Scattered

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Scattered

Mensaje por NaturalxDisaster el Vie Mayo 21, 2010 10:35 pm


Hi! ^.^ Soy Celes... again D:! (?) Y acá llego con una de mis viejas producciones otra vez Smile Esto es, como bien dice el título, Scattered! [saga completa (?)]
OK, Scattered es una historia que comencé a escribir el año pasado, si mal no recuerdo, y comienza cuando Billie Joe tiene 10 años y conoce a Mike Dirnt Very Happy Y a otra persona muy especial para él, que estará presente en su vida por siempre... Cuenta con una segunda parte, Westbound Sign, y a eso voy. Tengo varios motivos para subir esto acá:
- Dividí Scattered en una segunda parte llamada Westbound Sign en el momento en el que la historia pareció tener un final, pero era sólo el final de una etapa. Así di comienzo a WS, que empieza cuando BJ se va de su casa definitivamente a los 18 años.
- Voy a empezar a subir WS próximamente en Only A Test, y como la primera parte la terminé de subir el año pasado, para los que quieran engancharse, podrán hacerlo accediendo tanto al flog como al foro.
- Había empezado a subir WS en ese mismo flog, pero lo abandoné, so... voy a comenzar de nuevo, y ésta vez quiero tomarme mi tiempo para avanzar y NO abandonar más.
- Quiero ver terminada la serie Scattered-Westbound Sign algún día, y lo terrible es que no se me ocurre más que hacer una tercera parte Laughing
- Enjoy Smile
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Prólogo.

