, que disimuló rápidamente.
-¿Y qué tengo que ver yo en esto? –preguntó.
Mike sonrió.
-Como la música es lo único que sé hacer, yo y unos amigos queremos otra banda. Pero nos falta un buen baterista.
Una pequeña y amarga sonrisa apareció en su rostro. Aún conservaba su batería, pese a ni siquiera haberla visto en años.
-Ha sido un largo tiempo desde que rockanroleé –murmuró.
-Nunca es tarde para recordar como tocar –replicó Mike.
John negó.
-Para mí sí. Lo siento, Mike, pero tendrás que conseguir a alguien más.
Mike asintió.
-En ese caso, debo irme. Un gusto verte –dijo Mike, con una sonrisa.
John se paró y se adelantó a la salida, dándole a Mike los dos segundos que necesitaba para activar la alarma nuevamente.

Mientras, Billie y Jenny se dirigían hacia el otro lado de Oakland, sitio de encuentro con Tré. Llegaron a la calle en que harían el cambio a los pocos minutos. Se despidieron del baterista, tras darle las gracias un montón de veces y fueron al departamento. Recién cuando dejaron todas las cosas desparramadas en el departamento de Billie, Jenny se relajó.
-Gracias –musitó ella, tras dejar el último bolso.
-No hay problema –contestó él-. Aquí estás a salvo.
Se acercó a ella y la abrazó. Ella le devolvió el abrazo, poniendo su cabeza en el hueco del cuello del hombre, quien comenzó a acariciarle la espalda.
-Puedes hacer lo que quieras aquí, ¿ok? Esta es tu casa. Tu pieza está al frente a la mía, en caso de que necesites algo. Para ti, estoy disponible a toda hora.
Jenny asintió.
-¿Por qué haces todo esto por mí? –preguntó en un susurro.
-Porque eres una gran amiga, y por eso te quiero mucho. Te veo como la hermana menor que nunca tuve o como la hija que nunca tendré.
Jenny sonrió y lo miró a los ojos.
-Tendrás una hija... Addie recapacitará o encontrarás a alguien más –dijo ella, segura de sus palabras.
Él también sonrió y le dio un pequeño beso en la frente.
-Vamos a ordenar tus cosas para luego cenar, muero de hambre –propuso.


Diana se encontraba en la cocina, haciendo una de sus asquerosas cenas, mientras que su esposo hacía un crucigrama en el living.
-John, trae a Jenny a cenar –dijo la mujer.
A regañadientes, John se paró. Subió las escaleras y fue a la habitación de su hija.
-Jenny, hora de cenar –farfulló él, apáticamente.
No podía decir que no quería a su hija, pero el aprecio no era muy grande si quería ser sincero consigo mismo. Sólo la veía como una chiquilla maleducada, que no le obedecía en nada. Estaría mucho mejor sin ella...
Abrió la puerta, tras sacar el candado.
La pieza estaba vacía.
Faltaban varias cosas y la ventana seguía abierta. ¿Por qué la alarma no había sonado? Extrañado, se acercó a revisarla.
Estaba destruida. Alguien debía haber ayudado a su hija...
-Billie Joe –susurró, enrojeciendo de rabia.
Se acercó al escritorio de su hija, donde había una nota.
“¡No me busquen! No aguanto más el estar encerrada ahí, no aguanto más el estar con ustedes. No me quieren y lo sé, sólo soy un estorbo más en su vida ‘perfecta’. Hay cosas más importantes que la limpieza y el trabajo y eso es algo que ya deberían saber. Adiós. Jenny.”
John arrugó el papel, sin saber como reaccionar. Se limitó a salir y bajar a la cocina.
-¿Y Jenny? –inquirió Diana.
El hombre la miró.
-Yo no conozco a ninguna Jenny.
-John es nuestra hija, ¿qué pasa?
Él cambió su expresión de amargura a una de rabia pura.
-La Jennifer que teníamos encerrada escapó –espetó-. Y te aseguro de que ella no es hija mía.
___________________
Chapter twenty-seven: I don’t care if he does mind
Jennifer y Billie se encontraban recostados en la cama del segundo, mirando en cualquier dirección, ignorando por completo el prendido televisor. Tenían muchas cosas en las cuales pensar como para preocuparse del televisor.
-Me pregunto que hará tu padre cuando se dé cuenta que no estás –musitó Billie Joe, repentinamente.
Jenny sonrió, amargamente. De todas las preguntas que tenía en la cabeza, esa había sido la primera que había logrado responder.
-Ya debe haberse dado cuenta. Si no lo ha hecho aún, lo hará en cualquier momento. De cualquier modo, ya no tengo padre, ya que debe odiarme más de lo que ya lo hacía. No me importa si le importa –se explicó- Soy una pobre chica, desgraciada y sin familia.
-No digas eso –musitó Billie.
-Pero es verdad –dijo ella-. Mi padre no me reconocerá, mi madre tampoco, no tengo ni hermanos, ni primos, ni tíos. Estoy totalmente sola en el mundo.
Sus ojos comenzaron a llenarse de lágrimas.
-Si algo me pasara, no le importaría a nadie. El mundo no cambiaría en lo absoluto y...
Quedó anonadada al sentir como el hombre la abrazaba y le besaba la frente.
-No digas esas cosas, porque no son verdad. No estás sola, me tienes a mí, a Mike y a Tré. Somos tu familia, por raro que suene. Y a los tres nos importaría mucho si algo te pasara. ¿Por qué? Porque eres importante en el mundo.
»Me salvaste del pozo en el que estaba metido y has estado para mí en todas, tanto buenas como en malas. Y yo estaré para ti también.
Sorprendida por todo lo que él le había dicho, lo abrazó, fuertemente, mientras que él le daba suaves besos en la frente.
Se quedaron en esa posición un buen rato, hasta que ella se durmió. Él se estiró un poco para alcanzar el control remoto y apagar la televisión. La abrazó más estrechamente aún y también se durmió...
***
Un Billie Joe de unos diecisiete años abrazaba a una joven de su edad. Estaban recostados en el prado del colegio, durante lo que suponía era un recreo, ya que se veían a los demás conversar y demás.
-¿Te he dicho que te amo? –le preguntó él, en un susurro.
-No mucho últimamente –contestó ella.
Era la primera vez que escuchaba la voz de la joven dentro de uno de sus sueños. Normalmente, eran mudos.
-Te amo –susurró él, mientras se acercaba a besarla.

Sentía como sus labios eran devorados en un beso desesperado, haciéndola abrir los ojos, para encontrarse con Billie, quien aún dormido. Estaba tan aturdida que no se dio cuenta de cómo respondía el beso.
¿Por qué dejaba que la besara? Se preguntó.
Jenny abrió los ojos, sorprendida. Seguía abrazada por Billie Joe y, pese a que en la realidad no estaba besándola, parecía estar apunto de hacerlo, ya que comenzaba a acercarse a ella, con los ojos cerrados.
-Billie, despierta –le dijo ella, en un volumen bajo de voz.
El hombre abrió sus verdes ojos, perezosamente, para encontrarse con los azules de la adolescente, quien seguía un tanto confundida.
-Buenos días, Jenny –saludó él, con la voz áspera.
-¿Qué hago aquí? –preguntó ella, aún sin entender nada.
-Te quedaste dormida y me dio mucha pena moverte –explicó-. Aunque no estabas abrazándome tanto cuando me dormí.
Jenny se sonrojó y se separó lentamente de él.
-¿Qué hora es? –inquirió, para romper el silencio.
-Eh... –el hombre se estiró y revisó el celular- Las once –Jenny abrió mucho los ojos, sorprendida-. Calma, que es domingo. Mike y Tré llegarán a las dos para almorzar. Mejor anda a levantarte.
La chica asintió y fue a su nueva pieza.
Se sentía tan extraña al estar en una pieza que no era la que había usado por quince años, desde antes que tuviese memoria. Sacó un par de toallas del clóset y fue al baño, donde tomó una ducha...
Mientras que Billie se maldecía una y otra vez en su habitación. De no ser porque ella lo había despertado, la habría besado. Sólo a él se le ocurría dejarla dormir abrazada a él, sabiendo que hacía varias semanas no dejaba de soñar con Jennifer Lovett o Adrienne.
-No pasará de nuevo –se aseguró a sí mismo-. No dejaré que pase de nuevo.

-¿Dónde está la pimienta? –se preguntaba Jenny, mientras cocinaba los huevos que haría para el desayuno, a la vez que Billie Joe se duchaba. La encontró en una despensa y comenzó a ponerle a los huevos. Era uno de los tantos desayunos que hacían entre todos sus amigos. Tostó unos panes, mientras la cafetera hacía el café y ella revolvía los huevos.
-Esto huele bien –murmuró Billie, entrando a la cocina.
-Gracias –respondió ella, con una sonrisa, mientras echaba los huevos en un recipiente-. Le debo la vida a Mark.
Billie rió y se sentó en la mesa.
Desayunaron conversando y demás. Luego pusieron música y fueron al living, donde se sentaron en el sofá a pensar qué hacer.
-¿Te interesa aprender a tocar guitarra? –sugirió él, después de un rato.
La adolescente asintió, entusiasmada, mientras que él hombre sonreía y se paraba. Volvió a los pocos minutos dos guitarras y un amplificador con dos conectores.
-Bueno, este es el La –dijo él, mostrándole en la que él tenía.
Así estuvieron hasta la una y media, hora en la que recordaron que debían hacer el almuerzo para todos. Cocinaron algo simple: Pastas y salsa boloñesa.
Poco después de las dos llegaron Mike y Tré. Almorzaron conversando y se fueron poco después de las seis. Debían pasar tiempo con sus respectivas familias después de todo.

Y así comenzaron a pasar los días. Ella iba donde el editor todos los días, quien estaba al tanto de lo ocurrido en su hogar, y Billie la iba a dejar y buscar. Estaban juntos la mayor parte del día (después de todo, vivían juntos) y no podían tener una amistad mejor.
Green Day había decidido volver a los estudios en septiembre, junto con la entrada al colegio de los niños... Y Jenny. Su padre ya había pagado un trimestre y con eso ella estaría bien. Esperaba que el libro estuviera publicado antes de eso.
Así que el viernes de la última semana de agosto iban a juntarse todos en la casa del baterista; Frankito y Claudia habían vuelto a su casa.
-Jenny, ¿estás lista? –le preguntaba Billie Joe, mientras que ella, en su habitación, terminaba de pegar una foto de Billie, Mike y Tré en uno de sus cuadernos, que había terminado convertido en diario de vida.
-Sí, ya voy –dijo ella, cerrándolo.
No tardaron mucho en llegar. Mike ya había llegado y con Tré ya habían comenzado a beber.
Y así siguieron, conversando y demás. Pero hubo un punto en el que Billie y Tré estaban tan borrachos que ella prefirió alejarse.
-¿Por qué te viniste para acá? –le preguntó Mike, entrando al living.
-Porque no me gusta estar cerca de esos dos borrachos. Tré empieza a malabarear con botellas y Billie empieza a hacer cualquier estupidez. Tú eres más de confianza.
Mike sonrió y se sentó a su lado.
-¿Cómo van las cosas en casa de Billie? –preguntó.
-Todo igual –contestó ella-. Nos la pasamos haciendo nada.
Mike rió levemente.

Billie y Tré se dirigieron al living en busca de sus amigos. Los encontraron sentados en un sofá, conversando. Tré se acercó a ellos, pero Billie no pudo hacerlo, no pudo debido a una extraña sensación en su estómago... Una sensación similar a mariposas revoloteando... ¿Por qué sentía eso al ver a Jenny?
-Billie, ¿estás bien? -le preguntó ella, extrañada al verlo parado sin hacer nada.
-Perfectamente –mintió, mientras se sentaba a su lado.
Ella lo miró, alzando una ceja. Obviamente no le creía.
-Billie, dime la verdad, ¿qué te pasa?
La miró fijamente a los ojos. Sucumbió al instante.
Antes de darse cuenta de lo que hacía, sorprendiendo a todos, la agarró de la cintura, la acercó hacia él y la besó.
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Re: One of these days.

Mensaje por roxxiie.GD el Mar Jun 01, 2010 9:07 pm

onda qe ya los lei xDDD
pero bvoy x la 2da partee xD

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Re: One of these days.

Mensaje por Amanda el Mar Jun 01, 2010 9:09 pm

chan! xD

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Re: One of these days.

Mensaje por roxxiie.GD el Vie Jun 04, 2010 2:36 pm

es muuuuuuuuuuuuuuy loca la fica, poqe empezo de una manera Y TERMINO NADA QUE VER ._. pero me encantoo ♥

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Re: One of these days.

Mensaje por Amanda el Vie Jun 04, 2010 4:45 pm

mission accomplished xDD (me gusta confundir a la gente xD)
gracias, Roxxie (: seguiré subiendo OFTD para terminar no más xD
como es viernes.... 5 CAPS! xD
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Chapter twenty-eight: I would like to think that I know what I feel
El cuarto estaba muy oscuro. Demasiado. Jenny no sabía si era por la ausencia de ventanas o porque aún no amanecía. En casa de Tré, todo era posible... Inclusive el que ella durmiera abrazada por Billie Joe.
¿Por qué la había besado? No tenía sentido. Él amaba a Adrienne y ella lo sabía. Todos lo hacían. ¿Por qué la había besado? ¿Por qué la había abrazado para continuar besándola? ¿Por qué se había quedado dormido a su lado? ¿Y por qué ella le respondió cada beso, cada caricia?
-¿Despertaste? –le preguntó alguien a su derecha.
Jenny se separó de Billie y se sentó, para encontrarse con Mike, quien también dormía en el sofá.
-No, suelo abrir los ojos mientras duermo –Mike rió, despacio, para no despertar ni a Billie ni a Tré-. Vamos a otro lado, por favor.
Mike asintió y se pararon del sofá, para salir al patio.
-¿Sabes? Tré y yo estábamos seguros de que no faltaba mucho para que ustedes dos tuvieran algo, pero creímos que Billie nos diría algo antes.
Jenny lo miró extrañada.
-Que yo sepa, no hay nada entre nosotros –dijo ella.
-¿Y qué fue lo de anoche entonces? –inquirió él, extrañado.
-Un Billie borracho –contestó una voz detrás de ellos. Se voltearon y encontraron a Billie Joe, muy despeinado y con grandes ojeras en su rostro-. Tan borracho que no recuerda una mierda. ¿Qué pasó?
Mike y Jenny intercambiaron una mirada.
-Empezaste a besarla como desesperado –respondió Mike.
Billie empalideció y miró a la sonrojada joven.
-Mejor los dejo para que aclaren las cosas –farfulló Mike, mientras volvía al interior de la casa, dejando a los dos amigos solos.
-Billie, ¿por qué lo hiciste? –musitó ella.
Él negó.
-No lo sé. Me gustaría creer que sé lo que siento, pero no puedo... –dijo- Aunque estoy casi seguro de que te besé porque, al estar borracho, te confundí con Jennifer Lovett, así que lo siento mucho –la miró con suspicacia-. ¿Por qué me respondiste los besos?
Jenny se sonrojó, y mucho.
-No tengo idea –respondió, honestamente-. Simplemente... No me vi capaz de decirte que no o algo. Tal parece que parte de mí te ve desde le punto de vista de ella...
Él sonrió tristemente y le dio un beso en la frente.
-Olvidemos esto, ¿sí? –se dijeron a la vez. Rieron- Así está mejor.
Se abrazaron y volvieron al interior semi-abrazados.
-Ok, ¿qué me perdí? –preguntó Tré, entrando a la cocina, al verlos conversar con Mike de lo más bien.
Luego de desayunar, Jenny y Billie se fueron a su hogar.

