Yesterday

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Yesterday

Mensaje por NaturalxDisaster el Dom Jun 27, 2010 9:09 pm


En realidad, esta fic sí quiso ver la luz hace un tiempo en un blog que abandoné [Story to Tell], pero como Fio [que es la única que leyó esto y se quedó con las ganas porque todavía no le di un final ni pienso hacerlo] me dijo que debía subirla en algún lado, acá está (: Al principio se van a dar cuenta de quien es el personaje por motivos obvios, pero en la historia no se lo llama por su nombre hasta un poco después... Y el por qué, lo tienen que leer ustedes xD Estoy especialmente orgullosa de Yesterday, porque dejando de lado Having A Blast, creo que es lo mejor que escribí hasta ahora... Y es horrible, así que todavía me falta bastante, supongo xD Una particularidad de ésta historia, es que está dividida en partes. Hasta ahora tengo pensadas que sean cuatro, pero puede ser que sean más; y los capítulos no son todos más o menos del mismo largo, de eso se van a dar cuenta x) Pero en fin, el primero en leer y comentar se gana una play 2 Very Happy mentira
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Parte I: Él

Capítulo 1.
  “Si el dolor desaparece, no creo que esté mal ver la luz”, pensó alguna parte de su cabeza, no sabía exactamente cual.
  De todas formas, sabía que eso era imposible, por lo menos en ese momento. En las penumbras había menos dolor que en ese instante, en el que se acercaba al final de una especie de túnel y ya podía ver la luz. Una luz que hizo que sienta un dolor parecido al que le agarra a uno después de que le dan con un martillo en la cabeza. Entonces seguramente no era tan buena la claridad… No lo sabía. Tal vez no era la luz indicada.
  Y de repente, una pregunta alejó de su cabeza aquel dolor sólo durante unos instantes: ¿Cómo era capaz de saber siquiera lo que era la luz y la oscuridad? Maravillosamente, se hallaba pensando.

Capítulo 2.
  No sabía cómo era capaz de relacionar ideas, de saber lo que existía o lo que no. Hasta ese momento, su mundo se basaba en la oscuridad y la luz que todavía no había alcanzado, la que estaba llegando, acompañada del dolor producido por “el martillazo en la cabeza”. Si despertaba, se encontraría con cosas que seguramente conocería por más de no haberlas visto nunca en su vida. No tenía idea de dónde se encontraba, en qué estado se encontraba, si estaba vivo o muerto. Seguramente estaba vivo. Era imposible estar muerto y sentir aquel horrible dolor abarcando toda su cabeza. ¿Y cómo sabía lo que era estar muerto o estar vivo? Bien, si había algo que sabía era que él había vivido alguna vez. No sabía cómo, ni cuándo o con quién, pero había tenido una vida, de eso estaba seguro.
  Después de una larga lucha por levantar lo que serían sus párpados, que pesaban como si colgaran pesas de ellos, llegó por fin al final del túnel. Salió de aquella alcantarilla donde nada apestaba ni dolía, y se encontró con la claridad, donde el dolor era más intenso que otras veces, mas sabía que no por mucho. Aún así, no logró abrir sus ojos del todo. Alrededor, todo estaba lleno de sombras. No quiso esforzarse, temía que el dolor aumentase si abría más sus ojos, por más absurda que le sonó la idea después de pensarlo. Tragó saliva con dificultad, y sintió como los músculos de su lengua volvían a vivir después de tanto tiempo de haber dormido junto con el resto de su cuerpo. Sintió también un sabor amargo en la garganta, y al exhalar un dificultoso suspiro, notó que no era nada agradable respirar. Eso explicaba la cosa que tenía cubriendo su boca y su nariz, que impulsaba aire para que le llegue a los pulmones más fácilmente. Escuchó silbar su pecho y trató desde ese momento de no tragar saliva tan seguido.
  La oscuridad que veía en aquel momento, ya no era como la de antes. Esa oscuridad era luminosa, sabía que detrás de sus párpados estaba la luz, la vida y el resto del mundo que esperaba ansioso verlo despertar. Mientras que en la oscuridad en la que había estado perdido durante tanto tiempo –en realidad no sabía cuánto- no sabía ni siquiera que él era algo que existía y que podía hacer más cosas además de estar postrado en una cama. “Cama”. Otro nuevo término que aparecía en su vocabulario sin saber ni siquiera de dónde lo sabía. ¿Quién le había enseñado a “hablar”?
  El gran problema que tenía en aquel momento ya no era alcanzar la luz. De hecho, pensó que tal vez hubiese sido mejor no haberla alcanzado nunca. Resulta que no tenía idea de quién era, qué era o si realmente existía. ¿Había vuelto a nacer? No creía que nacer se sintiera de aquella manera. No creía que un bebé de cinco horas de vida pudiese razonar y hacer trabajar su cerebro de la manera en la que él lo estaba haciendo entonces. Intentó recordar algo, por más que sea algún acontecimiento estúpido en su vida. Nada se le ocurrió. Su nombre, el nombre de alguien a quien conocía… Nada. Su pasado más lejano era la oscuridad, y su más reciente recuerdo estúpido era la horrible sensación que le imponía le simple hecho de tragar saliva. De repente, se dio cuenta de que no sabía cómo sabía todo lo que hasta ese momento estaba sabiendo. Una repentina intriga lo invadió, tan fuerte que por poco se levantaba de un salto para correr a preguntar a alguien. ¿Y a quién iba a preguntar? Ni siquiera había tenido las agallas para abrir los ojos y confirmar que seguía vivo. La idea de salir corriendo, si es que podía hacerlo, desapareció al instante.
  Su cabeza latía, y poco a poco comenzaba a sentir lo que le sucedía al resto de su cuerpo. Su pecho seguía silbando, y deseaba dejar de sentir ese asqueroso sabor en la boca. Por otro lado, sintió un leve dolor en el brazo. No, no era dolor. Era debilidad. ¿Cuánto tiempo habían estado inutilizados, dormidos? ¿Cuánto tiempo había estado él allí, durmiendo? Quiso mover sus pies, podía llegar a morir de un ataque si descubría que le faltaba algo que, según lo que podía razonar, debía formar parte de él. Allí estaban también, despertando, junto con el resto de él. Poco a poco volvía a la vida.
  Todo estaba en orden. Omitiendo, claro, el hecho de que seguramente no era común sentir los efectos de un martillazo en la cabeza y que su pecho silbe solo. Sus piernas y brazos se movían, podía respirar sin necesidad del molesto aparato que le llenaba los pulmones de aire cada cinco segundos y evidentemente podía sentir sabores en su boca también, por más asquerosos que fuesen los que saboreaba en aquel momento. Todo estaba extrañamente bien. Entonces ¿por qué no podía abrir los ojos?
  “No seas un maldito cobarde, comotellames. Abre los ojos”, le dijo una voz en su cabeza, que evidentemente se trataba de su conciencia. Ella también había despertado, junto con el resto de todo lo que era él, que comenzaba a trabajar otra vez. Cobardía… ¿Eso había sido de su vida antes de la oscuridad? Si era así, no era algo demasiado agradable y seguramente preferiría no recordar. Pero algo también le decía que seguía siendo el mismo de siempre. Se le hizo extraño, porque ni siquiera sabía cómo era ese mismo de siempre. Le desesperaba saber tan poco.
  Era tiempo de terminar con toda aquella cursilería. Debía ponerle un alto a la oscuridad, por lo menos hasta el momento de volver a entrar en ella, si era eso lo que debía suceder. Tenía que sacarse sus dudas, salir de aquel estado de ensueño, dejar de pensar en lo poco que sabía sobre su existencia. Seguro que hasta una tortuga tendría recuerdos más apreciables que los pocos que conservaba él en su memoria. ¿Cómo sabía lo que era una tortuga? Suficiente, todo era suficiente. Volvió a tragar saliva con dificultad, a sentir el sabor amargo en su boca y su pecho silbar. Las pesas que colgaban de sus párpados fueron levantadas con dificultad al principio y luego se hicieron más ligeras. Desaparecieron.
  Aparecieron un par de ojos verdes y brillosos tras sus oscuras pestañas, que recorrieron la habitación con lentitud, y sin encontrarle sentido alguno al lugar donde se encontraba. Al principio, le costó normalizar su vista. En cuanto sus pupilas se encontraron cómodas en aquel ambiente, la luz tomó forma. Ya no se encontraba en el vacío.
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CHAN :O! Puse dos porque... bueno, si subía sólo la pequeña mierda que es el primero, me mataban xD Y eso, me voy porque mi gata ya quiere dormir y me está esperando :3 Goodnightfolks!


Última edición por NaturalxDisaster el Lun Jun 28, 2010 2:09 pm, editado 1 vez

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Re: Yesterday

Mensaje por Greenxxday el Dom Jun 27, 2010 9:20 pm

leere los caps Smile y si me gusta la seguire leyendo :DD
pero tengo una estupida preguntita xD esta fic está terminada?? o solo tienes algunos caps listos??
xD ya, ahora quiero mi play 2 What a Face xDD

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Re: Yesterday

Mensaje por Whatsernamee el Dom Jun 27, 2010 9:50 pm

comotellames (? Awww intriga ^ claro que la voy leer *-*

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Re: Yesterday

Mensaje por roxxiie.GD el Lun Jun 28, 2010 11:54 am

osea yo lei hasta el 4 despues me olvide xD y bueno hoy retome poqe estaba muy al pedo en mi casa y lei desde tu blog y ahora veo qe la subis aca ! osea me gusta Very Happy xD asi aca podes adelantar mucho :3 esperare hasta el cap 9, 10 y blaaaah xD

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Re: Yesterday

Mensaje por Scattered.Pictures el Lun Jun 28, 2010 1:23 pm

Fic nuevo jujuju 1313 xDDD!!.... duda dudida dudona :3....quien es el protagonista! WOOT , Celes no me dejes con al duda ¬¬ xD

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Re: Yesterday

Mensaje por NaturalxDisaster el Lun Jun 28, 2010 2:06 pm

Greenxxday escribió:leere los caps Smile y si me gusta la seguire leyendo :DD
pero tengo una estupida preguntita xD esta fic está terminada?? o solo tienes algunos caps listos??
xD ya, ahora quiero mi play 2 What a Face xDD

No, le falta terminar, pero va muy adelantada Smile Estoy escribiendo la mitad de la segunda parte [dije que tengo planeado que sean cuatro partes xD] y sería cerca del capítulo 28, más o menos... Y con respecto a lo de la pley 2... No leíste las letras pequeñas, amiga Sherlock <3 (?) xDDD

Whatsernamee escribió:comotellames (? Awww intriga ^ claro que la voy leer *-*

Como siempre ella que se lee todo (L) Smile

roxxiie.GD escribió:osea yo lei hasta el 4 despues me olvide xD y bueno hoy retome poqe estaba muy al pedo en mi casa y lei desde tu blog y ahora veo qe la subis aca ! osea me gusta Very Happy xD asi aca podes adelantar mucho :3 esperare hasta el cap 9, 10 y blaaaah xD

Jajaja ya te adelantaste demasiado me parece xDD Esperá que pronto van a llegar esos caps ¬¬ (?) xDD

Scattered.Pictures escribió:Fic nuevo jujuju 1313 xDDD!!.... duda dudida dudona :3....quien es el protagonista! WOOT , Celes no me dejes con al duda ¬¬ xD

No es tan difícil de adivinar quién es el protagonista Smile Igual en el próximo cap [o el otro, no recuerdo xd] lo describe de cierta manera en que queda muy explícito quién es... Sólo que... bueno, voy a subir cap Very Happy (?)


NOTA: Amanda, si queres subime el danger, pero no quiero poner lo que le contesto a las pibas con los caps... Simplemente porque soy una rompebolas y se me hace que va a quedar mejor si lo pongo aparte xDD Y eso WOOT (?)

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Re: Yesterday

Mensaje por NaturalxDisaster el Lun Jun 28, 2010 2:23 pm

Gracias a las que leyeron entre ayer y hoy WOOT Y sé que no dejé pasar tanto tiempo, pero no importa... Hasta ahora los caps no son tan largos, pueden ponerse al día si alguien más quiere leer xD Y eso Very Happy
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Capítulo 3.
  A su alrededor, todo era blanco. Desde las mantas que lo cubrían, hasta la luz que ingresaba por la ventana. Todo era tan segadoramente blanco, exceptuando el techo de color madera. No pudo moverse los primeros segundos. El primer movimiento que realizó fue el de sus pupilas, que se arrastraron hacia la derecha. Allí vio, no muy lejos de la cama en la que se encontraba acostado, una mesa auxiliar con varias botellas de medicamentos encima, una lámpara que en ese momento estaba apagada y algunos papeles. Al lado, había una silla, que a simple vista parecía incómoda, y evidentemente nadie la había ocupado en todo el tiempo que él había estado allí. La ventana estaba un poco más ubicada delante de él. Las cortinas estaban corridas, dejando entrar la clara luz de un sol de mediodía, el único que parecía haberlo visto despertar. Con dificultad, que en realidad se debía al temor de provocar algún dolor extra, giró su cabeza hacia la izquierda. No había nada, más que otra lámpara, aunque llegó a ver que muy a su costado, más atrás que su cabeza, había una puerta. La única entrada y salida de esa habitación.
  A pesar de la blancura del lugar, los medicamentos y el respirador al que estaba conectado, no parecía una habitación de hospital como otras. La cama no era alta e incómoda, sino que era como cualquier otra cama común y corriente, cómoda y acogedora. “Por lo menos puede que el dolor del martillazo disminuya luego. Aparentemente, te tienen muy bien atendido, amigo mío”, pensó suspirando, una parte de él, mucho más aliviada. Su cuerpo reaccionó de inmediato luego. Las ganas de mover las piernas, de volver a caminar, crecieron considerablemente, aunque no lo creía conveniente. Luchaba entonces contra su voluntad y lo que se supone que debía hacer.
  ¿Quién le impedía algo? No sabía absolutamente nada sobre nada, entonces no creía que el castigo por levantarse de la cama sea demasiado grande. Y necesitaba sus respuestas. Debía tener sus respuestas. Su cuerpo era entonces el que no reaccionaba. “¡Vamos, queridas amigas! ¡Es tiempo de despertar!”, quiso gritarle a sus piernas, mas ellas no respondieron. Podía moverlas, lo sabía porque lo había comprobado moviendo sus dedos y cambiándolas de posición, pero parecían estar muy débiles como para sostener el peso de su cuerpo. Temía caer y romperse el cuello. Sería un triste final para él, que apenas había comenzado.
  Apoyó sus manos en el colchón con las palmas abiertas y se empujó hacia arriba para incorporarse. Más que dolor, provocó nuevamente la sensación de debilidad, sólo que en todo su cuerpo. Se detuvo de repente cuando el respirador no le dejó continuar. Se lo arrancó con furia, cansado de tener aquel aparato aferrado a su cara. Hizo llegar el oxígeno a sus pulmones él mismo, sin necesidad de aquel horrible aparato. Miró mejor el resto de la habitación. Detrás de él, arriba de la cabecera de su cama, había un cuadro de un par de niños en un prado. A su lado, en una mesita de luz, había una jarra con agua. Deseó servirse un poco para quitar de una vez el sabor amargo de su garganta producido por el simple hecho de haber dormido mucho tiempo. Tomó el vaso y lo llenó con torpeza, volcando un poco. Levantar aquella jarra parecía lo más difícil que había intentado alguna vez. Lo peor era que ni siquiera estaba llena. Bebió rápidamente, con desesperación. Volvió a dejar el vaso en su lugar y limpió su boca, por la que se habían escapado algunas gotas. “¿Qué esperas, gordito? ¡Levántate de una jodida vez!”.
  Se destapó y al fijarse en sus brazos dio un grito. Estaba lleno de extraños dibujos. Cuando los observó mejor, se dio cuenta de que no eran extraños, podía reconocer cada uno de ellos. Algunos eran palabras, otros simples dibujos. De su brazo derecho, leyó el nombre Joseph, y no mucho más lejos decía Adrienne, en letras prolijas. Había un par de figuras que parecían ángeles enfrentadas, un número 27 y la inscripción all ages. En su dedo tenía algo parecido a una pequeña calavera con un corazón rojo en el centro. Y del otro brazo, los dibujos eran más raros que los del brazo derecho, mucho más coloridos. Había un bebé fumando, al verlo lanzó una breve risa. Después una sigla: E. B. P. M. Y otro nombre más: Jakob. Más arriba, se encontró con varias estrellas casi llegando al hombro. Y habían sido sólo los que más le habían llamado la atención. Por donde mirase, estaba lleno de diversas inscripciones, que no tenía idea de dónde habían salido, o por qué las tenía allí. Se suponía que no era normal… ¿O sí? Se volvió a fijar en su brazo derecho, y fascinado vio que tenía además de todos los otros dibujos, lo que parecía una tira de fotos. Eran cuatro pequeñas fotos de la misma mujer. Seguramente había soñado con ella, estaba seguro.
  Porque su oscuridad no había sido siempre oscuridad. Comenzaba a recordar fragmentos de algunos sueños que había tenido, aunque ninguno de ellos tenía sentido alguno. En uno de ellos estaba esa mujer, podía ver sus ojos castaños mirándolo fijamente. Pero más allá de eso, sabía que no era nada para él. Ni siquiera sabía que era real, hasta que vio las fotografías impregnadas en su piel. Por eso había soñado con ella. Antes de entrar en aquel túnel, había visto las fotografías. No podía ser otra cosa… No creía que fuera por otra cosa.
  Aquella mujer y sus sueños desaparecieron de su mente por completo en el momento en el que se abrió la puerta. Giró su vista, asustado. ¿Qué iba a pasar a continuación? ¿Con quién se encontraría? Ingresó en la habitación apresuradamente una mujer con una bandeja en la mano. Al verlo, sus castaños ojos se llenaron de asombro, casi saltaron las hebillas que sostenían su cabello oscuro. Llevaba un delantal blanco con un par de bolsillos en los costados, el cual también se agitó de la sorpresa. Lo observó absorta durante unos largos segundos. Cuando a él le habían dado ganas de preguntarle si tenía monos en la cara, habló por fin.
  — ¡Increíble! —Soltó llevándose una mano a la boca—. Esto debe saberlo el doctor ahora mismo…
  —Es-espere… —intentó detenerla, pero la mujer ya había salido corriendo. Ya no se la vio más, ni siquiera a pesar de que la puerta quedó abierta.
  Resopló con fastidio y se tiró de su corto cabello negro. Bien podía haber tenido otra reacción esa mujer, alguna por lo menos que le conteste qué demonios estaba haciendo en aquella especie de hospital. Supuso que iba a llevarse la jarra con agua antes de gritar al verlo despierto, por la bandeja que llevaba en la mano. ¿Era camarera, enfermera o qué demonios?
  —Vaya que es una sorpresa encontrarlo despierto —dijeron de repente—. Una grata sorpresa.
Al girarse, se encontró con un hombre alto y de cabello castaño que vestía también una especie de camisa larga y blanca. Tenía sus manos en los bolsillos y lo observaba con sus ojos color avellana por encima de sus anteojos de marco redondo y fino, con una agradable sonrisa en sus labios. Evidentemente, era el doctor que había anticipado la histérica mujer a la que había podido apreciar durante unos miserables segundos. Caminó rodeando la cama y se acercó a la mesa auxiliar ubicada del otro lado de la habitación para recoger los papeles que había visto anteriormente. Los leyó rápidamente, al parecer no decían demasiado. Para ser un doctor, parecía ser mucho más amable y comprometido con sus pacientes. Ni siquiera lo conocía ni había hablado con él aún, pero en el momento en el que se sentó a su lado comenzó a pensar eso.
  Había estado esperando ese momento desde que salió de la oscuridad, y en ese momento las preguntas se amontonaron en su boca, obstruyendo la salida. No podía hablar ni preguntar nada, quería saber todo a la vez y en ese mismo instante.
  — Soy el doctor Adam Bell —se presentó entonces—. ¿Hace cuánto estas despierto?
  —Unos minutos —contestó brevemente, con algo de nerviosismo. Jugueteaba con sus pulgares nerviosamente—. ¿Dónde estoy?
  El hombre, al oírlo formular aquella pregunta, lo miró atentamente durante unos segundos y luego lanzó una leve risa.
  —Me parece que primero deberíamos hablar de algunas otras cosas… Por ahora dejémoslo como el lugar que te dio refugio —le dijo buscando algo en sus bolsillos. Sacó un lápiz y comenzó a anotar.
  —El que me salvó la vida, seguramente —mencionó, expresando lo primero que llegó a su mente.
  —Tal vez… Sobre cómo llegaste, también preferiría que lo hablemos luego. Por ahora, me es indispensable saber tu nombre. ¿Cómo te llamas, muchacho? —inquirió listo para anotar.
  Los nervios lo invadieron de manera que sus manos se retorcieron entre ellas aún más. Desvió su vista hacia cualquier lado, y supo que al doctor se le borró la sonrisa que lo había acompañado desde que entró en la habitación. ¿Cuál era su nombre? ¿Quién demonios era? Le atormentaba pensar que no estaba enterado de aquel detalle… ¿Era muy importante saberlo?
  —No… No lo sé, señor —musitó sin mirarlo—. Pensé que tal vez usted lo sabría.
  Tenía que saberlo. De no ser así, ¿cómo es que había ido a parar en aquel lugar? Alguien allí tenía que saber quién era, si tenía un pasado y cuál era ese pasado. Si ellos no sabían quién era, ¿cómo iba a hacer él para saberlo? Estaba perdido, para siempre y lo peor era que nadie se acordaba que él existía al parecer. Es decir, si les interesara, lo habrían estado buscando, o lo habrían encontrado y por lo menos alguien habría ocupado aquella silla inutilizada al lado de la ventana, a esperar su despertar. Pero nada de eso había ocurrido. El doctor lo observaba perplejo, y al mismo tiempo con mirada de interés, pero no tenía ni la menor idea de quién era él. Suspiró y anotó. Él llegó a leer que escribía “amnesia”.
  — ¿No puedes recordar nada antes de desmayarte? ¿Algún lugar, alguna persona? ¿Nada? —cuestionó otra vez, algo apenado. Le contestó meneando levemente la cabeza, y el doctor volvió a anotar al lado de la palabra que había escrito antes: “total”.
  —Doctor, yo… desearía saber si alguien vino a verme. Tal vez me ayude a recordar algo, o me gustaría hacerle preguntas. Necesitaría saber varias cosas —se atrevió a decir, aunque igualmente hablando casi en susurros.
  —Es que ese es el gran problema —repuso el doctor Bell—. Te explicaré algo, amigo. Resulta que llegaste a nosotros hace unas semanas, y como todo el que llega aquí, llegaste solo. Bueno, exceptuando a Aaron, que fue quién te trajo. Nos dijo que te encontró en la playa, que pensó que estabas muerto, pero que tras asegurarse de eso, comprobó que seguías con vida.
  — ¿Playa? ¿Estaba tirado en una playa? —inquirió con incredulidad.
  —Escucha, no te desesperes. Trataremos de saber de dónde vienes, alguien tiene que estar buscándote —lo calló antes de que levante más la voz—. El asunto es que será difícil. Esto ni siquiera es un hospital, ¿sabes?
  Lo miró extrañado, con ganas de gritar. ¿En qué lugar se encontraba metido? “¡Corre o te golpeará y te quitará los órganos!”, gritó cierta parte paranoica en su cabeza. No lo hizo. Porque otra parte de él, con una voluntad mucho más fuerte, sabía que debía callarse y escuchar. No se encontraba en ningún manicomio, aunque seguramente sí se trataba de algo parecido.