Prólogo:
Subí a mi habitación rápidamente. Estaba muy contento, no lo puedo negar. Lo sé, tal vez sonará extraño, porque muchos de mi edad no tienen pensado irse de su casa y ser independientes de buena voluntad. Bueno, yo sí. Me iba, y estaba conforme con eso, ¿saben? No tenía problema con mis padres ni nada de esas estupideces. De hecho, mi padre había muerto cuando tenía 10 años, y con mi madre me llevaba muy bien. No, ese no era un problema para mí, y si se preguntan si tengo hermanos… Somos 6 hermanos y soy el menor… pero nada consentido, no hagan caso a ese prejuicio sobre nosotros los menores.
Aún así, ya tenía 18 años, y había decidido que mi tiempo en aquella casa había terminado. Lo hablé con mi madre, obviamente. Ella era de esas mujeres que se preocupan por sus hijos, ¿saben?, por lo que le puso algo mal la idea de que su “pequeño Billie Joe” abandone el nido, pero lo entendió. Necesitaba mi espacio, y ya había intentado irme a vivir solo antes, pero no había funcionado. Necesitaba mis tiempos. Había dejado la escuela, y lo principal para mí en mi vida era mi banda. Éramos tres locos que tocaban punk rock, y hacía un tiempo ya que estábamos. Aunque hacía un tiempo habíamos cambiado de baterista. Al principio, cuando John nos dijo “iré a la universidad”, por poco muero de un infarto. Lo asimilé, intenté hacerlo, pero me angustiaba pensar en la idea de una separación cuando nos estaba yendo tan bien. Se podía decir que, desde el comienzo de nuestra corta carrera, estábamos en nuestro mejor momento. Qué desilusión. Estuvimos unos meses sin tocar nada, solo Mike (nuestro bajista) y yo. Entonces encontré a Tré, un tipo que tocaba en otra banda y lo conocía hacía un tiempo. Es buena onda el tipo, bien loco, bien a nuestro estilo. Me encanta Tré, me gustaba ya desde que lo escuché tocar, y no iba a dejar pasar la oportunidad de decirle que toque con nosotros. Al igual que nuestra banda, The Lookouts! Se habían tomado algo así como unas vacaciones, bastante permanentes, así que él aceptó. Y la verdad es que fue el encuentro perfecto.
Como decía, necesitaba mi tiempo. Así que pensé en alquilar un departamento o algo así… Mike ya lo había hecho, y como nos estaba yendo bastante bien, supuse que me alcanzaría para alquilar algo a mí también. Realmente nunca mido esas cosas. No pienso en si estaré en la calle en un mes o cosas por el estilo, gasto el dinero necesario si lo tengo, y el resto lo uso para mis cosas. Y Mike… dudo que haya sacado dinero de algún lugar confiable, pero yo vendía drogas, él no era ningún ladrón, así que no debía estar tan lejos de mi manera de ganar dinero. Tenía mis cosas malas, no se crean.
Iba a quedarme por unos días con Mike, o por un tiempo, hasta encontrar un lugar seguro, pero quería irme. Soy muy ansioso, por si no lo saben, me desespera esperar algo a tal punto que podría fumar como una chimenea sin calmar esa ansiedad. Y a Mike no le iba a molestar, estamos acostumbrados a estar juntos siempre desde que tenemos 10 años.
Así que totalmente emocionado, tomé un bolso y comencé a guardar toda mi ropa de la manera que venía. Luego pensé que debía ser un poco más prolijo cuando me di cuenta que no entraba más nada y tenía medio armario afuera todavía. Por eso demoré un poco. Guardé cuadernos, y montón de otras cosas personales, pero me faltaba algo. Mis fotografías, tenía muchas, ¿saben? Pero el problema era que las tenía guardadas mi madre. No la culpo, conociéndome, se hubieran humedecido en algún rincón sin que les dé importancia. Quería mis fotos, tenía muchos recuerdos. Soy sentimental con ese tipo de cosas, en serio. Me gusta ver la foto por varios minutos, si es de mi agrado, y forzar mi memoria para recordar qué era lo que estábamos haciendo, o de qué estábamos hablando o esas cosas. Tal vez suena tonto, pero si recuerda uno que el momento en el que sacaron la foto era divertido, es fácil que se escape alguna que otra risa. Corrí a la habitación de mi madre, que estaba en la cocina en ese momento, y abrí el gran armario donde guardaba todas sus cosas. Estiré mis brazos al estante de arriba, al cual me costaba un poco llegar. No es que yo sea bajo de estatura, el armario era grande y yo no soy alto, pero tampoco un enano, a pesar de que siempre me cargaron por ser el más bajo del grupo de esa manera. Tanteé tratando de encontrar la caja hasta que la agarré y forcejeé un poco para sacarla. Lo que no me di cuenta al estar haciendo todo a ciegas, es que esa caja tenía otra arriba, y cuando estiré cayó encima de mi cabeza. ¡Qué golpe que me di! Maldije llevando mis manos a mi cabeza con los ojos cerrados, y la caja que había intentado sacar seguía arriba, pero me di cuenta de que no era la que buscaba. De hecho, la caja que se me cayó en la cabeza era la que tenía mis fotos, que quedaron todas esparcidas por el suelo. Resoplé con enojo, ese tipo de inutilidades me hacían enojar. Me agaché y fui juntándolas todas sin darles demasiada importancia, o eso hacía hasta que me fijé en una que había quedado debajo de la cama de mi madre.
Estiré la mano y la alcancé, le sacudí un poco el polvo que tenía y me quedé observándola unos segundos. No me acordaba de esa foto hasta ese momento, y me puse en cierto sentido feliz de recordarlo. En la fotografía tenía unos cuantos años menos, recuerdo bien que ese día era caluroso y tenía 15 años, al igual que la chica que estaba a mi lado. Era de esas tiras de fotos que se sacan en las máquinas que hay en los centros comerciales, me gustaba ir cuando había sido un buen día con alguien. Eran cuatro fotos pequeñas. En la de arriba, estaba ella obligándome a agacharme para salir sola, en broma, obviamente. ¡Cómo nos divertíamos juntos! Era una chica muy especial, ¿saben? No como lo eran otras de mi clase, que se pasan el día entero hablando de chicos, pero eso no significaba que no le gustaba andar con tipos. Llevaba el pelo corto, y nunca se lo había teñido, le gustaba su color negro. Como hacía calor, como ya dije, estábamos los dos en remeras de mangas cortas. Ella llevaba una de los Sex Pistols, algo rota que dejaba ver su hombro y un poco más de su cuello. Era su banda favorita en aquel entonces. Y yo llevaba una de los Ramones. Hasta de gustos éramos parecidos, en serio. En la segunda foto salimos los dos haciendo una cara muy graciosa. Me acuerdo que había amanecido en mi casa ese día, y en la noche habíamos visto una película de terror (aunque, para ser sincero, sólo recuerdo el nombre, y luego nunca más se me dio por verla). Así que intentamos imitar la cara que tenía Frankenstein y que nos había causado mucha gracia. En la tercera foto decidimos salir un poco más normales. Estábamos abrazados, ella con su cabeza sobre mi hombro, pero yo era el único que sonreía. Y aún así, no me arrepiento que no haya sonreído para nada. Tenía una sonrisa hermosa, creo que sólo he visto otra sonrisa tan hermosa como la de ella en mi vida, pero cuando estaba seria también lo era. Tenía el mismo gesto, la misma expresión que cuando la conocí, y eso había pasado ya hacía unos años en aquel entonces. Sus ojos eran brillosos y parecía que traspasaba todo con esa mirada, y sus labios nunca se juntaban del todo, de manera que se veía, si miraba uno fijamente, un poco de sus dientes. Me gustaba ese detalle en las chicas. Y, como se imaginarán, me gustaba ella. Y también se darán cuenta qué tipo de relación llevábamos cuando se enteren qué salíamos haciendo en la última foto. La última nos mostraba a los dos besándonos. Recuerdo que ya no se nos ocurría nada más, y justo antes que salga la foto, la tomé de la cara suavemente y la besé por sorpresa. De otra forma, creo que no hubiera querido. Me quería ella también, pero su personalidad no incluía hacer ese tipo de cosas, no cursis, pero sí algo incómodas. Cuando nos separamos, estaba totalmente colorada la tipa, yo me reí y la volví a besar. Pero luego recuerdo que le gustaron todas, obviamente que la última también.
Había sido una tarde casi perfecta. Digo casi porque habían pasado algunas cosas que me molestaron, pero nada de importancia, en serio. Me había puesto de mejor humor haber recordado ese momento, y así busqué otra foto en la caja dónde las iba guardando. Encontré otra más grande que habíamos sacado en mi cumpleaños. Se notaba porque estábamos los dos muy abrigados, y la bufanda que llevaba era precisamente la que ella me había regalado ese día.
Me llevé algunas fotos solamente, pero esas no las olvidé. Al parecer, yéndome de casa estaba poniendo un punto final a toda mi infancia y esa parte de mi adolescencia (yo de adulto tengo solamente la edad), pero no quería olvidar. Menos ese tipo de cosas. Habían sido buenos tiempos, aunque obviamente con varias cosas que me habían dejado para la mierda. Y a pesar de eso, no valía la pena borrar todo, incluso lo bueno, por deshacerse de lo malo. También si uno se va de su casa para comenzar una nueva vida, en ese caso tampoco vale la pena olvidar. Y viendo esas fotos me había sentido muy bien, creo que si no lo hacía no me hubiera puesto a pensar en eso nunca más. No me hubiera puesto a pensar en lo bien que la habíamos pasado viendo esa película, ni lo bueno que estuvo ir al parque de diversiones a pesar que casi vomito al bajar de la montaña rusa. Y tampoco me hubiera puesto a recordar yo sólo lo hermosa que se veía mi acompañante aquel día, ni lo divertida e interesante que era. Si me preguntan, yo creo que no hay como una buena fotografía en los momentos indicados o en cualquier momento en realidad. Por más que no sea algo importante, uno después no se arrepiente de haberla sacado, cuando la encuentra un tiempo después, y sonríe al recordar buenos tiempos.

Capítulo 1 porque creo que los amo (?)


Capítulo 1: Septiembre.