-Tenemos que ir a comprar cosas para el almuerzo –comentó Billie, a eso de la una.
-Vamos entonces.
Con gran pereza, se pararon del sofá y salieron del departamento. Bajaron los siete pisos en ascensor y caminaron las pocas cuadras que los separaban de un supermercado, donde compraron todas las cosas que necesitaban.
-¿Para qué compraste el diario? –Preguntó él, extrañado.
-Alguien tiene que comprarlo de vez en cuando, ¿no? –dijo ella, con tono de obviedad.
Pagaron todo y volvieron al departamento, donde Billie comenzó a hacer el almuerzo, mientras que Jenny abría le periódico en el living.
-Está listo –dijo él, yendo al living, varios minutos después. Se sorprendió al encontrarla pálida-. ¿Qué sucede?
Jenny alisó la hoja del diario y comenzó a leer en voz alta el artículo que leía.
-Adrienne Nesser, más conocida como la esposa del cantante y guitarrista de Green Day, Billie Joe Armstrong, ha confirmado ante la prensa que ya no está casada con él y que el hombre con quien se ha visto tantas veces es su prometido.
Billie la miró sorprendido y, sin saber qué hacer, se dejó caer al suelo.
Y así era como perdía al amor de su vida.
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Chapter twenty-nine: You can’t control the wind... But now is time to set the sails.
Billie pasó lo que quedaba del fin de semana un tanto depresivo. Sin embargo, para la noche del domingo, ya se podía hablar con él sin ser ignorada por completo, por lo que Jennifer se le acercó.
-¿Seguro que estás bien? –le preguntó, delicadamente.
Él asintió.
-Sabía que terminaría por pasar. Ella ya no me ama, tiene todo el derecho a continuar su vida –murmuró él, con la voz muy áspera-. Era algo de esperarse, no puedo seguir engañándome con que aún me ama...
-Pero si ella lo hace. Lo sé, tengo el presentimiento –dijo ella-. Si sólo hablaras con ella...
Billie descartó esa posibilidad con un gesto de su mano.
-No serviría de nada...
-Pero no perderías nada tampoco –lo cortó ella, tajantemente-, y lo sabes.
Billie sólo la miró, con la melancolía reflejada en sus ojos.
-Mañana empezaremos a trabajar en el disco. Prefiero dejar de pensar en Addie –murmuró-. Además, tú tienes que volver a la escuela.
Jenny hizo una mueca.
-Sólo será por un tiempo –le aseguró él-. Ya tienes todo listo, sólo falta que promocionen el libro y todo lo demás y podrás dejar la escuela para dedicarte a lo que te gusta...
-Eres todo un ejemplo –comentó ella, riendo.
-De algo sirvo –masculló él.
Ella lo abrazó.
-Entiende que tú sí aportas en el mundo, deja de dudarlo cada dos segundos, sólo porque tuviste un poco de mala suerte. Todo terminará arreglándose y serás feliz como una lombriz –dijo ella, confiadamente.
Se quedaron un rato más en el living y luego cada uno se fue a su respectiva habitación a dormir. Tenían que levantarse temprano al día siguiente, a eso de las seis y media. Ella para llegar al colegio antes de las ocho y él para llegar a Reprise a la misma hora.

El despertador de Billie fue el primero en sonar. Lo apagó, entró al baño y se duchó. Luego volvió a su pieza, donde se secó y vistió. Luego se dirigió a la pieza de Jenny, quien aún dormía. Al parecer, había apagado el despertador entre sueños.
-Jenny, despierta –le susurraba él.
-¿Cómo que nos toca Miller? ¡No! –farfullaba ella, aún durmiendo.
-No tengo idea quién es Miller, así que despierta –dijo él, a un volumen más alto.
Jenny abrió los ojos, aturdida.
-¿Qué cosa con Miller? –inquirió, extrañada.
-Estabas soñando con que un Miller te tocaba en algo –dijo él. Ella maldijo-. ¿Qué ocurre?
-Una profesora de química –respondió-. ¿Ya es hora?
-Hace diez minutos, así que mejor te apuras...
La adolescente volvió a maldecir y salió de la cama, a la vez que Billie se iba a la cocina a preparar el desayuno, que comieron conversando, no muy animados debido al sueño. Normalmente, despertaban a las diez, por lo menos.
-¿Te voy a dejar? –preguntó él.
-Billie, ya te dije, sé caminar –respondió ella, por enésima vez.
-Quería asegurarme de que no hubieras cambiado de opinión –musitó él-. Bueno, en ese caso, ¿me acompañas hasta abajo?
-Por supuesto –contestó ella. Luego notó que Billie no le quitaba la mirada de encima-. ¿Qué?
-No me acostumbro a verte con falda, blusa, sweater y zapatos –dijo él, con una sonrisa. Ella lo miró con molestia-. Pero sí es verdad, siempre andas con jeans, poleras, chalecos y zapatillas.
Ella suspiró.
-Odio el uniforme –fue todo lo que dijo, mientras tomaba su mochila y sacaba el MP4-. Bueno, al menos no uso jumper.
Sin decir nada más, salieron del departamento y entraron al ascensor. Bajaron los siete pisos y luego cada uno siguió por su lado.

-¡La desaparecida! –exclamó Rose, en cuanto la vio.
-¿Dónde mierda anduviste todo el verano? –inquirió Carol.
-Maldita mother-fucker, ¿te sacaron la Internet o te secuestró un alien? –exclamó Ally, molesta- Pudiste haber avisado...
-Déjenla respirar –dijo Val, riendo.
-Primero que conteste todo –exclamó Lau-. Jenny, ¿qué te pasó? Llamé a tu casa y dijeron que no vivías ahí...
Jenny dejó su mochila en el puesto de siempre, al lado de Ally y luego las miró a todas, pensando en cómo responder.
-Me fui de la casa –respondió. Todas la miraron sorprendidas-. Me harté de todo y me fui... Eso fue hace unas semanas. El resto del verano estuve con el editor que me consiguió la profesora de lenguaje...
-¿EDITOR? –inquirieron todas.
-Un editor es con quien uno arregla algo para publicarlo como libro –dijo ella, con tono de obviedad.
-Sabemos lo que es un editor... Increíble –dijo Jess, acercándose.
-Yo sabía que te harías famosa –dijo Ally-. Ahora te olvidas de todas nosotras, te casas con Billie Joe y te iré a cobrar los cien dólares en unos veinte años.
Jenny se sonrojó levemente al oír como su amiga nombraba a Billie Joe.
-¿Qué pasa que tienen a Jenny acorralada? –inquirió Matt, también entrando.
-¿Por qué se sonrojó cuando dijiste “Billie Joe”? –musitó Carol, extrañada.
“Hora de la verdad” pensó Jenny.
-¿Dónde te estás quedando? –preguntó Rose, extrañada- ¿Donde Fran?
-No, conmigo no se está quedando nadie –respondió Fran, entrando también.
Jennifer suspiró.
-Me estoy quedando con Billie Joe –susurró. Todos abrieron mucho los ojos-. No es lo que piensan, sólo somos amigos...
-¡Por eso huiste de tu casa! ¡Tú papá los vio! –exclamó Jess.
Todos los presentes sabían que el padre de Jenny era el mismo John que estaba en Green Day en el pasado.
-Sí, algo así... El imbécil me tenía encerrada con una alarma en la ventana y Billie, Mike y Tré me ayudaron a escapar –explicó.
-Ja, sabía que era un estúpido –musitó Ally.
-Debo admitir que te apoyo –concordó Matt.
Jenny asintió. A nadie le agradaba su padre.
-Bueno, mucho de mí, ¿qué ha sido de sus veranos?
Así cambiaron el tema, aunque todos le lanzaban “discretas” miradas de vez en cuando. Todo siguió así hasta que tocó el timbre, momento en el que todos volvieron a sus lugares.
-Tuve un sueño raro –confesó Jenny, cuando esperaban que su nuevo profesor o profesora jefe entrara-. En el que Miller nos tocaba.
-Por favor, no –rogaron todos.
-¿Qué tienen con ella? Tan pesada no es –dijo Val.
Todos la miraron con cara de escepticismo.
-Está loca, y lo sabes.
No alcanzaron a decir nada, ya que vieron que era Susan Miller quien entraba, como profesora jefe.
Fue un bloque interminable. Luego vino una clase de historia, en la que la profesora los llevó a la biblioteca a buscar todo lo que pudieran de la economía mundial, en grupo. En el grupo de Jenny, la mandaron a ella a buscar los libros, diarios y revistas necesarias.
Ya tenía varios libros y luego fue a buscar los periódicos... Encontró uno de su día de nacimiento.
Guiada por un impulso, empezó a leer los obituarios. Sorprendida, sacó esa hoja, la dobló y la guardó en el pequeño bolsillo de su blusa; cabía justo.

-¿Cómo te fue? –le preguntó Billie, mientras le abría la puerta del departamento; tenía cara de estar ahí hacía un buen rato.
-No creerás lo que encontré –dijo, mientras sacaba el pedazo de diario de su mochila. Lo desdobló y lo leyó:- Lamentamos informar la muerte de Jennifer Katherine Lovett. Sus restos serán velados en su hogar, el número 486 de la calle 20 Este de Oregon –Billie la miró sorprendido-. El diario es del día en que nací.
Él la miró sorprendido.
-¿Crees que sigan viviendo ahí? –preguntó, casi en un susurro.
-No lo sé, pero... No pudiste controlar el viento que se la llevó... Pero ahora es tiempo de acomodar las velas para encontrarla.
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Chapter thirty: This place is not my place... I don’t belong here, I don’t even fit.
-Odio la escuela –murmuró Jennifer, cuando el timbre de entrada a clases sonaba.
-Agradece que ya es viernes –contestó Ally-. Ahora, ¿cuándo piensas explicarnos el cómo terminaste viviendo con Billie Joe Armstrong?
Jenny la miró molesta. Desde el lunes que evitaba mencionar a toda costa a su amigo, pero le era un tanto difícil, ya que para entonces formaba parte de un trozo muy importante de su vida... Y porque sus amigas estaban desesperadas por saber todo.
-Ok, te contaré –farfulló.
Apenas pronunció esas tres palabras, Rose y Carol (justo delante de ellas) se voltearon, al igual que Val y Lau (quienes estaban más adelante). Jennifer también estaba segura de que Fran y Jess la miraban, expectante.
-Les contaré –se corrigió-. A fines de julio me vi envuelta en un choque de autobús... Fui la que salió mejor parada, al igual que Billie. Nos conocimos en el hospital y desde entonces somos amigos. Todo iba como la seda, hasta que papá nos vio y me encerró en mi pieza. Billie hizo un súper plan maestro y me rescató y me dio un lugar en su hogar –resumió-. Y ahí he vivido desde le mes pasado.
Todas sus amigas lucían decepcionadas. Al parecer, buscaban una historia que incluyera algún romance o algo así, pero ella no les contaría de los besos que habían compartido. Al fin y al cabo, no eran de su incumbencia.
-¡DE PIE! –exclamó la profesora de química, entrando- ¡Buenos días, alumnos!
-Buenos días, profesora –saludó la mayoría, desganadamente.
Se sentaron pero la profesora les ordenó que volvieran a pararse.
-Yo no les he dicho que se sienten. Ahora sí: Tomen asiento.
En el fondo del salón, varios le hacían muecas y gestos muy groseros a la profesora, quien no se daba por enterada. Jenny suspiró, cansinamente.
-Me quiero ir...
Ally puso los ojos en blanco.
-Es la primera hora del primer viernes –dijo-. No veo de qué te quejas, siendo que no hemos hecho nada en toda la semana.
-Es que... Éste lugar no es mi lugar... No pertenezco aquí, ni siquiera encajo.
-¿A qué te...?
La profesora golpeó fuertemente el borrador contra el pizarrón, repetidas veces, impidiendo que Ally terminara la pregunta. Sin embargo, un atisbo de entendimiento apareció en el rostro de la adolescente.
-¡Vas a dejar el colegio! –exclamó, mas en un susurro.
-Sí –confirmó Jenny, honestamente-. Ese es mi plan, aunque todo depende de que resulte el maldito libro.
-Resultará...
-Señorita Allison –interrumpió la profesora-, ¿puede repetirme lo que acabo de decir?
Ally empalideció.
-Dijo que los carbonos siempre tienen cuatro enlaces –susurró Jennifer.
-Usted dijo que los carbonos siempre tienen cuatro enlaces con otros átomos –contestó Ally, mirando a la profesora fijamente a los ojos.
La profesora las miró con odio, pero no hizo ningún comentario al respecto y continuó con su repetitiva clase.

Al mismo tiempo, Billie, Mike y Tré se encontraban grabando en Reprise. Los tres aún lucían somnolientos, pero era la única hora en que Reprise estaba disponible sólo para ellos, lo que les permitía hacer estupideces varias. Entre esas “estupideces varias” estaba el creerse paparazzi los unos con los otros, ver que ocurre si Mike canta una canción y Billie otra, mientras que otros dos tocan algo a máximo volumen y competir por “quién actúa mejor de Tré”. Hasta la fecha, el ganador era Chris, el encargado de mezclar las canciones, seguido por Mike.
-Ok, concentrémonos y grabemos al menos una canción, ¿sí? –pidió Rob Cavallo, riendo ante el fallido intento de Jason.
Grabaron hasta las tres, hora en que cada uno volvió a su hogar...
A excepción de el guitarrista y cantante, ya que primero tuvo que pasar a un negocio de libros, revistas y demás, usados y viejos. ¿Qué buscaba? Un directorio telefónico de Oregon, de esos que además del teléfono traía la dirección. Encontró uno del 2002. Sería viejo, pero sólo no necesitaba para comprobar que los padres de Jenny no se habían mudado tras su muerte. Lo compró y volvió a su hogar.
-Creo que tendré que darte una copia de la llave –murmuró, al ver que Jenny estaba sentada en el suelo, leyendo algo-. ¿Cómo te fue?
Ella hizo una mueca, mientras se paraba.
-La profesora de química me regañó por respirar, la de español igual, en lenguaje no entendí una mierda y en geografía me aburrí como caracol –respondió, honestamente-. Y tengo que leerme esto.
Billie tomó el libro que ella le mostraba. Le echó un vistazo a la portada y sonrió.
-Salinger es un buen escritor –comentó él, mientras abría la puerta-. La empezada es un poco lenta, pero luego se vuelve interesante.
Jennifer sonrió.
-Había olvidado que este era tu libro favorito –murmuró.
-Yo no olvido el tuyo. Eragon, ¿no? –ella lo miró molesta- Sí, sé que es Harry Potter, sólo quería ver tu cara.
Ella sonrió levemente y entró detrás de su amigo. Dejaron sus cosas en un sillón del living. Luego almorzaron lo que había quedado del día anterior y fueron a la habitación de Billie Joe, cada uno con un tazón de café, sólo para ver televisión.
-¿Jenny? –susurró él, rato después, un tanto sonrojado... Bueno, bastante.
-¿Billie? –preguntó ella, extrañada.
Él se mordió el labio inferior, mientras cerraba los ojos.
-¿Podrías cambiarte el uniforme? –pidió, en un hilo de voz.
Ella lo miró sorprendida.
-No me digas que esto te exci... –él asintió- ¡Pervertido depravado de mierda!
-Llevo meses sin sexo, ¿qué quieres que te diga? –murmuró, cubriéndose el rostro con ambas manos- Y... Bueno, te queda demasiado bien el uniforme, se notan tus piernas –sin darse cuenta de lo que hacía, comenzó a llevar una mano a una pierna de la joven. La retiró al instante-. Por favor, cámbiate o te saltaré encima –suplicó.
Ella lo miró con lástima, pero con una pequeña sonrisa que no pudo contener.
-Ok, me voy a cambiar –dijo, yendo a su pieza-. Bit my lips and close my eyes, take me away to paradise. I’m so damn bored, I’m going blind... –comenzó a cantar en el camino.
-¡Para, en serio! –rogó, mordiéndose el labio inferior más fuerte aún-. Mierda, ¿con qué me distraigo?
Desesperado, se encerró en el baño, del que salió a los pocos minutos un tanto más calmado. Jenny seguía cambiándose, por lo que él aprovechó de revisar la guía telefónica que estaba en el living.
-Hora de ver si siguen donde viviste.
________________________________
Chapter thirty-one: Should we stay or should we go?
Jenny salió de su pieza con un par de jeans y una polera manga corta, sólo en calcetines. Al ver que su amigo no estaba en su habitación, fue al living.
-¿Pasó? –le preguntó, con una sonrisita de complicidad.
Él la miró molesto.
Se sorprendió al sentir un cosquilleo en el estómago en cuanto la vio... Y se sorprendió más aún al sentir un retorcijón al ver cómo se acercaba hacia él.
-Creo que sí –contestó, sin quitarle la vista de encima-. ¿Te hiciste algo en el pelo? –preguntó, embobadamente. No se había hecho absolutamente nada, pero le veía algo diferente.
-No, nada –respondió ella, distraída, sentándose a su lado. Para su alivio, no había notado que él la miraba fijamente, ya que estaba muy pendiente del directorio telefónico, aún abierto sobre la mesa de centro-. ¿Los encontraste?
Él asintió, quedamente.
-Siguen en la misma casa –murmuró. Suspiró-. No sé si debemos quedarnos aquí de brazos cruzados o ir allá... Digo... ¿Qué quieres que les diga a sus padres? Les dará un ataque en cuanto te vean, eres idéntica a ella...
No era esa razón por la cual no le quitaba la mirada de encima a su amiga, y lo sabía. ¿Cuál era entonces?
-¿No querías saber qué le pasó? La mejor forma es preguntárselo a sus padres –replicó ella, aún sin notar cómo él la miraba.
-Pero ahora no estoy seguro... ¿Qué quieres que les diga? ¿Que soy su novio de la adolescencia y que quiere saber qué le pasó, siendo que ya han pasado casi veinte años?
Ella lo abrazó, haciendo que el cosquilleo del estómago se extendiera por todo el cuerpo, añadiéndosele un nerviosismo increíblemente intenso.
-Depende de ti... Yo te aconsejo que vayamos. Si crees que es necesario, puedo quedarme en el auto o vagar por Oregon –dijo ella.
Billie se limitó a asentir, ya que no se creía capaz de articular palabra alguna.