Capítulo 4.
  Permaneció en silencio, tratando de imaginarse algo de lo que el tal doctor Adam Bell pudiese llegar a decirle, pero apenas podía disfrutar del hecho de que el dolor se estaba yendo de su cabeza. El hombre, en cuyo rostro se dibujó una sonrisa que reflejaba compasión por él, agachó la vista levemente.
  — ¿No quieres que te explique de qué se trata todo esto? —inquirió mirándolo de reojo. Él asintió al instante.
  —Me sacaría una gran duda de las muchas que tengo —dijo con notoria ansiedad. La sonrisa del doctor se amplió mucho más.
  Se acomodó mejor a su lado, y dejó después la libreta sobre la mesa de noche, aunque sin dejar de juguetear con el lápiz que tenía en sus manos.
  —Verás… Primero debería decirte que la ciudad más cercana a este lugar, está a kilómetros de distancia. No quiero que te asustes, se supone que eso no es malo. Pero, como dije anteriormente, eso no es un problema porque todo el que llega aquí, llega solo, y debería agregar que por voluntad propia. —Abrió la boca pero no llegó a interrumpir, ya que el doctor lo detuvo haciendo una seña con su mano—. Tu caso fue especial, y en realidad es la primera vez que nos pasa. Uno de nuestros huéspedes te encontró hace dos semanas en unas playas cercanas. No tenías identificación, no había nadie en el lugar en el que estabas, y tus ropas… Bueno, ya encontraremos algo para prestarte.
  — ¿Entonces debo suponer que esto es algo así como… una casa de retiro? —preguntó interrumpiendo de una vez. Al oírlo, el doctor lanzó una divertida carcajada.
  —No exactamente —contestó aún riendo—. Es gracioso, era una de las pocas definiciones que le faltaba a éste lugar.
  Hizo una mueca intentando sonreír, pero se le iba a hacer imposible hacerlo hasta que se quite las dudas que tenía, o hasta sentirse más tranquilo al menos. Se pasó la mano por la nuca con nerviosismo.
  —No, esto no es una casa de retiro —prosiguió el doctor, y dijo con entusiasmo: — En esta institución llegan todas las personas que quieren ser invisibles.
  Definitivamente, estaba loco. No hablaba literalmente… ¿o sí? No entendía una palabra de lo que le estaba diciendo, y la expresión en su rostro le sirvió al doctor Bell para darse cuenta de eso. Intentó decir algo, no tan estúpido como lo que había dicho antes, y volvió a rascar su nuca, cada vez más nervioso.
  —Habla de… ¿Es un laboratorio…? Yo no lo entiendo realmente.
  Supo que el doctor se contuvo de volver a reírse.
  —No, tampoco es eso. Hablo de invisibles ante todo lo que ya los agobia. Mira, cuando un hombre, o una mujer, han vivido toda su vida luchando por cosas sin conseguirlas, hay veces que deciden terminar con todo, en diversas formas, obviamente. Así también están los que no vivieron tanto como otros, pero no se hallan en ese lugar en el que nacieron. Muchas veces no encuentras tu hogar en el lugar en el que naces…
  —Ojala pudiera decir si eso es cierto —mencionó haciendo una mueca. Adam sonrió levemente.
  —Eso es lo que hacemos aquí. En esta institución recibimos a los que ya no quieren seguir luchando por un hogar. Éste es su hogar, temporal, por supuesto. Vienen de aquellas jóvenes solteras que llegan a sus departamentos un viernes por la noche, y sienten que no tiene sentido que amanezca, así también como aquellos hombres que olvidaron lo que es amar a alguien, a una mujer o a un hijo...
  Comenzaba a entender. Era extraño, porque nunca se le habría ocurrido que pudiera existir un lugar así… Aunque en realidad, en el poco tiempo que había pasado despierto, se le habían ocurrido muy pocas cosas, y no tenía idea de las cosas que se le podían haber ocurrido antes de perder la memoria. Surgió entonces la primera duda en cuanto al asunto. La primer duda coherente en realidad.
  — ¿Quién mantiene este lugar? ¿La gente que viene aquí debe pagar algo? Porque yo no sé si tengo dinero para hacerlo… En realidad… Las personas que no vienen aquí… saben que existe este lugar, ¿no?
  El doctor Adam lo miró con interés, como si hubiese descubierto que sumar manzanas era lo mismo que sumar naranjas. Pensó bien antes de dar una respuesta, y luego volvió a sonreír, para no perder la costumbre.
  —Esta institución es no gubernamental. No encargamos nosotros de todo. En realidad, el lugar pertenece a un hombre muy amigo mío, que busca sonrisas en el rostro de las demás personas porque no se conforma con ver la suya solamente. Soy el único doctor aquí, aunque cuento con la gran ayuda de la señorita Katherine, la enfermera que ya has tenido el placer de conocer. Generalmente, las personas que vienen aquí, no piensan en dinero. Son personas a las que ya no les interesa nada, así que te podrás imaginar que en sus cabezas ni siquiera entra lugar para pensar en lo material. Me extraña, por otro lado, que hayas pensado en eso.
  —Oh, bueno, en realidad no sé por qué se me ocurrió… Sólo pensé que el lugar es muy bonito (lo que se ve por la ventana y la habitación me hacen pensar que lo demás será algo parecido). Y así pensé en que nada de esto podía salir del aire —explicó sonriendo espontáneamente por primera vez.
  —Interesante… —murmuró asintiendo levemente—. Y con respecto a la última pregunta… Muy poca gente sabe de éste lugar. Tenemos nuestra especie de “espías” en algunas ciudades del país. Ellos recomiendan éste lugar a quienes creen necesario, otros se enteran por los mismos huéspedes, cuando van a visitar a alguien de vez en cuando. Otros simplemente, llegan, y son muy bien recibidos. La idea no es que sea ultra secreto, pero casi nadie sabe de éste lugar, obviando a los que viven aquí.
  — ¿Y la gente no se interesa en saber? ¿No se preguntan por qué hay un gran edificio en medio de la nada a kilómetros de la ciudad?
  —Bueno… La gente no suele pasar por aquí muy seguido, muchacho —explicó, y sus ojos brillaron tras los cristales de sus anteojos—. Creo que no te he dicho, geográficamente, en dónde te encuentras.
  —Creo que si me lo dijera, no tendría idea de qué lugar es de todas formas —repuso lanzando una afligida risita.
  —Tienes razón, lo siento —se disculpó él—. De todas formas, te explicaré. La gente no pasa por aquí, nos encontramos al noreste de Queensland. Precisamente el sector en el que estamos, está rodeado de selvas y bosques, al norte de aquí, el Mal del Coral, al este, el océano. Dicho más directamente, es casi imposible ver a alguien pasar con su auto por aquí de casualidad.
  — ¿Queensland? ¿Dónde es eso? —inquirió totalmente extrañado.
  —Australia —contestó el doctor, y él se limitó a hacer un movimiento de comprensión con su cabeza. ¿Dónde demonios quedaba Australia? —. Por tu acento puedo deducir que no eres de aquí.
  —Oh… Y yo… ¿vivo muy lejos?
  Una vez más, al hombre se le escapó una risa.
  —Pareces de Estados Unidos, y si llega a ser cierto, sí, es lejos —contestó—. Pero todo este asunto es extraño… No sé cómo pudiste haber aparecido en la playa, solo… Si hubiera sido un accidente, tal vez habría aparecido más gente, o habrían llegado urgentemente las noticias. Esto me tiene muy desconcertado.
  “Entonces se imaginará cómo me tiene a mí, doc”, pensó en decir, pero prefirió callarse. Toda la información recibida había hecho que los efectos del martillazo vuelvan, y su cabeza parecía que iba a estallar en ese momento. Suspiró y se cubrió el rostro con ambas manos, comenzando a sentirse cansado, a pesar de que acababa de despertar. El doctor se puso de pie.
  —Realmente lamento todo esto que pasó, pero intentaré ayudarte, como lo intento con todo el que llega aquí. Sé que es muy difícil además saber todo esto, vivir en el constante presente, sin el recuerdo de ningún momento, ni feliz ni triste. Pero de eso se encarga también esta institución, por lo que debes saber que no estarás solo —dijo dirigiéndose hacia la puerta.
  —Gracias —musitó sin mirarlo—. Por todo lo que ha hecho por mí hasta ahora.
  —Yo no he hecho nada por ti todavía —repuso él sonriendo levemente—. Y otra cosa que debes saber es que… La gente que llega aquí, no tiene a nadie afuera que la esté buscando realmente. Para los demás, ellos no existen, nunca se ha oído hablar de ellos. La única diferencia en tu caso, es que no sabemos si eso es exactamente verdad. Sí… Será algo difícil, pero lograré ayudarte. —Se quedó pensando durante unos segundos con la vista perdida y luego alzó las cejas—. Cuando te sientas mejor, puedes cambiarte y salir. Allí está tu ropa. De todas formas, antes de que se haga muy tarde, si no sales, Katherine vendrá a verte. Y por cierto, feliz Navidad, Nocholas.
  — ¿Nicholas? —repitió extrañado.
  Pero no obtuvo su respuesta. El doctor Adam se había ido, y él se encontraba solo otra vez. Solo, como se supone que se encontraba en el mundo. ¿Qué había sucedido? Nadie está tirado en la playa porque sí, casi sin ropa, abandonado… Tal vez, pensó, habían creído que estaba muerto, y tiraron su cuerpo al mar. El accidente que habría causado su supuesta muerte, debía de haberle provocado aquella amnesia, y había conseguido vivir porque las olas lo habrían arrastrado nuevamente hasta la orilla. Allí, aquel sujeto lo había encontrado (¿dijo que se llamaba Aaron?), y lo habría alcanzado hasta ese lugar, tan fantástico, tan extraño. “Tal vez tengo que ir a la ciudad y comenzar a preguntar a todos si conocen a Adrienne, Joseph y Jakob. Ellos debieron de ser personas importantes para mí si llevo sus nombres impregnados en mi piel”, se le ocurrió mientras se volvía a dejar caer sobre su almohada. Lanzó una risa cuando volvió a pensar en la idea con más detenimiento. ¿Cuántos Adrienne, Joseph y Jakob podían existir? En realidad, no tenía idea. De nombres, era en lo que menos quería pensar en ese momento. Tal vez alguno de esos nombres era el de él en realidad. Qué egocéntrico debía de haber sido para tatuarse su propio nombre.
  Meneó la cabeza alejando todos aquellos pensamientos. No tenía nombre, no tenía un pasado, no tenía seres queridos, ni un lugar de origen. Era un algo que había aparecido en la playa de un día para otro, de la nada, como si el mismo aire lo hubiese creado. Por lo menos, pensaba que el lugar en el que estaba, podía sentirse como hogar, al menos hasta que comience a recordar algunas cosas. Se engañaba a él mismo, a la parte que bien sabía que esa institución de hogar tenía lo que él de pasado. Pero eso quería creer. Quería tener confianza en que aquel lugar en el que lo habían recibido con los brazos abiertos, podía ayudarlo y sacarlo de aquel problema. ¿Y no se supone que eso se intenta en los hogares también?
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Re: Yesterday

Mensaje por Greenxxday el Lun Jun 28, 2010 6:06 pm

"—Oh… Y yo… ¿vivo muy lejos?" aww por alguna extraña razon encuentro tierna esa frase WUB xD me quede con intriga, la puta intriga ¬¬ xD definitivamente la seguire leyendo Happy

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Re: Yesterday

Mensaje por Fraaaan★ el Lun Jun 28, 2010 8:18 pm

yo igual D:

la intriga me mata !! O_O

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Re: Yesterday

Mensaje por NaturalxDisaster el Mar Jun 29, 2010 8:02 pm

Hoy me pasó algo horrible ._. [qué se puede esperar viniendo de la escuela Rolling Eyes] pero mi humor mejoró bastante desde que esperamos a mi hermana después del hospital Very Happy Y cuando llegué acá y leí/vi varias cosas que me hicieron reír mucho xDD! Dios, cómo me gustaría no volver a ver más a nadie de ese lugar... creo que debería ir al tema de puteadas otra vez, pero primero dejo cap Smile (?)
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Capítulo 5.
  No le costó mucho decidir si iba a salir de la habitación o se iba a quedar allí un día más al menos. Descubrió que la intriga lo podía por completo, y las cosas que deseaba seguir sabiendo eran demasiadas aún. Todavía pensaba que tal vez alguna parte de todo lo que le había dicho el doctor Adam podía no ser cierta, tal vez no se encontraba a kilómetros de la civilización, por ejemplo. No podía evitar dejar la paranoia de lado, nada le inspiraba la suficiente confianza, y mucho menos en ese estado de incertidumbre. Quería saber además cómo pasaría el resto de sus días en aquel lugar, si es que no llegaba a volver a su casa (si es que tenía una). No tenía idea de la clase de gente que vivía allí, pero se imaginó que no debían ser tan sensatos. Es decir, no todas las personas se sienten solas y desdichadas y deciden retirarse a una casa donde, dicho en cierta forma, ya no existen. Entonces, ¿él tampoco existía? Si tenía una familia, pensaba que para alguien debía de seguir existiendo.
  “Basta, deja de pensar en esas cosas que sólo te provocan más dolor de cabeza”, le advirtió su conciencia, que adoptó una voz cansina. Nada más de pensar en las personas que podrían estar buscándolo, más que nada porque podía ser que aquellas personas ni siquiera existan. Volvió a destaparse, sólo que esta vez no lo sorprendió encontrarse con sus tatuajes. El problema ahora fue mover las piernas.
  Temía no lograr mantenerse de pie, debilitarse a mitad de camino y caer. Después de todo, no recordaba haberlas utilizado nunca. ¿No se suponía que por instinto debía de haberse puesto de pie? ¿Por qué se ponía a pensar en si podía o no caminar? Las movió un poco, se veía bastante bien. Nada parecía anormal. Y si el doctor le había dicho que podía levantarse, se suponía que no debía preocuparse. “¿Confiarás en el tipo que se encarga de mantener este extraño lugar precisamente?”. No, no podía ser tan cobarde. Esa pregunta no podía haber cruzado por su cabeza justo en ese momento. ¿Confiaba en el tal Adam Bell? Era la única persona con la que había hablado desde que despertó, y parecía tan amable. Se dedicó a escucharlo, prometió ayudarlo… Una persona así no podía tener nada de malo. “Sí, yo confío en él”, se contestó a sí mismo.
  Bajó los pies hasta que tocó el piso y permaneció sentado durante unos segundos. Vio la ropa que le había dicho el doctor, estaba encima de la silla. Tomó aire y ayudándose a impulsarse con sus manos, se puso de pie. Al principio sí sintió sus piernas demasiado frágiles como para mantenerlo. Temía que aquella sensación de debilidad lo derribe, pero no fue así. Se debía al tiempo que había estado en cama y al que había estado tirado en la playa, quién sabe cuánto tiempo había sido, además del hecho de que seguramente había adelgazado bastante. Sus piernas temblaban mientras atravesaba la habitación, hasta que por fin llegó junto a la silla y se sostuvo de esta. Suspiró. Sí podía, y pudo gracias a que confió.
  Tomó el pantalón corto que le habían dejado y se lo puso, y luego tomó la remera de mangas cortas también. En lugar de zapatillas, tenía una especie de sandalias para ponerse en los pies. Por un lado, agradeció que le hayan dejado esa ropa, porque el calor que hacía era increíble. Aunque por otro, sabía que se habría sentido más cómodo con un par de zapatillas.
  Se acercó a la ventana y observó bien el paisaje por primera vez. Se encontraba delante de un jardín bastante grande, bañado por los rayos de sol que proyectaba la sombra de los grandes árboles que lo rodeaban. Hacia un costado, podía ver más del edificio en el que él se encontraba, y del otro, una pared de ladrillos no tan alta. Había varias personas afuera disfrutando del hermoso día que hacía. Cerca de su ventana, una pareja se hallaba sentada en un banco haciendo intercambio de regalos. Ella, una mujer bastante joven y de cabello lacio y rubio, abrió su paquete y sacó sólo una parte de una tela floreada.
  —Oh, Ian… Es hermoso —le dijo con una amplia sonrisa—. ¿Lo elegiste tú?
  —Por supuesto, amor. Cuando fui a la ciudad el mes pasado, lo vi y pensé que te quedaría muy bien a ti —contestó él acariciándole la mejilla.
  No tuvo ganas de saber cómo reaccionaba Ian a su regalo, ni cómo seguía aquella escena, así que desvió la vista hacia otro lado e hizo oídos sordos. No mucho más lejos, un hombre se encontraba agachado ante unas masetas llenas de flores, con una pala en una mano y un sombrero sobre su cabeza. Se lo veía exhausto, pero al parecer era el fin de su trabajo.
  —Este año crecerán mucho más lindas —dijo como pensamiento en voz alta mirando hacía las flores a las que les había removido la tierra.
  A lo lejos, bajo la sombra de un árbol, vio a alguien más. Era una mujer también bastante joven, en una silla de ruedas. Le apenó pensar que él hacía instantes temía no poder caminar sabiendo que podía hacerlo, mientras que ella se veía privada de aquello por el problema que tenía. Sin embargo, la veía tranquila. Leía, demasiado concentrada como para prestar atención a la pareja, o al hombre que había estado trabajando en sus plantas, con su largo cabello castaño cayendo sobre su rostro levemente. De repente, levantó la vista hacia él, que rápidamente giró su cabeza hacia otro lado.
  Cerca del hombre que había trabajado con sus flores, había otra pareja más, aunque no parecían ser novios en realidad. Ella se balanceaba sobre una hamaca, mirándolo a él atentamente, sin decir una palabra.
  —Vamos, Sam, si sabes dónde está mi maldita cámara, debes decírmelo —le dijo él haciendo exageraciones con las manos, como si ella no pudiera oírlo, a pesar de que estaba gritando. La joven no abrió la boca, pero se encogió de hombros dando a entender que no quería decírselo más que decir que no sabía. Él suspiró—. Escúchame, sé que no me dirás nada ¿de acuerdo? ¡Entonces puedes decírselo a Jude! No me enojaré contigo, te lo prometo, pero dime dónde está mi cámara…
  Pero no había caso. Al parecer, la tal Sam no pensaba abrir la boca, literalmente, porque se encogió de hombros nuevamente y saltó de la hamaca, dispuesta a dejarlo solo.
  Y él seguía allí, en su habitación. Al verlos a todos ellos, disfrutando a su manera del aire fresco que recorría el jardín en aquel momento, le dieron más ganas de salir de ese lugar. Así que, olvidando por completo que antes temía caerse al caminar, se dirigió hacia la puerta con tranquilidad, aunque por dentro deseaba correr. Tenía su mano en el picaporte ya cuando empujaron la puerta del otro lado y lo golpearon en la frente. Lo que faltaba: otro golpe más para hacer regresar el dolor de cabeza.
  — ¡Dios mío! Lo siento tanto, Nicholas —le dijo una mujer tomándolo de rostro e inspeccionándolo. Tenía que obligarlo a agacharse porque era más baja que él—. ¿Te encuentras bien?
  —Sí, sí, descuide —contestó aún así frotándose la frente y sin poder disimular su gesto de dolor. Luego la miró—. Katherine, ¿no es cierto?
  —Sí, así es —contestó ella sonriendo levemente—. El doctor me dijo que si no salías, que venga a verte. ¿Vas a salir ahora?
  —Eso pensaba hacer… De todas formas, la esperaba más tarde —contestó él, volviendo con el tic de rascarse la nuca con nerviosismo.
  —Sí, pero tenía que pasar de todas formas a buscar algunas cosas. Aprovecharé entonces a que sales para cambiar tus sábanas…
  —Yo puedo hacerlo.
  —Nada de eso, Nicholas —repuso al instante, y un mechón de su pelo negro voló sobre su cabeza. Él frunció el ceño—. Ahora ve afuera de una vez. Lindo día elegiste para despertar.
  Lo empujó hacia fuera, luchando contra él que quería detenerse a preguntarle algo.
  —Escuche, ¿cómo me ha llamado?
  Pero Katherine ya había cerrado la puerta. Pensó en entrar nuevamente, pero no quería que ella le tire la silla por la cabeza, así que decidió que lo mejor era irse. Se encontró en un pasillo largo que tenía varias puertas además de la de él. Del lado izquierdo, al fondo, había una ventana que iluminaba prácticamente todo el pasillo, y al lado un par de asientos vacíos. Del otro lado, más allá de la última puerta, una gran habitación. Caminó hacia allí, donde debía estar la salida.
  No se cruzó con nadie, y al llegar al fin del pasillo, tampoco vio a nadie. Era un living gigante, del triple de tamaño de su habitación, o más grande aún. Había unos sillones marrones en un costado, rodeando una pequeña mesa sobre la cual había un juego de cartas desparramadas. En el centro, había una mesa adornada con un grandioso florero, aunque éste estaba vacío. Había más allá otro juego de sillones más, y algunas otras cosas, pero aquel lugar tan grande, se encontraba vacío. O por lo menos hasta ese momento.
  Rápidamente, alguien pasó corriendo desde una puerta hacia la otra (que conducía hasta el jardín), tan rápidamente que ni siquiera llegó a verle la cara. Luego de unos segundos, otras dos personas más corrieron en la misma dirección, hablando agitadamente, riendo y sin notar que él estaba allí. Se sobresaltó bastante, y pensó que tal vez escapaban de algo, aunque no le encontraba sentido a las risas. Después llegó una última persona, pero no se fue hacia fuera. Él se quedó mirando hacia el jardín, agachado sobre sus rodillas, respirando agitadamente.
  — ¡Malditos chiquillos! Ya verán… Hablaré con el señor Adam… Los echarán de aquí… —jadeó el hombre, que iba vestido también de bermudas, remera, y con un gorro de tela a cuadros. Se giró, y al verlo, lanzó un suspiro—. Me van a matar algún día, lo juro…
  Luego volvió hacia el lugar de donde había venido, murmurando algo sobre la gente que iba a ese lugar para poder estar en paz y se encontraba con esos rufianes.
  “No saldré gritando, porque si me pongo a pensar, en realidad nada de lo que he visto hasta ahora es normal”, se dijo a sí mismo para tranquilizarse. Caminó adentrándose más en el living, y estiró el cuello para ver hacia fuera. Los tres jóvenes que habían pasado corriendo delante de él se reían a carcajadas tirados en el césped, con la vista hacia el cielo. Luego miró hacia donde se había ido el hombre que los perseguía. Parecía ser la dirección hacia la cocina.
  No pudo estar sólo demasiado tiempo más. Uno de los que había visto por la ventana hacía un rato, llegó desde afuera, con la vista fija en el objeto que tenía en la mano. Al notar que él estaba allí, lo miró y sonrió ampliamente.
  — ¡Oye! Veo que despertaste, Nick —le dijo en forma de saludo. Él lo miró extrañado—. Pero tú no me conoces, qué tonto soy… Soy Aaron. Yo te encontré hace un par de semanas. Estaba sacando fotos porque la playa se veía muy hermosa ese día, el cielo estaba despejado, no había demasiado viento. Generalmente es muy difícil conseguir buenas fotos del lugar, aunque no parezca. Entonces, buscaba algún caracol o algo para hacer una foto especial, tenía la escena en mi mente, ya podía ver la imagen sin haberla tomado aún… ¡Y allí estabas tú! Por un momento me asusté, creí que estabas muerto. Pero cuando vi que todavía respirabas, guardé mi cámara en la mochila y te levanté. Al parecer, no llevabas inconciente mucho tiempo, porque te veías más gordo que ahora…
  —Disculpa que te interrumpa —se atrevió a decir al notar que Aaron no tenía en mente detener su relato—, pero quisiera saber ¿cómo me has llamado? Bueno, el doctor Adam me dijo… ¿Nicholas? Y Katherine también…
  — ¿Acaso ese no es tu nombre? —Preguntó Aaron con extrañeza—. A mí me dijo Adam hace un rato que has despertado, y me dijo ese nombre. Es un gran hombre Adam. Seguro la semana que viene te acompañará a la ciudad para que puedas ponerte en contacto con tu familia… ¿De dónde eres? ¿Por qué estabas tirado en la playa?
  —Ojala pudiera saberlo —mencionó lanzando un suspiro—. Supongo que está bien que me llamen de alguna manera después de todo, pero no sé si Nicholas es mi verdadero nombre.
  —No me digas que… —dejó su oración sin completar y abrió grande la boca—. ¿No recuerdas nada de nada? —Él meneó la cabeza, y Aaron se llevó las manos a la boca—. Maldición, lo siento mucho… Recuerdo que a mi tío le pasó lo mismo. Claro, ahora él está muerto, pero se suicidó por eso. Estuvo en la guerra de Vietnam y lo hirieron. Llegó a casa y no recordaba nada de nada. Se desesperó porque mi tía lo atormentaba diciéndole todos los días que no debió haber ido a la guerra, pero el pobre ni siquiera sabía que él había tomado esa decisión en el pasado. Fue terrible en verdad. Intentamos ayudarlo, pero se rindió fácilmente… A veces la familia te sofoca, ¿sabes?
  Se calló y clavó su vista en el piso, como si aquellos recuerdos lo atormentaran. Al parecer, había dado con el punto débil de Aaron sin siquiera conocerlo. Genial, era la primera persona con la que hablaba y ya lo había arruinado. Ni siquiera había hablado demasiado. Tal vez ni siquiera él tenía la culpa, el problema era que Aaron hablaba mucho.
  —Si me disculpas, iré a dejar esto en mi habitación —dijo luego, todavía algo afligido. Le mostró el objeto y sonrió—. Es mi nueva cámara, quisiera saber quién la ha dejado para mí, aunque ya me lo imagino… Por cierto, ¡feliz Navidad!
  Y habiendo dicho esto, se marchó metiéndose por un pasillo en frente de él.
  Así que su nuevo nombre era Nicholas… No sabía si le agradaba o no, pero por un lado, pensaba que había hecho bien el doctor Adam en bautizarlo de alguna manera hasta que comience a recordar cosas. Él sólo no podía haber decidido qué nombre ponerse, le costaba pensar en que debía abandonar algo que había sido, a pesar de que no lo recordaba, para ser algo nuevo. Pero al final pensaba que un nombre es sólo un nombre. Seguramente no era de importancia. Las personas que lo estaban buscando, lo buscaban a él, no a su nombre. Se llamase Nicholas, Aaron o Ian, iba a seguir siendo él la única persona que tenía todos aquellos tatuajes en el cuerpo, que extrañamente tenía algunas uñas con algo que parecía pintura negra, el único con todas sus características que no recordaba nada, que no tenía identidad. Su memoria se había perdido junto con ésta, de manera que él debía adaptarse a aquellas circunstancias. Nicholas se acercó a la puerta y volvió a observarse los brazos. Lo único que sintió en ese momento, fue la abstinencia a alguna sustancia en su cuerpo, que no sabía qué era. Le llegó un humo que provenía del tan Ian, que fumaba tranquilamente al lado de su novia. Eso era lo que quería, un cigarrillo. Se extrañó más aún al pensar en aquel extraño deseo.

Capítulo 6.
  A pesar de querer salir, la idea de que todos los que estaban en el jardín le prestasen atención no le atraía demasiado. Quería salir a respirar el aire fresco sin conocer a nadie más además de Aaron por el momento. Y es que, después de los escasos minutos que llevaba fuera de su habitación, se había dado cuenta de que para tratar con esa gente había que tener verdaderas ganas de hacerlo. Hasta el momento, por lo menos, no había conocido a nadie con el que se pueda hablar sin tener que hacer esfuerzo para no pararse e irse. El doctor Adam, le había dejado tantas dudas pendientes durante su primera y corta charla, que le desesperaba saber por qué el tipo no podía entablar una conversación sin misterios. No deseaba tampoco hablar con alguno de los tres que habían pasado corriendo y riendo como locos delante de él, no todavía. Le había parecido muy divertido molestar a alguien, pero su dolor de cabeza podría empeorar si tenía que correr y esquivar las cosas que el viejo les habría arrojado por la cabeza. Y Aaron era, simplemente, estresante. Cada palabra que salía de su boca hacía que regresen los martillazos, uno tras otro, uno más doloroso que otro. Y aún así, le había caído muy bien, a pesar de que pensó que sería útil implantarle un botón de “apagado” en alguna parte del cuerpo para que deje de hablar alguna vez. El problema no eran ellos, ni él mismo, pero se sentía demasiado agotado todavía como para soportar corridas, incógnitas y charlas en voz alta e interminables. Esperaba llegar a eso un poco después.
  Sus deseos de salir hacían que la rodilla le tiemble, haciendo el amague de avanzar cada cinco minutos. Miró hacia atrás. No había habido nadie en el living desde que Aaron se dirigió hacia su habitación. Suspiró. Podía quedarse sentado allí hasta que se haga de noche y los ocupantes del jardín decidiesen entrar a charlar en el living. Entonces, se vería obligado a hablar con alguien de todas formas, a sentir los martillazos en su cabeza, y no habría podido disfrutar del aire fresco, como pretendía. Volvió a mirar hacia el jardín. Todos estaban concentrados en cualquier otra cosa, menos en prestarle atención a la puerta, donde él se encontraba. La pareja seguía conversando, pero Ian llevaba entonces unos anteojos de sol oscuros, que supuso que había sido el regalo de su novia. El jardinero se dedicaba ahora a regar las flores ubicadas a los pies de la otra pared, mientras que la chica que había discutido con Aaron, estaba tirada en el césped observando al cielo, muy cerca de la chica que estaba sentada en la silla de ruedas, leyendo todavía. Los tres amigos que habían salido corriendo ya no estaban. Nadie podía molestarlo. Tal vez levantarían sólo sus miradas, para observarlo durante unos segundos, y después volverían a lo que habían estado haciendo hasta el momento, como mucho harían algunos comentarios en voz sumamente baja. Tragó saliva con dificultad, pero al final no le importó. Avanzó lentamente.
  Una leve brisa acarició su rostro y sacudió su cabello negro. Se hizo pantalla con la mano para cubrirse del sol, que daba directo a sus ojos y observó a su alrededor. Se veía todo mucho más lindo que desde la ventana. Caminó bordeando el edificio del que había salido, hasta la sobra de un árbol, cerca de donde estaba la joven leyendo su libro. Se dio cuenta de que no sabía exactamente dónde ir, pero aún así, el hecho de haber salido le provocó cierta tranquilidad. Suspiró con alivio, saliendo de todo aquello que lo había estado asfixiando desde que despertó. Se dejó caer contra el tronco del árbol y cerró los ojos. Nada podía arruinar aquella tranquilidad. Pensó, además, que nadie se atrevería a interrumpirlo, ya que su cara lo demostraba todo. Estaba bien sólo y era uno de esos momentos de paz y tranquilidad que uno debe transitar de vez en cuando, para despejar su mente. Pero a pesar de ser muy evidente el estado en el que se encontraba, que era muy obvio que llevaba en su frente un enorme cartel que rezaba “NO MOLESTAR”, se atrevieron a acercarse a él de todas formas, para estirarlo bruscamente y sacarlo del maravilloso lugar por el que su mente volaba y hacerlo caer a tierra.
  Le tocaron el hombro levemente, aunque antes de eso ya había notado que la brisa que lo envolvía había sido obstaculizada. Abrió los ojos con el ceño fruncido, más por extrañeza que por enojo, y terminó de sorprenderse al ver que quien lo llamaba era la joven de la silla de ruedas que había estado leyendo tranquilamente. Sobre sus piernas estaba el libro en el que había estado tan concentrada hacía instantes, en donde sus manos descansaban. Una cortina de lacio cabello castaño caía sobre su rostro, de facciones finas y delicadas, en donde se hallaba dibujada una leve sonrisa, tan amable como la que le había dedicado el doctor Adam durante toda la charla que habían mantenido, aunque obviamente la de ella era mucho más linda. No se atrevió a articular palabra alguna, pues era evidente que ya tenía toda su atención en ella y esperaba oír lo que tenía para decir. “Por lo menos no fue Aaron el que te alejó del paraíso”, pensó con ironía.
  —Disculpa, pero yo si fuera tú, me iría a descansar a otro lado —dijo por fin ella, sin borrar la sonrisa de su rostro. Volvió a mirarla extrañado.
  — ¿Por qué te molesta que esté aquí? —inquirió él.
  —Puedo darte dos buenas razones —comenzó y enumeró con los dedos: —Primero, estás apoyando tu trasero sobre las flores de George, y no creo que te dé una muy buena bienvenida si te descubre.
  Se levantó al instante, aunque evidentemente ya era tarde. Varias flores se habían aplastado, aunque afortunadamente no muchas. Miró rápidamente al hombre, que seguía regando sus plantas del otro lado del jardín. No lo había visto.
  —Gracias por avisarme —mencionó haciendo una mueca, y ella lanzó una risa.
  —No fui yo la que se dio cuenta. Me lo dijo ella —repuso girándose hacia la chica que había discutido con Aaron antes de que éste hable con él—. Se llama Samantha… No se atrevía a decírtelo ella.
  —Ya veo —murmuró mirando a la extraña joven, que había desviado la vista al instante al notar que hablaban de ella—. De todas formas, en algún momento iba a notar mis pantalones mojados… ¿Y la otra razón?
  —Oh, seguro no lo habías notado porque tenías los ojos cerrados, pero… No creo que ellas te reciban del todo bien si te quedas aquí por mucho tiempo —contestó señalando hacia arriba.
  En lo alto, entre la espesura de las hojas del árbol que les hacía sombra, se veía un constante movimiento alrededor de un panal, acompañado de un constante zumbido que él no había oído hasta entonces. Ella volvió a mirarlo, aunque él no despegó su vista de aquella imagen.
  —Si te descuidas, te aseguro que pueden dolerte mucho sus picaduras —mencionó mientras él observaba horrorizado a las abejas que entraban y salían de su hogar.
  — ¿Cómo es que no han sacado eso de ahí? Son peligrosas, podrían lastimar a alguien —se alarmó volviendo su vista hacia ella, que lo observó durante unos segundos con expresión nula. Luego de aquel silencio, estalló en carcajadas, como si le hubiese contado un chiste graciosísimo. “Si se rió porque le dije que las abejas son peligrosas, mejor no le cuento que no recuerdo nada de mi pasado o podría morir de un ataque de risa”, se dijo internamente, y lamentando también haber perdido su tranquilidad.
  — ¿Sacar a las abejas de ahí? ¡Qué tontería! —exclamó todavía riendo.
  —No entiendo qué tiene de tonto, son peligrosas. Si tú no me hubieses dicho que estaban allí, seguramente me habrían picado.
  —Porque tú estabas invadiendo su lugar. Dudo mucho que te ataquen, de todas formas, por recostarte bajo el árbol, pero es mejor prevenir. Ahora no nos están haciendo nada, ¿no? Porque no tienen por qué hacerlo. Saben que morirían si nos atacaran por nada; si nosotros no atacamos, ellas tampoco lo harán. Entonces me parece tonto sacarlas, destruir su hogar y destruirlas a ellas, que no hacen mal a nadie… Seguramente no existe un lugar como éste, para las personas sin hogar, pero hecho para abejas. Eso sería muy gracioso.
  Rió levemente y volvió a mirar hacia arriba. Él la observó en silencio. Lo que decía tenía sentido, aunque no se había puesto a pensar así antes. Bueno, parte de esa culpa la tenía su dolor de cabeza, que maravillosamente había desaparecido hacía un rato, además que por su mente circulaban miles de cosas más importantes que las abejas. Ella volvió a mirarlo, y él clavó su vista en el piso de inmediato.
  —Me llamo Jude —se presentó extendiendo su mano, y él la estrechó.
  —Soy Nicholas, supongo —dijo haciendo una mueca de desagrado. Ella frunció el ceño sin comprender.
  — ¿Por qué el “supongo”? —preguntó intrigada.
  —Todo el que habla conmigo ahora me dice así, entonces es mi nombre. “Hola, Nick, ¿cómo estás?”, me gustaría decirles cuál es mi verdadero nombre, pero realmente no tengo idea de cuál es —explicó exhalando un costoso suspiro.
  — ¿No sabes tu nombre? ¿Qué te ocurrió?
  —No recuerdo nada, ¿sí? No sólo no sé mi nombre. No sé de dónde vengo, si tengo familia, si tengo amigos… Ni siquiera sé el significado de estas cosas en mis brazos y el resto de mi cuerpo, es decir, ¿yo me los hice alguna vez? Ni te imaginas lo desesperante que es no saber nada de nada —soltó tomándose el rostro con ambas manos. Ella le observó los brazos atentamente.
  —Bueno… Algo que sé es que seguramente tuviste una vida muy interesante —mencionó cruzándose de brazos. Él la miró de inmediato.
  — ¿Por qué dices eso? —inquirió sin quitarle la vista de encima.
  —Eres extranjero. Tu acento es muy estadounidense. Así que seguramente caíste aquí de pura casualidad —señaló lo mismo que el doctor Adam le había dicho—. Y por otro lado… Una persona que se hace tantos tatuajes es alguien que tiene demasiado por qué vivir y demasiado por valorar, o simplemente alguien que quiere llamar la atención. Yo diría que cada uno de los dibujos en tus brazos deben tener un gran significado, porque tatuarse el nombre de tres personas, y sobre todo, la cara de una mujer… Debió ser muy importante para ti.
  No lo había pensado de esa manera. Entonces era probable que esas personas, su familia, sí lo estuvieran buscando. Probablemente estaban esperando noticias de él, de su paradero, y si volvía, podría recordar todo. Al pensar en eso, se entusiasmó muchísimo, un brillo apareció en sus verdes ojos.
  —Es verdad, y tal vez me estén buscando —le dijo sonriendo.
  —Claro que sí —contestó sonriéndole también—. Supongo, a pesar de todo, que he cometido un error. Si Adam no te había dicho esto antes, tal vez le hubiera gustado que lo descubras solo.
  —No importa —repuso restándole importancia—. Me dejó con demasiadas dudas, una menos no me hacía mal.
  Ella lanzó una risa y luego se calló. Pensó durante unos segundos y luego lo volvió a mirar.
  —Si me esperas en el living, te mostraré algo, que quizás te ayude —le dijo girando la silla de ruedas.
  — ¿Qué cosa? —preguntó extrañado, siguiéndola mientras ella comenzaba a alejarse.
  —Le he regalado a todos algo, y tú no habías despertado antes, porque te hubiera visto, pero ya sé qué te daré —contestó yendo cada vez más rápido.
  —Pero no debes molestarte…
  Ya no lo escuchaba. Había ingresado al edificio nuevamente y se había ido por el pasillo que lo conducía también hacia su habitación, pero no la siguió. Al final, no le había desagradado hablar con ella. No había hecho que los efectos del martillazo regresen, así que no podía quejarse. Era bastante distinta a todos con los que se había cruzado hasta el momento, por su manera calmada y sencilla de decir las cosas y explicarlas. Y al mismo tiempo, tenía ese algo en común con las demás personas de aquella casa tan extraña y con él mismo: todos estaban, evidentemente, locos.
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Surprised! Fraaan está leyendo esto *-* xD Acá los caps, mejor me voy a escribir, a ver si llegan a la parte por donde voy antes de que pueda avanzar e.e xd

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Re: Yesterday

Mensaje por roxxiie.GD el Mar Jun 29, 2010 9:10 pm

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Re: Yesterday

Mensaje por Whatsernamee el Miér Jun 30, 2010 2:33 am

Maldición, lo siento mucho… Recuerdo que a mi tío le pasó lo mismo. Claro, ahora él está muerto

QUE AYUDA! XDDD ME MORÍ CON ESO! XD! pobre Nicholas xd (?