Aquella mañana, ambos, mi mamá y yo, salimos presurosos de nuestra casa. Ella me tenía de la mano y caminaba rápidamente, casi arrastrándome de tal manera que corría y mis pies casi ni tocaban el piso. Para agrandar nuestro retraso, un autobús pasó por delante de nuestras narices sin parar, y el próximo llegó mucho tiempo después. Mi escuela, lugar al que nos dirigíamos, quedaba lo suficientemente lejos como para retrasarnos más, y mi madre estaba cada vez más enojada. Así comenzó el día, la semana y el año escolar.
Bajamos por fin, y ella volvió a tomarme de la mano. Resoplé con fastidio y la seguí con cara de enojo, odiaba que me apuren. Al llegar a la esquina del establecimiento, desvié mi vista a la vereda de en frente. Un niño estaba de espaldas frente al quiosco, de manera que sólo se veía el buzo atado a su cintura y la gorra en su cabeza mientras compraba golosinas. Se dio vuelta en ese momento y vi que su largo cabello castaño se corría de su cara: era una niña. Una mujer se acercó a ella y le preguntó de malos modos si no debía estar en la escuela en ese momento. La pequeña frunció el ceño y contestó algo llevándose un caramelo a la boca.
– Billie Joe, mira adelante o tropezarás – me dijo mi madre haciendo que deje de mirar la escena.
Recordé que debía mostrarme molesto delante de mi madre, así que fruncí el ceño. Nos detuvimos en la puerta y ella intentó arreglarme el pelo un poco antes de dejarme ir, pero dificultosamente me alejé. Me deseó suerte en mi primer día, me besó en la frente y observó hasta que entré. Esa era la primera y única vez en el año que seguramente me acompañaría hasta la escuela, por más que sea algo lejos como para que alguien tan pequeño como yo llegue solo.
Sólo cuando estuve parado en medio del patio me di cuenta que no tenía idea de cuál era mi salón de clases, todo por llegar tarde. Oí unos pasos que se acercaban, y al girar vi a la niña llegar corriendo y algo agitada. Al igual que yo, se encontró algo desconcertada al no saber dónde ir, y justo llegó un hombre vestido muy elegantemente junto a nosotros.
– ¿De qué curso son, niños? – preguntó con seriedad.
– Eso es lo que intento saber – respondió la niña, cruzada de brazos.
– De quinto. Yo soy de quinto – contestó yo, en cambio.
– ¿Y tú no sabes qué año cursarás?
– Sí, señor. También quinto, pero en la escuela a la que iba antes habían varios cursos de quinto año, y no íbamos al que queríamos – explicó sin quitarle los ojos de encima al sujeto.
– OK, vengan conmigo – dijo finalmente con una sonrisa en el rostro, al igual que sonríen todos los adultos cuando algo les causa gracia en un niño.
Nosotros nos miramos otra vez y seguimos al hombre, que nos condujo hacia un salón. Abrió la puerta interrumpiendo a una mujer que hablaba a su grupo de alumnos, que apenas escucharon otro ruido que no sea la voz que les enseñaba, levantaron sus cabezas con curiosidad.
– Alicia, creo que estos son los niños que faltaban – dijo empujándonos a ambos al interior del salón.
Al ver que todos nos observaban, me puse algo colorado y miré de reojo a la niña, que le sacaba el envoltorio a su caramelo y se lo llevaba a la boca. Generalmente no soy de ponerme así, pero todos miraban como si esperaran que hagamos algo sorprendente… Qué idiotez.
– Gracias, William – agradeció la maestra, que pensé que era bastante joven comparada con otras mujeres que me habían enseñado. Cuando el tal William se fue, nos indicó que nos sentemos –. Hay un par de asientos vacíos al fondo, niños.
Ambos nos dirigimos al fondo del salón, donde había tres lugares: uno contra la pared, donde al lado se encontraba otro niño sentado, y dos adelante. Preferí sentarme al lado del niño antes que al lado de la niña que venía detrás de mí, que me miraba muy extraño. Pedí permiso y luego de ubicarme en mi lugar, intenté concentrarme en lo que decía mi maestra. Sí, así de responsable con el colegio podía llegar a ser hasta ese momento.
La mañana terminó de transcurrir rápido y la hora del almuerzo llegó tomándome por sorpresa. Y es que en realidad, por ser el primer día, pensaba que transcurriría lentamente y que sería de lo más aburrido. Caminé con tranquilidad a la cafetería, arrastrando los pies y cabizbajo. Tomé una bandeja al llegar y luego de servirme algo que intentaría que me agrade, busqué con la vista algún lugar vacío para sentarme. Me acerqué rápidamente a una mesa vacía algo alejada y justo al apoyar su bandeja, hizo lo mismo otro chico. Era el mismo que se había sentado conmigo, y esperaba ahora que le diga algo.
– Vete, llegué primero – farfullé de manera que los ojos azules del otro niño se abrieron como platos.
Permanecimos en silencio unos segundos, y luego lancé una carcajada y me senté. Me encantaba hacer ese tipo de bromas, sólo que no todos se las tomaban a bien. Generalmente no me encontraba, en realidad, con personas con tan poco sentido del humor.
– Deberías haber visto tu cara, creo que si no reía, hubieras quedado así por horas, o hasta que te eche de nuevo – dije sin dejar de reír –. ¿Te quieres sentar?
– Creo que es mejor que acepte – musitó esbozando una sonrisa.
– Soy Billie Joe, y dime como quieras – me presenté para luego mirar con desagrado mi almuerzo.
– Soy Mike… dime Mike – rió él y luego al ver su bandeja, puso casi la misma cara que yo.
Igualmente, lo que menos hicimos con Mike ese día fue comer. Conversamos y reímos juntos, tranquilamente y muy entretenidos. No había habido tantos momentos de silencio, ya que esas eran las veces en las que mirábamos nuestra comida y preferíamos evitar hacerlo. Y así, nos sentamos juntos al otro día, en clase y en la cafetería, y al otro también. Nos estábamos volviendo buenos amigos con mucha facilidad, y ya no nos sentíamos solos como las escasas horas que lo habíamos estado el primer día.
En el curso de nosotros, ya todos habían formado grupos de amigos, cosa que no era extraño teniendo en cuenta que éramos pocos los nuevos. La única que seguía sentándose sola (si es que iba a clases), delante de Mike y yo, era la niña que había encontrado el primer día antes de entrar a la escuela. Esa semana habían sido contadas con los dedos de una mano las veces que había ido a clases, y esas escasas veces había llegado bastante tarde. A pesar de todo, nunca se la veía triste o de mal humor. Daba contestaciones a la maestra que la dejaban con la boca abierta, muchas que no las decía del todo bien, pero no lo hacía con malas intenciones. Era sincera simplemente, yo lo sabía, más después de una oportunidad en la que me dijo que tenía cara de idiota, pero que le gustaban mis ojos. Gracias al comentario, tuve que soportar a Mike el resto del día diciéndome que ella gustaba de mí, y riéndose de eso.