¿Qué le sucedía? Esa fue la pregunta que ocupó su mente toda la tarde, en la cual siguieron viendo televisión, tocando guitarra o haciendo cualquier otra cosa. Hubo un punto en el que estaban muy cerca y él tuvo la extraña sensación de querer salir corriendo, a la vez que no quería moverse.
-Buenas noches, Billie –le dijo ella, yendo a su habitación, a eso de las diez-. Jennifer quiere dormir.
-Entonces Billie Joe también le desea unas buenas noches –dijo él. Le dio un suave beso en la mejilla-. Duerme bien.
Ella sonrió y se dirigió a la salida del cuarto de su amigo. Sin embargo, se volteó.
-¿Billie? –susurró ella, mirándolo fijamente.

Sus ojos... Eso era todo lo que anhelaba ver. Los verdes ojos de aquel hombre. No podía asegurar que estaba enamorada de él, pero no podía quitárselo de la cabeza. Soñaba con ver que esos ojos la observaban fijamente en una expresión de amor y cariño. Pero la expresión de extrañeza que recibió era con lo único que podía contentarse.

-¿Qué? –preguntó él, extrañado. ¿Cuál era la palabra que describía la expresión que tenía la adolescente en ese momento?
Adolescente... Podía ser su hija... Era sólo dos años mayor que Joey...
-No, nada –dijo ella, tras pensarlo un poco.
Sin decir nada más, salió de ahí, dejando a Billie Joe más confundido que nunca.
-¿Qué es lo que siento? –se preguntó, muy despacio para que ella no lo escuchara desde su habitación- Yo amo a Addie...
Se repitió la pregunta una y otra y otra vez, hasta que finalmente cayó dormido.
Jennifer, su novia, se tambaleó al salir de la sala. De no ser porque él estaba ahí, se habría caído.
-¿Estás bien? –le preguntó Billie, preocupado. Ella asintió, a la vez que él negaba- Nunca aprendiste a mentir... Ayer te dolía la cabeza, lo notaba en tu cara –hizo una pausa-. ¿No estarás embarazada?
Ella no contestó de inmediato, sino que primero lo miró a los ojos.
-¿Cómo se te ocurre pensar eso? –preguntó, con dulzura- Siempre nos cuidamos. No, estoy bien... Debe ser un resfrío.
Billie la miró fijamente a los ojos.
-Prométeme que si algo te pasa, me lo dirás, ¿ok? –su novia asintió...
Despertó. Claramente ella no había cumplido su promesa.
Sin dudarlo, se dirigió al cuarto de su amiga, quien parecía dormir. Ya eran las doce de la noche. No perdía nada intentándolo, así que se le acercó y la zarandeó levemente. Ella abrió los ojos, extrañada.
-Vamos mañana –fue todo lo que él dijo.
Así salió del cuarto, mientras intentaba contener la tentación de acercarse más a ella...
Tentación que ella igual tuvo que contener, para no seguirlo.
________________________________
Chapter thirty-two: Don’t wanna fall in love!
A las ocho del día siguiente ya estaban saliendo. Habían llenado el auto de comida y bebida, para no tener que detenerse para nada que no fuera ir al baño y llenar el tanque de gasolina. Era un largo viaje de unas trece horas, aproximadamente, si es que Billie no iba muy rápido, Sin embargo, él aseguraba que estarían allá a las siete de la tarde. No obstante, lo que les molestaba a ambos, era el hecho de que iban a tener que estar al menos once horas encerrados en el mismo auto, el cual no era muy espacioso... Lo único que ella quería, pese a que no quería admitirlo, era que él le tomase su mano, la cual descansó en su regazo durante la mayor parte del viaje. Y lo único que él quería era abrazarla eternamente... O al menos por unos minutos...
-¿Cuánto falta para llegar? –preguntó ella, unas ocho horas después, tras una parada en una gasolinera.
-Unas dos horas –calculó Billie, sorprendiéndola-. No quieres saber que tan rápido puedo conducir.
-Dame una idea –dijo Jenny, pícaramente.
Billie dobló rápidamente una curva, a la vez que pensaba en cómo contestar.
-Mike me tiene prohibido conducir –respondió al fin, haciéndole abrir mucho los ojos; Mike amaba la velocidad-, y Tré está de acuerdo.
Jennifer asintió, aún sorprendida.
-Han pasado casi nueve horas y apenas hemos hablado –murmuró ella-. ¿Qué te pasa?
Él la miró, levantando una ceja.
-No me pasa nada...
Ella revoleó los ojos.
-Desde ayer que andas raro... Ni siquiera me miras a los ojos –su tono no era de enfado, sino de reproche y decepción-. ¿Qué es lo que te pasa?
Él al miró a los ojos, a través del espejo retrovisor, causándole un pequeño escalofrío a la chica, el cual, a duras penas, logró disimular.
“No te miro a los ojos porque no me quiero enamorar de nuevo. La primera vez que me enamoré de verdad, ella me dejó sin razón aparente. La segunda vez, yo fui demasiado imbécil y eché todo a perder. No quiero que vuelva a pasar lo mismo, porque al parecer mi destino es estar solo” pensó Billie.
Sin embargo, dijo:
-No te miro a los ojos porque sigo avergonzado por lo del uniforme.
Ella sólo sonrió levemente, aunque debía admitir que se sentía decepcionada.
-En serio, no estoy molesta por eso... Habrá sido extraño, pero estoy bien.
El hombre también sonrió y le dio un breve beso en la mejilla, que les causó un cosquilleo a ambos.

Siguieron avanzando y, a las siete, ya estaban en Portland. Se detuvieron en una cafetería para comer algo antes de irse donde los Lovett. Mientras Billie ordenaba dos cafés y dos trozos de pastel para cada uno, Jenny fue al baño, donde, además de hacer sus necesidades, se lavó la cara, aún acalorada por el sol que les dio durante todo el viaje.
-No puedo enamorarme de él –se susurró, mirándose al espejo-, no es lo que quiero, no es lo correcto. Su lugar es con Adrienne –negó con la cabeza-. No más pensar en él.
Volvió a negar.
-¿Por qué mierda no me lo puedo sacar de la cabeza? –se preguntó, mientras se secaba el rostro.
Confusa, salió del baño.

Seguía sin estar seguro de lo que sentía en ese instante... Hasta que la vio. Bastó con eso para estar seguro de que sacrificaría todo por ella y más.
-Su orden estará lista pronto, señor –le dijo la mujer a cargo del puesto-. Si gusta, puede buscar un asiento.
Él asintió, mientras se dirigía hacia Jenny, sin pensar, quien quedó sorprendida al sentir como él la tomaba por la cintura, acercándose...
-¿Qué pasa? –preguntó, extrañada, sintiéndose desfallecer.
-Nada –respondió él, sacándole unos cuantos cabellos del rostro-, nada malo al menos.
Sin dejarla reaccionar, volviendo a poner sus manos en la cintura de la chica y acercando su rostro, la besó. Ella abrió mucho los ojos, sorprendida, mas contestando el beso. Él se separó de ella a los minutos.
-¿Y eso por qué? –inquirió, sonrojándose.
Él se encogió de hombros.
-Dejemos que las cosas fluyan, ¿te parece?
A modo de respuesta, ella le rodeó el cuello con ambos brazos y lo besó.
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Re: One of these days.

Mensaje por Amanda el Lun Jul 19, 2010 1:55 am

Había olvidado esto... Toma, Pony, 5 capítulos de regalo para ti! WOOT
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Chapter thirty-three: A letter from her is a bomb to my heart.
Tocaron el timbre, nerviosos. Ambos tenían miedo de la reacción que tendrían los Lovett al ver al ex novio de su difunta hija de la mano de una adolescente idéntica a ella.
-Mejor nos soltamos o les dará un ataque –susurró él.
Jenny asintió, soltando la mano del hombre. Billie sonrió y la besó brevemente, tras lo cual tocó el timbre nuevamente.
-¿Quién estará llamando a esta hora? –escucharon desde el otro lado de la puerta.
A Billie le dio un escalofrío al oír aquella voz... La voz de Jeremy Lovett. Jenny estuvo apunto de tomarle la mano para calmarlo, pero se contuvo. Lo que les salvó de ser vistos por el hombre que abría la puerta en ese instante.
El hombre de estatura mediana, tenía una gran calva y el escaso cabello que le quedaba era gris, aunque se conservaban unos cuantos cabellos castaños. Sus ojos eran azules, como zafiros y estaban bajo dos despobladas y alzadas cejas. Despobladas por la edad y alzadas por el asombro de verlos.
-¿Te conozco? –le preguntó a Billie Joe, extrañado; no le había prestado mucha atención a Jenny, quien también lo miraba asombrada: Tenían los mismos ojos. Siempre había creído que se los había heredado algún abuelo (biológicamente hablando, sí era así), pero ahora veía que eran idénticos a los de aquel hombre.
-Mi nombre es Billie Joe Armstrong, yo fui...
Jeremy no le dejó terminar, ya que apenas escuchó su nombre, lo abrazó, como a un hijo. Billie quedó sorprendido. Pese a que Jeremy había sido como un padre para él, nunca había pensado que seguiría teniendo ese trato con él.
-Pasen –dijo, aún sin fijarse en Jenny.
Entraron a una casa bien amueblada, con varias fotos y pinturas colgadas en las paredes. Los llevó a una sala de estar muy pequeña, donde los sillones estaban un tanto amontonados y con suerte cabía una mesa de centro.
-Les traeré té –musitó el hombre, yendo a la cocina-. Póngase cómodos.
Billie y Jennifer se acomodaron en un sofá y se pusieron a esperar a que el señor Lovett les llevase el té. Llegó a los minutos con una bandeja, la cual la dejó en la mesa de centro. Y, al levantar la vista, sus ojos chocaron con los de Jenny.
-J... ¿Jenny? –susurró, acercándose- ¿Mi Jenny?
Con expresión de tristeza, la joven negó.
-Mi nombre es Jennifer Claire Kiffmeyer –respondió-. Soy amiga de Billie. Mi padre se llama John, y también era amigo de su hija.
Él sonrió.
-El hombre que tenemos aquí no era amigo de mi hija. Estoy seguro de que habrían sido la familia perfecta –murmuró.
Jenny y Billie tomaron sus tazones de té.
-Señor Lovett –comenzó él, tras tomar un sorbo de la infusión-, ¿qué le pasó a su hija?
Él cambió su expresión de calma a tristeza.
-Jenny tenía Neurofibromatosis, del tipo dos –la Jenny actual lo miró asombrada, mientras que Billie no entendió-. Es una enfermedad que crea tumores en la piel, columna... Y, en algunas ocasiones, en el cerebro; Jenny los tenía ahí –aclaró.
Billie cambió su expresión de no entender por una que demostraba que tan atónito estaba.
-Pero... La neurofibromatosis es una enfermedad hereditaria; debe tenerla uno de los padres para que los hijos la contraiga, aunque hay sólo un cincuenta por ciento de posibilidades de que la desarrolle.
Él asintió, con expresión amarga.
-Mi esposa lo tenía –murmuró-. Ella murió, poco después de que mi hija falleciera. No soportó el perderla.
Billie se acercó a él y lo rodeó con un brazo, un tanto inseguro de lo que hacía. Se imaginaba lo terrible que sería para él perder a uno de sus hijos y a Addie o Jenny.
Al rato, Jeremy se separó de Billie Joe y se dirigió a alguna parte de la casa, de la que volvió con un sobre en su mano. Se la entregó a Billie.
-Si me disculpan, necesito ir a acostarme...
Les indicó la salida y, tras despedirse, se fueron.
-Eso fue raro –comentó ella.
-Déjalo, acabamos de recordarle la pérdida de dos de sus seres más queridos –dijo él.
-No, eso no fue lo raro –rebatió Jenny-. Lo raro fue el cómo te abrazó y el que yo conociera esa enfermedad. No recuerdo dónde la oí antes...
Billie asintió.
-¿Qué te parece si vamos a un hotel, pedimos servicio a la habitación y ahí abrimos la carta? –sugirió él, encendiendo el motor.
-Me parece bien –respondió ella, con una sonrisa.
Billie se acercó a ella y la besó, brevemente, antes de echar a andar el auto.

Llegaron a un hotel en unos minutos. Sólo quedaba un cuarto matrimonial. Fingiendo ser hermanos (“él se tiñe el pelo, pero en verdad lo tiene del mismo color que yo”), lo consiguieron. Pidieron algo para cenar a la habitación y, tras recibir la comida, se acomodaron sobre las mantas y abrieron la carta, la cual estaba escrita en la clara letra de Jennifer Lovett.

“Querido Billie Joe:
Si estás leyendo esto, es que yo ya me he ido. Y debes estar preguntándote, el porqué te dejé, si yo te amaba tanto. La respuesta es porque tengo una enfermedad mortal, llamada neurofibromatosis. Y...
No te imaginas lo terrible que fue para mí decirte que no te amaba, siendo que no era verdad. Lo terrible que fue empacar todo para irme a Oregon, con el fin de asistir a todos los tratamientos de Washington que pudiera. Lo terrible que fue dejar todo, para no hacerte sufrir de más. Hace ya una semana que terminamos, y no puedo dejar de pensar en ti. Te amo, como nunca amaré a nadie.
Me dieron tiempo hasta poco después de que cumpliera veinte años. Después de eso... Bueno, el tumor de mi cerebro llegará a su límite.
Espero que hayas continuado tu vida. Sé que te casarás y tendrás una vida feliz, una vida que yo siempre deseé pero que posible no será. No pierdas lo que consigas en tu vida. Y si alguna vez llegas a quedar encerrado en la oscuridad, no olvides que tus estrellas de la suerte llegarán a ayudarte.
Con amor, tu Jenny.”