EDIT: quiero cap *-*!


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Re: Yesterday

Mensaje por Fraaaan★ el Miér Jun 30, 2010 4:13 pm

yo igual kero *-*

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Re: Yesterday

Mensaje por Scattered.Pictures el Miér Jun 30, 2010 4:43 pm

dasdada me respondiste sin responder(? ... ok, ya se quien es WOOT , quiero mas! WUB , ademas de the judge's daughter , westbound sign , y having a blast WUB dasdada, ahora que tengo tiempo puedo leer xD

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Re: Yesterday

Mensaje por Greenxxday el Miér Jun 30, 2010 10:25 pm

NaturalxDisaster escribió:! Fraaan está leyendo esto *-* xD

porque lo dices?? Laughing ella nunca lee fics? Huh?
amé los caps WUB caro quiere más WOOT xD

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Re: Yesterday

Mensaje por Fraaaan★ el Miér Jun 30, 2010 10:39 pm

yo siempre leo distinto eske leo sin decirlo xD

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Re: Yesterday

Mensaje por NaturalxDisaster el Jue Jul 01, 2010 1:32 pm

^ Con razón, es que nunca vi que comentaras alguna fic mía... o tengo memoria de mosquito Very Happy
__________________________________________________________________________________________

Capítulo 7.
  Volvió enseguida nuevamente. Él la había escuchado acercarse por el leve susurro que omitían las ruedas de la silla al arrastrarse por el suelo, en vez de los pasos que habría escuchado si se tratara de cualquier otra persona. Se levantó del sillón en el que se había sentado, cerca de la ventana, y se acercó hacia ella, que igualmente lo hizo acercarse hasta el sillón otra vez.
  —Feliz Navidad —le dijo extendiéndole un paquete envuelto con rapidez, y abierto debido a que no había tenido con qué pegarlo.
  Sonrió levemente y lo tomó. Quitó el papel, ni siquiera había tenido la necesidad de romperlo, y sacó del improvisado envoltorio un cuaderno bastante gordo de tapas duras, y lápiz que ya había sido usado antes. La miró y antes de que pueda decir nada, ella comenzó a explicarle.
  —Creo que si no recuerdas nada, puede hacerte bien escribir. Escribe sobre cualquier cosa y lo que tengas ganas. Puede que esos hechos que relates, o lo que sea que escribas, sean mismas experiencias de la vida que tuviste antes de sufrir el accidente que hayas sufrido. Podrás acomodar tus ideas, porque me imagino que tu cabeza no debe estar tan organizada que digamos… Y disculpa el lápiz, era mío. Está usado, pero es bueno.
  Volvió a observar su regalo, y, naturalmente, tampoco había pensado que un cuaderno y un lápiz pudieran servir de esa manera. Todo lo que le había dicho hasta el momento tenía un sentido inexplicable, que lo hacía confiar, agradecerle realmente. Le sonrió con timidez.
  —Gracias, me gustó mucho —le dijo en voz algo baja, a lo que ella contestó con una simple sonrisa—. Yo… no tengo nada para regalarte.
  —No te preocupes por eso. Supongo que el regalo que nos has hecho a todos fue despertar. Es que fue todo tan extraño… El día en que llegaste, hasta Aaron, que es difícil de impresionar puesto que vive aventuras diez veces más interesantes que los demás, se sintió extraño, nunca había pasado algo así… Más sorprendente fue que despertaras tan rápido —le contó frunciendo la boca. Luego suspiró—. ¿Quieres un café?
  —Claro —contestó sonriendo.
  —Mis brazos están algo cansados, ¿me harías el favor de llevar la silla? De paso conoces la cocina, si es que nadie te ha hecho recorrer el lugar aún…
  Se levantó y la llevó por donde ella le indicaba, con el cuaderno bajo su brazo. Por la ventana, se veía el atardecer.

Capítulo 8.
  Cada cosa que sucedía en aquel lugar era más rara que otra. Y se había acostumbrado a eso, que al final lo raro se le hizo muy familiar y normal en muy poco tiempo. Sólo con haber conocido al doctor Adam, a Aaron y a Jude, y tener de vista lo extraño que se comportaban Sam, los tres chicos, el jardinero George y el viejo con aspecto de golfista, le bastaba para darse cuenta de que todos los demás no podían ser muy distintos. Los más normales parecían entonces Ian y su novia, Lily, y aún así también eran bastante extraños. Mientras conversaba en el living tomando café con Jude, los había oído planear sus próximas vacaciones al monte Everest. Ella le había dicho que esa iba a ser probablemente la experiencia más peligrosa que habrían enfrentado juntos, y él le había contestado que peligrosa o no, ella misma lo había dicho: iban a estar juntos. Es así como Nick prefirió concentrarse por completo en lo que Jude le decía, y no prestar más atención a los excéntricos planes de la joven pareja, que por lo menos parecían ser felices. No ocurría lo mismo con otros. Sam parecía estar siempre aislada de los demás, y no se acercaba a Jude, probablemente porque no quería hablarle a él. Los observaba de vez en cuando, y luego volvía a la solitaria tarea de hacer tiempo. George, el jardinero, parecía muy empecinado en cuidar sus plantas. Seguramente las habría sofocado de tanto regarlas y removerles la tierra, pero seguía afuera a pesar de que había anochecido. Y había vuelto a ver a los tres jóvenes, que resultaron llamarse Mark, Mike y Matt. Se habían presentado cuando pasaron para preguntarle a Jude si no sabía dónde guardaban las latas de pegamento. Ella les había dicho que no tenía idea, y ellos, algo decepcionados, se fueron rápidamente.
  —No es para hacer nada que perjudique su salud —aclaró cuando los tres muchachos se retiraron—. Pero una lata de pegamento y una peluca vieja en manos de esos tres pueden causar un escándalo terrible… No me quiero imaginar lo que deben estar planeando ahora.
  Y a pesar de todas esas cosas fuera de lo normal, él podía incluirse entre todos esos casos especiales. Después de todo, se hacía llamar Nicholas porque no sabía quién era y no tenía idea de nada. Por lo menos, todos los demás tenían un pasado, bien grabado en su memoria, y realmente cada uno tenía que ser muy terrible como para quererlos olvidar. Y a él le hubiera gustado tanto poder elegir entre olvidar o recordar…
  Ya cuando afuera en el jardín se escuchaba el leve cantar de los grillos y por la ventana se podía apreciar una hermosa luna llena en el cielo oscuro, vieron que Aaron llegaba desde su habitación. Ya no se lo veía para nada deprimido. Al verlos a los dos conversando, se acercó rápidamente, aunque, como había pasado en otras oportunidades, era para hablar con Jude. Se sentó delante de ella con una sonrisa en su rostro.
  —Oye, no debiste molestarte, en serio —le dijo sin que Nicholas entienda una sola palabra de lo que hablaban.
  —Me harías un gran favor si dejaras de pensar en que fue una molestia para mí si sacaras la maldita cámara y te pusieras a disfrutarla —repuso Jude lanzando una risa.
  — ¡Sí la saqué! —Exclamó de inmediato, y le mostró la funda—. Aunque todavía no tomé fotos…
  —No sé qué esperas para hacerlo —le dijo ella nuevamente.
  —Está bien, pero quiero que la primera sea contigo.
  Sacó la cámara y se puso al lado de ella, para después sacar la foto. La observó durante unos segundos y después volvió a guardar el objeto.
  — ¿Cómo estuvo tu primer día, Nick? —le preguntó a él, que había permanecido en silencio hasta entonces.
  —Emm… Tranquilo, supongo —se limitó a contestar sonriendo levemente. No tenía demasiadas ganas de explicar que, a pesar de no haber echo grandes cosas, se sentía exhausto y que su cabeza pedía a gritos un descanso.
  —Suertudo —rió Aaron—. Nadie tiene un primer día tranquilo aquí… Yo todavía recuerdo cuando llegué. Llevaba sólo mi vieja cámara, y al rollo le quedaba sólo una foto. Entonces salí al jardín, como tú lo hiciste esta tarde, y le saqué una foto a una rosa de la planta que George había estado cuidando, era la primera que había dado ese rosal alguna vez. Me sentía muy deprimido en realidad…
  Nick pensó que debía de ser terrible el pasado de todos los que estaban ahí realmente como para querer olvidarlo. Si todos reaccionaban como lo hacía Aaron cuando recordaba de repente parte de lo que había dejado atrás, seguramente era mejor intentar no tocar aquellos temas. No tenía nada de interesante hacer deprimir a una persona cada cinco segundos.
  —Tal vez como la primera rosa que creció en aquel rosal, el día en el que llegaste aquí fue el primero de días mucho mejores que se dieron en tu vida y todo lo bueno que te espera aún —le dijo Jude—. Y el rosal está cada día más grande y lleno de flores.
  Aaron le sonrió ampliamente. Para ese tipo de cosas, era evidente que Jude era muy buena. Su optimismo había salido a la luz desde que habían comenzado a hablar aquella tarde, y no había desaparecido para nada. De repente, una mujer salió de la cocina. Llevaba un delantal floreado y una cuchara gigante en una mano, qué golpeó contra la pared. Todos los presentes se giraron a observarla.
  —Para los interesados en cenar, ya pueden pasar a servirse —dijo elevando su voz. Se giró sobre sus huesudas piernas y se metió en la cocina otra vez.
  — ¿Qué hay para cenar hoy, Aaron? —preguntó Jude girándose hacia él.
  —Acabo de preguntarle eso a los trillizos —contestó poniéndose de pie—, y es noche de pizzas.
  —Genial —dijo ella, y Aaron corrió hacia su habitación—. ¡Búscanos luego, y llama a Sam!
  Él le hizo señas para que se quede tranquila y luego desapareció.
  —Vamos a cenar, ¿te parece? —le dijo Jude girando la silla.
  —Por favor, muero de hambre —contestó él poniéndose de pie de un salto.
  Jude lanzó una risa y se dirigieron hacia el comedor, atravesando la cocina. El lugar era más grande aún que el living, y había varias mesas llenando el espacio. Varios ya estaban sentados y comiendo, mientras conversaban tranquilamente. Nicholas no pudo dejar de notar que también había varias personas solas, entre ellas, el hombre que había perseguido en la tarde a los tres amigos, que comía sus porciones de pizza con cuchillo y tenedor. A pesar de eso, no dijo nada, y siguió a Jude, que se acomodó en una mesa vacía, al lado de la mesa en la que se encontraban Ian y Lily.
  — ¿Cómo estás, Jude? —le preguntó la rubia con una radiante sonrisa.
  —Muy bien, por suerte. ¿Ya planearon sus próximas vacaciones? —contestó ella, girándose un tanto, mientras Nick tomaba asiento.
  —En eso estamos… Probablemente sea Hawai —dijo Ian con entusiasmo. Todavía tenía puestos los anteojos oscuros que Lily le había regalado.
  Luego se giraron y siguieron cenando y conversando entre ellos. Jude se giró hacia la mesa nuevamente y Nick la observó perplejo.
  — ¿Realmente van a ir a… el monte Everest y a Hawai de vacaciones? —preguntó intentando que no suene mal la manera en que lo hacía. Jude sonrió.
  —A veces no necesitas ir a esos lugares maravillosos para sentirte en ellos… Entendí eso cuando llegué aquí, aunque no me lo tomé de la misma manera que se lo tomaron ellos, ¿entiendes? —contestó y él hizo un gesto de comprensión.
  —Me cuesta entender el por qué lo hacen en realidad… Es decir, nada de eso es verdad —dijo confundido.
  Ella sonrió pero no llegó a decir nada, ya que en ese momento llegaron Mike, Matt y Mark, y se sentaron en frente de ellos. Nick supo que Jude no habría dicho nada de todas formas. Volvió su vista hacia los tres amigos, que se acomodaban rápidamente. Matt golpeó a Mike en la nuca para que se corra y le deje más espacio a los otros dos.
  — ¿Cómo estuvo su día? —preguntó Jude a los tres. Una vez que se acomodaron bien, Mike la miró con una sonrisa.
  —Bastante interesante, diría yo. ¿Tú qué opinas, Matt? —se dirigió al joven que estaba sentado a su lado.
  —Nos faltaron terminar algunas cosas de nuestra larga lista de tareas, pero… Estuvo interesante, es verdad. ¿No es así, Mark?
  —Por supuesto. De todas formas, podremos terminar mañana con la difícil tarea de descubrir dónde escondió el doctor Adam el pegamento —contestó mirando a Jude, y Mike estiró su mano para darle un golpe en la nuca—. ¡Oye! ¿Dije algo malo?
  —Y encima preguntas… ¡Nadie tiene que saber! —exclamó éste con tono de obviedad.
  —Te recuerdo, Mike, que de todas formas, ya le habíamos preguntado a la querida Jude por la lata de pegamento anteriormente…
  —No importa, nosotros dos haremos como que no oímos nada —intervino Jude en la discusión, y los tres sonrieron.
  —Gracias —dijeron a la vez, y se miraron con complicidad.
  Justo después llegaron Aaron y Sam. El primero se sentó al lado de Nicholas, y Sam se quedó al lado de él.
  — ¡Hola, chicos! —Saludó Aaron a los tres amigos—. ¿Todavía no buscaron las pizzas?
  —Evidentemente, no —contestó Matt alzando las cejas.
  —Yo voy a buscarlas —dijo Mike, poniéndose de pie—. ¿Vienes conmigo, Aaron?
  Los dos se levantaron y se dirigieron a la cocina, mientras los demás seguían conversando tranquilamente. Matt y Mark eran muy divertidos, y Nick notó de inmediato por qué estaban juntos todo el tiempo. Simplemente, estaban hechos el uno para el otro, y era obvio que Mike también. La única que parecía no decir nada durante el resto de la noche era Sam, que permanecía callada, escuchando la conversación. Después llegaron Aaron y Mike, con pizzas y gaseosas, y volvieron a sentarse a la mesa.
  —Sírvete, Nick, no seas tímido —le dijo Aaron, volviendo a ocupar su lugar a su lado. Él sonrió y agarró una porción de pizza, aunque casi al instante notó algo muy raro.
  Sam lo miró sobresaltada, y a la vez con extrañeza, como si hubiese algo de esa pequeña frase que no hubiera entendido. No se atrevió a mirarla fijamente, pero una rápida mirada bastó para notar la clara expresión del rostro de la chica. Nunca le había incomodado tanto una persona que ni siquiera había cruzado media palabra con él (bueno, teniendo en cuenta que no recordaba haber conocido demasiadas personas en su vida exceptuando las que vivían con él en ese momento). Prefirió no ponerse a pensar en eso en ese momento. Se estaba divirtiendo mucho conversando con los demás, y no quería pensar en nada que lo preocupase.
  De a poco, el comedor se fue llenando más, y descubrió que no era poca la cantidad de gente que vivía en ese lugar. La única mesa que estaba casi vacía, era en la que cenaba solo el hombre que antes había sido molestado por los trillizos (como les decía Aaron a pesar de que ninguno se parecía demasiado al otro), pero en las demás, había varios grupos de personas que comían tranquilamente. Eran pocas las que se aislaban y no hablaban con nadie, pero permitían al menos que otros se sienten en su misma mesa. A medida que transcurría el tiempo, Sam lograba poner a Nick cada vez más nervioso. Lo observaba como si nadie pudiera entender lo mismo que estaba entendiendo ella en aquel momento, y se alarmaba cada vez que alguien hablaba con él. No pasó mucho tiempo hasta que Jude también se dio cuenta.
  —Después hablaré con ella —le dijo en voz baja cuando él había desviado la vista rápidamente, una vez más.
  Era muy tarde cuando todos empezaron a irse a sus habitaciones, aunque de la mesa de ellos, nadie se había levantado aún. Al parecer, Aaron no pensaba dejar de contarle sus interminables anécdotas y los trillizos no dejarían de prestarle atención para bromear de vez en cuando. Jude dio un suspiro, y si hubiese podido caminar, se habría levantado.
  —Creo que es momento de que me vaya a la cama —anunció mirando de reojo a Sam.
  — ¿Ya? Vamos, Jude, aún es temprano —dijo Mark, y sus dos amigos asintieron al instante.
  —Lo siento, pero realmente no es lo que yo considero temprano, Mark. Además, me espera una escalofriante historia por leer, y estoy tan cansada que dudo mucho que avance demasiado con eso —explicó pasando por detrás de Nick y Aaron. Se detuvo al lado de Sam—. Te acompaño a tu cuarto, ¿quieres?
  La joven asintió con un movimiento de su cabeza y se levantó. Jude saludó a los demás, y ambas salieron del comedor, en dirección a las habitaciones.
  —Fue un bonito día de Navidad, ¿no es así? —comentó Aaron, poniéndose de pie. Se desperezó y luego miró a los demás—. Será mejor que me acueste yo también. Mañana debo ir a la playa a tomar las fotos que no saqué el día en que te encontré —le palmeó la espalda a Nick, que no supo si sonreír era lo correcto—. Y espero poder revelarlas para mandarlas antes de año nuevo…
  — ¿De eso trabajas? —le preguntó con interés.
  —Por supuesto, Nick. No me deja demasiado, podría conseguir algún lugar que me pague mejor… Pero es mi afición por la fotografía, y me gusta la libertad que tengo de capturar las imágenes que yo quiero —contestó con una sonrisa—. Pero tampoco puedo pretender que las fotos se tomen solas.
  —Sácanos una foto a nosotros tres, Aaron. Cualquiera te pagaría millones por una firmada —propuso Mike y le guiñó un ojo.
  —Seguramente que sí —le dijo él riendo—. Hasta mañana, amigos.
  Salió del comedor.
  —Oye Nick, ¿por qué no acompañaste a Jude? —preguntó Mark apoyando los codos en la mesa y sosteniéndose el mentón con ambas manos.
  —Supongo que porque fue Sam, no lo sé…
  — ¡Qué poco discreto eres, Mark! —le gritó Mike, pero esta vez se contuvo de darle un golpe en la nuca. Sin embargo, después se giró hacia Nick y sonrió con picardía—. ¡Has estado todo el día con ella, eh!
  —Hablamos mucho sobre éste lugar y esas cosas… Me ayudó bastante, ¿qué tiene de malo? —inquirió sin comprender a dónde quería llegar. Matt meneó la cabeza.
  — ¿La amnesia hace que la gente se vuelva más inocente? —inquirió Mike, y Mark rió.
  —No tiene nada de malo, obviamente —le dijo Matt a Nick, y no pudo contener más su sonrisa—, todo lo contrario, puede que tenga mucho de bueno.
  Alzó las cejas varias veces, y los otros dos volvieron a reír. Nick lanzó una breve risa y meneó la cabeza.
  —Jude ha sido buena conmigo simplemente… Al igual que Aaron, fueron las primeras personas con las que hablé. Es simplemente eso —explicó a pesar de que sus mejillas habían adoptado un color más rojizo.
  —Si tú lo dices…
  — ¡Qué cosa el amor! —recitó Mike, y Mark lo miró alzando una ceja.
  —Después yo soy el poco discreto…
  —Vamos, aliento de perro, no te enojes.
  —Mejor vamos a dormir —los calló Matt—. ¿Vienes, Nick?
  —Sí, no me quedaré aquí solo —contestó él, y luego se pusieron de pie.
  Los trillizos lo acompañaron hasta su habitación y allí se despidieron. Allí estaba otra vez, el lugar en el que había despertado. La cama estaba arreglada, y la jarra ya no estaba encima de la mesa de noche. Aparentemente, Katherine había deducido que no la necesitaría ya, o que por lo menos, podría levantarse él mismo para ir a la cocina a buscar agua. Se quitó el calzado y se tiró en la cama mirando hacia el techo.
  Por fin había terminado, el primer día de lo que podría llegar a ser el resto de su vida. No sabía si se quedaría allí para siempre, si volvería a despertar si se quedaba dormido, si al otro día habría despertado de una terrible pesadilla, seguía sin tener demasiada idea sobre nada. Suspiró profundamente, y se giró hacia un costado. No tenía un pasado, y hasta ese momento, las cosas se iban dando de manera muy espontánea. Dejó de pensar en lo que podría llegar a pasar, por lo menos por ese momento. Ya llegaría el día en el que comenzaría a recordar cosas, o tal vez no. Hasta entonces, nada de pensar en el mañana. Para él, no había futuro.
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Re: Yesterday