Los días pasaban y a mí me eran indiferentes. Una fecha más, un día más, estaba muy adaptado a mi rutina… y ésta se rompió muy abruptamente al volver a su casa un jueves. No volví a olvidar esa fecha nunca.
Con mi mochila colgada al hombro caminaba cabizbajo, concentrado en patear una piedra delante de mis pies. Así, choqué con alguien sin darme cuenta. Levanté la vista y vio que mi vecina se cubría la boca con su mano derecha y me miraba tristemente.
– Lo siento… Lo siento mucho, Billie Joe, en serio – titubeó abrazándome con sus grandes brazos de repente. Sentía que me asfixiaba.
– Sólo… sólo me empujó, señora Jordan – repuse totalmente desconcertado a la mujer.
Ella se separó y me vio a la cara. De sus ojos caían lágrimas, y yo cada vez entendía menos. Por la cara que puso luego, supuse que se dio cuenta que se había equivocado, y luego se fue rápidamente. No le hice demasiado caso, mi mamá solía decir que era el tipo de mujeres que andan siempre espiándole a los vecinos y que así entendía todo mal muchas veces. Así que seguí caminando, sólo que no volví a encontrar la piedra que estaba pateando. Desde donde estaba, veía ya mi casa.
Mi hermano David salió mientras mi hermana Anna entró, ambos con una cara muy parecida a la de la señora Jordan. Corrí hacia la entrada y busqué apresuradamente a mi mamá o a mi papá, pero ninguno estaba. Mi madre seguro estaba trabajando, y mi padre… debía estar ensayando con su banda, fue lo único que se me ocurrió, a pesar de que hacían varias semanas que no lo hacían. Me acerqué al living y vi a mi hermana de espaldas a mí, hablando por teléfono.
– Sí, mamá, ya se lo dije a ella también… ¿Tú… vendrás a casa o irás directamente al hospital?… De acuerdo, nos vemos allí… Por Dios, todavía no puedo creer esto – se le escapó un llanto ahogado que hizo que me asuste sin que me atreva a interrumpir –. Sé que debo ser fuerte, pero… yo no lo veía mal a papá, él no… ¡no puede estar muerto!
Di un salto como si me hubieran espantado de repente y varios pasos hacia atrás tan presurosamente que caí al suelo. Mi hermana seguía llorando sin siquiera notar que yo estaba allí, y la noticia iba cayendo en mí de manera que la realidad me atormentaba cada vez más. Me levanté y corrí fuera de mi casa sin poder ni siquiera llorar en ese momento. Corrí, lo más lejos que pude y lo que más pude. Sólo cuando tropecé me detuve al chocar a alguien.
– ¡Ay! Oye, ¿qué te sucede, estás ciego? – farfulló una voz conocida con enojo.
Levanté la vista y me encontré con…
– Mizuki – musité contemplando a mi compañera.
Agaché la vista derramando lágrimas, al parecer ella también estaba sorprendida de verme. Impulsado simplemente por la debilidad que sentía, la abracé con fuerza y lloré en su hombro, dejándola cada vez más desconcertada. Y a pesar de no entender qué me ocurría, unos segundos después, contestó a mi abrazo, intentando brindarme todo su apoyo y comprensión… O eso pensé, ¿por qué otro motivo lo haría?
– Hey, pecoso – dijo separándose y viéndome a los ojos –, ven, sentémonos aquí y explícame qué te sucede, ¿quieres?
Asentí intentando hacer desaparecer mis lágrimas de mis ojos, aunque era imposible. Nos sentamos en el cordón de la vereda y ella me dio unas palmadas en la espalda tratando de ayudarme a dejar de llorar.
– ¿Por qué lloras, Billie? – preguntó preocupada –. Sé que eres un nene de mamá, pero no te tenía de llorón…
– ¿Te burlarás de mí o podemos hablar en serio? – espeté mirándola de reojo, creo que era yo el que no estaba para bromas en ese momento. Luego suspiré con dificultad –. Es… mi papá…
Rompí a llorar otra vez sin poder decir nada más, aunque no fueron necesarias más palabras. Mizuki me vio apenada unos segundos, podía sentir sus ojos sobre mí, y luego me abrazó otra vez.
– Billie Joe, no llores – dijo con su voz algo temblorosa –. No llores, por favor.
Permanecimos en silencio luego. Logré comenzar a tranquilizarme en sus brazos, sintiendo su pequeña mano acariciándome el pelo. Había dejado de llorar, me sentí contenido, ya no estaba solo.
– Yo tampoco tengo papá, ¿sabes? Ni mamá… Por lo menos tu mamá estará contigo y… bueno, para lo que necesites, yo también estaré.
Me separé y le sonreí débilmente. Pasé mi puño por mis ojos y borré todo rastro de lágrimas, aunque de seguro tenía los ojos colorados.
– Gracias – susurré agachando la cabeza.
– De nada – dijo feliz, supongo que de verme mejor –. Así que vives por aquí…
– Sí, a unas cuadras – contesté abrazando sus rodillas. No creía que era el momento de comenzar a socializar con ella, o más bien, pensaba que era extraño. Habíamos ido más de una semana juntos a la escuela, se sentaba delante de Mike y yo y a pesar de eso nunca nos habíamos hablado… Había elegido un momento muy inoportuno, pero igual creí que debía preguntar también –. ¿Y tú?
– Aquí, esa es mi casa – contestó señalando la casa de en frente –. Pero no me gusta estar en mi casa…
– ¿Por eso te estabas yendo? – Pregunté mirándola. Ella asintió sin verme –. ¿Y por qué no te gusta?
Ya que habíamos empezado a conversar, entonces era mejor no dejar la charla ahí.
– Por mi padrastro – contestó brevemente sin atreverse a mirarme a los ojos.
Noté que a ella no le agradaba para nada tocar ese tema, y ya bastante mal me sentía yo como para que ella también se ponga triste. Nos volvimos a quedar en silencio, sin mirarnos ni atrevernos a decir nada. De repente, ella me codeó.
– ¿Quieres? – invitó extendiéndome un par de caramelos en su mano.
– Claro, gracias – aceptó sonriendo, así que tomé uno.
El tiempo que estuvieron juntos no intercambiamos muchas palabras, pero nos sentíamos ya incómodos. No la veía como cualquier otra chica de mi clase. Ella no vestía rosa, no me la imaginaba con pollera, y aún así su cara era tierna y linda (vale admitir ese tipo de cosas cuando una persona lo es). Al igual que la primera vez que la había visto, llevaba su gorra hacia atrás y el buzo en su cintura. Sus pantalones de jean y sus zapatillas estaban gastados y su largo cabello castaño caía sobre su remera sin cuidado.
Sabía que no podía tratarse de una niña más no sólo por su apariencia. Me imaginaba que su vida no era nada fácil, sólo con saber que evitaba su casa si podía hacerlo. Es que recuerdo que mi padre siempre me decía que no había lugar como el hogar, era bastante familiero mi padre. Confirmé mi teoría cuando, al momento de irme, la vi alejarse luego de despedirse, pero no entró en su casa. Yo, por mi parte, pensé que era momento de afrontar mi propia realidad en casa, y averiguar también si en medio de todo ese problema, mi madre o mis hermanos se habían acordado de mi existencia.
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PS: Pienso subir bastante seguido, y dos capítulos cada vez que suba, e inmediatamente después de que termine ésto acá, comienzo con Westbound Sign en Only A Test. Goodnightfolks!