En el sobre también estaban las fotos de ellos juntos y cartas que se enviaban. Pero esa había sido la carta que más le había llegado a él en su vida. Con unas cuantas lágrimas en los ojos, se dejó abrazar por la pelirroja.
Así se durmieron.
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Chapter thirty-four: I’m just trying to be in love
-Al fin llegamos –musitó Jennifer, bajando del auto.
-Mañana no haremos nada, ¿ok? –Farfulló él, imitándola.- Mierda, ¡hace frío! –Exclamó, a la vez que cerraba el auto con llave.
Ella asintió, tiritando.
Ya eran las nueve de la noche y ambos iban sólo con poleras sin mangas y jeans, ya que el viaje había sido más que caluroso en aquel estrecho auto. Mas en Oakland el otoño ya estaba llegando, por lo que el frío también.
Billie la abrazó por la cintura y, sin soltarse, entraron al edificio y luego al ascensor.
-¡¿Dónde mierda estaban?! –inquirieron Mike y Tré, apenas los vieron bajarse del ascensor y dirigirse al departamento- Los llamamos a sus celulares, que al parecer no prendieron ni cargaron, luego vinimos y nos encontramos con que no hay nadie –se quejó Mike.
-¿Por qué andan abrazados? –preguntó Tré, quien no lucía enojado, sino alegre.
Billie y Jenny intercambiaron una mirada.
-Fuimos a la casa de los Lovett, en Portland. Jennifer Lovett y su madre tenían una enfermedad hereditaria, neurofibromatosis, que les creó un tumor en el cerebro, debido a lo que ambas murieron.
Mike asintió, entristecido y sorprendido, mientras que Tré seguía mirándolos.
-¿Por qué andan abrazados? –Volvió a preguntar. Los miró bien.- ¿Por qué Jenny tiene un pequeño moretón en su cuello?
La adolescente se tapó el cuello, sonrojándose, al igual que Billie Joe. Ésta vez fueron Mike y Tré quienes intercambiaron una mirada, de asombro.
-¿Cuándo empezó esto? –inquirió Mike, sorprendido.
-Ayer, en una cafetería –contestaron.
-¿Cafetería? –Mike sonaba extrañado.- ¿Y su vergüenza dónde quedó?
Jenny se sonrojó más aún.
-Había una pared, así que sólo la gente que iba al baño podría habernos visto...
-¿A quién le importa eso? ¡Dense un beso! –pidió Tré, como un niño pequeño pidiendo un extraño capricho.
Billie revoleó los ojos, le tomó el rostro a la joven y la besó. Fue bastante corto, pero les bastó para comprobarle a Mike y a Tré (quienes aplaudían) que en algo andaban.
-¿Saben? Podríamos entrar al departamento para que nos digan lo que querían decirnos, ¿no? –sugirió sarcásticamente el guitarrista.
Conversando, los cuatro amigos entraron al departamento. Jenny, Mike y Tré se acomodaron en el living, mientras que Billie iba por café y galletas. Volvió con todas las cosas en una bandeja a los pocos minutos y las dejó sobre la mesita de centro.
-¿Y bien? –preguntó Billie.
Mike suspiró, viendo cómo comenzar.
-¿Qué opinan de la hipnosis? –inquirió, tentativamente.
-¿Cómo? –preguntó Jenny.
-Hace muchos años –interrumpió Tré- había un programa de radio en la que el anfitrión hipnotizaba a la gente. Uno debía hacerle caso a todas las indicaciones y él te ordenaba cosas o te llevaba a tus vidas pasadas. En mi casa lo sintonizaban y así aprendí el “arte”. Descubrimos que mi padre había sido un fraile y mi madre un escarabajo –se dirigió a Jenny-. Creo que podría hipnotizarte y hacerte volver a tu vida pasada, para que nos contestes lo que se nos dé la gana.
¿Hipnosis? Sonaba tan disparatado... Aunque la situación en sí lo era, si quería ser sincera consigo misma. ¿Qué respondía?
-¿Funciona, verdad? –Tré asintió-. ¿Recordaré todo?
El baterista volvió a asentir.
-¿Es seguro? –preguntó Billie, preocupado.
-Por supuesto que es seguro, tan imbécil no soy.
Silencio.
-¿Qué tengo que hacer? –preguntó Jenny.
Tré le indicó que se recostara a lo largo del sofá y que respirara profundamente, varias veces, buscando relajarse. Billie y Mike miraban expectantes.
-Cuando cuente hasta tres –continuó, luego de darle una serie de instrucciones-, volverás a tu vida pasada y recordarás todo de lo que hablemos. Uno... Dos... Tres... –una pausa- ¿Cuál es tu nombre?
-Mi nombre es Jennifer Katherine Lovett –dijo Jenny, quien parecía dormida.
-Bien... ¿Cuál fue el nombre de tu último novio? –preguntó Tré.
-Billie Joe –contestó.
Tré intercambió una mirada con sus amigos, quienes lo instaron a continuar.
-¿Por qué terminaron?
Ella se removió un poco.
-No quería verlo sufrir –susurró ella, apenada-. No quería que sufriera por mi enfermedad.
-¿Qué enfermedad? –preguntó Tré.
Ella hizo una mueca, aún con los ojos cerrados.
-Un tumor cerebral, debido a mi neurofibromatosis –respondió.
Tré miró a sus amigos, cómo si les pidiese más preguntas.
-Pregúntale cuándo lo descubrió –sugirió Mike, rato después. Tré repitió la pregunta, ahora dirigiéndose a la chica.
-A los diez años descubrieron que mi madre padecía esa enfermedad y que era hereditaria. A los trece me dijeron que la heredçe, pero, al parecer, no era tan grave. Sin embargo, me prometí no enamorarme, porque sabía que terminaría haciendo sufrir a todos... Eso hasta que conocí a Billie y cambió todo mi mundo... –respondió. Suspiró- Luego descubrieron el tumor de mi cerebro, el letal... Y yo estaba embarazada; no podía traer a ese niño al mundo, ya que padecería de la enfermedad, y no quería que Billie cargara con un niño enfermo... Tuve que abortar.
Silencio de parte de todos. Nadie parecía ser capaz de creer lo que ella les contaba.
-¿Por qué no me lo dijiste? –susurró Billie, triste- Lo habría entendido, te habría apoyado.
-¿Por qué no se lo dijiste, siendo que él estaba más que dispuesto a estar ahí contigo? –preguntó Tré, recuperando el habla.
-No quería que sufriera... Se iba a enojar mucho si se enteraba de que había abortado sin consultárselo. Su odio era lo único a lo que no era capaz de enfrentar –contestó-. Por eso nunca lo miré a la cara cuando le dije que terminábamos, por eso con mi familia nos fuimos de Rodeo: Para empezar de nuevo.
Tré miró a Billie (quien lloraba) y a Mike (quien estaba atónito)
-Sácala de ese trance –farfulló Billie, mientras iba al baño a lavarse la cara y a calmarse.
-Espera –susurró Mike-. Tengo dos preguntas –Tré lo instó a seguir con un gesto de su mano-. ¿Tuve alguna vez una mísera posibilidad con ella?
Tré hizo la pregunta.
-¿Mike? No lo sé... Lo vi siempre como un hermano, un amigo... Nada más –contestó Jenny-. Aunque estoy segura de que hubiera sido un buen novio.
Mike asintió.
-Dile que vuelva a su vida actual, pero sin despertarla –pidió.
-Ok, Jennifer Katherine Lovett, vuelve a ser Jennifer Claire Kiffmeyer, por favor –no hubo ninguna respuesta-. ¿Cuál es tu nombre? –preguntó nuevamente.
-Jennifer Claire Kiffmeyer.
El bajista la miró fijamente.
-Pregúntale qué opina de su relación con Billie Joe, pero que quede fuera del registro –pidió-. Necesito saber qué mierda pasa por su cabeza. Digo... ¿Por qué quiere estar con un hombre quince años mayor que ella?
Tré movió la cabeza, indicando que no sabía si estaba de acuerdo o no con él.
-Jenny, desde ayer que estás con Billie Joe. ¿Qué piensas de esto? ¿Tiene algún futuro?
Jenny apretó los ojos, en señal de confusión.
-No lo sé –comenzó-. Parte de mí sabe que su lugar es con Adrienne. Son el uno para el otro, él la ama a ella, eso es obvio. Pero otra parte quiere estar con él, a otra le gusta estar enamorándose de él, o intentándolo. No lo sé. Ya no tengo idea de lo que siento... Sólo sé que algún día va a terminar, y espero que sea más pronto que tarde, por su bien... Si no, no podrá recuperar a Adrienne.
Mike y Tré asintieron, conformes.
Pese a que ambos se alegraron de que Billie y Jenny estuvieran juntos, encontraban esa relación un tanto... enfermiza. Además, sabían que lo mejor para él era volver con Addie y para ella era encontrarse a alguien de su edad.
-Empiezas a sentir a tus ojos más livianos –comenzó Tré-, te empiezas a sentir más despierta. Cuando cuente hasta tres, despertarás, recordando todo menos las últimas dos preguntas, ¿ok? –ella asintió- Uno, dos, tres.
Jenny abrió los ojos, para encontrarse con Mike y Tré mirándola, ansiosos.
-Mierda que tuve una vida mala –masculló, reincorporándose.
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(necesitaba alguien que hipnotizara, y quién mejor que Tré? xD)
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Chapter thirty-five: I’ve been waiting a long time for this moment to come.
El martes, tanto Billie como Jenny, tuvieron que volver a sus respectivas obligaciones. Así que a las seis y media, ambos despertaron. Billie se duchó primero, mientras que Jenny hacía el desayuno. Luego fue su turno de usar el baño.
-Tengo que pasar donde Paul en la tarde –murmuró la adolescente, ya en la mesa de la cocina.
-Te llevaría, pero quiero ir a hablar con Addie –farfulló, un tanto avergonzado. Después de todo, se supone que estaba saliendo con ella-. Quiero ver qué pasa con los niños y... Bueno... Un intento más...
Se sorprendió mucho cuando vio que una radiante sonrisa aparecía en el rostro de Jenny. Él la miró, extrañado.
-¡Eso es lo que debiste haber hecho hace mucho tiempo! –exclamó ella- Que bueno que al fin lo hagas...
-¿No estás enfadada? –preguntó él, aún asombrado.
-¿Por qué habría de estarlo? –Él la señaló a ella y a él mismo con una mano.- Ah, eso. Fue algo interesante, pero tu lugar es con ella. Además, es un tanto raro estar con alguien de la misma edad que mi padre, ¿sabes? Prefiero dejarlo hasta aquí.
Él sonrió y le dio un beso en la frente.
-Muchas gracias –dijo él.
Siguieron desayunando, mientras conversaban.
-Casi lo olvido –murmuró él, mientras sacaba algo de su bolsillo.
Era una llave, al parecer del departamento. Jenny pensó que era para Mike o Tré, por lo que se sorprendió al ver que él le tomaba la mano y le ponía la llave en ella.
-En caso de que me vaya bien hoy, por lo que llegaría tarde o no llegaría... O en caso de que me vaya mal y no quiera abrirle a nadie. En todo caso, es bueno tener una llave de donde vives, ¿no?
Ella sonrió y lo abrazó.
-Gracias.
Luego ambos tomaron sus cosas, salieron del departamento, bajaron por el ascensor los siete pisos, salieron del edificio y comenzaron a caminar en direcciones diferentes.

-Mother fucker, ¿qué te pasó ayer? ¡Creí que también me ibas a abandonar! –exclamó Rose, en cuanto la vio.
-¿Por qué? ¿Qué pasó? –inquirió Jenny, entrando a la sala. Miró a su alrededor- ¿Dónde están todos? ¿No han llegado?
-Sí y salieron con sus mochilas –ironizó Rose-. ¡Nadie vino! Hay una epidemia de varicela y, al parecer, nadie del colegio la ha tenido. Lo que pasa es que es día de faltas, pero no me dejaron faltar y aquí estoy.
-¿Varicela? –preguntó Jenny, un tanto asustada. Rose asintió- Mierda, no me ha dado tampoco. Mejor nos vamos antes de que toque el timbre de entrada.
Su amiga asintió. Se cruzó el bolso y salieron de la escuela, evitando a los inspectores y auxiliares. Los profesores estaban muy ocupados en la sala de profesores, así que no tuvieron problemas al irse.
-¿Qué hacemos hasta las tres? –preguntó Jenny, sentándose en una banca de una plaza.
-Puedes partir explicándome el porqué no viniste ayer y el porqué tienes un moretón en tu cuello –sugirió Rose, con una sonrisa, mientras Jenny se cubría le cuello, tras maldecir-. ¿Te acostaste con Billie Joe?
-¡No! –exclamó ella- Es que...
De algún modo, comenzó a explicarle lo del noviazgo entre Jennifer Lovett y Billie en el pasado y el que eran idénticas.
-Así que encontramos la última dirección en la que habían vivido, en Oregon... Y fuimos allá el sábado y... Bueno, con Billie estábamos un tanto “tensos”. Se notaba una especie de química. Como sea, el sábado paramos en una cafetería y por poco no se me lanzó encima y ahí empezamos a estar juntos –Rose lanzó un chillido, haciéndola sonrojar-. El cuento es que hablamos con el padre de Jenny (quien murió el mismo día de mi nacimiento) y nos volvimos a Oakland el domingo y después Mike y Tré llegaron al departamento. Tré sugirió que me hipnotizaran para hablar con mi vida pasada.
»Y me hipnotizaron. Fue extraño y desperté con una sola cosa en mente: Lo que yo tenía en ese instante con Billie Joe.
»Pasé todo el lunes con él, besándonos, abrazados... Disfrutando el día. Pero un lado de mí sabía que eso estaba mal, y estaba segura de que él también lo sabía. Así que hoy día en la mañana él decidió arreglar las cosas con Addie y yo le dije que lo mejor era que “termináramos” y aquí estoy.
Rose asintió, conforme.
Pasaron a hablar de otras cosas y, antes de que se dieran cuenta, dieron las diez.
-Tengo que ir a Berkeley –musitó Jenny, no muy contenta.
-¿Te acompaño? No creo que quieras andar sola en autobús después de lo del choque –sugirió Rose.
-¿En serio? –su amiga asintió- Bueno, vamos. Pero no es mi culpa si tus padres saben que saliste de la ciudad sin permiso.
Las dos amigas caminaron al paradero más cercano. Una vez ahí, esperaron a que pasara un autobús que les sirviera, cosa que ocurrió a los minutos.
-Y... ¿a qué vienes? –preguntó Rose, a mitad del camino, tras un rato de silencio.
-Tengo que ir con el editor –respondió, con tono cansino-. Dijo que tenía algo que decirme. Sonaba serio, así que no creo que sea algo muy bueno.
Llegaron a la calle indicada a los diez minutos. Se bajaron y caminaron hacia el edificio.
-Disculpe, ¿está Paul Hayes? –preguntó Jenny a la secretaria.
-Hola, Jenny. Sí, está desocupado en este instante. Puedes pasar.
Jenny le indicó a Rose que la acompañara a la oficina del hombre, a quien encontraron leyendo un libro muy concentradamente.
-Hola, Paul –saludó Jenny, asustándolo.
-Te esperaba para más tarde –farfulló él. Luego reparó en Rose, a quien miró extrañado.
-Ella es Rose, una amiga –explicó la pelirroja-. Bueno, ¿para qué me llamaste?
Él sonrió. Tomó uno de los tantos libros que había en su escritorio y se lo pasó a Jennifer, quien lo miró sorprendida. Rose, sin entender, miró la portada. Vio el título del libro y, en letras más pequeñas, el nombre de su amiga. El dibujo de la portada era una pistola rodeada de pétalos de una rosa, sobre dos gemelas.
-Es todo tuyo. Mañana sale a la venta –explicó el editor.
Jenny sonrió.
-Gracias, Paul, gracias por todo –agradeció ella, embobada con el libro.
Lo volteó. En la parte de atrás estaba la reseña del libro. Rose le arrebató el libro de las manos y revisó la biografía que había en la contraportada, junto con una foto de la chica.
-Me prestarás esto, necesito material de lectura –dijo Rose, sonriendo.
Tras agradecerle a Paul y acordar con él todo lo de las ganancias, Jenny y Rose se fueron.
-Wow, soy amiga de una tipa que se hará famosa mundialmente con sus libros y fue novia de Billie Joe –dijo ella, riendo.
-No creo que llegue a ser famosa mundialmente; dudo que salga del estado –musitó Jenny.
-Entonces crees mal –dijo Rose, seguras de sus palabras.
Llegaron a Oakland y se bajaron en una plaza que les quedaba a mitad de camino de ambas casas. Se despidieron de un beso en la mejilla y cada una se fue a su hogar. Eran recién las doce del día, pero Rose podía decirles a sus padres que había faltado la profesora jefe (con quien les tocaba durante los siguientes dos bloques) y que por eso se había ido antes.