Mensaje por roxxiie.GD el Jue Jul 01, 2010 3:54 pm

OH TENGO INTERNET EN 1 MINUTO SE ME CORTA Very Happy qe miarda speedy ! D:
me pase :3 qeria ver si subiste xD

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Re: Yesterday

Mensaje por Greenxxday el Jue Jul 01, 2010 4:54 pm

es genial Sam xDD se me imagina que puede pasar algo entre ella y "Nick" xDD
ahora, a seguir! WOOT

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Re: Yesterday

Mensaje por Whatsernamee el Jue Jul 01, 2010 5:04 pm

"Nick" XDDD! ^

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Re: Yesterday

Mensaje por NaturalxDisaster el Lun Jul 05, 2010 5:05 pm

^ Sam y "Nick"... mmm 1313 (?) Basta, no me siento bien, dejo cap porque Roxxie me lo pidió D: xd
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Capítulo 9.
  No era difícil que los días transcurran con lentitud en aquel lugar. La ansiedad luchaba junto a la amnesia, y juntas estaban destrozándolo por completo. El réferi de la pelea era el tiempo, que había sido sobornado por la feliz pareja, de manera que no saber absolutamente nada cada vez se hacía más pesado. Su mente no podía dejar de trabajar ni un segundo si se hallaba solo, y giraba alrededor de las mismas ideas, una y otra vez, sin lograr sacar una miserable conclusión. De a momentos, en las tardes en las que el calor era más intenso y hacía que le canse caminar de un lado de la habitación a otro, volvía el dolor en la cabeza. Los efectos del martillazo se sentían como si hubiese sido muy reciente el día en el que él había ido a parar en aquella institución. El doctor Adam le había dado unas pastillas para esas ocasiones en las que su cabeza parecía estallar, y afortunadamente lograba calmarlo un poco. Pero cuanto más tranquilo estaba, más pensaba, y no sabía cuál de las dos era peor.
  Ni siquiera en sus sueños podía permanecer tranquilo. Imágenes confusas le invadían cuando cerraba sus ojos para descansar, y lo perseguían hasta cuando se levantaba, para sumarse a la lista de cosas en las que pensaba a diario. De repente, se encontraba en lugares que no conocía, que según lo que podía recordar, nunca había visitado. El recuerdo más claro de aquellos sueños que tenía, no era demasiado alentador. Se veía a él mismo, en la habitación de un hotel. El lugar era un completo desastre, y su aspecto no desentonaba mucho con aquella pobre decoración. Además de que la cama estaba desecha, había varias botellas alrededor, y un desagradable olor a encierro. Una mujer abrió la puerta, dejando entrar una fuerte luz proveniente del pasillo, por lo que él no pudo verle el rostro. Tampoco oía lo que le decía. Comenzó a gritarle cosas, a sollozar, pero su voz se transformaba en un fuerte balbuceo al llegar a sus oídos. Lo que él le contestaba también era un misterio, pero sabía que estaban discutiendo fuertemente. Entonces ella lo golpeó, y después… Estaba en el asiento de un avión. No veía claramente el lugar. Desde el momento en el que había recibido la bofetada, su vista se había nublado, pero pudo deducir que se encontraba sentado allí. Su cara estaba empapada, y entonces oyó otra voz. Salía de unos parlantes, y él intentó prestar atención, pero cuando cerró sus ojos, despertó.
  Estaba sudando, aunque era muy probable que su cara se encontrase húmeda debido a algunas lágrimas. Tragó saliva con dificultad y sin poder calmar la desesperación que sentía, se echó a llorar. Abrazó sus rodillas y comenzaron a resbalarle lágrimas por la cara, y la angustia seguía acumulándose, en su pecho, donde más dolía. Intentó calmarse, había sido sólo un sueño… ¿o no? Había grandes posibilidades de que aquellas imágenes pertenezcan a momentos vividos por él alguna vez. Lanzó un insulto, y se contuvo de gritar. ¿Por qué demonios no había podido ver claramente a aquella mujer? ¿Por qué no pudo ver nada más que su patética imagen ebria y tirada en una apestosa cama de hotel? Sus puños estaban cerrados tan fuertemente que se estaban tornando de un color más rojizo que lo común. Suspiró y comenzó a relajarse. Ya no tenía que lamentarse más. Después de todo, el doctor Adam le había dicho que era buena señal que haya estado soñando con ese tipo de situaciones, a pesar de que no tenía idea de cuándo habían ocurrido. “Sigues confiando ciegamente en ese sujeto, y terminarás cagándote, lo sabes”, oyó una voz que sonaba más pesimista que otras veces. Cerró los ojos y volvió a suspirar. “Te equivocas”, le contestó con decisión, “confío en que él intenta ayudarme de verdad”.
  Y sin querer pensar más en las voces que discutían en su cabeza, miró hacia la ventana. Afuera, estaba amaneciendo, calculó que debían ser cerca de las seis de la mañana. El sol ardía a lo lejos, detrás de los árboles, y se veía el despertar de varias flores que George se había encargado de regar el día anterior. Seguramente, nadie había despertado todavía, pero se puso de pie. Se acercó para observar mejor el jardín y suspiró nuevamente. Oyó el ruido de las abejas en el árbol, que estaba demasiado lejos de su ventana, pero desde que se había dado cuenta que estaban allí, parecía oírlas todo el tiempo. Tomó su ropa y se cambió para ir a desayunar algo. Ya no quería dormir más, porque sabía que el insomnio que extrañamente sufría, lo ayudaría a quedarse despierto hasta muy tarde aquel día. Iba a haber festejos en la casa. Era el último día del año.

Capítulo 10.
  Ya se había acostumbrado a no encontrar a la cocinera en la mañana. Ella sólo cocinaba los almuerzos y las cenas, ya que los desayunos eran muy irregulares. Estaban los madrugadores, que se levantaban extremadamente temprano para hacer quién sabe qué cosa; los que se levantaban cerca de las diez, horario en el que despertaba la mayoría; y los perezosos, como los trillizos, que permanecían activos a partir de las doce del mediodía, y generalmente ni siquiera desayunaban. Él no tenía un horario fijo. Un par de veces se despertó demasiado temprano, y había tenido que hacer tiempo de alguna manera (el cuaderno que le había regalado Jude sí le había servido mucho, después de todo), y otras se había sorprendido de sí mismo, porque había llegado a despertar a las dos de la tarde.
  No sabía si era bueno dormir tanto, pero cuando se lo comentó al doctor Adam, éste pareció no dar demasiada importancia al asunto. Seguramente, era una manera de recobrar las energías que perdía con el insomnio, con los dolores de cabeza, y demás problemas. Ser tan defectuoso no le agradaba para nada. Se sentía una molestia para sí mismo a veces, por lo que prefería no hablar de aquellos asuntos con nadie más, exceptuando el doctor. Y Jude, por supuesto. Ella había estado mucho tiempo con él aquellos escasos días que había permanecido allí. Al principio se había sentido una molestia, porque casualmente él siempre la encontraba a ella, pero ella nunca a él. Entonces cuando la veía, la saludaba rápidamente, aunque después ella se acercaba para conversar. Así volvía a sentirse a gusto nuevamente. Le contaba todo, desde el más pequeño dolor, hasta los más extraños sueños, y ella lo escuchaba con atención, intentando sacar alguna buena conclusión, o simplemente para permanecer en silencio luego. Él sabía que cuando no le decía nada era porque prefería guardarse esas cosas para armar conclusiones mucho más coherentes después de un tiempo, aunque no estaba seguro. Sabía que la mente de Jude, tanto como la de él y principalmente como la del doctor, trabajaba de una manera especial y distinta a la de los demás. Por un lado, era la mejor consejera que tenía, nadie allí lo hacía entrar en razón como ella lo hacía, y por otro, sabía que, como todos los que iban a parar a aquel lugar, debía de tener sus grandes problemas, de los que ni siquiera ella misma podía escapar. Debía de tener un pasado verdaderamente problemático, pero tampoco sabía si, tal vez, aquellos problemas se habían solucionado. Tal vez se había quedado allí para ayudar al doctor Adam, pensó, y el agua en la pava comenzó a hervir.
  Desayunó tranquilamente, lavó lo que había utilizado y se dirigió al jardín, con su cuaderno y su lápiz bajo el brazo. Se sentó debajo del árbol que tenía el panal en lo alto (cuidando de no aplastar las flores), y se puso a escribir de inmediato lo que había soñado. Cualquiera que leyera ese cuaderno encontraría cosas demasiado incoherentes a simple vista. Por último anotó: “Lloraste como un maricón y cerraste tus ojos. Después de eso, resultó que llorabas de verdad”. Suspiró y levantó la vista. Ya el jardín estaba bañado por los fuertes rayos de sol de la mañana, y podría haber jurado que había escuchado a alguien adentro gritando. Volvió su vista hacia su cuaderno nuevamente y escribió: “¡Maldita sea, estás demente!”.
  Lo cerró con brusquedad y se guardó el lápiz en el bolsillo. Se puso de pie, y justo al instante, la puerta se abrió. Se detuvo y vio a Jude salir, y lanzar una rápida mirada alrededor. Al verlo a él, sonrió levemente y se acercó. Él también se acercó a su encuentro.
  —No sé por qué pensé que ya podrías estar aquí —comentó cuando estaba junto a él.
  —O lees mentes, o comienzas a conocerme bien —contestó lanzando una risa—. ¿Desayunaste?
  —Hace cinco minutos. La única levantada es Sam, y pensábamos salir a dar una vuelta —le dijo mientras él la ayudaba a girar la silla y se dirigían hacia adentro. Hizo un gesto de comprensión que ella no pudo ver, ya que estaba dándole la espalda. Aún así, dijo: —Puedes venir si quieres. Deberías, en realidad. Tengo entendido que no conoces los alrededores, ¿no es así?
  —Tienes razón, no he salido desde que desperté —contestó alzando las cejas—. ¿Es lindo?
  —Hermoso —contestó con una instantánea sonrisa—. ¿Pero para qué te cuento? Ahora lo verás.
  Al llegar adentro, él fue a dejar el cuaderno y el lápiz a su habitación rápidamente, y después volvió con ella, que lo esperaba en el living, junto a Sam. Al llegar, vio que también estaba Aaron allí. Lo saludó interrumpiendo alguno de sus relatos, y luego se calló hasta que él terminó.
  — ¿Van a salir a algún lado o qué? —Preguntó con interés—. Yo tenía ganas de ir a dar una vuelta.
  —Sí, adivinaste bien, Aaron. Saldremos a dar una vuelta por el bosque… Al menos que Sam prefiera ir a algún otro lado —contestó Jude. Él hizo un gesto de comprensión—. Puedes venir con nosotros, si quieres. Y de paso, me ayudas a mostrarle lugares más interesantes a Nick, que es la primera vez que saldrá de aquí.
  — ¡Cierto! Bueno, te encantará el lugar, Nick. Hay algunos caminos, a pesar de que nadie circula por aquí nunca, ¿sabes? No pienses que te vas a meter en una selva virgen. Pero después todo es muy natural y agradable —le dijo a él, que le contestó con una sonrisa y asintió con un movimiento de su cabeza—. Hace un par de días estaba caminando por la playa, y llegué mucho más lejos que nunca antes, y descubrí que había una pequeña cabaña. No era grande, era como esas casas del árbol que teníamos mis hermanos y yo cuando éramos chicos. Estaba arriba de un árbol también, aunque la madera parece fuerte todavía. No se me ocurre quién pudo haberla puesto allí, pero podríamos ir a ver.
  —Suena interesante —mencionó Jude—. Pero te recuerdo que la arena y las ruedas no se llevan bien.
  —Podemos ir por un camino del bosque, que nos dejaría de la parte trasera de la casa. O simplemente podemos ir a la playa y te levantamos en brazos —repuso él rápidamente, y ella rió.
  —Con que salgamos un rato estará bien, ¿no? No se preocupen si no tenemos a dónde llegar —dijo Nick sonriendo levemente.
  —Bueno, es que… Pensé que estaría bien tomar algunas fotos de ese lugar —confesó Aaron pasando su mano por su nuca. Luego hizo un gesto restándole importancia—. No importa, mejor salgamos de una vez. Esperen que vaya por mi cámara.
  Salió corriendo hacia su habitación, y Jude, Nick y Sam lo siguieron, ya que por allí quedaba la puerta principal. Él, al notar que Samantha estaba tan callada como siempre, pensó que tal vez sería bueno cruzar algunas palabras con ella. Después de todo, pasaban mucho tiempo juntos, pero no se atrevían ni siquiera a mirarse.
  — ¿Cómo estás, Sam? —le preguntó mirándola por encima de Jude. Ella se limitó a sonreírle levemente y desvió la vista.
  —Emm… Nick, creo que hay algo que no te he comentado —le dijo Jude agarrándolo de la remera para que se agache a su altura—. Sam no habla… En realidad sí puede, pero con la única persona que habla es conmigo, y si tengo suerte. No ha cruzado ni una sola palabra con nadie desde que llegó aquí, y dudo que lo haga contigo, ¿entiendes?
  —Oh, lo siento —mencionó ruborizándose al instante.
  No dijo más nada. El rubor en sus mejillas y la incomodidad que sentía por lo que había sucedido le duró hasta que Aaron los alcanzó en la puerta con su cámara colgada del cuello. Abrieron de par en par las puertas, y salieron.
  Delante de ellos, había un camino de tierra, que aún así estaba bien firme, que se cruzaba delante del edificio y lo separaba de un bosque inmenso. Nick supuso que no tenía fin, ya que sólo lograba ver que si uno se metía por allí, tendría que caminar kilómetros hasta llegar al otro lado, si es que existía “el otro lado”. Hacia la derecha, el camino se extendía hasta que a lo lejos parecía hacer alguna curva, pero rodeado de más y más bosque, y hacia la izquierda era igual, pero la curva parecía estar más cerca.
  — ¡Vamos hacia el norte! —gritó Aaron comenzando a caminar.
  — ¿Y eso es hacia…?
  —Hacia la izquierda —contestó Jude lanzando una risa.
  Él tomó la silla para empujarla y comenzaron a caminar por el camino de tierra a la sobra de los árboles tranquilamente. Notó que de vez en cuando, entre el bosque se abrían otros caminos más estrechos, algunos mejor formados que otros, pero ellos siguieron por la ruta, en realidad siguiendo a Aaron. El ambiente era fresco y muy agradable. Cada vez que respiraba, le daba gusto recibir aquel aire tan limpio y puro, incluso más que cuando salía al jardín. Jude lo observó y le sonrió.
  —Es lindo, ¿no?
  —Sip. Me encanta —contestó él volviendo a poner su vista en el camino—. Aunque el bosque también me da mucha curiosidad.
  — ¡Ja! Espero no cometas nunca la gran estupidez de meterte solo allí. Bueno, al menos que conozcas bien el lugar, o tengas buen sentido de la orientación… Como no salgo demasiado, el único camino que sé que nos dejará directamente en la playa, es este, pero hay miles de maneras más rápidas de hacerlo, cortando camino por allí —hizo una seña con la cabeza hacia la espesura de los árboles—. El que se conoce el lugar de memoria es Aaron. Se lo sabe mejor que los trillizos, de hecho. Y te podrás imaginar que ellos también saben bastante, si sabes que les gusta meterse en problemas constantemente.
Nick lanzó una risa y permaneció en silencio.
  —Me gustaría ver más algún día —mencionó.
  —Tendrás tiempo para eso —contestó ella—. Al menos que se solucionen tus problemas antes, pero hasta entonces, no debes pensar en el tiempo.
  —Intento no hacerlo…
  —No lo hagas —repuso ella—. Sabes que el tiempo no para, pero no debes estar pendiente de él. Si te gusta el lugar, disfrútalo mientras puedas, porque sabes que en cualquier momento podrían salir a la luz las respuestas a todas tus dudas. Y estar tranquilo y relajarte es parte de ello.
  —Tienes razón. Debe ser que soy algo ansioso en realidad… Ya me gustaría saberme todos los caminos, como Aaron, pero a la vez, sé que nunca lo lograré si recupero rápido la memoria. Y también deseo mucho eso, y que pase pronto…
  —Lo que no te conviene es confundirte a ti mismo —dijo Jude agachando levemente la vista. Pensó que iba a continuar, pero permaneció callada, por lo que él frunció el ceño.
  — ¿A qué te refieres? —inquirió mirándola atentamente.
  —Bueno, sabes lo que quieres. Tienes muy claro que deseas recuperar la memoria, saber de dónde vienes… Pero no debes confundir ese objetivo. A lo que me refiero, es que tal vez no deberías tomarle cariño a nada que tenga que ver con el lugar en el que estás viviendo —lo observó con una amarga sonrisa y él la miró sorprendido—. El afecto muchas veces nos juega en contra, por más de que sea lo que gran parte de nosotros queremos. Debes saber desde ahora, que si llegas a recordar quién eres, y el resto de tu vida, lo más seguro es que quieras irte… Y lo siento, pero hay cosas que tampoco yo puedo responder, porque no lo sé todo. Pero espero que entiendas a qué me refiero.
  —Sí, te entiendo —contestó quedamente. Se calló durante unos segundos, limitándose a empujar la silla mientras pensaba—. Creo que de todas formas, eso no es un gran problema, Jude.
  Ella lo observó de reojo, alzando una ceja.
  — ¿Tú crees? —preguntó con una leve sonrisa.
  —Sí, sí lo creo. Ya les he tomado mucho cariño a ustedes, porque me ayudaron, y me siguen ayudando… Pero todavía sé cuál es mi objetivo, que es lo que debo hacer. El problema es que no sé qué es lo que recordaré al momento en el que lo haga, pero estoy seguro que al momento de hacerlo, sabré qué decisión tomar.
  —Me alegra saber que tienes tantas esperanzas.
  —A mí también. No sé de dónde han salido, y estoy desesperado, pero no sin esperanzas —dijo sonriendo. Ella le sonrió también, y justo entonces, una brisa un tanto más fresca y fuerte les golpeó el rostro.
  — ¡Llegamos! —gritó Aaron a lo lejos, bajo los fuertes rayos de sol.
  El camino terminaba allí, y el resto era arena, tan blanca y fina como la sal. Más allá, se veía un manto azul que no tenía fin. Por fin estaban en la playa.
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Re: Yesterday

Mensaje por roxxiie.GD el Lun Jul 05, 2010 5:10 pm

eh voh no me mandes a la miarda a mi (? we yo te amo , qe diablos te pasa? Sad u.u i love you ♥

a leer..

Edit:

el agua en la pava comenzó a hervir.


FLASHIEEE MAAAAAAAL!, PENSE QUE DESPUES IBA A DECIR "... PARA TOMAR UNOS MATES" jajajajajajajajajajajaj naa estoy mal xD

me fui ala miarda :3

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Re: Yesterday

Mensaje por Greenxxday el Lun Jul 05, 2010 10:40 pm

en que momento subiste cap *0*
mañana lo leo, es tarde y no tengo tiempo para nada D:

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Re: Yesterday

Mensaje por NaturalxDisaster el Mar Jul 06, 2010 1:48 pm

roxxiie.GD escribió:eh voh no me mandes a la miarda a mi (? we yo te amo , qe diablos te pasa? Sad u.u i love you ♥

a leer..

Edit:

el agua en la pava comenzó a hervir.


FLASHIEEE MAAAAAAAL!, PENSE QUE DESPUES IBA A DECIR "... PARA TOMAR UNOS MATES" jajajajajajajajajajajaj naa estoy mal xD

me fui ala miarda :3

LMAO! xDDDD! Nada blda, un montón de cosas, es largo de explicar (: A veces me agarra la depresión... pero encima de la depresión, me dolía terriblemente la cabeza, y todavía a veces me agarra, es como de a ratos, y parece como si me latiera la cabeza -.- Además [sí, puede ser pero xd] duermo mal, tengo pesadillas, me despierto y me duele la cabeza, es terrible D: Pero ya se está pasando, supongo xd gracias por preocuparte (: ♥

Greenxxday escribió:en que momento subiste cap *0*
mañana lo leo, es tarde y no tengo tiempo para nada D:

Subí ayer xD no te hagas problema, yo recién ahora estoy recuperando un poco de tiempo (:

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Re: Yesterday

Mensaje por NaturalxDisaster el Jue Jul 08, 2010 9:39 pm

Subo y me voy a la mierda x.x Pero antes... COMERCIALES Very Happy (?)