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Re: Scattered

Mensaje por Whatsernamee el Vie Mayo 21, 2010 11:20 pm

Amo esta fic! WUB es la de Misuki (si es que lo escribí bien xD) no encontré nunca mas la segunda parte ._. cuando el compra el depto con ella no pude seguir leyendo (después me quise poner al día y no lo encontré u.u) aww es tan linda esta fic *-* (unos de los caps se lama "caramelos?" WOOT no? xd)

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Re: Scattered

Mensaje por NaturalxDisaster el Vie Mayo 21, 2010 11:28 pm

^ No, tenía fotos de caramelos, pero no se llama así xDDDD Es el primero x)

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Re: Scattered

Mensaje por Whatsernamee el Vie Mayo 21, 2010 11:34 pm

me acuerdo perfectamente de a ver visto eso u.u,creo que tomo demasiado Nicotin (? xD!

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Re: Scattered

Mensaje por Scattered.Pictures el Sáb Mayo 22, 2010 6:45 pm

jajajjajaja yo ya me leí ese fic!... cuando lo visten de Hado madrino jaajajajaja que me reí esa vez que lo lei ... quiero leer la segunda parte D: xD

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Re: Scattered

Mensaje por NaturalxDisaster el Sáb Mayo 22, 2010 8:07 pm

^ Algún día, hermana mía... Algún día (?) En realidad, en cuanto termine de subir ésto acá (:
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Capítulo 2: Castigados.

Al otro día no fui a la escuela. Al parecer, lo que más me había destrozado ese fin de semana que había comenzado un viernes, había sido ir al entierro de mi padre. Para colmo, había llovido terriblemente, y a pesar de que mi madre intentaba cubrirme con un paraguas, no me importaba mojarme o no. Fui el último en retirarme de la tumba recientemente cubierta cuando todo había terminado. El agua me había alisado los rulos de mi cabeza por completo, y en ese momento sólo miraba fijo la tierra húmeda. Pensándolo bien ahora, parecía muy de película. Mi hermano Alan me tomó de la mano y me obligó a caminar de una vez. Me deprimía más él que cualquiera de mis otros hermanos. Cuando Alan estaba triste se le notaba, porque era una persona muy alegre, y también el que más me hacía reír. Él sí que tenía sentido del humor, y recuerdo que mi mamá siempre decía que de todos nosotros, él y yo habíamos heredado esa forma de ser de ella. Bueno, entonces era mejor intentar conservarlo en vez de hacer mi vida triste y aburrida después de la muerte de él. Al llegar a casa, mamá me ayudó a cambiarme de ropa (si hubiera sido por mí, me hubiera tirado en la cama todo empapado como estaba) e intentó hablarme de algo, pero desde la mañana que yo no decía nada. Sólo me habían oído decir “¿Me pasas pan, David?” en el desayuno, y del que no probé ni un bocado. Pero era inútil. No me iban a hacer hablar, es que simplemente no quería, ni cambié mi expresión en lo más mínimo. Sabía que si lo hacía, mi madre iba a comenzar a decirme: “Sabes, Billie Joe, tu padre estaba muy enfermo, ¿lo sabías? Y piensa que no sufrió, sé que es difícil, pero él sigue aquí contigo, cariño”. Pavadas. Ya sabía que mi padre estaba enfermo, desde que empezó a ir al médico 3 veces por semana y cada vez que llegaba volvía con cara de funeral. Nunca me lo habían querido decir, eso era lo que más me enojaba de todo el maldito asunto. Tenía 10 años, no 3. Y sí que sufrió. Desde que se enteró que tenía cáncer sufrió, no por él, obviamente. Mi padre había sufrido pensando en que luego de su muerte nosotros estaríamos solos, él me lo dijo. Una vez estábamos en la cochera, él tocaba la guitarra, y yo le pregunté qué le pasaba exactamente. Él me dijo que tenía miedo que nosotros nos enojemos con él, y hasta ese momento no entendí muy bien por qué lo decía. Yo no creía que él se iría, porque era feliz con nosotros. Caí tarde en lo que había querido decir.
Apenas me puse ropa seca, me tiré en mi cama y me puse un almohadón en la cabeza, y por más que mi madre me insistió, no la escuché. Ollie suspiró y me dejó solo (cuando estoy así de molesto suelo llamarla por el nombre), por lo que, al oír el ruido de la puerta, me incorporé y murmuré:
– Maldita sea – después me volví a acostar.