Jenny entró al departamento, dejó sus cosas en su habitación y se tiró al sofá a leer el libro, pese a sabérselo de memoria para entonces.
-Había estado mucho tiempo esperando por esto y al fin llegó –se dijo a sí misma, conforme.
Con algo de suerte, todo saldría de acuerdo a sus planes.
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Chapter thirty-six: Makes love, not war
Joey contemplaba una vieja foto que había encontrado en el estudio de su padre. En ella estaba Addie, sentada a los pies de la cama, y Billie, recostado al final. En la pared de atrás se leía “Haz el amor, no la guerra”. Joey sonrió tristemente al verlo. Extrañaba la presencia de su padre en la casa.
Su mirada se desvió al reloj que había a su lado. Eran las nueve de la mañana de aquel martes de septiembre, en el que su madre se había quedado dormida. Debido a ello, él había aprovechado la oportunidad de que ella aún dormía para bajar al estudio de su padre. El único en la casa que había cumplido sus obligaciones era el nuevo novio de Adrienne.
-Extrañaba esto –musitó para sí mismo.
A las once creyó que sería más creíble despertar a Addie, por lo que subió a la habitación matrimonial, habitación que había sido usada por sus dos padres, no sólo uno de ellos, durante casi catorce años.
-¿Mamá? –preguntó, entrando y acercándose a Adrienne.
La mujer se volteó en la cama, para quedar frente a él.
-Joey, ¿qué ocurre? –preguntó.
-Venía a avisarte que te quedaste dormida y que son las once –informó él-. Jake sigue durmiendo y yo acabo de despertar.
Ella hizo una mueca.
-Me levanto enseguida a hacer el desayuno... Tú pon a hervir el agua y despierta a tu hermano –ordenó la mujer, aun con tono somnoliento.
Joey se limitó a asentir y salir de la habitación. Bajó las escaleras y puso el agua a hervir. Luego subió y fue al cuarto de Jake, a quien encontró viendo televisión.
-¿Hace cuánto despertaste? –se preguntaron al unísono.
-Recién –contestó Jake-. ¿Tú?
-Hace como tres horas –confesó Joey-, pero bajé al estudio y ahí estuve hasta hace unos diez minutos.
Jake lo miró con cara de reproche.
-¿Por qué no me despertaste? Extraño a mi guitarra –se quejó el menor.
Joey sonrió levemente.
-Podemos sacarle provecho a que ande tan distraída, ¿no? –dijo Joey, logrando sacarle una pequeña sonrisa a su hermano.

El timbre sonó. Ya eran las dos de la tarde. No podía ser George, ya que él no llegaría hasta varias horas después. Extrañado, Jake fue a atender la puerta.
-¡Papá! –exclamó, corriendo a los brazos de su padre.
Billie quedó asombrado de que su hijo menor lo abrazara. Después de todo, él era el más enojado con él por lo sucedido.
-¡Jakob! –dijo él, de todos modos- ¿Cómo estás? ¡Has crecido!
-Bien, aquí está todo bien –mintió el menor. No estaba seguro de si su padre sabía de George o no, pero sí sabía que no sería él quien se lo recordara-. ¿Tú? ¿Qué te trae por aquí?
Billie sonrió.
-Estoy bien –respondió-. Ahora vine a hablar con tu madre, acerca de...
-¿La custodia? –rogó Jake. Billie se sorprendió. Después de todo, él había estado de acuerdo con que Addie tuviera toda la custodia- Mamá no nos deja bajar al estudio.
El hombre abrió mucho los ojos, sorprendido, mas no hizo ningún comentario. Se limitó a entrar a la casa.
-Voy por mamá, espérala en el living.
Billie asintió y fue al sitio que su hijo le indicaba. Se sentía tan extraño estar en la casa que había sido suya por tanto tiempo y que le indicaran a donde ir...
-A... ¿Armstrong? –inquirió Addie, sorprendida. Billie infirió (correctamente) que Jake no le había dicho quién estaba llamando- ¿Qué haces aquí?
-Quería hablarte, Addie –susurró él, sin mirarla a los ojos. Seguía sintiéndose avergonzado.
La voz de Billie había servido para que Adrienne despegara completamente la vista de su hijo menor, quien aprovechó la oportunidad para salir del lugar y dejarlos a solas.
-Supe que te casabas –murmuró él, en cuanto estuvo seguro de que sólo estaban él y ella en el cuarto.
-Así es –afirmó ella.
Billie levantó la mirada.
Adrienne lo miró a los ojos, intentando no sentir aquel revoltijo de emociones que siempre sentía cuando lo veía en alguna foto o cuando escuchaba su voz. No podía darse el lujo de sucumbir ante el verdor de sus ojos. No podía dárselo...
Él la miró detenidamente... Y su mirada se detuvo en su estómago. Sonrió, irónicamente.
-Veo que no tengo nada que hacer aquí –murmuró-. Siento haberte hecho perder tiempo, pero creí que aún tenía alguna oportunidad.
Sin decir nada más, Billie se volteó.
-No, Billie espera –dijo ella, suplicante. Él la miró extrañado. ¿Desde cuándo no lo llamaba por su nombre? Ya había olvidado como sonaba su nombre en sus labios...
-¿Por qué habría de esperar? ¿Tienes algo que decir? –preguntó él, desafiante.
-Puedes venir a ver a los chicos cuando quieras –farfulló ella-. Te extrañan mucho, de verdad... No dejan de pedirme permiso para ir a verte, pero creí que estarías ocupado.
Una auténtica sonrisa apareció en el rostro del hombre.
-“Haz el amor, no la guerra” –citó él. Ella lo miró sin entender-. No quieres seguir peleando con ellos, eso es lo que pasa. No te importa el que me extrañen, te importa tenerlos de tu lado. No más guerras o peleas, simplemente quieres que todo sea paz y amor aquí.
¿Por qué era tan cruel? ¿Por qué le decía esas cosas? La razón por la que lo quería cerca, era para verlo, aunque fuese jugando con sus hijos.
-Al menos déjalos usar el estudio. Nada es peor que estar lejos de algo que amas –susurró-. Adiós...
Adrienne no dijo ni hizo nada en cuanto vio como Billie salía de la casa. Lo único a lo que atinó, fue a poner una mano en su abultado estómago de cuatro meses.
____________________________
Chapter thirty-seven: I’m sure that love could be an awful thing
Jenny seguía recostada a lo largo del sofá cuando la puerta del departamento se abrió, a eso de las tres de la tarde.
-Billie, ¿cómo te fue? –preguntó ella, incorporándose.
El hombre no le contestó, simplemente se dirigió a su habitación, la cual cerró de un portazo. Jenny supuso que se habría tirado bocabajo en la cama. Preocupada, se dirigió hacia allá.
-Billie, ¿estás bien? –preguntó. Él no contestó- ¿No quieres hablar?
Él negó con un gruñido.

¿Por qué no podía dejar de pensar en ella? En su sonrisa, sus gestos, su risa... Sus labios, siempre tan cerca de los suyos propios. Él era lo suficientemente mayor como para controlarse, ¿por qué no lo hacía? Él era el responsable en aquella relación, él era quien debería mantenerse firme ante sus impulsos... Pero hasta el momento, parecía ser que él no había crecido lo suficiente, que no estaba listo para aquella relación.
Cerró los ojos...
¿Por qué no podía dejar de soñar con ella? Nuevamente una de sus extrañas fantasías, en las cuales él y ella estaban en un sofá, conversando, y él terminaba besándola con desesperación, mientras le acariciaba los muslos debajo de la falda del uniforme...

-Billie –susurró Jenny, sentada a su lado, haciéndole abrir los enrojecidos, mas verdes ojos-. ¿Estás bien?
Él no contestó. Simplemente la miró de arriba abajo, con una expresión de algo que la chica no pudo distinguir... Hasta que lo sintió sobre ella, mientras la besaba; le había saltado encima, casi literalmente. La besaba con desesperación, mientras sus ojos brillaban de... deseo.
Él comenzó a besarla con mayor intensidad que nunca, a la vez que metía sus manos debajo de la falda del uniforme, acariciándole los muslos, mientras soltaba suspiros involuntarios. Ella, sin embargo, estaba demasiada confusa como para hacer nada. No entendía que ocurría ahí; Billie Joe acababa de ir a intentar reconciliarse con el amor de su vida y ahora lo tenía encima de ella, intentando hacerle el amor...
Recién ahí cayó plenamente en cuenta de lo que ocurría. ¿Por qué se dejaba hacer eso? Ella no quería, no buscaba una relación así con su mejor amigo...
Sintió como él le tomó la mano izquierda y se la llevó a su “zona”.
-No, Billie –dijo ella, empezando a desesperarse, al entender lo que le pedía-. Yo no quiero esto, tú tampoco, sólo estás confundido.
Él la ignoró y siguió besándola, mientras la forzaba a que le acariciase su... eso. Sin otra opción, ella terminó haciéndolo, causando que él gimiera en su oído.
-Billie, suéltame –le dijo ella, desesperándose más aún. Sabía que si lo dejaba continuar, se arrepentiría luego.
-No pasará nada malo –susurró.
Sonaba ido, como si no supiera lo que ocurriera.
-Billie, estás drogado, no sabes lo que haces –dijo ella, segura de sus palabras, apunto de romper en llanto-. ¡Suéltame!

El último “suéltame” había sonado tan fuerte como si alguien se lo dijera por un micrófono en el oído, haciéndolo entrar en razón. Dejó de besarla y, de un salto, se separó de ella, dejándola sobre la cama.
-Perdón –se disculpó él, varios minutos después, mientras ella se secaba unas cuantas lágrimas que no había logrado contener a causa de la frustración de no poder hacer nada para detener a Billie Joe.
-¿Por qué hiciste eso? –preguntó ella, dolida y extrañada.
Él la miró a los ojos y contestó sin pensar en lo absoluto.
-Porque te amo.
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tan tan

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Re: One of these days.

Mensaje por gdpony el Lun Jul 19, 2010 2:50 am

ahsdkjasdka´sñfa sf Very Happy Very Happy Very Happy lei 15 capitulos de un solo!!!

graaaciiias WOOT

amo esta historia Amandaa! WUB

ya quiero saber como termina!!! espero subas la siguiente parte prontooo!!!

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Re: One of these days.

Mensaje por Amanda el Lun Jul 19, 2010 12:14 pm

gracias pony :blush2:
le queda poco.. subo 3 caps ahora Surprised
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Chapter thirty-eight: Do you love me?
La miró a los ojos, lo cual fue la prueba definitiva de lo que sentía. El cosquilleo se expandió por todo su cuerpo, sus músculos se tensaron, su corazón se agitó... Sí, realmente la amaba.
-Porque te amo –repitió Billie Joe, más seguro de sus palabras, aunque seguía extrañado de lo que acababa de decir.
¿Desde cuándo la amaba? ¿Cómo no se había dado cuenta antes? O mejor dicho... ¿Cómo se había permitido sentir eso? No quería estar enamorado de ella, ¿o sí?
Ella negó con la cabeza, empalideciendo levemente.
-No, Billie... Estás drogado, no sabes lo que dices –susurró Jenny.
-Quizás esté drogado –admitió él-, pero sé lo que digo, realmente lo sé.
Ella volvió a negar, más fervientemente.
-No, tú amas a Addie –insistió-, y ella te ama a ti; por mí no sientes absolutamente nada de ese tipo...
-Eso es mentira –la cortó Billie Joe, tajantemente-. Adrienne se va a casar con George en noviembre, y está embarazada. Ni siquiera me trató por mi nombre de pila cuando me saludó, sino que por mi apellido. Su vida está armada, y, sin mí, es perfecta, no me necesita.
Jenny lo miró atónita.
-Lo siento... Pero no te amo, y no siento nada de eso por ti –susurró, bajando la mirada.
Él le tomó el mentón, obligándola a mirarlo a los ojos.
-Billie, para mí eres un muy buen amigo, a veces llego a verte como el buen padre que nunca tuve ni nunca tendré. Te quiero, y mucho, pero como un amigo.
-Los tres días que estuvimos juntos –susurró, con su rostro muy cerca-, fueron parte de los mejores días de mi vida, por no decir que fueron los únicos –Billie puso su mano en la mejilla de la joven y comenzó a acariciarla-. Teníamos química y la pasábamos muy bien juntos...
-Todavía la pasamos bien –murmuró ella, mientras, inconscientemente, colocaba su mano sobre la de Billie Joe-, pero no del modo que tú quieres.
»Estamos en puntos diferentes de nuestras vidas. Tú ya tienes una familia y yo ni siquiera estoy pensando en comenzar una. Tu carrera es perfecta y la mía apenas empieza. Tienes que entender que no somos el uno para el otro y eso no va a cambiar.
Billie sonrió levemente, mientras se acercaba.
-Tal parece que soy un idiota por creer que querrías estar conmigo, con un viejo, con alguien del a edad de tu padre –dijo él, rozándole los labios.
Intentó besar a Jenny, pero ella corrió el rostro, haciendo que le besarla la mejilla, tras soltarle la mano al hombre. Billie volvió a sonreír tristemente.
-No es mi culpa no sentir nada por ti –murmuró ella-, pero no eres un idiota, cualquiera en mi lugar te habría dejado continuar recién, pero yo... No quiero herirte. No quiero que sufras, no quiero arruinarte la vida. Tu lugar es con Addie y no dejaré de insistirlo. Me preocupas mucho.
-En ese caso, intentaré que se me pase –musitó él-, aunque no aseguro que funcione.
Ella lo abrazó, demostrándole su apoyo...

Y los días comenzaron a pasar. Cuando ella estaba en el colegio y él en el estudio, sus problemas desaparecían por completo y todo estaba bien. Pero bastaba con verla para que su corazón comenzase a andar más rápido. “Debo ser fuerte” se repetía Billie Joe, una y otra vez en su cabeza.
¿Cuándo acabaría todo ese sufrimiento? Eran sólo amigos, y él lo sabía y entendía a la perfección, aunque un lado de él nunca dejara de cuestionarse si Jennifer pensaba lo mismo de él, cosa que sabía era mentira. Nunca iban a estar juntos, debía acostumbrarse a eso.

Octubre llegó, muy fresco. El disco estaba casi listo, el libro de Jenny estaba convirtiéndose poco a poco en un Best Seller, Jenny estaba harta de los estudios... Y Billie volvía a una relativa normalidad. Volvía a mirar a Jenny a los ojos cuando le hablaba, volvía a conversar con ella sin quedarse embobado en su rostro, volvía a reír... Tras ese mes de tensión, todo comenzaba a ir bien para ellos.
-Extrañaba esto –comentó ella una tarde, mientras tocaba guitarra con el guitarrista; iba progresando, aunque no lograba tocar ningún punteo.
-Yo igual –concordó él-. Lo siento mucho... En ese momento, estaba seguro de que eso era lo que sentía, pero luego me di cuenta de que no era así.
Ella sonrió y le dio un abrazo, que él devolvió.
-Prométeme que no volverás a besarme...
-Lo prometo.
-... ni a excitarte con mi uniforme...
-De mí eso no depende exactamente, pero lo intentaré.
-Prométeme que harás todo lo posible por impedir esa boda.
Billie miró a Jenny, con una determinación nunca antes expresada en sus ojos.
-Lo juro.
_________________________________________
Chapter thirty-nine: Here comes success
Jenny caminaba las pocas cuadras que separaban el colegio del departamento, mientras escuchaba música en su MP4. Iggy Pop era lo que sonaba a todo volumen en ese instante, mientras ella tarareaba felizmente.
Vio como una mujer la señalaba y comentaba algo con la otra señora con quien caminaba. Le restó importancia. La mayoría la señalaba cuando la veía feliz por la vida. Mas para su sorpresa, la mujer la llamó por su nombre.
-¿Jennifer Kiffmeyer? –preguntó la desconocida, mientras que la adolescente se quitaba los audífonos y asentía- Mi nombre es Jane Donovan, acabo de terminar tu libro en el autobús y lo amé, ¿podrías autografiármelo?
Jenny miró sorprendida el cómo sacaba un ejemplar del libro de su bolso, junto a un bolígrafo negro.
-Claro, no hay problema –respondió ella, con una sonrisa, disimulando lo extrañada que estaba-. Eh... ¿“Un saludo parar Jane de Jenny” está bien? –inquirió, sin saber muy bien qué poner. La mujer sonrió y asintió, mientras Jenny escribía con la letra más legible que podía hacer rápido- Aquí tiene
-Muchísimas gracias –agradeció la señora.
Sin decir nada más, volvió con su amiga, quien lucía tan sorprendida como la adolescente.
-Ok, eso fue raro –se susurró a sí misma, mientras volvía a ponerse los audífonos y caminaba a su hogar.
Aún extrañada, Jenny llegó al departamento.
-¿Cómo te fue? –preguntó Billie Joe, desde le sofá, con una guitarra en sus manos, interpretando algunas notas al azar, como si no recordara cuáles eran las correctas.
-Odio los jueves, salí corriendo cuando tocó timbre; apenas sí me despedí –respondió ella, amargamente, sentándose al frente de su amigo-. Y cuando venía para acá, una mujer me pidió un autógrafo por el libro.
Billie comenzó a tocar “Success”, de Iggy Pop, mientras reía.
-Felicidades, te dije que te iría bien –dijo, dejando la guitarra de lado y abrazando a su amiga.
-Gracias –agradeció ella, con una sonrisa-, pero tengo que pedirte un pequeño favor... –él la instó a continuar con un gesto de su mano- ¿Me enseñas a hacer autógrafos? –Billie la miró extrañado.- No me digas que es algo fácil, porque no lo es –añadió ella.
-Te enseñaré luego, pero no es por eso que puse esa cara... Es porque me acabo de dar cuenta que no he leído tu libro –murmuró-. Tendré que comprar uno.
Ella le restó importancia con la mano.
-Estás ocupadp con el disco, dudo que tengas mucho tiempo libre para leer. Además, no es el GRAN libro... En caso de que estés desesperado, puedo prestarte el mío.
Él sonrió.
-El disco está listo, saldrá la próxima semana... En cuanto a lo otro, hay algo que debo mostrarte.
Rápidamente, se incorporó y fue a la cocina, de donde volvió con un periódico bajo el brazo. Se sentó y comenzó a hojearlo, en busca de algo.
-¿Y desde cuándo compras el diario? –preguntó Jennifer, extrañada.
-Alguien tiene que comprarlo de vez en cuando, ¿no? –dijo él, socarronamente-. Aquí está.
Le pasó el diario abierto en un artículo específico que la sorprendió. Decía “Jennifer Kiffmeyer: El nuevo éxito literario”.
-Me estás bromeando –susurró, sorprendida.
-En lo absoluto. La mujer le hace unas críticas fantásticas a tu libro, insta a que lo compren, a que empieces una gira promocionando el libro y a que publiques otros trabajos. Y éste es sólo un diario, imagínate los demás. Espera a que salga la Rolling Stones de este mes...
Ella simplemente leyó el artículo, sorprendida.
-No estoy de acuerdo con la mitad de las cosas que dice... Pero amo a Paul.
Billie sonrió.