Hey guys! Hace unos... diez minutos (?) terminé de escribir algo en blog una nueva historia. No es fic, porque no se trata de ningún famoso ni nada similar, pero tiene futuro (I) So, if you wanna read... She came in through the bathroom window puede ser leída en mi blog Smile Y eso xD
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Capítulo 11.
  Aaron se acercó corriendo hacia ellos nuevamente y se agachó ante Jude, dándole la espalda.
  —Agárrate de mi cuello —le dijo rápidamente.
  —Oh, Aaron, no dejaré que…
  — ¡Vamos! Por allá hay sombra, nadie te robará la silla. Agárrate de mi cuello —insistió girándose un tanto.
  Ella suspiró y luego de dudarlo una vez más, se agarró del cuello de él, que le pidió ayuda a Nick para levantarla. Una vez que estuvo de pie, comenzó a correr hacia el mar. Jude gritaba mientras él agitado reía como loco, mientras Nick se daba vuelta de la risa. Sam también se rió, captando la atención de él.
  —Vamos, Sam. Vamos nosotros también —le dijo haciéndole una seña con la cabeza, y corrieron hasta donde estaban los otros dos.
  — ¡Aaron, NO! —oyeron de repente.
  Aunque aún así, él ya no oía lo que Jude le decía. Se metió entre las olas sin soltarla, gritándole a Nick y a Sam que se apuren. Ellos lo hicieron, Nick pensando que era lo mejor, por las dudas de que Aaron no soporte el peso de Jude y la fuerza de las olas. Estuvieron un largo rato allí nadando y tratando de que Jude deje de gritar y reír a la vez, hasta que los labios se les pusieron morados. El agua salada era azul intensa, y la espuma tan blanca como la nieve; bañarse en aquellas playas era lo mejor.
  De repente, Nick se detuvo y permaneció con su vista fija a lo lejos, en la raya que dividía el cielo del mar. ¿Eran aquellas las aguas que lo habían castigado y desligado de toda su larga vida? Se imaginó a él mismo, siendo arrastrado por aquellas brutas olas, perdido entre la bruma, inconciente… a punto de morir. A lo lejos se veían algunas islas. No sabía si vivía gente allí, pero si había alguien, tal vez ese era su hogar, y el que él haya aparecido en aquel lugar tenía una explicación muy razonable. ¿Cómo había hecho para no perderse en el fondo del océano, ahogado? Era un milagro extraño, tal vez hubiese preferido dejar su cuerpo en el fondo pudriéndose antes que sufrir aquella incertidumbre. Se sintió muy deprimido de pronto, qué horrible que era todo si se ponía a pensar.
  —Está bien, ahora salimos —oyó que dijo Aaron de repente, sacándolo de su ensimismamiento—. Caminemos hacia allá, ¿quieren? Y si nos da el tiempo (y a mí las piernas), lleguemos hasta la casa que les dije.
  —Podemos ir por el otro lado, no quiero que me cargues todo el camino, Aaron. Soy pesada, y queda lejos —repuso Jude mientras volvían hasta la arena.
  —Exageré cuando dije que quedaba muy lejos, no te preocupes. Además, corre un viento muy agradable, y no pesas tanto —le contestó él.
  —Si quieres, la llevo yo ahora —se ofreció Nick una vez que estuvieron lo suficientemente lejos del agua.
  —OK, cuando te canses, la llevaré yo.
  —Me hacen sentir una carga —murmuró ella alzando una ceja.
  —Cállate, Jude —dijeron los dos a la vez.
  Comenzaron a caminar. Nick llevaba a Jude colgada de su cuello mientras conversaba con ellos, y Sam se limitaba a escuchar. Pesaba más de lo que se había imaginado, aunque era obvio. El peso muerto de sus piernas era lo que soportaban sus brazos, aunque sabía que a ella no le agradaba demasiado ser una carga. A cada rato pensaba en volver. Es por eso que el camino para él se hizo un poco más largo que lo que fue en realidad. Jadeaba levemente cuando Aaron por fin se detuvo.
  —Díganme si no es hermoso —les dijo señalando hacia los árboles.
  En el límite del bosque, en uno de los árboles, estaba, tal cual les había dicho Aaron, la pequeña casa de madera. El frente estaba para el lado de la playa, y no tenía ni puertas ni ventanas, sólo sus marcos. Las escaleras parecían algo mohosas, aunque no se veía ni siquiera demasiado sucia, para ser que había estado abandonada por mucho tiempo, seguramente, y a su alrededor caían varias ramas del árbol en el que se apoyaba la estructura.
  —La limpié la última vez que vine. Tenía miedo de encontrarme con alguna serpiente o bicho raro adentro, pero no había nada. Y la madera es tan seca que definitivamente no sería lugar para algo así. Sí había arañas en el techo, pero ninguna rara, eran pequeñas —explicó Aaron al ver la boca de Jude abrirse para decir algo relacionado con el estado de las escaleras.
  —Bien, supongo que entonces sí podemos ir a ver —dijo ella, aún así con desconfianza.
  —Me harían un favor enorme, chicos —jadeó Nick, subiéndola más a Jude, que se le estaba cayendo.
  —Oh, lo siento tanto, Nick. Sabía que debimos haber venido por el otro lado…
  —Déjame que te llevo, Jude. Y vamos, ¿me esperan allí? Sacaré algunas fotos y vuelvo luego —mencionó Aaron mientras Nick ayudaba a Jude a colgarse de él.
  Los demás asintieron, y se dirigieron hacia la casa. Una vez allí, Jude se sentó en las escaleras, dejando colgar sus piernas y con la vista fija en el mar, y Sam se ubicó a su lado. Nick se tiró en la arena, donde daba la sombra de los árboles, y cerró sus ojos levemente, demasiado cansado como para hacer otra cosa. Todavía tenía la ropa mojada, y eso lo refrescaba bastante. Abrió sus verdes ojos otra vez, y miró hacia el cielo, donde no había una sola nube. No podía evitar pensar en lo que había pensado cuando se metieron al agua. Tampoco podía ponerse a llorar allí, y arruinar la salida, o hacer preocupar a los demás. Sus problemas eran de él, y sólo él tenía la solución a ellos. El problema era que no sabía cuál era esa solución. La frustración era cada vez más grande, al igual que la desesperación.
  “Deja de pensar en eso, no ahora”, oyó claramente una voz apenada, que en realidad podría haber dicho “no vale la pena que pienses en eso ni ahora ni nunca”. Intentó centrar su atención en otra cosa, así que giró su cabeza hacia otro lado. Miró hacia las escaleras de la casita, y vio que Jude conversaba con Sam. Por un momento, abrió grande los ojos, hasta que recordó que Jude le había dicho que hablaba sólo con ella, y muy de vez en cuando. Seguramente era una charla bastante seria, porque no creía que Sam, que era prácticamente muda, desperdiciara aquellas tres palabras para charlar de cómo había estado el clima las últimas dos semanas. Además, se notaba que estaban demasiado concentradas en la conversación, y conocía la cara de análisis de Jude. Era la misma que ponía cuando lo escuchaba a él, aunque en esa ocasión se la veía bastante más extrañada. Y si algo era más extraño que lo que él le contaba a veces…
  — ¿Te gustó el lugar, Nicholas? —dijeron de repente, haciéndolo dar un salto. Se incorporó con rapidez, mientras Aaron se sentaba a su lado, riendo—. Dios mío, parece que hubieras escuchado a un fantasma…
  —Me asustaste, es todo —contestó lanzando una risita—. Sí, sí, me gustó mucho. Es… genial realmente.
  —Sí… Me acuerdo la primera vez que vine aquí. Todos se acuerdan la primera vez que estuvieron en esta playa. Son momentos únicos. Con esto no me refiero a que todos son buenos. No, no, hay algunos que son tristes… Pero inolvidables.
  —Bueno, puede que estés hablando con la primera persona que no recuerda la primera vez que estuvo en esta playa —le recordó amargamente, sin mirarlo—. Por lo menos la segunda vez, sí fue genial.
  —La primera vez que estuviste aquí… Lo siento, no debí haber dicho eso. Pero en tu primera vez, por más que no lo recuerdes, sí pasó algo bueno. Te salvaste, y no es por alardear, pero aparecí yo y eso es lo bueno. No te dejé morir —mencionó y Nick lanzó una breve risa irónica.
  — ¿Y si era eso lo que debía suceder? Tal vez por algo casi muero ahogado…
  —Y tal vez por algo te salvé —repuso Aaron. Nick alzó una ceja y suspiró—. No puedes saber qué es lo que sucedió todavía. No sabes si debiste haber muerto o no, pero estás vivo. Ahora, debes continuar viviendo. Y haya sido buena o no, la primera vez que te vi aquí, para mí estuvo bien poder ayudarte. Fue lo más raro que ha sucedido, porque nadie aparece por aquí así de la nada… Te ganaste ese lugar, Nick.
  —Qué bien, ahora soy el raro —dijo blanqueando los ojos. Luego lanzó una risa—. Era broma… ¿Cuándo volvemos?
  —En un rato. Debemos ayudar a preparar la fiesta de año nuevo —contestó Aaron sonriendo ampliamente y poniéndose de pie.
  — ¿Por qué es tan importante año nuevo para todos? —inquirió frunciendo el ceño.
  —Bueno… Es el comienzo de un nuevo año, y por más de que los días transcurren de la misma manera, y mañana tal vez la rutina será la misma que la de hoy, se fortaleza la esperanza en todos nosotros más que nunca. Los que siguen muy perdidos en los problemas que los llevaron a pisar la institución, vuelven a creer que ese año podría ser el que todo desaparezca, el año en el que todo saldrá mejor. Por mi parte, pienso lo mismo. Cada año siempre es mejor que el anterior, aunque después de recuperarme de todo eso que me traía mal, decidí no irme —explicó. Agachó la vista, algo atormentado—. Temo que si lo hago, podría volver a sentir todo lo que alguna vez sentí… Temo volver a estar solo, y aquí no lo estoy. Tengo un hogar, amigos, trabajo de lo que más me gusta… Es muy perfecto, y no quiero dejarlo.
  —Si te hace bien, supongo que no tiene nada de malo que estés aquí —repuso Nick encogido de hombros.
  Aaron meneó la cabeza levemente.
  —Me hace muy bien, pero… Todavía no he terminado de descubrir ciertas cosas, como tú. Y no creo que me falte poco para terminar.
  Nick se quedó en silencio, sin decir nada más. Entonces Aaron se acercó a la escalera, y les dijo a Sam y a Jude que ya tenían que volver. Dejó que su amiga se cuelgue de su cuello y una vez que Nick estuvo con ellos, comenzaron a caminar de vuelta. No volvieron a comentar nada el resto del día con respecto a aquella conversación.
__________________________________________________________________________________________

Uno solo porque es largo (?) Un par más y termina la primera parte e.e Tengo que ir más lento ._.

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Re: Yesterday

Mensaje por Greenxxday el Jue Jul 08, 2010 10:47 pm

ya termina la primera parte? O.O
I want the next chapter!! WOOT

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Re: Yesterday

Mensaje por Whatsernamee el Vie Jul 09, 2010 12:54 am

WTF? .__.! (sigo riendome de "Nick" XD)

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Re: Yesterday

Mensaje por roxxiie.GD el Sáb Jul 10, 2010 1:29 pm

SEGUIRE LEYENDO MAS TARDE SOLO QUERIA QUE SEPAN QUE ESTUVE X AQUI (? XD

DOMINGO: 02:25 PM
jaaja NICHOLAS me haces reir hombre(? jajaja espero el otro :3

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Re: Yesterday

Mensaje por NaturalxDisaster el Lun Jul 12, 2010 7:36 pm

WOOT Por fin pude bajar Alice, las dos partes subtituladas WUB [en realidad, se está bajando, dios bendiga el torrent ♥ (?)] So, estoy de buen humor WUB [también, después de horas de intentar Rolling Eyes...] En fin, caps! WOOT xD
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Capítulo 12.
  Y aquella noche, por más de que sabía que al día siguiente su día sería tan normal y rutinario como los demás, se notaba que era el último día del año. No exactamente por la extraña decoración que había adoptado la gran casa donde Nick convivía con los demás, sino que él mismo sabía que todo volvería a comenzar a partir de las doce de la noche. Tal vez Aaron tenía razón. Año Nuevo no era sólo una fecha más para todos; era el momento de más esperanza del año, donde ésta también visitaba a los que ya la habían perdido. La ilusión de que el nuevo año sería mejor que los anteriores se veía reflejada en el rostro de todos, a pesar de que en algunos más que otros.
  Él, pudiendo estar disfrutando de esas últimas horas como si fuera su último día de vida, haciendo quién sabe qué cosa en la casa que seguramente había tenido y con la familia que seguramente había tenido, se encontraba en ese momento en el jardín. Estaba sentado dejando caer su espalda contra la pared, con la vista fija en el cielo oscuro y estrellado. Por un lado, él también se encontraba esperanzado. Una de sus expectativas para el nuevo año era poder recuperar la memoria. Y aún así, se le hacía imposible. Temía tener la misma esperanza el próximo año, y el otro, y el otro también… Sin poder recordar nunca de dónde provenía. Agachó su cabeza y suspiró.
  Sintió un dulce perfume a vainilla, cada vez más intenso luego de que escuchó a alguien salir. Era Jude. Ese perfume era muy característico de ella, lo podría reconocer en cualquier lugar. Levantó la vista y la observó detenerse a su lado.
  —La cena ya está lista —le dijo ella, que no sonrió al verle la cara.
  —De acuerdo. Vamos…
  — ¿Qué te pasa? —preguntó haciendo caso omiso a la última palabra. Él suspiró y elevó la vista al cielo.
  —Lo mismo de siempre, mezclado con mi depresión debido a esto del año nuevo —contestó sintetizadamente—. Creo que es mejor que entremos, ¿no?
  —Es lo mejor —contestó asintiendo levemente—. Pero sé que podrás recordar todo muy pronto… Y luego, me gustaría hablar contigo. Pero será mejor esperar a que empiecen los festejos, ¿sabes? Todos estarán lo suficientemente ocupados como para interrumpirnos, y es un tema que seguro te interesará. No, no es el momento ahora, nos están esperando.
  — ¿Qué hay para comer?
  —Pavo —contestó sonriendo levemente. Él la ayudó a girar la silla y la llevó hasta adentro.
  — ¿Sabes algo? No me agrada demasiado la carne… La primera vez que comí aquí no se me hizo familiar como las demás cosas que probé —mencionó mientras se dirigían al comedor.
  —Puedes pedir que te hagan otra cosa para comer. Tal vez antes eras vegetariano —le dijo lanzando una risa.
  Al llegar al comedor, buscaron a los demás entre las personas que ya se encontraban cenando. El ambiente estaba mucho más alegre que en otras ocasiones, y no había ni una sola mesa en la que alguien esté aislado del grupo. Visualizaron a Aaron agitando la mano en una de las últimas mesas y se acercaron. Allí ya estaban sentados los trillizos, Sam, y además estaban Ian y Lily.
  —Por fin llegan. Ya nos estaban por traer nuestros platos —comentó Aaron.
  — ¿No debemos ir nosotros? —inquirió Jude mientras Nick se sentaba.
  —No, nos van a traer la cena. Es una de las cosas que arreglamos para hoy —contestó sonriendo.
  —Yo me enteré de otra —saltó Mark llevando un pedazo de pan a su boca—. Tú manejarás la música de la fiesta, ¿no es así, Aaron? Después de que brindemos y esas cosas, tú sabes.
  —Sí, te enteraste bien —le contestó él—. Aunque dudo que alguien deje de enterarse de algo si habla con el doctor Adam.
  —Yo creo que en realidad es todo lo contrario —mencionó Nick haciendo una mueca de desagrado.
  —Bueno, sabes a qué nos referimos —repuso Aaron blanqueando los ojos.
  Una vez que llegaron sus platos, cenaron mientras seguían conversando. Se le hacía gracioso a Nick, que nunca antes había cenado con Ian, que él trate de controlarse para no hacer tantas ridiculeces delante de su novia, cosa que era bastante difícil teniendo a los trillizos sentados en la misma mesa. Aunque a Lily parecía no importarle demasiado. Mantenía una charla muy interesante con Jude y Sam (la última sólo escuchaba en realidad). Sirvieron postres después de la cena, y cuando terminaron de comer eran cerca de las once y media.
  Se levantaron para dirigirse hacia el living, donde se dirigían todos los que iban terminando también. Aaron desapareció al llagar allí, se había ido a poner música. En el centro, habían puesto una mesa que tenía varias botellas de champagne y un montón de copas en el centro, listas para utilizarse al momento del brindis. Alrededor, había varios platos que contenían porciones de tartas y confites, que se iban agotando poco a poco. Nick se sorprendió al ver que el doctor Adam también estaba allí, conversando tranquilamente con una mujer. No llevaba el delantal blanco; vestía en esa ocasión, unos jeans oscuros, unos zapatos y una camisa blanca. Su cálida sonrisa sí se encontraba en su rostro como todas las otras veces que lo había visto. Cuando la música comenzó a sonar, dirigió su mirada hacia donde estaba Aaron y levantó la mano para saludarlo. Luego miró el reloj en su muñeca.
  —Falta poco para las doce —dijo Jude de repente, sacándolo de sus pensamientos—. Deberíamos servirnos algo para brindar.
  —Nosotros servimos —dijeron a la vez los trillizos, para acercarse luego hasta la mesa.
  —Oye, después sacarán esta mesa de aquí, ¿no Mike?
  —Claro, Matt. O eso quiero suponer. Hay que bailar.
  —Vamos, Mike, nadie quiere hacerlo…
  —Hay que conocer chicas lindas, Mark. A pesar de vivir años aquí, sabes que no terminas de conocerlas a todas —repuso fijando su vista en la joven que conversaba con el doctor Adam.
  —Y más que nada si estás planeando cómo molestar a los demás —mencionó Lily alzando una ceja.
  —Querida Lily —rió Mike rodeándola con su brazo—, el que tú no hayas perdido el tiempo, no significa que nosotros debamos apresurarnos también.
  —Por un lado, debe tener razón —mencionó Mark.
  —Claro que tengo razón —espetó ella, y se alejó de Mike—. Y tú quítame la mano de encima.
  Él blanqueó los ojos y comenzó a ayudar a sus dos amigos a servir las copas.
  — ¡Falta poco para las doce! —exclamó Aaron. Su voz resonó en todo el lugar con ayuda del micrófono que tenía en la mano—. ¡Acérquense a la mesa, tomen sus copas y prepárense para la cuenta regresiva!
  —Creo que está más feliz por tener un micrófono en la mano que por recibir el año nuevo —mencionó Jude lanzando una risita.
  Se acercaron y recibieron las copas que los trillizos les alcanzaban junto con todos los demás. El doctor Adam se acercó a ellos y los saludó también.
  —Nick, ¿cómo estás? —le preguntó cuando se acercó a él, dándole unas palmaditas en la espalda.
  —Bien, doctor, gracias —contestó él sonriendo levemente.
  —Me alegro, muchacho, me alegro mucho.
  —No pensé que pasaría Año Nuevo con nosotros —comentó él—. Como nunca lo veo por aquí…
  —Oh, pero eso no significa que no esté —repuso él sonriendo amablemente—. Ustedes son mi familia, y estas fiestas se pasan en familia, ¿no es así?
  —Por supuesto. Me gustaría saber cómo las pasaba antes.
  —Ya lo harás, Nicholas… Hasta entonces, debes ser paciente. Todo pasará a su debido tiempo —dijo él, sin borrar la sonrisa de su rostro.
  — ¡Diez! ¡Nueve! ¡Ocho! —comenzó a decir Aaron, y los demás se le unieron.
  —Espero que tenga razón —contestó Nick al doctor—. De verdad lo espero.
  — ¡Cinco! ¡Cuatro! ¡Tres!
  —Oh, por supuesto. Y es que en realidad, Nicholas, no hay que ser demasiado sabio para saber eso. Te darás cuenta de a poco que hay cosas esenciales, que ignorabas si bien estaban muy claras ante tus ojos.
  — ¡Dos! ¡Uno…! ¡Feliz Año Nuevo para todos! —gritó Aaron levantando su copa.
  Afuera y muy a lo lejos, se oían pequeñas explosiones, a la vez que todos levantaban sus copas. Después de brindar con algunas personas, los trillizos desaparecieron entre la multitud de gente durante unos segundos para aparecer con una bolsa de fuegos artificiales cada uno. Corrieron afuera rápidamente, parecía que no les daban las piernas para ello.
  —Veo que piensan postergar su búsqueda de novia —mencionó Lily alzando una ceja y meneando la cabeza levemente.
  —Vamos a ver —le dijo Jude a Nick.
  Salieron afuera con los demás, aunque varias personas prefirieron quedarse adentro. En el cielo se podía apreciar junto a las estrellas el espectáculo que habían armado en dos segundos. Las explosiones producían que cientos de luces se combinen, iluminando los rostros de todos. Nick sonrió levemente.
  — ¡Amo la pólvora! —gritó Mike mientras salía algo disparando de su lado, que terminó estallando en el cielo y arrojando luces azules por todos lados.
  —Sabía que se traían algo así estos tres —mencionó una voz que hizo que se sobresalte. Aaron había llegado junto a ellos.
  —Creí que te quedarías a manejar la música —le dijo Nick.
  —Claro, y eso hago. Pero no podía perderme este espectáculo. Desde que llegaron estos tres, podemos presenciar algo así. Antes debíamos conformarnos con escuchar las pequeñas explosiones que provenían de otros lugares. Era muy deprimente —le contó blanqueando los ojos—. OK… Creo que volveré al micrófono.
  Corrió hacia adentro nuevamente, y luego de unos segundos, escucharon que invitaba a todos a bailar en el centro de la pista. Nick se giró hacia el living, y vio que habían quitado la mesa. No muchos corrieron hacia adentro, pero poco a poco el jardín quedó vacío. Los trillizos hicieron estallar sus últimas reservas y luego decidieron que era mejor ir a cumplir con lo que se proponían: conseguir novia.
  No tenía demasiadas ganas de intentar bailar como veía que hacían algunos inexpertos. Nick prefirió quedarse con Jude. Ni siquiera sabía si antes de llegar allí había bailado alguna vez. Y a pesar de que no podían conversar muy bien debido al volumen de la música, prefería no averiguar si sabía o no bailar. Sam se había ido a acostar apenas habían brindado. Por lo menos no había quedado tan aburrido como ella.
  —Nick, ¿recuerdas que te dije que quería hablar contigo? —le dijo Jude casi a gritos después de un rato.
  —Oh, sí. Pero creo que es mejor que vayamos afuera. Si es tan importante, no deberíamos estar a los gritos —contestó poniéndose de pie.
  —Estoy de acuerdo —dijo ella, aunque al parecer él no la había escuchado.
  Salieron al jardín, donde ya no había nadie y la música se oía más apagada. Atravesaron el césped hasta llegar abajo del árbol, para que él pudiera sentarse también. Sus pies se humedecieron. En el aire, pudo ver varias lucecitas verdes encenderse y apagarse constantemente. Intentó agarrar una, pero se le escapó de las manos. Jude rió levemente.
  —Dudo mucho que puedas agarrarlos. Las luciérnagas aparecen siempre en verano, y en noches como ésta… Vaya que son hermosas —mencionó sonriendo levemente.
  Él sonrió también y prefirió no sentarse. Se recostó contra el árbol (cuidando de no pisar las flores), y miró hacia arriba.
  —Seguramente, es el año nuevo más extraño de mi vida —dijo intentando buscar el panal de abejas en la oscuridad de las hojas.
  —Yo diría que son los días más extraños en realidad —repuso ella.
  Él desvió sus ojos hacia ella y la observó durante unos segundos. Luego asintió.
  —Y es extraño comenzar… sin saber quién eres. Es decir, no es un buen comienzo, ¿no? De verdad no parece que todo vaya a mejorar…
  —Sí que mejorará —repuso ella, mirándolo apenada—. No debes pensar eso. Ya hablamos muchas veces de estas cosas, sabes que con el tiempo recuperarás la memoria. Volverás a donde perteneces, con tu familia… Sólo debes tener paciencia.
  —No puedo tenerla. De a momentos pienso que todo eso es verdad… Pero quiero que pase ya —Dijo meneando la cabeza levemente. Volvió a mirarla—. Por lo menos antes de hacer alguna estupidez…
  —Todo tendrá justificación —replicó ella mirándolo atentamente.
  —No, no todo. Aunque tal vez… Tal vez no me arrepienta —musitó.
  Se quedaron en silencio, sin romper el contacto visual, aunque a ambos les comenzaba a incomodar. Finalmente, ella agachó la vista. A Nick se le revolvió el estómago, casi sintió náuseas. ¿Era producto de la vergüenza?
  —Tu nombre no es Nicholas —dijo de repente, y él sintió un escalofrío recorrerle la espalda—. Tú eres Billie.
  Abrió grande los ojos y la observó fijamente. Había sentido como si le hubiera echando un balde de agua helada en la espalda, y la noticia caía en él de repente, llegando hasta cada rincón de su cuerpo. ¿Había entendido bien?
  — ¿Di-disculpa? —tartamudeó agachándose hacia ella, como si no hubiera oído bien.
  —Que te llamas Billie. Tu verdadero nombre, el que no puedes recordar es Billie.