El lunes llegó nuevamente y yo me dirigí al colegio con más pesadez que nunca. Mi madre había querido acompañarme, pero me fui cuando ella menos se dio cuenta. No me importaba que luego me regañe, o que se preocupe siquiera, quería irme, para volver a llegar en la tarde. Fue en ese momento, creo yo, en el que mi rutina comenzó a transcurrir muy lentamente.
Había llegado algo tarde, por lo que todos estaban ya en sus salones. Al entrar, todas las miradas se dirigieron a mí, al igual que el primer día. La maestra no se atrevió a regañarme. Seguramente sabía lo que había ocurrido. No me molesté ni siquiera en saludar, me dirigí al fondo, a sentarme al lado de Mike. Él, al ver que me acercaba, corrió su mochila y me dejó pasar sin decir nada. Seguro también sabía. Luego la mujer delante de nosotros intentó seguir de manera normal, aunque tartamudeó un poco al principio. Parecía que había entrado un muerto, zombi o algo así que los dejó temerosos a todos.
– Lo siento mucho – me dijo Mike en un susurro.
Lo miré y sonreí amargamente. No quise decir nada aún.
Afortunadamente para nosotros, el día transcurrió bastante tranquilo, pero no rápido. Lo que más detesté fue la falsedad que había generado la muerte de mi padre. Se habían acercado a decirme que lo sentían muchas personas que yo ni conocía, y que no tenía idea de quienes eran. Claro que no se lo dije a Mike de esa manera, pero cada vez que sucedía, fruncía el ceño con extrañeza y decía “no te preocupes, pero lo que me preocupa a mí es saber quién eres”. Entonces el fulano que me estaba saludando en ese momento me decía su nombre como si ya lo hubiera hecho reiteradas veces para no quedar en ridículo delante de otro grupo que observaba. Todo me lo había tragado sin decir nada, no me importaba recibir un saludo más o uno menos, pero también tenía mi límite. En la cafetería, se había acercado a nosotros una niña escoltada por otras dos, las tres rubias y vestidas de rosa casi por completo. La del medio, que llevaba un ridículo moño en la cabeza y se llamaba Sally, carraspeó y me miró con seriedad.
– Billie Joe, me he enterado lo sucedido – ¿Desde cuándo la tipa sabía mi nombre? – y quiero que sepas lo mucho que lo lamento. Conociéndote, y sabiendo lo buen niño que eres, tu padre seguro que debía ser un muy buen hombre.
Mike contenía risa a mi lado, por un lado para no escupirle su almuerzo en la cara a la niña, y por otro para escuchar atento a mi contestación. Yo tenía una cara de desconcierto y un tic en el labio, no me causaba nada de gracia la situación.
– Escúchame, Comotellames, gracias, pero realmente no sé de qué mierda me hablas – le dije encogido de hombros. La niña se mostró sorprendida e indignada –. Es que, al menos que seas vidente, adivina o algo de eso, no creo que me conozcas demasiado… Y deja ya de querer llamar la atención.
Las niñas que estaban al lado de Sally se cubrieron la boca y abrieron grande los ojos. Pensé que no podían ser tan tontas como para no darse cuenta de que tenía razón en lo que decía. Sally, sin embargo, alzó una ceja y se llevó las manos a la cintura. Era linda niña, pero una víbora de verdad.
– Bueno… Como vemos aquí, al parecer a éste niño su finado padre no le ha enseñado tanto como supuse – espetó acercándose a mi cara y sonriendo con ironía –. Tal vez… tu madre tenga tiempo de reparar algo de ti, tu padre tal vez molestaba en vez de ayudar.
No me moví. Si me movía, la golpeaba, y eso sí que era algo que mi padre me había enseñado: no golpear a las mujeres. Tampoco quería contestar nada, no quería seguir armando ese circo que ella se había encargado de comenzar. Muchos en el lugar ya miraban con sus bocas semiabiertas esperando que la insulte, que le pegue, que la escupa, pero yo mantenía mi vista fija en la de ella, simplemente odiándola como nunca creí que comenzaría a odiar a alguien.
– Bueno, ¿pero qué tenemos aquí? – oyó una voz burlona.
La única que hablaba de esa manera sin sobreactuar no podía ser otra más que…
– ¡Mizuki, qué raro verte por aquí! ¿Alguien te llamo? – ironizó Sally alzando una ceja, aunque retrocediendo unos pasos. Creo que si no hubiera estado tan cerca de su rostro, no hubiera podido ver la expresión de terror que se había dibujado en ella durante unas milésimas de segundos.
– ¿No te alegra tener a alguien más para que se fije en ti y las estupideces que dices? – dio a modo de respuesta imitándola exageradamente. Algunos rieron, y Sally resopló.
– Parece que los huérfanos se han juntado para estar en contra mío ahora… ¿Qué pasó contigo, Mizuki? Cuéntanos… ¿Tus padres te abandonaron antes de volver a Japón?
– Yo no tengo padres… ¡pero los tuyos pronto no tendrán hija! – le gritó antes de tirarse arriba de ella y derribarla al piso.