El lunes, Billie, Mike y Tré se encontraban en el estudio, recibiendo la primera copia del disco, que sería lanzado a nivel mundial aquel jueves. No podían estar más contentos de haber terminado tan pronto, aunque no habían sacado ningún disco desde el 2004.
-Buen trabajo, chicos –los felicitó Rob-. Mañana enviaremos las copias a las tiendas que nos faltan, y el jueves es la fiesta del lanzamiento... A la que TIENEN que ir. Me da igual si van solos, o con pareja, o con amigos, con tal de que vayan.
Billie, Mike y Tré asintieron. Tras despedirse, salieron.
-Genial, vendré solo –ironizó Billie.
-Tú puedes venir con Jenny, yo no tengo a nadie –farfulló Tré-. ¿Crees que tenga alguna amiga que quiera ir conmigo? –añadió, esperanzado.
-Creo que es muy probable de que sí la tenga, Tré –le contestó Mike-, pero dudo que quede muy bien visto que vayan con adolescentes, en especial Billie, ya que lo del divorcio aún no es muy sabido.
Tanto el guitarrista como el baterista maldijeron.
-¿Saben? Creo que Britt entenderá si vamos todos solos –sugirió Mike-. ¿Qué opinan?
-Que si crees eso, estás mal –susurró Tré, sólo para que Billie lo escuchara-. Excelente idea, mi querido Mike –dijo en cambio.

Jenny se encontraba muy aburrida aquel lunes. Tanto, que había comenzado a hacer sus tareas y a estudiar.
-Odio ciencias sociales –musitó.
-No eres la única, te lo aseguro –dijo Billie, entrando-. ¿Tienes prueba? –inquirió. Esa era la única razón por la cual ella tomaba un libro o cuaderno del colegio.
-Sí, el viernes, y no sé nada –contestó, levantando la vista-. ¿Así que sacan el disco el jueves?
Él asintió, mientras dejaba sus cosas en un sofá. Le dio un beso en la mejilla y se sentó a su lado.
-¿Los fans ya lo saben? –preguntó, extrañado.
-Sí, Ally lo vio ayer en la GDA –explicó-. ¿Puedo ir como una fan cualquiera al lanzamiento?
-Eso no se pregunta, ¡por supuesto que sí! –exclamó él-. Pero te aconsejo que vayas con alguien, porque ni yo ni los chicos podemos estar contigo.
Ella asintió, mientras cerraba el libro.
-¿Sabes? Es un lindo día, ¿por qué no vas a jugar con Joey y Jake? –sugirió Jenny, mientras iba a la cocina a servirse un poco de jugo.
-¿Segura? –preguntó él, a lo que ella le gritó que sí desde la cocina- Ok, iré, sólo porque tú me lo pides.
Jenny volvió con su jugo, mientras él se paraba. Le dio un beso en la frente, a modo de agradecimiento por darle el “permiso” y salió.
_________________________________________
Chapter fourty: I hope you had the time of your life.
El timbre de la casa sonó. Addie se contuvo de maldecir. Estaba intentando cocinar, algo que nunca se le había dado muy bien. Billie Joe era quien normalmente hacía las comidas importantes, como lo era aquella con sus futuros y nuevos suegros...
Volvió a sonar el timbre. ¿Serían ellos? No, no podían serlo. Después de todo, llegarían en la noche desde Texas. George iría a buscarlos después del trabajo.
El timbre sonó una vez más. Los niños estaban en el estudio del sótano, donde no llegaba ningún ruido, así que ellos no irían a ver. Molesta y maldiciendo al kish que intentaba hacer, fue a ver, tras dejar el delantal sobre la mesada de la cocina. Se sorprendió al ver a Billie Joe en el umbral de la puerta.
-¿Qué haces aquí? –cuestionó Addie, cortante.
-Hola, Armstrong, ¿cómo estás? Que bueno. ¿Qué me pasó que estoy llena de harina? –dijo él, imitando su tono de voz, logrando sacarle una sonrisa- ¿Necesitas ayuda?
Addie suspiró.
-Vienen los padres de George... Sabes que apesto en la cocina, así que intenté hacer una de tus recetas y no funcionó –musitó, avergonzada.
Billie sonrió.
-Mi plan original era venir a jugar con los niños, pero puedo ayudarte primero, si es que quieres –sugirió él-. ¿Te parece?
Más avergonzada aún, ella asintió, dejándolo entrar a la casa. Billie miró a su alrededor, fijándose en un pequeño y gran detalle que no había notado en su visita anterior: La ausencia de ruido y desorden.
-Primero que nada... ¿Por qué no hay música? –preguntó, antes de llegar a la cocina.
Addie lo miró extrañada, como si no supiera de qué hablaba. Él revoleó los ojos y, sin consultarle a nadie, fue al living. Tomó tres discos al azar y los puso en el estéreo.
-Mucho mejor –susurró, aliviado, entrando a la cocina. Addie lo miraba molesta-. ¿Qué? ¿Ahora no se puede escuchar música tampoco?
-Sí se puede... Pero es que...
-No me digas que a tu noviecito no le gusta –la interrumpió. Ella no dijo nada, dejándolo boquiabierto-. Mierda, él me da miedo.
Ella rió, levemente.
-Ya, has una cena decente para seis personas –“ordenó” ella, con risa.
-Sí, señora. ¿Ravioles estarán bien? –ella asintió-. Bien, será algo simple –con una expresión de alivio, ella comenzó a salir de la cocina-. Espera, ¿me vas a dejar solo?
Addie se mordió el labio inferior, sin voltearse. No quería quedar a solas con él, la tentación sería mucha para ella...
-Soy un estorbo aquí –se excusó, volteándose-, no me necesitas.
-¡No eres ningún estorbo! Si no te crees capaz de ayudarme con las salsas, bien por ti, pero eso no te impide hacerme compañía –Addie alzó una ceja-. Que ya no estemos casados no significa que no podamos ser amigos, ¿no?
Ella sonrió y se puso a su lado, suspirando. Él también sonrió, más ampliamente, y empezó a hacer la masa, mientras conversaban.
-¿Qué ha sido de tu vida, Billie Joe? –preguntó ella.
-Bueno, el jueves sale el disco, así que con Mike y Tré estamos más felices que punkie en el Gilman –Addie rió-. Y en casa con Jenny todo...
-¿Jenny? –interrumpió ella, molesta-. ¿Qué Jenny?
¿Acaso él sí había logrado superarla? ¿Acaso él estaba comenzando de nuevo, sin ella? ¿Acaso nunca la había amado en verdad? ¿Acaso ya no la necesitaba y por eso podía hablar con ella sin problemas?
-Es una amiga –aclaró él-. Ella vino a hablar contigo una vez... Como sea, es hija de John Kiffmeyer y él la tenía encerrada, así que la ayude a escaparse y le ofrecí un cuarto del departamento. Me ayuda a mantener un poco de orden y me mantiene cuerdo.
Addie asintió, con cierto alivio, del que él se percató.
-¿Estás celosa? –preguntó con risa.
-¿Yo? ¡No! ¡Por supuesto que no! –fue el turno del hombre de alzar una ceja- Por Dios, yo soy la que se casa...
Sintió un dolor terrible al decirle aquellas falsas palabras a Billie Joe y ver la expresión de amargura en su rostro.
-Hablemos e otra cosa –pidió él, aún con la expresión de dolor.
Así comenzaron a hablar de los niños, del trabajo, de sus vidas y de más. Addie lo estaba pasando mejor que en mucho tiempo.
-Extrañaba tu risa –comentó él, haciendo que ella se sonrojara levemente.
Recordó cuando lo conoció. Era un chico cualquiera con una banda. Recordó cuanto había sufrido durante el año que perdieron contacto... Y recordó cuando le dijo “extrañaba tu risa”, el día de su reencuentro... seguido de un “te amo”, el primero que él le decía...
Pero ahora no vendría ni un “te amo”, nunca más, y lo sabía. Nunca más escucharía esas palabras de los labios del hombre.
-Addie, te estoy hablando –dijo él, sacándola de sus pensamientos- ¿Estás bien?
¿Por qué la conocía tan bien?
-Sí, estoy bien... ¿Decías?
-Te decía que las salsas están listas y que basta con poner los ravioles al horno –explicó él-. ¿Segura que estás bien?
-Sí, sí, anda con los niños. Es sólo un mareo del embarazo –mintió.
Él la miró incrédulamente, pese a que sabía que ella no cedería.
-¿Eres feliz con él? –preguntó, en un susurro.
“No” pensó ella.
-Sí –respondió, con la sonrisa más auténtica que pudo hacer.
Él sonrió, tristemente.
Se miraron a los ojos...

-¿Qué estará haciendo mamá? –preguntó Jake a Joey.
-Debe estar arriba preparando la cena para sus nuevos suegros –masculló Joey.
-Pero se supone que sólo teníamos dos horas aquí, ¿no? –el mayor asintió- Ya han pasado tres y no ha venido a decir nada –comentó Jake.
Intercambiaron una mirada extrañada. Un lado de ellos no quería subir, ya que significaría confesarle que se les había pasado el tiempo y ella se los descontaría del día siguiente. Sin embargo, un lado de ellos presentía que algo estaba pasando arriba, y ese algo podía ser bueno o malo.
Dudosos, salieron del estudio y se dirigieron a la cocina, donde no sólo encontraron a Addie, sino que también a su padre.
-¡Papá! –exclamaron ambos niños, acercándose a él, haciendo que él separara la mirada de su ex esposa.
-¡Niños! –gritó él, abrazándolos- ¡Están más grandes! –se separaron- Perdón por no haber venido a tu cumpleaños, Jake –añadió, un tanto avergonzado-. Otro día te traigo tu regalo.
Los niños comenzaron a hablar con él, sacándole varias sonrisas y risas auténticas, mientras que Addie los miraba disimuladamente.
Lo extrañaba, y mucho. Y esa idea no salió de su cabeza en todo lo que quedaba del día, durante el cual Billie jugó fútbol, les enseñó nuevas canciones, les tomó las “lecciones” en los diversos instrumentos y demás. A eso de las siete, ambos niños fueron a buscar videojuegos, dejando a Billie y a Addie nuevamente en la cocina.
-Necesitan un padre –murmuró ella.
-Estaré aquí más seguido en ese caso –susurró Billie.
-I’m losing you, I know your heart is miles away. There’s a whisper there where once there was a store. And all that’s left is that image that I’ll find a way, and some memories have tattered as they’ve torn –cantaba el vocalista de The Rolling Stones en la radio. Addie sonrió.
-Don’t stop, baby don’t stop –canturreó él, a un bajo volumen de voz.
La mirada del hombre se desvió al estómago de la mujer, quien sonrió levemente.
-¿Quieres tocarla? –preguntó, tímidamente.
-¿Es niña? –Addie asintió- Que suerte tiene ese George.
La mujer rió, mientras se acercaba levemente a él, tropezando con el delantal que había terminado en el suelo. Billie la sujetó por los brazos, quedando ambos muy cerca.
-Es... –comenzó ella, pero se interrumpió al ver por el rabillo del ojo como George entraba a la casa, junto a una pareja mayor- ¿Estoy muy manchada de harina aún?
Él la miró extrañado. Después de todo, ella se había lavado hacía un buen rato.
-No, no tienes nada.
-¿Qué es esa música? –se escuchó una voz masculina desde el vestíbulo, haciendo que Billie empalideciera.
-How does it feel to be on your own? –cantaba Bob Dylan, justo antes de que alguien lo apagase.
-Perdón, George, pero escuchar música de vez en cuando es bueno –dijo Jake, acentuando la “o” de George. Billie rió, muy despacio.
Escucharon como los padres de George saludaban a los niños y preguntaban por Addie, quien salió de la cocina, un tanto avergonzada. El corazón de Billie dio un vuelco al ver cómo George la saludaba con un beso en los labios.
-Mamá, ¿papá ya se fue? –preguntó Joey, mordazmente, un tanto asqueado por la escena.
-Estaba en eso –murmuró Billie, saliendo de la cocina. Los padres de George lo miraron extrañados-. Ignoren al hombre con nombre de niña, gracias.
Se despidió de sus hijos, de Addie y salió de la casa, ignorando olímpicamente a todos los miembros de la familia del novio de su ex mujer.
-Espero que hayas tenido el tiempo de tu vida –susurró Addie, al verlo salir por la puerta, sin que nadie la escuchara, mientras sentía una daga en el pecho.

Jenny sonreía ampliamente cuando él terminó de contarle el relato de lo sucedido aquel día con su familia, ante lo cual Billie la miraba extrañado.
-Dices que la otra vez ella te llamó Armstrong, ¿no? –él asintió- Y que el resto del día te trató de Billie –el hombre volvió a asentir, sin entender hacia donde se dirigía la adolescente-. ¿Titubeó antes de decir tu apellido?
-No entiendo hacia dónde vas con esto –musitó él, haciendo que ella sonriera.
-¿No habrá querido decirte “amor”?
_________________________________________
Smile

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Re: One of these days.

Mensaje por gdpony el Lun Jul 19, 2010 3:50 pm

Crying or Very sad

me encantoooo Very Happy ahhhh estoy obsesionada con esta historiaa!

espero subas mas pronto Smile

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Re: One of these days.

Mensaje por Amanda el Mar Jul 20, 2010 2:08 pm

^ creé un monstruo? Crying or Very sad Laughing
here you go, 3 más
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Chapter fourty-one: Goodbye, and good riddance to bad luck.
Jenny tocó el timbre de la casa de su amiga, Allison, quien abrió a los pocos segundos, como si hubiera estado esperando su llegada. Era el miércoles del lanzamiento del disco y ambas amigas habían quedado de ir a la disquería más grande de Oakland, donde sería el evento. Lau no había conseguido el permiso de sus padres.
-¿Lista? –preguntó Jenny.
-Lista –contestó su amiga.
Se fueron a pie a la disquería que no quedaba a muchas cuadras. Llegaron a los diez minutos y el lugar ya estaba lleno. Un guardia las hizo hacer una fila para poder conseguir un autógrafo. A lo lejos se veían Billie, Mike y Tré, con sus mejores sonrisas y bromeando y demás.
-¿Nombre? –preguntó Billie, sin levantar la vista.
-Jenny está bien –dijo la pelirroja, haciendo que él levantara la vista con una sonrisa-. Ella es mi amiga Ally. Ally... Bueno, ya sabes quienes son ellos.
Se saludaron con un beso en la mejilla y luego ellos les autografiaron unos discos. El plan de Ally era comprarlo, pero Tré insistió en regalárselo, ya que si era amiga de Jenny, debía ser simpática como ellos.
-¿Te vas? –le preguntó Billie a su amiga, al entregarle el disco.
-Eso creo, tengo colegio mañana –musitó.
-Suerte entonces –dijo él, con una sonrisa de compasión.
Las dos salieron de la fila y estaban llegando a la salida, cuando pasaron frente a los libros.
-Oh, aquí estás tú –exclamó Ally, señalando un libro-. Wow, es el más vendido.
-¿Qué? –inquirió Jenny, sorprendida.
Un hombre se acercó a ellas.
-¿Jennifer Kiffmeyer? –preguntó él, mientras la adolescente asentía- ¿Me darías un autógrafo?
El resto de la multitud escuchó aquellas palabras. Gran parte de ella iba de la fila de Green Day a la nueva fila de Jenny, quien estaba asombrada, mas firmaba sin problemas.
-Yo en tu lugar me voy –le dijo a Ally, firmando uno para una mujer de mediana edad, quien se fue con una sonrisa de oreja a oreja.
-¿No te molesta? –preguntó, bostezando.
-No, estaré bien.
Ally se despidió de un beso en la mejilla y se fue para dejar a Jenny abandonada entre todos los “fans”. Aún así, pese a estar rodeada, podía ver como una sonrisa se formaba en el rostro de Billie Joe.