Capítulo 13.
  El día en que despertó, el desconcierto que sentía era tal, que podría haber creído si le hubieran dicho que sus padres eran elefantes. El hecho de no saber absolutamente nada, la desesperación y la depresión repentina lo habían cegado por completo, po podían habrían podido dejarlo pensar o reflexionar, teniendo en cuenta que además se sumaba el dolor de cabeza. Lo ayudaron a salir adelante, y seguían ayudándolo, por más de que faltasen muchas respuestas en su cuestionario.
  Haber adoptado el nombre de Nicholas solamente por no tener uno propio no le había resultado tan extraño en realidad. No le desagradaba, aunque tampoco lo volvía loco la idea de llamarse así, pero por lo menos no tenían que dirigirse a él como “el que perdió la memoria”. Pensó que nadie en aquel lugar en el que estaba viviendo podría ayudarlo a saber cómo debían llamarle verdaderamente, nadie sabía más de su pasado que él… Eso creía.
  ¿Jude lo había llamado “Billie”?
  —No puede ser… —musitó sin quitarle la vista de encima.
  Nada de aquello tenía sentido si no se le daba una explicación razonable. ¿Cómo es que ella sabía su verdadero nombre? Y si lo sabía, debía saber más que eso. ¿Por qué no se lo había dicho antes? A pesar de lo extraño que era todo aquello, todavía no creía tener motivos suficientes como para desconfiar de Jude o para creer que ella le ocultaba algo. Justamente ella no podía decepcionarlo.
  — ¿Cómo lo sabes? —inquirió sin poder levantar demasiado la voz. Ella agachó la vista, exhalando un suspiro. Sorprendentemente, sonreía.
  —Sabía que preguntarías eso —mencionó y él se desesperó.
  — ¿Puedes decírmelo de una vez? Dime quién soy, sé que lo sabes. Todos aquí saben algo que yo no debo saber, y me cansé de esta mierda. ¿Cómo demonios estoy aquí, por qué lo estoy? ¿Por qué me privan todo eso?
  Ella lo miró seriamente, mientras él se derrumbaba a su lado. Después de haber comenzado a luchar apenas desde hacía unos días, sentía que cada vez todo era peor. No lograba encontrar el apoyo suficiente, o todavía estaba demasiado ciego como para verlo. Sus rodillas se humedecieron al caer pesadamente sobre el césped, y cubrió su rostro con sus manos, ahogando un llanto desesperado, la primera vez que se mostraba ante alguien tan débil y vulnerable. No podía evitarlo, por más que quería. No tenía sentido comenzar a luchar por algo que no iba a conseguir nunca, porque su parte más pesimista le recordaba aquello a cada momento. Sin nada con qué sostenerse, todo cada vez le pesaba más.
  Sintió una mano acariciarle el rostro. Allí estaba su contención. Levantó la vista y se topó con los oscuros ojos de Jude en los cuales se reflejaba la luna, que reflejaban todo lo que había estado necesitando. Apoyó su cabeza en su regazo mientras ella seguía acariciándolo lentamente, sin decir nada, no creía que fuera necesario. Por alguna extraña razón, ella sabía cómo se sentía, lo devastado que estaba, y lo mucho que había necesitado sostenerse de esa manera. Ya no iba a caer, no más.
  —Lloré… de la misma manera cuando llegué aquí —dijo en un leve susurro. Él se aferró más a ella y cerró sus ojos—. Y sé cuál es la pregunta que pasa por su cabeza constantemente ahora: “¿Por qué?”
  Poco a poco, su llanto cesó. Su cabeza seguía descansando junto a ella, y se sentía como el mejor sueño que había tenido desde que había salido de la oscuridad. “¿Por qué?”, maldita pregunta. Esa misma había estado circulando por su mente en todo momento. Para las miles de preguntas que surgían a partir de ella, no había encontrado respuestas, sólo algunas. Billie sabía que obtendría lo que quería de cada uno de sus porqués, por más de que cada vez parecían ser más. Billie ya sabía que era Billie. Ahora necesitaba saber por qué.

Fin de la primera parte.
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Chan Surprised! Voy a escribir, probablemente (: o no sé xD

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Re: Yesterday

Mensaje por Whatsernamee el Lun Jul 12, 2010 7:55 pm

OMFG! .__________________________. x 1.000.000

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Re: Yesterday

Mensaje por Greenxxday el Lun Jul 12, 2010 8:31 pm

Holy shit Shocked amo esta cosa, Celes, quiero más!! WOOT

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Re: Yesterday

Mensaje por roxxiie.GD el Lun Jul 12, 2010 11:42 pm

OH MY GOOOOOOOOOOOOOOOOOD!!!

CAPITULO 13 MI VIEJO PUEDE ESPERAR A QUE LE PASE UN CIGARRILLO...


*-* kdljfklsdjfsdlkfjsld WUB WUB

te amo ♥

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Re: Yesterday

Mensaje por NaturalxDisaster el Sáb Jul 17, 2010 12:57 am

Hola, vengo a flotar...
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Parte II: Ella

Capítulo 14.
  El 1º de enero del 2010 amaneció, como era común en aquellas épocas, caluroso y espléndidamente soleado. Afuera, todos disfrutaban del primer día del año después de los festejos de la noche anterior. En el gran jardín, se compartían diversas actividades, desde tenis, hasta la traviesa tarea de unirse a los planes de los trillizos, aunque éstos pocas veces se aliaban a alguien más. Las únicas tres personas que no estaban afuera también, hacían preocupar a Aaron, que conversaba con Ian mientras Lily ayudaba a George con sus flores. Una de esas tres era Sam, que se había encerrado en su habitación después de brindar, sabiendo el problema que se le iría encima. A su vez, Jude intentaba sacarla de allí, diciéndole que todo estaba bien.
  Y es que todo estaba bien, aunque ese bien para Sam no era un bien para Billie. A pesar de que Jude quería sacar a su amiga de la habitación, deseaba saber por qué él había dejado de insistir junto con ella. También se había encerrado en su habitación, resignado a que no conseguiría nada más de la chica. Jude se sintió algo culpable, y de esa manera, intentaba remediarlo. No sabía tampoco que él no tenía deseos de hablar con nadie.
  Billie estaba en su habitación, tirado en su cama de la misma manera en que había caído la noche anterior, cerca de las dos de la madrugada. Sus ojos habían descansado dos horas, probablemente, pero luego volvieron a abrirse, siendo lo único que brilló en la oscuridad hasta que la luz del sol se asomó por su ventana. No valía la pena salir. Estaba enojado. Sam sabía la verdad.
  Ella era la que había hablado con Jude y le había dicho cuál era su verdadero nombre. ¿Por qué lo sabía? “¡Bien hecho amigo! Ya tienes otro porqué más para tu colección”. Había insistido apenas Jude había terminado de explicarle aquello, pero Sam no había abierto la puerta. Había golpeado lo más fuerte que podía, pero ella no había abierto. Sabía que era muda, no sorda, y cuando pensaba en eso, más odio afloraba dentro de él. Tenía derecho a saberlo, era su vida, el porqué él seguía allí. Una simple chica no iba a impedirle saber la verdad… O tal vez sí.
  Sam había sido una persona muy extraña desde que la había conocido. Seguramente también se comportaba de esa manera con los demás, pero a él le molestaba. Era muy cohibida, y sabía perfectamente que ocultaba muchas cosas que no decía por temor a algo. Saber que ella sabía su nombre había confirmado aquella teoría. Y también sabía que por más que intentara, Sam nunca abriría la boca… No para él, al menos. ¿Y si Jude le preguntaba? Iba a ser lo mismo. “Vaya, vaya, parece que más de uno necesita un buen psicólogo por aquí”, se burló su conciencia de repente, y él maldijo por lo bajo.
  La depresión se sentía más fuerte que nunca. No quería oír a nadie. Estar sólo con sus pensamientos era lo suficientemente agotador como para escuchar a Aaron distrayéndolo o a Jude diciéndole que todo iba a estar bien. Jude. ¿Por qué era de esa manera? Tan optimista siempre, al parecer ella no conocía lo que significaba la palabra “problema”. No había situación que no pudiera resolverse con ella, y entonces, ¿por qué había ido a parar a aquel lugar? No tenía sentido que alguien así, con tantas ganas de vivir (como la veía él) a pesar de estar postrada en una silla de ruedas, haya ido a meterse en un lugar donde nadie quería recordar que existía un pasado. De hecho, el único que quería hacerlo era él mismo, y se le hacía imposible. Al igual que los demás, no tenía un origen, y deseaba saber de Jude. Recién entonces se dio cuenta de que en realidad no sabía nada de ella. Sólo conocía muy bien sus maneras de reaccionar y de decir las cosas, pero no sabía nada sobre su pasado. ¿Sabía algo sobre alguien realmente? Bueno, Aaron había tenido una familia muy grande, aparentemente… ¿Y los demás? Se sintió algo egoísta por no haberse fijado en eso antes, aunque se podía quitar esa sensación de encima si pensaba en que nadie quería recordar las cosas que habían pasado antes de llegar a esa casa realmente. Una vez más, todo era una mierda.
  Hundió su cara en la almohada, hasta que un rato después golpearon la puerta.
  —Vete, Jude —masculló con la voz apagada debido a la almohada que le cubría la boca. Volvieron a llamar insistentemente, y él alejó la cabeza de la almohada—. ¡Te dije que te vayas, Jude!
  Se produjo un silencio. Pensando en que su amiga se había ido, dejó caer su cabeza en la almohada pesadamente otra vez, y fijó su vista en algún punto incierto de la habitación. La puerta se abrió lentamente, y al oírla, se puso de pie al instante, más que molesto.
  —Oye, no tengo ganas de hablar ahora…
  —Oh, es una pena, muchacho, pero creí que tal vez te gustaría escuchar lo que tenía para decirte, que no creo que le hayas permitido a Jude que te lo diga —lo interrumpió el doctor Adam, dejándolo mudo.
  Se puso más colorado que un tomate mientras volvía a tomar asiento en su cama y el doctor cerraba la puerta. Luego, se sentó a su lado y exhaló un breve suspiro. Dirigió su vista hacia la ventana y sonrió.
  —Es un lindo día, ¿no crees? —comentó dirigiendo su vista hacia él nuevamente.
  —Sí que lo es —contestó asintiendo con la cabeza levemente. Luego agachó la vista—. Lamento haberle gritado, doctor.
  —Bueno, sabes que en realidad, si hubiera sido la persona que esperabas, deberías de pedirle disculpas a ella y no a mí. Yo no me sentí echado para nada —rió levemente. Él forzó una risita, aunque todavía no se atrevía a mirarlo—. Sí… La señorita Jude habría venido si yo no se lo hubiera impedido.
  —De todas formas, creo que debe haber sabido que no iba a querer hablar, y por eso fue a contarle lo sucedido a usted —repuso él encogido de hombros. Para su sorpresa, el doctor meneó la cabeza.
  —Ella no me ha dicho ni una palabra de lo sucedido en realidad —dijo mientras los ojos de Billie se abrían enormemente—. Y antes de que preguntes cómo lo sé, Billie, supongo que deberías acostumbrarte a la idea de que aquí las noticias corren más rápido que los correcaminos. Al menos, claro, que se lo oculte bien, y Jude debería aprender que Aaron no es precisamente una persona que se guarde las historias interesantes.
  Billie soltó la primera risita espontánea en toda la conversación, aunque ésta se apagó de repente. Iban a tocar el tema que él no quería, el tema que había estado esquivando de conversar con Jude, y ya se sentía incómodo anticipadamente. Supo que se acercaba cuando el doctor lo llamó por su verdadero nombre.
  —No debes estar enojado con Sam, Billie —dijo entonces el doctor, sorprendiéndolo un tanto. ¿No se supone que debía decirle que pronto iba a recordar su pasado, como todo el tiempo le había dicho Jude?
  —Bueno, es que… Si ella sabe algo, creo que tengo derecho a saberlo.
  —Así como te dijo tu nombre, claro.
  —Ella no me lo dijo… Fue Jude —corrigió sin poder ocultar la molestia de su voz.
  — ¿Y tú crees, Billie, que Samantha no sabía que Jude iba a decirte la verdad? —inquirió Adam, alzando una ceja. Él no contestó, ante lo que el doctor sonrió nuevamente—. Sam no ha hablado con nadie desde que llegó aquí, y sólo una vez tuve la oportunidad de escuchar su hermosa voz. Creo que debes reconocer que es algo tonto de tu parte pensar que de un día para otro se iba a acercar a decirte cómo te llamas realmente.
  —De acuerdo, tiene razón —reconoció alzando las cejas—. ¿Y usted no se extrañó cuando se dio cuenta de que hablaba con Jude? Es decir, ¿por qué con ella sí?
  —En realidad, no. Sabía que iba a encontrar contención en alguien, y cuando las vi conversar no me sorprendió. Me puse contento en cambio, porque era un gran avance, significaba que el propósito de ésta fundación se estaba cumpliendo —explicó, y cuando Billie iba a preguntar cuál era el propósito de esa fundación, él se le adelantó—. Aunque, como te darás cuenta, no ha vuelto a avanzar. Si bien seguía conversando con Jude, no he visto otros cambios. Sí es bueno que haya comenzado a llevarse bien con Aaron, Mark, Matt y Mike, pero no ha habido más avances, no hasta anoche.
  Se quedaron en silencio nuevamente. Billie tenía una laguna de preguntas en su cabeza de las cuales ansiaba obtener las respuestas para cada una de ellas, pero tampoco quería parecer pesado. Pensó que hasta el momento era mejor seguir hablando de Sam antes que cambiar de tema bruscamente.
  — ¿Qué sucedió anoche? Bueno, simplemente volvió a hablar con Jude…
  —Quiso ayudarte —contestó el doctor con una sonrisa. Billie lo observó sin comprender—. Tal vez no haya dicho todo lo que sabe, pero sintió desesperación por comunicarse contigo de alguna manera. Si te lo hubiera dicho ella personalmente, sí que me habría resultado extraño, porque bueno, después de tanto tiempo estancada en el mismo lugar… Pero está comenzando a reconocer que le falta esa comunicación que perdió cuando dejó de hablar. Y comienza a comprender entonces que debe seguir adelante, cueste lo que le cueste.
  —Entiendo —musitó asintiendo levemente—. Pero me gustaría que me diga todo lo que sabe, porque… Porque necesito saber.
  —Lo sé, muchacho, eso ya lo sé —dijo algo apenado—. Pero debes tratar de comprender a la vez. No podemos obligarla a hablar. Primero porque seguramente no lo conseguiríamos, y segundo porque en lugar de ello seguramente haríamos que su proceso de recuperación tenga un resultado inverso. No sería bueno llevarla al principio otra vez.
  — ¿Y cómo es que lo sabe? Es decir, no lo entiendo… No tiene sentido que ella sepa mi nombre. ¿Y si lo inventó simplemente?
  —Lo dudo, Sam no es una mentirosa, ni está loca —respondió el doctor, frunciendo la boca. “Menos mal que me quitó esa duda, doc”, pensó irónicamente para sus adentros—. A mí también se me hace muy extraño… Pero ahora te toca a ti nuevamente comenzar a pensar. Piensa, ¿qué es lo que puedes hacer con los datos que tienes hasta ahora?
  Se quedó pensativo durante unos segundos. ¿Qué datos tenía hasta el momento? ¡Ninguno! Bueno, alguno debía haber… Sabía su nombre, sabía que realmente se llamaba Billie (pues eso quería creer); sabía también que había llegado desde… ¿desde el océano? Eso sólo tenía una explicación, y era un accidente en barco, o en avión. Aunque creyó que de haber explotado un avión, él seguramente habría muerto antes de tocar el agua. Y después estaban los tatuajes de sus brazos. ¿Cuántas personas llamadas Billie podían existir que conocieran a otras tres llamadas Joseph, Jakob y Adrienne, que a la vez fueran algo muy importante en sus vidas? El cálculo lo estaba mareando, pero supo que era momento de anotar aquello en el cuaderno que le había regalado Jude.
  —Creo que debo reflexionar bien sobre el asunto —musitó volviendo a prestarle atención al doctor.
  —Por supuesto —contestó éste, poniéndose de pie—. Ahora te aconsejo, chico, que salgas un poco a despejarte afuera. Estoy seguro de que a tus amigos les encantará verte. O puedes ocupar tu tiempo libre en llenar el cuaderno que te ha regalado la señorita Jude.
  ¿Cómo sabía él del cuaderno?
  —Está bien, doctor —contestó en cambio, pensando que era mejor no preguntar.
  Adam se dirigió hacia la puerta, dispuesto a irse, y a último momento se giró hacia él, que se sobresaltó un tanto.
  —Oh, cierto, antes que lo olvide, Bill —mencionó y volvió su vista hacia él—; si hay algo que Jude sí me ha comentado es que la carne te desagrada un poco, ¿no es así?
  —Bueno… Un poco. No me molesta comer carne en realidad, pero es como si no me hubiera sentido familiarizado con el sabor desde un primer momento. Con otras cosas no me pasó así, en cambio. Como la noche en que cocinaron lasaña vegetariana… Estuvo delicioso, y al igual que otras cosas, su sabor se me hizo familiar —explicó lanzando una breve risa. El doctor sonrió y sus ojos adquirieron un leve brillo.
  —Puedes pedirle a nuestra cocinera, Marge, que te haga un plato a parte si deseas. No debes obligarte a comer nada que no quieras —le dijo girándose para irse nuevamente—. Y yo si fuera tú, anotaría eso también. Es bueno tenerlo presente.
  Sin más que decir, salió de la habitación.
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Re: Yesterday

Mensaje por roxxiie.GD el Sáb Jul 17, 2010 12:46 pm

lo leo en mi casa (Y) poqe no tengo net u.u y toy en un cyber y speedy la re concha de la lora D:
no me extrañen (?