Sally gritaba histéricamente y al caer lo primero que hizo fue intentar agarrarle del pelo a Mizuki. Ya toda la cafetería entera se había acercado alrededor de ellas y miraban con atención la pelea… o mejor dicho, como Mizuki golpeaba el piso con la cabeza de Sally. Mike y yo seguíamos observando, mi amigo con una sonrisa de oreja a oreja y yo con la boca levemente abierta. Le dije que era mejor separarlas, así que, por pedido de Mike, esperamos a que a Sally le sangre un poco la nariz para hacerlo. Tomamos a la niña uno de cada brazo y la empujamos para alejarla, justo cuando llegaba el director y un par de profesores más a toda velocidad.
– ¿Qué sucede aquí niños? Apártense…
El hombre se quedó sin palabras al ver a Sally sentada en el suelo llorando y con algo de sangre en la nariz. Su estúpido moño rosa había quedado hecho un nudo en el suelo y tenía el pelo que parecía una esponja. Después, el hombre levantó la vista directamente hacia donde estábamos nosotros. Parecía que no se iba a poder mover ni siquiera.
Castigados. Los tres en frente de la dirección, sentados, esperando a que llegue alguien por nosotros. Ninguno hablaba, sólo nos mirábamos los pies con demasiado nerviosismo como para intentar entablar una conversación. O por lo menos así estábamos hasta que después de un rato, Mike se cansó del silencio. Suspiró y me miró, aunque no me molesté en mirarlo. Luego miró entonces a Mizuki.
– Oye… después de todo lo que pasó, tengo una duda – le dijo de manera que ella lo miró.
– ¿Qué? – inquirió ella con curiosidad.
– Sally dijo algo de Japón… Sé que era para insultarte, pero lo dijo al fin. Y al final me quedó la duda, ¿lo inventó o es verdad que tus padres eran japoneses? Bueno, por tu nombre, porque en realidad no te pareces en nada a una…
Ella lanzó una risita y negó con la cabeza.
– Resulta que es algo largo de explicar… Mis abuelos eran japoneses, por parte de padre. Pero mi papá nació en Nueva Jersey, cuando vinieron a vivir a este país. Así conoció a mi mamá, que era de ahí. Cuando yo nací, mi abuela había fallecido hacía un tiempo, y me pusieron su nombre – explicó haciendo al final una mueca –. No me gusta demasiado que digamos…
– Es lindo – dije hablando por fin –. A mí me gusta Mizuki.
– Es verdad, a mí también, me parece simpático – agregó Mike con una sonrisa.
Ella sonrió también y cuando iba a decir algo, oímos pasos que se acercaban por el pasillo a toda velocidad. Los tres estiramos las cabezas para ver, pero todos reaccionamos de distinta manera. Mike torció la boca y me miró; Mizuki frunció el ceño sin saber de quién se trataba; y yo me puse pálido, era el que más sabía de quién se trataba.
– Mamá – salió de mi boca con dificultad, y la niña al lado de Mike me miró al instante.
– ¡Billie Joe! ¿Qué ha pasado contigo? – gritó sin terminar de acercarse.
No tuve tiempo de contestar cuando de la dirección ya había salido el director. Saludó amablemente a la “señora Armstrong”, aunque mi mamá estaba lo suficientemente nerviosa como para no poder ni siquiera sonreír tan falsamente como lo hacía él. ¿Qué esperaban? El tipo iba a decirle que su hijo había iniciado una pelea, que estaba suspendido y que casi lo echan de la escuela, ¿entonces cómo podía sonreír con tanta ligereza? No me caía bien ese tipo de personas. Entraron a la oficina igualmente dejándonos en espera otra vez, que no volvimos a decir más nada. Cada uno esperaba su propia sentencia.
Al final, parecía que mi mamá había preferido no oír demasiado lo que el director tenía para decirle (de lo que le contó, sabía lo que podía llegar a ser verdad y lo que no), así que salió pronto de la escuela conmigo de la mano. Caminábamos en silencio, sin decir una palabra. No me atrevía a mirarla, caminaba mirando mis pies. Al llegar a casa, esperé que ella empiece a gritarme o algo parecido, pero nada de eso llegó. En lugar de eso, vi que se desplomó en el sillón y tomó su cabeza entre sus manos, dejando que una lágrima recorra su mejilla. Me acerqué y le puse una mano en el hombro.
– Perdóname, mamá – musité con la voz temblorosa. Era lo único que pensé que podría ocurrirle, ¿por qué más podría llorar?
Ella me miró unos segundos sin decir nada y luego agachó la vista otra vez.
– Billie… ¿tú… crees que te estábamos educando mal con tu padre? – inquirió en un susurro, y negué con la cabeza al instante.
– Si el director te contó lo que dijo la odiosa de Sally, no le hagas caso – dije con el ceño fruncido –. Esa niña no sabe nada, ni siquiera me conoce…
– ¿Y por qué ayudaste a esa niña a golpear a Sally?
– ¿Eso te dijo? – pregunté con molestia –. Yo no la ayudé… Mizuki me defendió, y como Sally le dijo cosas feas de su familia también, la golpeó… Creo que si Mike y yo no la hubiéramos sujetado, le hubiera quitado todos los pelos de la cabeza.
Ella asintió levemente y volvió a agachar la cabeza. Luego me miró y extendió los brazos, para que me acerque y la abrace con fuerza.
– Trata de no meterte en problemas, ¿si? – musitó acariciándome el cabello.
– De acuerdo – contesté luego de unos segundos de silencio, sin terminar de convencerme a mí mismo de lo que decía.