El despertador sonó a la mañana siguiente, sacándola de sus sueños. Jenny maldijo por lo bajo, aún muy dormida para estirar el brazo y apagar la alarma, cosa que logró luego de varios minutos. Aún molesta y somnolienta, fue al baño, donde tuvo que darse una ducha de agua helada para despertar. Tras eso, envuelta en una toalla, volvió a su pieza. Se secó y vistió con el uniforme de siempre. Se peinó un poco y fue a desayunar una leche fría y un trozo de pan. Recién ahí se percató de lo atrasada que estaba. En circunstancias normales, no habría asistido, pero como tenía la prueba de ciencias sociales a primera hora (seguida de dos horas de biología) debía asistir. Dejó las cosas ahí y volvió a su pieza. Tomó su mochila y la dejó en la pared del pasillo. A continuación, se dirigió al baño, donde se cepilló y los dientes y salió.
-Despidámonos de Billie –se susurró.
Entró a la pieza del hombre, quien dormía profundamente bocabajo, totalmente destapado. Se acercó y lo tapó cuidadosamente, haciendo que se removiera entre sueños. Sin poder contenerse, le dio un suave beso en la frente, como los que él le daba cuando creía que ella dormía profundamente.
-Que te vaya bien, Addie –farfulló él, dormido, sonsacándole una sonrisa a la joven.
Jenny salió de la pieza, se colgó la mochila, tomó sus llaves de la mesa de la entrada y salió, corriendo. Sacó el MP4 en el ascensor y, apenas se abrieron las puertas, comenzó a caminar muy rápidamente, casi corriendo. Llegó a la sala al mismo tiempo que sonaba el timbre de entradas.
-Creímos que no vendrías –la regañó Jess.
-¿Por qué tú y Ally tienen ojeras gigantescas? –preguntó Rose, con risa.
-Ella porque me acompañó al lanzamiento del disco de Green Day y yo porque además me tuve que quedar dando autógrafos...
Todas sus amigas comenzaron a aplaudir, haciendo que la chica se sonrojara a más no poder.
-Y tú le decías rara –le dijo Fran a Val.
-Igual sabía que se haría famosa –se “defendió”.
-¿Quién se haría famosa y por qué? –preguntó una voz femenina, entrando a la sala. A Jenny se le cayó el alma a los pies-. Tomen asiento, no hace falta saludarnos hoy.
Era bien sabido que Patti Johnson (la profesora de ciencias sociales) y Susan Miller (la malvada profesora jefe y de química) eran amigas. También era sabido que Patti solía salir a terreno y cuando esto ocurría, Susan se hacía cargo de cuidar la clase abandonada. Aún así, saber todo eso no consolaba a Jenny en lo absoluto.
-Vine a cuidarlos durante la prueba, ya que la profesora Patti no pudo venir –dijo Millar, con su tono usual, mientras pasaba las pruebas a los primeros de cada fila, para que ellos la pasasen para atrás-. ¡Comiencen a responder!
Jenny escribió su lápiz y revisó la primera pregunta, ansiosa. Estuvo un buen rato mirando la pregunta, releyéndola una y otra vez. Al final se rindió y continuó con la segunda. Así pasó como por cinco preguntas, hasta que encontró una que sí pudo responder, aunque no estaba segura de que la respuesta estaba correcta. Y como guinda de la torta, la profesora se puso a hablar.
-Necesito tres voluntarios para un trabajo de química –dijo para todos. Antes de que alguien llegase a procesar lo que había dicho, sacó una lista de su bolsillo-. Mis voluntarios son Vallery Nottingham, Matthew Palmer y Jennifer Kiffmeyer.
Jenny la miró, incrédula, al igual que sus amigos.
-¡Pero eso no es lo que la palabra voluntario significa! –soltó Jenny, sin poder contenerse.
-¿Qué dijo, señorita Kiffmeyer? –preguntó la profesora, ácidamente.
-Que usted está empleando mal una palabra y nos fuerza hacer un trabajo que debería ser voluntario. Quizás sí haya alguien interesado inscribirse en uno de sus estúpidos trabajos que usted inventa para distraernos a mitad de una prueba –dijo, sin titubear y con una calma increíble... Una calma que desesperó a Susan.
-¡Insolente! –se acercó a ella y le quitó la prueba, marcándola- ¡Reprobado! Ahora, ¡fuera de mi sala!
-¿Su sala? No veo su nombre en ningún lado –farfulló la chica, molesta.
-¡FUERA!
Sin decir nada más, Jenny salió de la sala, bajo la mirada de todos sus compañeros. Ella nunca había desafiado a un profesor y era de quien menos se lo esperaban. No le importó. Salió de la sala y se sentó en el suelo, molesta.
-¿Jennifer? –preguntó una voz, mucho más tranquila, mas extrañada- ¿Qué haces aquí?
Jenny levantó la vista y se encontró con Vilma Ford, su profesora de lenguaje, la que la había recomendado a Paul.
-La profesora Miller comenzó a hablar idioteces, le discutí y me echó de la prueba –respondió, lo más calmadamente posible, mientras se paraba-. ¿Cómo está usted?
La mujer la miró extrañada.
-Wow, la mejor escritora de todos los tiempos en su categoría está fuera de su sala –Jenny se sonrojó-. Aún no termino tu libro, pero hasta donde voy, me encanta.
-Gracias, profesora –susurró, avergonzada.
-¿Me das un autógrafo? –Jenny la miró sorprendida- Vamos, ¿por qué no? Además, te conviene tenerme de tu lado, tengo todos tus reprobados –añadió, riendo.
También riendo, la adolescente le firmó el ejemplar que le pasaba la profesora. Lo cerró para pasárselo y, justo antes de devolverlo, la puerta de la sala se abrió.
-¿Qué ocurre aquí? –preguntó Susan, extrañada, sin reparar en Vilma- ¿Qué tienes ahí? –le quitó el libro.
-Tiene un libro muy bueno que me estaba autografiando –intervino Vilma-. Francamente, Susan, deberías preocuparte de las actividades de tus alumnos, ¿no?
Miller la miró con odio.
-Ella estaba castigada aquí afuera, tú no deberías hablarle –musitó, devolviéndole el libro a la profesora-. Así que por eso andabas tan creída y segura de ti misma, porque habías sacado un librito. ¿Qué se siente?
Jenny sintió como la ira brotaba en su interior. Ella no andaba creyéndose por la vida ni nada por el estilo. Sin embargo, logró contenerse de gritar.
-Me siento mucho mejor que una vieja frustrada por lo que le tocó –susurró, mordazmente, mirándola directo a los ojos.
Tanto Vilma como Susan la miraron sorprendidos. La primera por el valor que había tenido y la segunda por la insolencia en sí. La profesora jefe abrió la puerta, invitándola a pasar.
-Vaya a buscar su libreta para citar a su apoderado –dijo la profesora, molesta.
Jenny la miró y, para sorpresa de todo el curso (que estaba más pendiente de la pelea que de la imposible prueba), sonrió.
-¿Qué apoderado? –preguntó, mientras entraba a la sala y se dirigía a su puesto.
Todo el curso creía que se dirigía a su puesto a buscar la libreta, pero se sorprendieron al verla guardando todas sus cosas en la mochila, que se colgó al hombro.
-¿Qué está haciendo? –preguntó la profesora, hirviendo en rabia.
-Me pongo a llorar en un rincón como la imbécil que soy –ironizó-. Me aburrí de esta mierda, ¡me voy!
Se dirigió a la salida, pero se vio flanqueada por la profesora.
-¿Cómo que se va? ¡Se ha ganado una suspensión, señorita!
Jenny volvió a reír, más realistamente.
-¿Qué no lo entiende? ¡Me voy del colegio! –el curso jadeó, sorprendido- No más clases, no más materias estúpidas e inútiles en mi vida. Ya sé lo que me gusta y me dedicaré a ello –la corrió de un empujón-. En palabras de AC/DC: Goodbye, and good riddance to bad luck.
Sin decir nada más, salió del salón, con una sonrisa de oreja a oreja, sin detenerse ante ninguna de las quejas de la inspectora o de la profesora.
-¡Jenny! –exclamó la profesora de lenguaje, alcanzándola- Iba a proponerte que vinieras a ayudarme a fomentar la lectura y escritura en los cursos más pequeños, pero no creía que tu profesora me diera el permiso. Como sea, ¿me darías tu número para ponernos de acuerdo para un día?
La adolescente la miró extrañada, pero le entregó el número de todas formas.
-Adiós, profesora. Un placer ser su alumna –dijo, con una sonrisa.
-Dime Vilma, ya no soy tu profesora. Bueno, con permiso, tengo que volver a mi clase, me preguntarán donde andaba.
Jenny se despidió y siguió caminando a la salida del colegio. Pasó por otro pasillo, en el cual había un niño un par de años menor, tarareando algo, con cara de aburrimiento.
-¿Te vas? –preguntó, con un dejo de envidia en su voz.
-Y para no volver –contestó a aquel desconocido.
El chico sonrió y ella continuó su camino.
-Buena suerte, ejemplo a seguir –musitó él cuando ella se perdió de vista.
_________________________________________
Chapter fourty-two: Still nobody home.
Escuchaba como los vecinos movían sus muebles de un lado a otro. Maldijo por lo bajo. No le gustaba despertar por los ruidos que hacían desconocidos al mudarse. Volvió a apoyar su cabeza contra la almohada, intentando dormirse nuevamente, a la vez que recordaba el beso en la frente que había sentido...
Imaginando que había provenido de Addie, en lugar de Jenny, comenzó a quedarse dormido...
Escuchó cómo la puerta principal se abría. ¿Quién sería a esa hora? Extrañado, fue a ver.
-¿Jenny? –inquirió, sorprendido, con la voz pastosa- ¿Qué haces aquí?
Ella tiró la mochila en un sofá, mientras se sacaba el sweater del colegio y se aflojaba la corbata, con una sonrisa.
-No más colegio –dijo, con una amplia sonrisa. Billie la miró, sin entender-. La profesora de química empezó a hablar mierdas varias, le reclamé, me gritó, le grité, me echó de la sala, le grité de nuevo, entré a la sala, tomé mis cosas y me fui.
Se sacó los zapatos y, descalza como estaba, entró a su pieza, cuya puerta no cerró, permitiendo que el hombre la siguiera. Ella estaba buscando algo que ponerse, cuando sintió cómo Billie la abrazaba.
-Felicidades –dijo él, conteniendo un bostezo.
Ella sonrió.
-Gracias... Ahora, no sé tú, pero necesito dormir.
Billie sonrió.
-Te pones algo más cómodo y te vienes a mi pieza, porque hace un frío de mierda –dijo, bostezando. Ella volvió a reír-. ¿Qué?
-Primero que nada, sólo estás con los boxers puestos, obviamente tienes frío. Y segundo... ¿Qué fue lo que me prometiste?
-Nunca volver a besarte, tratar de no excitarme con tu uniforme e impedir la boda entre George y Addie. No te he vuelto a besar, me contengo cada vez que te veo en uniforme y lo de la boda está pendiente –dijo, con una sonrisa. Jenny alzó una ceja-. Por favor, ¡hace frío! ¡Si ya hemos dormido juntos!
Ella revoleó los ojos.
-Ok, voy enseguida –musitó, mientras sacaba un pantalón de buzo y una polera vieja, los cuales usaba de pijama.
Billie sonrió y volvió a su habitación. Jenny llegó a los pocos minutos. Se metió a la cama al lado de su amigo y, mirando en direcciones opuestas, se durmieron al instante.

Los días pasaron. Jenny no había vuelto a poner un pie en el colegio, pero sabía que debería hacerlo tarde o temprano, debido al encargo que debía cumplirle a Vilma.
Durante esos días, ella y Billie se habían convertido en uña y mugre... Más aún. Iban juntos a todos lados y se contaban más detalles aún, si es que quedaba algo que el otro no supiera.
Cierto día, a fines de octubre, Jenny recibió el llamado de la profesora, quien le pidió que fuera a ayudarla con una clase. Debía llegar allá a las diez y media. La clase sería para un octavo año.
Ese día, Billie la fue a dejar en auto, ya que él debía ir a comprar cosas para la casa. Se despidieron de un beso en la mejilla y ella entró al colegio. Todos estaban en clases a esa hora, por lo que no se encontraría con nadie... Para su suerte, ya que no tenía idea qué le diría a sus compañeros si se los encontraba. Obviamente, ya había hablado con sus amigas, pero no tenía ninguna intención de hacerlo con el resto de su curso.
Llegó a la sala. Coincidentemente, era la misma en la que se había encontrado con el niño que le había preguntado si se iba con una gran envidia. Y ese niño volvía a estar sentado afuera.
-¿Tú aquí otra vez? –dijo ella, con una sonrisa.
-¿No te habías ido? –inquirió él, incorporándose.
-Vine a pagar un favor –musitó ella-. ¿Están en lenguaje?
Él asintió, comprendiendo.
-Te vi en una revista –dijo él, como intentando entablar una conversación mientras ella tocaba la puerta-. La Rolling Stones. Estás en el top diez de libros.
Ella lo miró sorprendida.
-¿En serio? –preguntó, incrédula.
-No, le digo eso a toda chica linda que veo –ironizó él. Se sonrojó al notar lo que había dicho, al igual que ella-. Perdón. Pero sí, salías ahí.
Jenny sonrió levemente.
El chico parecía estar apunto de añadir algo más, pero justo en ese instante se abrió la puerta.
-Hola, Jenny. Llegaste a tiempo –dijo la profesora, con una sonrisa. Luego se dirigió al niño-. Joseph, puedes volver a la clase, pero te mantienes callado, ¿ok?
El niño asintió, mientras volvía a su puesto. La profesora hizo a pasar a Jenny, quien estaba bastante nerviosa.
-Bien, como les iba diciendo, ella es Jennifer Kiffmeyer; acaba de sacar un libro que se está convirtiendo en best-seller y la invité a que me ayudara con este clase. ¿Alguna pregunta?
Joseph levantó la mano.
-¿Sí? –preguntó la profesora.
-¿Tienes novio? –preguntó él, sin una pizca de vergüenza, haciendo que la adolescente se sonrojara, mientras toda la clase se reía de él.
-Una pregunta que tenga que ver con el tema –dijo la profesora, sin inmutarse en lo más mínimo. Una niña de la tercera fila levantó la mano-. ¿Sí?
-¿Cómo empezaste a escribir?
Jenny pensó la respuesta un poco antes de contestar:
-Un día tenía una idea y la escribí, eso fue todo. Esa idea fue por “accidente”, pero luego empecé a hacerlo de un modo más intencional y empecé a crear historias. Eso fue todo –contestó.
La chica asintió, mientras un par de manos se levantaban. Vilma la miró, como indicándole que siguiera ella la clase. Nerviosa, señaló a un alumno de la última fila.
-¿Qué edad tienes? –preguntó él.
-Quince –contestó ella, con honestidad.
Las preguntas continuaron durante varios minutos, hasta que la profesora los hizo callar.
-Bueno, ahora vamos a escribir un cuento –todos se quejaron-. Jennifer les explicara cómo se hace, que planteamientos deben realizar, cosas así.
Sin otra opción, la adolescente tomó el plumón que le tendía la profesora y escribió en letras grandes “Historia” en la pizarra.
-Bueno, ¿qué tiene que tener una historia del género narrativo para que sea una historia? –preguntó. Unos cuantos alzaron las manos. Así escribió “narrador, trama, personajes, tiempo, lugar, inicio, desarrollo, final” debajo- Bien, ¿qué podríamos poner en trama?
Casi todos levantaron sus manos. Jenny partió desde la fila de la puerta hacia la ventana, anotando cada idea que le daban en la pizarra. Así llegó al último miembro de la fila de la ventana... que era Joseph.
-La historia de un adolescente que quería triunfar en la vida, pero que sus padres no se lo permitían –dijo, con tono cansino de voz. Se notaba que no era eso lo que quería decir, pero que lo hacía por obligación.
Así fue explicándoles toda la materia. Al final, ellos comenzaron a trabajar y ella los atendía en sus consultas. Tenía la esperanza de que Joseph no la llamara; le ponía nerviosa el cómo le hablaba. Sin embargo, esa esperanza era vana, ya que él la llamó a los pocos minutos.
-¿Está bien esto? –le preguntó, mostrándole las dos hojas que había utilizado, lado y lado.
-¿Terminaste? –Jenny alzó una ceja, incrédula.
-Por supuesto que sí. Ahora, ¿me lo revisas? Quiero ver si me dejan escuchar música.
Con una sonrisa, Jenny tomó el cuaderno y comenzó a leerlo. En comparación con los demás, estaba muy bien escrito. Había varias faltas de ortografía y la letra era casi ilegible en varias partes, pero la idea estaba buena: Era un relato en primera persona acerca de cómo las cosas en casa se iban poniendo complicadas.
-¿Escribes en tu tiempo libre? –le preguntó, al terminar.
-¿Historias? No –ella volvió a alzar una ceja-. Bueno, a veces compongo canciones, pero rara vez –admitió, un tanto avergonzado de sí mismo.
-¿Jenny? –la llamó una chica, en la primera fila- ¿Éste está bien?
-Permiso –le dijo la adolescente a Joseph, quien quedó un tanto decepcionado.