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Re: Yesterday

Mensaje por Greenxxday el Sáb Jul 17, 2010 12:48 pm

NaturalxDisaster escribió:Hola, vengo a flotar...

asdfkhjkas,jas xD yo puse eso en mi humor xdd
ahora, a leer!! WOOT

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Re: Yesterday

Mensaje por Scattered.Pictures el Sáb Jul 17, 2010 2:44 pm

OMFG! WOOT , me perdí 8 capitulos y me entero de que hay otra parte dsadadad yo... siempre yo ¬¬. Ya sabe la verdad WUB , dasdada quiero mas WOOT . Esa Sam 1313 , creo que pasará algo por ahi xDDD!

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Re: Yesterday

Mensaje por NaturalxDisaster el Miér Jul 21, 2010 4:21 pm

^ ... D:! xDDD
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Capítulo 15.
  — ¡¿No te das cuenta de lo que sucede?! —gritaron de repente, haciéndolo sobresaltar.
  Le contestó a gritos también, aunque por más que quiso, su boca no omitió sonido alguno. Estaba mudo, algo en su garganta le impedía hablar. Delante de él, aquella mujer seguía sollozando, con sus manos cubriéndose el rostro, que de todas formas no habría podido ver, ya que veía todo muy borroso. De repente, apareció Samantha a su lado. Lo observó con frialdad y luego de unos segundos, agachó la cabeza. Por más que lo intentara, no podía hablarle o preguntarle qué sucedía. La desesperación lo invadió, y las lágrimas comenzaron a resbalar por su rostro.
  —Bienvenido a mi mundo —supo que dijo ella, aunque solamente la vio mover los labios, pero no escuchó el sonido de su voz.
  Se tomó la garganta, horrorizado, y los sollozos de la mujer que estaba con ellos eran cada vez más fuertes. A la vez, en su cabeza resonaban constantemente las únicas palabras que había podido entender. Aquel grito desesperado seguía impactando en él como una terrible tortura, y cada golpe hacía doler más y más su cabeza. Cayó al suelo, que inmediatamente se desvaneció bajo sus rodillas y cayó al vacío. El vértigo le hizo sentir cosquillas en el estómago hasta que al final llegó a algún lado. Aterrizó en lo que parecía una gran piscina. A su alrededor, todo era de un color celeste intenso, y sus ropas flotaban de manera fantasmal al igual que su corto cabello negro. No respiraba, estaba seguro de ello. Al principio no le preocupó, pero cuando se dio cuenta de ello, comenzó a desesperarse más, y le faltó el aire. Intentó nadar hacia arriba, pero en lugar de llegar hasta el oxígeno, la superficie le quedaba cada vez más lejos. Se hundía, se hundía cada vez más, y ya no salían burbujas de su nariz. Se tomó la garganta otra vez, y entonces…
  Lanzó un fuerte grito al aire, que se perdió entre medio de sus sollozos. Escuchó una voz que le pidió que se calmara, y luego sintió una pequeña mano posarse en su frente. Abrió sus verdes ojos de repente, todavía con el llanto acumulado en su garganta. No había mar, no estaba mudo, ni había ninguna mujer llorando. Se encontraba en su habitación, y por la ventana entraba el sol que lo recibía todas las mañanas. Aunque aquella vista se veía obstaculizada por Katherine, que estaba sentada a su lado, con cara de preocupación. Pasó su mano por su rostro, y descubrió que estaba empapado de sudor y lágrimas. Se incorporó al instante, todavía algo agitado.
  — ¿Te encuentras mejor, Billie? —le preguntó la enfermera sin dejar de examinarlo.
  —Sí, estoy bien —contestó por mera costumbre—. Fue sólo un sueño, ¿no es así?
  —Eso parece —contestó la mujer, aunque no podía ocultar el temor de sus ojos. Billie agachó la vista levemente y tragó saliva con dificultad. Al verlo un tanto confundido, la mujer decidió que lo mejor era explicarle lo que ella vio—. Al parecer, tenías pesadillas, muchacho. Pero nunca he visto a nadie retorcerse de esa manera, parecía… Como si te estuviesen torturando.
  —Puede que eso explique mi cara mojada. Pero no se preocupe, estoy mucho mejor —mencionó él, intentando sonreír para tranquilizarla un poco. Al parecer, ella creyó esa mala y descarada mentira, ya que sonrió mucho más tranquila.
  —De todas formas, si sigues así habrá que hablar con el doctor —repuso ella seriamente—. No hay enfermedad que afecte los sueños, claro… Pero podrá recomendarte algún calmante o algo para que no sueñes nada directamente. No puedes estar dando esos gritos cada vez que cierras los ojos.
  No, eso no debía permitirlo. Todo lo que recordaba, lo poco que tenía algún significado para él, era gracias a sus sueños. Si bien no tenían coherencia, sabía que seguramente eran parte de su pasado, momentos que había vivido. Si no le permitían soñar, no iba a poder obtener más información sobre nada, por más que hacerlo implicaba ser algo masoquista.
  —No se preocupe, no volverá a suceder. Es que tengo mucho tiempo para pensar en cualquier cosa, y debe ser por eso que comienzo a soñar cosas demasiado fantásticas. Mantendré mi mente fija en otras actividades y ya no volverá a pasar. Lo sé porque para las fechas de Año Nuevo no me pasaba, y era porque estaba todo el tiempo pensando en eso —dijo restándole importancia. La mujer torció la boca con algo de desconfianza, pero al final le creyó.
  —Está bien. Ahora lo que puedes hacer para reponerte es desayunar tranquilo y darte un largo baño. Te hará bien —dijo levantándose y caminando hacia la puerta.
  —Creo que el baño lo dejaré para después. Habíamos arreglado con Aaron para ir a la playa hoy, y pasaremos el día allí. Ya debe ser tarde…
  —En realidad, es muy temprano, y me hubiera enterado si Aaron estuviera despierto —repuso ella haciendo una mueca, y Billie rió—. Pero haz lo que quieras, me conformo con saber que estás mejor.
  —Gracias —le dijo él. Ella le sonrió y luego salió de la habitación.
  Prefirió no quedarse demasiado tiempo pensando en lo que había soñado. Después de todo, aquellas imágenes tan dolorosas seguían muy vívidas en su mente, y sabía que no las iba a olvidar fácilmente. Optó por seguir el consejo de la enfermera que acababa de irse, así que se levantó y se estiró para comenzar su día. Tomó algo de su armario que estaba prácticamente vacío, a no ser por las prendas que le habían prestado, y salió de la habitación en dirección al baño. Al llegar, descubrió que Aaron estaba allí, lavándose la cara. Recién se había levantado.
  — ¡Ni… digo, Billie! ¿Cómo estás…? —dejó su oración en el aire al verle la cara. Frunció la boca observándolo más detenidamente—. Veo que no dormiste muy bien, ¿no?
  —No, es que… Me acosté tarde —mintió pasando por su lado rápidamente y buscando una toalla en el armario que estaba al lado de la ducha. Decidió cambiar de tema rápidamente—. ¿Todavía no te acostumbras a mi nombre?
  —Es difícil, ¿no? Después de llamarte “Nicholas” desde que despertaste…
  —Fueron sólo unos días —dijo lanzando una risa.
  —Una semana —corrigió Aaron sonriendo levemente—. De todas formas, tienes más cara de Billie que de Nick.
  —Eso es raro —rió dejando su ropa sobre la tapa cerrada del inodoro.
  — ¿Te vas a duchar? Apúrate que Jude ya se ha levantado hace un rato. Te esperaremos y después saldremos hacia la playa.
  —Claro, me apuras a mí pero seguramente los trillizos tardarán el doble de tiempo que yo —espetó fingiendo molestia. Aaron meneó la cabeza rápidamente.
  —Te equivocas —repuso—. Esos tres suelen levantarse más temprano que nadie. Creo que junto con Jude y contigo, son los que más madrugan… Y tiene lógica, les queda más tiempo para hacer de las suyas.
  —Genial…
  —Te espero afuera —le dijo antes de irse.
  Salió rápidamente y cerró la puerta. Billie se desvistió y se metió a ducharse rápidamente. Después se secó y se cambió, para salir a encontrarse con los demás. Al llegar al living, se encontró con Jude, que tenía una gran canasta sobre sus piernas y una expresión de cansancio. Le quitó el objeto de encima y cuando ella se giró hacia él, sonrió levemente.
  —Buen día —saludó mientras él le daba un beso en la mejilla.
  —Me gustaría decir lo mismo, pero tu cara…
  —Oh, no digas nada —farfulló de repente, cruzándose de brazos—. Hace siglos que estoy aquí esperando, su hubiera estado parada, ya me habría cansado. Y esa canasta pesaba en realidad.
  —Pensé que… Bueno, que no te pesaba en las piernas… tú sabes… —mencionó sin saber explicarse sin ofenderla. Ella rió.
  —El que no pueda moverlas, no significa que no me pesen las cosas o que no me sofoquen por tenerlas cerca del pecho —rió y luego volvió a estirar su cuello hacia la cocina—. Y estos tres…
  — ¿Qué pasa? —inquirió mirando también.
  —Mark, Mike y Matt están robando cosas de la cocina… Podemos sacar cosas en cualquier momento del día en realidad, si las vamos a consumir aquí, pero dudábamos que nos dejen para llevarlas a la playa. Así que lograron convencer a Aaron para que distraiga a la cocinera, mientras ellos quitan algunas cosas. No me parecía una buena idea, pero pensando en que después aprovecharemos los alimentos verdaderamente…
  —Y a Aaron no le costará demasiado distraer a la mujer —dijo Billie tomando asiento en uno de los sillones.
  —Para nada. Tiene miles de fotos para mostrar, miles de historias que contar… Sólo espero que Marge esté de buen humor hoy —dijo ella lanzando una risita.
  Billie también rió, levemente, y luego permanecieron en silencio. De repente, se escucharon ruidos de ollas en la cocina, y algunos gritos que indicaban las discusiones que se estaban produciendo. Ambos comenzaron a reír al imaginarse la escena, aunque siguieron sin decir nada. Él la observó atentamente, mientras su risa se iba apagando lentamente. Y ella ya no le prestaba atención… ¿Por qué sintió que eso llegaba a molestarle?
  — ¡Vamos, Mike, deja eso! —le gritó Mark de repente a su amigo, saliendo de la cocina con los brazos llenos de frutas.
  — ¡Pero se darán cuenta de que estuvimos aquí! —repuso el otro histéricamente.
  —Hola, Billie —lo saludó Matt, dejando un par de botellas de jugo y unos vasos sobre el sillón. Él le contestó con una sonrisa.
  — ¿Para qué tantas frutas? Hay árboles en el camino, y están dando también, no era necesario que quiten tantas —les dijo Jude viendo cómo Mark comenzaba a guardar lo que llevaba en sus manos en la canasta.
  —No estaremos perdiendo el tiempo cortando frutitas de los árboles —contestó éste haciendo una mueca de desagrado. Luego miró en el interior de la canasta—. ¿Piensan quedarse a dormir allá o qué?
  —Aaron dijo que debíamos llevar alguna manta para sentarnos —respondió Jude—. Aunque pensé que iríamos hacia la cabaña otra vez.
  — ¿Otra vez? —repitió Billie, imaginándose que debería cargarla nuevamente. Ella lo miró y luego rió.
  —Iremos por el camino del bosque esta vez —aclaró tranquilamente.
  —Sugiero que vayamos saliendo y que alguien vaya a buscar a Aaron. Seguro que se entusiasmó hablando con la cocinera de verdad —dijo Mike, llegando con algunos sándwiches.
  Se dirigieron hacia la puerta principal y esperaron en el camino mientras Mark iba en busca de Aaron, que llegó con su cámara colgada del cuello, como siempre. Comenzaron a caminar tranquilamente, aunque a mitad del camino que habían hecho la primera vez que Billie visitó las playas, se metieron por un camino más angosto entre los árboles, abandonando el camino principal. Estaba mucho más fresco que por la ruta más grande, aunque también había más mosquitos y unos pequeños insectos que no picaban, pero se posaban en sus pieles y parecían no salirse si no los mataban aplastándolos sin fuerza alguna. Al pasar por ese camino por primera vez, Billie notó que había más variedad de árboles de las que imaginaba, al igual que de flores. Las había de diversos tamaños y colores, y había árboles que eran tan altos, que sus copas no se veían detrás de las de los más bajos. Más de una vez creyó oír algo moverse entre los arbustos, pero creyó conveniente culpar a su imaginación una vez más. Llevar la silla de Jude se hizo un poco más difícil debido a que el camino era más irregular, pero era mucho más fácil que caminar con ella sobre su espalda bajo el rayo de sol.
  Más rápido que lo que creyó que tardarían, vio la parte de atrás de la casita justo donde terminaba el camino, y más allá, el mar. Ayudaron a Jude a sentarse en las escaleras, donde había estado la última vez con Samantha, y ellos tiraron las mantas en el suelo, a su lado. Pasaron la mañana allí conversando, y al mediodía almorzaron. Pensar que debían esperar para meterse en el agua, no era algo que los trillizos harían, evidentemente. Apenas terminaron de comer sus sándwiches, tomaron a Billie de los brazos y lo arrastraron hasta el mar mientras Aaron y Jude se desternillaban de risa. Luego le tocó el turno a Aaron, y la única que se salvó, por motivos obvios, fue Jude, que observaba mientras se llevaba una manzana a la boca. El día les quedó más corto de lo que habían imaginado. Siendo los únicos en toda la playa, la confianza provocaba que no exista vergüenza para ninguna de las maneras en las que se divertían. Entre todos, metieron a Jude al agua finalmente, omitiendo la resistencia que oponía. Los primeros en salir, fueron ella y Billie cuando a lo lejos el sol ya estaba de un color anaranjado intenso, mientras los demás seguían jugándose bromas pesadas en el mar.
  —No hemos terminado con todo esto. Creo que deberíamos dejarlo aquí, ¿no? —mencionó Jude mientras él juntaba la canasta y las mantas.
  —Para que Marge no se entere que usurpamos su cocina —dijo él asintiendo levemente. Dejó las cosas dentro de la pequeña cabaña y luego se sentó al lado de ella, dando un suspiro.
  — ¿Mark tiene una aleta de tiburón en la espalda? —señaló ella y luego comenzó a reír. Al verlo, él rió también.
  —No sé por qué no se me hace extraño —musitó todavía riendo levemente.
  —Te acostumbraste, es por eso —dijo dedicándole una sonrisa. Él la miró y le sonrió también.
  —Creo que eso… en realidad no es…
  —No es bueno, lo sé —interrumpió algo apenada, pero aún así no desvió su vista. Suspiró—. Puede que todavía haya alguna solución para el cariño que le has tomado a éste lugar…
  —Por favor, no quiero hablar de eso ahora —pidió volviendo a fijar su vista en el lugar en donde estaban los demás.
  —Está bien, pero… Es que me preocupa lo que pueda pasar después, cuando vuelvas a recordar todo. No me gustaría que por nosotros dejes otras cosas que antes eran importantes para ti de lado. Por eso digo que puede que todavía haya una solución.
  —No la hay —repuso meneando la cabeza levemente. Fijó su vista en ella otra vez y la miró a los ojos, quedándose sin habla durante unos instantes—. Para algunas cosas ya no hay solución.
  Sintió un cosquilleo recorrerle el cuerpo, y tragó saliva con dificultad, atrapado en aquellos ojos castaños que no podía dejar de mirar. Por su mente, corrieron rápidamente todas las cosas en las que había estado pensado durante todo ese tiempo, y en todas ellas descubrió que cada momento que estaba con Jude lo recordaba perfectamente, así como presentía que aquella sensación la iba a sentir alguna vez. No había otra solución para aquella situación que se le estaba presentando. Y sin embargo, sabía que su cabeza respondería a cualquier otra cosa que llame su atención de repente, sacándolo de su ensimismamiento. Y esa distracción llegó justo en ese instante. Escuchó silbidos que llegaron desde el lugar en donde estaban los demás, y recién entonces se percató de que habían estado muy callados. Agachó la vista levemente, perdiendo contacto con los ojos de Jude, y sintiendo el calor subir a sus mejillas rápidamente. Luego escuchó a Mike y Matt discutiendo, aparentemente por haber interrumpido algo. Oyó que Jude lanzó una leve risa después, y levantó la vista hacia ella.
  —Qué tontos que son —musitó sin mirarlo.
  Si había algo que Jude no podía hacer, era mentirse a sí misma, y Billie lo notó de inmediato al verla en ese momento. No podía mentirse a ella misma simulando que nada había ocurrido, el hecho de que le desviaba la mirada y el rubor en sus mejillas seguía presente la delataba. Si tanto le costaba hacer que nada había ocurrido, entonces tal vez a ella le había ocurrido lo mismo que a él cuando se quedaron mirándose esos escasos segundos que habían parecido años. Su sentimiento podía ser correspondido… ¿Qué sentimiento? Se encontró más confundido que nunca, y ya había otro problema más para agregar a su lista. ¿Qué le ocurría con Jude? No podía estar comprometiéndose demasiado con ella, porque no sabía con lo que se iba a encontrar una vez recuperada su memoria. Ni con ella ni con nadie. ¿Ya era tarde para ello? Por supuesto que no. Y no iba a dejar que otro sufrimiento más se agregue a su lista. No podía meterse con ella, y comenzó a repetírselo tantas veces que le quedó tatuado en la mente. Tatuado como el resto de las cosas que tenía en los brazos, y que por más que quisiera, no podía hacerlas desaparecer. No estaba listo para afrontar algo parecido al amor, o a este caprichoso en persona.
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Podría subir otro, pero... y'know :B (?) xD

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Re: Yesterday

Mensaje por roxxiie.GD el Jue Jul 22, 2010 8:17 pm

apostaba que bj iba a tener algo con Sam xDDD me gustaaa :3

acordate que tenes having a blast (no, no lo tomes como amenaza(? ni presiones(?)



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Re: Yesterday

Mensaje por Whatsernamee el Vie Jul 23, 2010 3:39 am

me encanto *-*

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Re: Yesterday

Mensaje por Scattered.Pictures el Vie Jul 23, 2010 1:03 pm

roxxiie.GD escribió:apostaba que bj iba a tener algo con Sam xDDD me gustaaa :3

acordate que tenes having a blast (no, no lo tomes como amenaza(? ni presiones(?)



Roxxie tiene razon, Celes D:!... having u.u xD

me ancanto el capitulo... dasdsa quiero que tega algo con la chica callada 1313 xD

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Re: Yesterday

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