-Estuviste muy bien –la felicitó Vilma, quince minutos antes del recreo. Ambas estaban fuera de la sala; la idea era que Jenny se fuera antes de que salieran todos-. ¿Te molesta que te llame de nuevo?
-Para nada, la verdad es que no tengo mucho que hacer –la profesora le echó una mirada de reproche-. ¿Qué?
-Sí tienes algo que hacer, y es escribir. Así que sigue con lo tuyo –le dijo.
Jenny sonrió, se despidió y se fue. Vilma entró a la sala y vio que Joseph se estaba dirigiendo a la puerta. Ella le lanzó una mirada.
-Armstrong, ¿qué querías? –él no contestó- ¿Joseph?
-Nada, nada importante –farfulló, avergonzado.
Sin decir nada más, volvió a su puesto, mientras pensaba en una sola cosa: No la volvería a ver.

Al mismo tiempo, Jenny caminaba hacia la salida... Pero no alcanzó a salir por ella, ya que alguien la sujetó de la muñeca. Extrañada, se volteó.
-Hola –saludó el hombre.
Era su padre.
John lucía más demacrado y cansado que nunca.
-¿Qué haces aquí? –inquirió ella, molesta, zafándose.
-Me llamaron de la escuela porque tú no venías desde hace varios días y le habías dicho a tu profesora que te ibas –murmuró él. La miró a los ojos-. Leí tu libro.
Ella no dijo nada. Se sentía muy incómoda al hablar con su padre.
-Vuelve a casa –le pidió él. Ella lo miró extrañada-. Tu madre y yo te extrañamos. Desde que te fuiste, la casa no es la misma. No importa que esté yo o que esté tu madre, da igual, es como si no hubiera nadie en casa.
Jenny sonrió amargamente.
-Debiste haber pensado en eso antes de golpearme y encerrarme. Lo siento, pero no. Y ya que estás aquí, cancélame la matrícula, ya que no pienso volver.
John la miró suplicante
-Por favor... –rogó. Ella se volteó, para irse- ¡Diana ni siquiera me habla!
Ella lo miró a los ojos.
-Eso también te lo ganaste tú solo.
Volvió a voltearse...
-Cuando pequeña siempre me preguntabas el porqué te pusimos Jennifer. ¿Quieres saber por qué? –el corazón de la joven se agitó, mientras ella dejaba de caminar, sin voltearse- Para ahora ya debes saber que ella era la novia de tu querido Billie Joe... Dudo que sepas que lo engañó una vez... Y conmigo.
-¡Mientes! –exclamó ella, volteándose.
No podía ser verdad; no podía serlo. ¿Quién podía engañar a Billie Joe con su padre?
-Sí, estaba bastante pasada de copas esa noche, mientras que el trío de imbéciles que tienes por amigos tocaba –murmuró él, recordando.
-¡Te aprovechaste de ella! –exclamó, segura de sus palabras.
Él cabeceó, sin negar ni confirmar nada.
-Fue un buen polvo; no te imaginas lo bien que se sintió escuchar cómo gemía mi nombre y no el de tu “amigo” –fue todo lo que él dijo.
Ella lo miró fijamente.
-Te odio –susurró, acentuando cada sílaba.
Sin decir nada más, salió corriendo de la escuela. Antes de llegar abajo, chocó con alguien.
-¿Jenny? –preguntó el hombre.
Era Billie.
-Jenny, ¿qué te pasa? –le preguntó, asustado.
-Mi... Mi padre está ahí –Billie intentó avanzar, pero ella no se lo permitió, ya que lo sujetó con todas sus fuerzas-. Él... Él me dijo el porqué me llamo así –Billie la instó a continuar con la mirada-. Es porque él tuvo un polvo con Jenny una vez que ella estaba en el Gilman, se aprovechó de ella mientras tú, Mike y Tré tocaban.
Billie la miró sorprendido. Sin más la abrazó.
-Lo odio, lo odio, lo odio, lo odio –murmuraba ella, con rabia.
-Ya no lo volverás a ver –susurró él-. Y si lo haces... No permitiré que estés sola para que intente dañarte.
-¿Me lo prometes? –susurró ella, con su cabeza apoyada en el pecho del hombre.
-Por supuesto.
Caminaron hacia el auto y se alejaron del colegio, justo antes de que tocara el timbre de recreo.
-A todo esto, ¿cómo te fue? –preguntó él.
-Bien, expliqué toda la materia a un curso, no hubo problemas... Sin contar un niño que no dejaba de “coquetearme” –se sonrojó, mientras que Billie reía-. ¿Cómo te fue a ti?
-Compré todo lo que faltaba... Y una guitarra nueva para Jake –dijo, con una sonrisa-. Es por su cumpleaños... Y Addie me llamó, diciéndome que... diciendo que... –negó con la cabeza-. Diciendo que la boda será el primero de noviembre.
-Eso es...
-El sábado de la semana siguiente.
_________________________________________
Chapter fourty-three: Why do I want him?
Primero de noviembre: Día de todos los santos... Y de su boda con George. El día, finalmente, había llegado. Efectuarían la ceremonia en una especie de parque que estaba dedicado a las bodas, a eso de las tres de la tarde; aún le quedaban seis horas de soltera.
Tocaron a su puerta. Se paró del asiento que quedaba frente al tocador y fue a ver. De seguro era una de sus damas de honor. Sin embargo, en lugar de encontrarse con Cindy o Amy, se encontró con...
-¿Joey? –preguntó, extrañada. Se suponía que los niños se irían al departamento de Billie con George, quien tenía que pasar a buscar su traje, y se irían a la ceremonia junto a su ex esposo a eso de las dos y media.
Billie...
Había perdido todas las oportunidades con él. Nunca más volvería a estar entre sus brazos, nunca más probaría sus labios, nunca más podría decirle cuanto lo amaba; no se lo había dicho lo suficiente y ahora se arrepentía de ello. Lo extrañaba, lo necesitaba. Era su todo. Sin él, la vida no era vida para ella.
-Hola, mamá –murmuró el niño, entrando. Se sentó en uno de los escabeles-. ¿Cómo estás para la boda?
Addie sonrió.
-Bien, todo está listo –susurró-. Aunque estoy un poco nerviosa...
Él la miró a los ojos.
-Escucha... Sé que tú sabes que ni a Jake ni a mí nos parece bien todo esto, pero también queremos que seas feliz. Así que si eres feliz con éste imbécil, bien, no hay problema. Pero si lo haces sólo porque crees que necesitamos una figura paterna, estás mal. Y si lo haces porque crees que nadie te quiere y que te quedarás sola como un perro, estás peor aún. Siempre nos tendrás a mí, a Jake, a nuestra próxima hermana y a papá.
Conmovida y con lágrimas en los ojos, Addie lo abrazó.
-No sabes lo que significa eso para mí, Joey –le dio un beso en la frente-. Muchas gracias.
-De nada... Y ahora, tengo que volver al auto porque Jake debe estar buscando algo afilado ahora mismo para satisfacer sus instintos asesinos...
Joey salió, dejando a la mujer sola. Ella tomó su celular, para contemplar una foto de ella con Billie... Su Billie. Era la foto de ellos en alguna premiación.
-¿Por qué te quiero? –le preguntó a la pantalla.

Jenny y Billie habían despertado temprano ese día. La primera porque simplemente no pudo seguir durmiendo... Y él porque apenas sí había pegado un ojo en toda la noche. No podía creer que Addie realmente iba a casarse ese día.
El timbre sonó. Debían de ser Joey y Jake. Resignado, Billie fue a ver.
-Hola, niños –los saludó-. ¿Cómo se vinieron?
-George –dijo Jake, acentuando la “o” como de costumbre- nos vino a dejar.
-De algo que sirva ese imbécil –farfulló Joey.
Jenny estaba en la cocina, terminando de hacer el desayuno. Por poco no botó los huevos cuando escuchó la voz de Joseph desde el recibidor.
Durante la clase de lenguaje había estado tan nerviosa que no se había percatado de las similitudes de Joey con Billie Joe, pero ahora, al menos en su memoria, se le hacían obvias. Suspiró. Sería un largo y tenso día.
-Quiero que conozcan a alguien –musitó Billie, haciéndolos pasar, viendo cómo seguir-. No es una novia –aclaró, mientras se dirigían a la cocina-, es una amiga que vive aquí y es un poco mayor que ustedes dos.
Los niños asintieron, desconfiados, mientras entraban a la cocina.
-Joey, Jake, ella es Jenny –presentó.
Asombrados, Jenny y Joey intercambiaron una mirada.
-¿Tú? –preguntó el chico, sorprendido, mientras que ella asentía.
Billie los miró extrañado.
-¿Se conocen?
-Estaba en la clase que me tocó dar –murmuró la adolescente, aún sonrojada. No le gustaba la idea de que el niño que la había molestado fuera el hijo de su mejor amigo. Joey estaba en las mismas, mientras que Jake se reía.
-Hablamos un poco –murmuró Joey, dirigiéndose a su confundido padre-. Bueno, ¿qué hay de desayuno?
Sin volver a tocar el tema, se sentaron en la cocina. Conversaron sin problemas, pero los dos adolescentes evitaron a toda costa mirarse a los ojos. La mayor por lo incómoda que se había sentido y él porque se avergonzaba de lo que le había dicho y todas las estupideces que había dicho.
-¿Qué les parece si tocamos un poco antes de la boda? –sugirió Billie, intentando sonar entusiasmado. Aún así, todos sabían que estaba apunto de colapsar.

La gente comenzó a llegar a las dos. Addie no podía salir a recibirla, ya que estaba muy ocupada maquillándose y arreglándose el cabello. Ya se había puesto el vestido y tenía a Cindy y a Amy encargadas de recibir la gente. Faltaba sólo una hora para el compromiso.
Pese a que quería negarlo, lo único que quería era que Billie Joe apareciera y la detuviera, pero sabía que eso no ocurriría. Suspirando, terminó de aplicarse la base.

El lugar estaba lleno de gente que no conocían. Billie, sus hijos y Jenny tuvieron grandes dificultades para encontrar cuatro asientos que estuvieran juntos. Jenny quedó en el corredor que se formaba entre ambas hileras, seguida por Billie, Jake y Joey.
-Joey está enamorado –canturreaba Jake por lo bajo, para que sólo su hermano mayor lo escuchara.
-¡Claro que no! –exclamó él.
Jake alzó una ceja.
-Le preguntaste si tenía novio y admitiste que la encontraste linda –le recordó-. Además, cuando podías hacerlo, la mirabas todo el tiempo.
Joey lo miró molesto.
-Aún si me gustara, no pasaría nada entre nosotros... Digo, ella es famosa en lo que hace y es amiga de papá. Si alguien en esta familia tiene posibilidades con ella es él, ¿no? –dijo el mayor, con tono de obviedad.

Los minutos comenzaron a pasar. Y antes de que se dieran cuenta, ya eran las tres. Comenzó a sonar una música, durante la cual George se fue al altar. Luego lo siguieron las damas de honor con los padrinos. Apenas se posicionaron todos, comenzó la marcha nupcial. Todo estaba listo, todo estaba en su lugar...
A excepción de la novia.
-¿Por qué no sale? –preguntaba una señora en la fila delante de ellos.
Jenny miró a Billie a los ojos.
-¿Qué mierda estás esperando? –le dijo ella a él, asustándolo- ¡Anda a verla!
Sin dudarlo ni por un segundo, él se paró y se dirigió hacia el sitio en el que estaba Addie.

¿Por qué no podía hacerlo? George era perfecto para ella, él era el único, él era con quien debía estar... ¿Por qué no dejaba de pensar en Billie Joe? ¿Por qué no dejaba de derramar vanas lágrimas por su causa? ¿Por qué lo amaba tanto?
Tocaron la puerta. Debía ser su madre o su padre o su hermano. Todos ellos estaban decepcionados: Creían que ella se quedaría para siempre con Billie Joe. Se enjugó las lágrimas.
-Pase, está abierto –dijo.
La puerta se abrió.
Su corazón se rompió en mil pedazos al ver que era Billie Joe quien entraba por la puerta, que era el amor de su vida quien entraba ahí para llamarla a la boda.
-¿Estás bien? –Preguntó, delicadamente, cerrando la puerta tras de sí. Ella asintió.- Por supuesto que no estás bien. ¿Qué te pasa?
Ella sonrió, irónicamente, poniéndose de pié.
-¿Qué me pasa? ¿Qué me pasa? –murmuró, acercándose a él- ¡Tú eres lo que me pasa! ¡No puedo dejar de pensar en ti, maldito desgraciado! –gritó, acercándose a él- ¡Idiota! ¡Imbécil!
Billie la miró fijamente a los ojos, mientras ella le gritaba todas esas cosas. Lucía devastada... Pero eso no fue un impedimento para él, quien, sin pensar, se acercó a ella y la besó.
Addie le rodeó el cuello con los brazos, mientras se daban aquel largo, delicado y dulce beso, disfrutando cada segundo de él. Se habían extrañado mucho el uno al otro y el estar besándose era como estar en el paraíso.
-Estúpido, todo esto porque te amo –susurró ella, una vez que terminaron el beso, mientras apoyaba su frente contra la del hombre.
Él le limpió las lágrimas, mientras ponía su otra mano en el estómago de la mujer.
-Yo igual te amo, Addie... Y por eso debo dejarte ir, por el bien de la criatura que cargas en tu interior.
Ella negó, con una pequeña sonrisa. Le dio otro beso.
-Es tuyo –le susurró al oído.
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Re: One of these days.

Mensaje por gdpony el Mar Jul 20, 2010 4:22 pm

whhhaatt!!!! :O es de elll!!! aahhasdklasdasdn


solo 3 capitulos Sad

no kiero q termineee!

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Re: One of these days.

Mensaje por Amanda el Mar Jul 20, 2010 4:24 pm

c'est la vie Laughing los subo más rato o mañana? xD

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Re: One of these days.

Mensaje por gdpony el Mar Jul 20, 2010 5:17 pm

mmmm mas al rato Wink lol

tambien quiero saber como terminaaa! jajajaja Very Happy

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Re: One of these days.

Mensaje por Amanda el Mar Jul 20, 2010 5:45 pm

despue´s de haber leido my inmortal, será una decepción para tu persona confused xDDDDDD lo subo en un rato más xD

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Re: One of these days.

Mensaje por Scattered.Pictures el Mar Jul 20, 2010 6:49 pm

Yo me lei esta fic incognitamente xD... mi quiere leerla otravez D:! xD

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