Do you know where you're going to, do you like the things that life is showing you? ♫

Capítulo 3: La difícil tarea de conocer a Mizuki.

Todos se habían olvidado fácilmente del pequeño incidente en la cafetería, incluso yo. La única que no olvidaba era Sally, que cada vez que pasaba cerca de mí, Mike o Mizuki se encargaba de hacer algún comentario burlándonos, aunque las únicas que reían estruendosamente eran las dos chicas que iban detrás de ella siempre. Por eso nunca contestábamos a nada, y más de algún que otro curioso alrededor se quedaba con ganas de ver a Sally con la nariz sangrando otra vez.
A pesar de que Mizuki se había mostrado muy a favor mío en esa oportunidad, después de eso era difícil que me dirija la palabra. Se sentaba delante de Mike y yo, pero seguía siendo como en los primeros días de clases: o faltaba o llegaba tarde. Intentábamos hablarle, pero era más fácil que ella se meta en conversaciones nuestras, cosa que nunca ocurría. Las pocas palabras cruzadas podían llegar a ser “¿me prestas el sacapuntas?”, y contestaba muy fríamente como para que alguno de los dos intente alargar el diálogo mucho más. Era un caso especial.
Los días pasaron y llegaron los primeros exámenes. Tanto a Mike como a mí nos había ido pésimo, y hablábamos del tema en el recreo, luego de enterarnos de los primeros resultados.
– Nunca creí que era como para desaprobar – mencionó Mike pateando una piedra de camino al baño.
– Ni yo… aunque debes admitir que nunca hacemos nada en clases – agregué mirando a mi amigo de reojo. Él rió.
– Es verdad, pero yo creo que después nos irá bien – repuso sonriendo –. No significa que vayamos a reprobar el año.
Al llegar a las puertas de los baños nos detuvimos.
– ¿Me esperas o entras conmigo? – preguntó Mike.
– Te esperaré aquí, ya va a ser tiempo de que entremos – contesté sentándome a un costado de la puerta.
Mike asintió y luego entró. Mientras que esperaba, jugueteaba con un lápiz que llevaba en mi bolsillo, en realidad, el único que tenía. De repente, me arrebataron el lápiz de la mano, sin que tenga tiempo siquiera de darme cuenta que había alguien junto a mí. Levanté la vista con la boca semiabierta.
– ¿Qué haces? – pregunté con el ceño fruncido.
– Sólo juego – contestó Mizuki con una sonrisa divertida en el rostro.
Me puse de pie.
– ¿Me das mi lápiz? No tengo otro…
– Yo tampoco tengo uno – interrumpió sonriendo cada vez más ampliamente y con malicia.
No pude ocultar mi cara de enfado. No soportaba a la gente que no tenía sentido del humor, pero tampoco me daba cuenta cuando me comportaba como una. Fruncí el ceño e intenté arrebatarle el lápiz con un ademán, pero fallé. La miré indignado y sin saber exactamente por qué hacía eso, ¿qué se supone que le ocurría? Y ahora me pregunto también qué sucedía conmigo, ¿por qué me lo había tomado tan a pecho?
– Ya, Mizuki, ¿qué demonios sucede contigo? – farfullé haciendo notar lo enojado que estaba. Ella estalló en carcajadas.
– El problema no soy yo. Es que tú te tomas todo muy en serio – contestó con risa.
– OK, entonces dame mi lápiz – ordené extendiendo la mano.
– No, esto es divertido – repuso comenzando a correr.
Abrí grande los ojos y cuando reaccioné comencé a correr tras ella. Estaba a punto de alcanzarla cuando se metió al baño de niñas, y me detuve al instante. Jadeando, apoyé mis manos en mis rodillas y la miré de reojo. Ella también estaba agitada, pero no dejaba de sonreírme victoriosamente, pensaba que no me atrevería a meterme en ese lugar… pensaba mal. Me incorporé más recuperado, y luego de mirar a ambos lados para verificar que no se acercaba nadie entré en el baño y alcancé a sujetarla del brazo antes de que comience a correr más fuerte. Se detuvo al fin, igualmente riendo a más no poder.
– Ya, tú ganas, toma tu estúpido lápiz – rió con ganas.
La miré unos segundos y luego sonreí dando un suspiro. Sí que me había tomado todo muy en serio. Guardé el lápiz en mi bolsillo y la miré todavía sonriendo. Luego nos acercamos a la puerta, era mejor que nadie me vea allí, y mucho menos a solas con ella. Aunque en eso no tuvimos demasiada suerte. En la puerta nos cruzamos justamente con la persona menos indicada.
– ¡Oh, miren niñas! – exclamó Sally, a sus dos amigas –. ¿Qué haces tú aquí, Armstrong?
– Nada que te interese a ti – contesté, listo para sostener a Mizuki por si se le ocurría tirarse encima de Sally. La niña en frente nuestro hizo una mueca de desagrado.
– Parece, niñas – comenzó a decir desviando su vista a Mizuki –, que nos hemos equivocado de baño… Por lo que veo, éste es de hombres.
Las otras dos comenzaron a reír a carcajadas, como un par de hienas, y me dio la impresión de que la niña al lado de mí apretaba con fuerza sus puños. Pero sabía que Mizuki no iba a reaccionar. La vi colorada como un tomate, seguramente por el comentario. Ella no tenía la culpa de no tener una madre que la vista como la vestían a Sally, aunque en mi opinión no se perdía de mucho. Me hubiera desagradado ver a Mizuki vestida con un moño rosa en la cabeza. Pero para ella seguramente no había sido nada agradable.
– ¿Sabes algo, Sally? – dije agachando la vista –. Creo que nos hemos equivocado de baño… A la única niña que veo aquí es a Mizuki, mejor vamos donde nos corresponde… Y mejor quítate ese moño de la cabeza, no te queda para nada bien.
Sally me miró con odio y pateó el suelo con fuerza, de manera que Mizuki no pudo evitar contener la risa, y yo tampoco. Le hizo ver ridícula ese gesto. Nos fuimos dejando a esas niñas allí, con varias cosas para decir. El timbre había tocado hacía ya unos minutos, pero todavía quedaban algunos niños en el patio y algunos profesores diciéndoles que entren. Caminamos en silencio y de pronto recordé que debía buscar a Mike, él debía estar esperándome.
– Hey, Mizu, Mike está en el baño, ve tú al salón – le dije agachando la vista. Luego la miré y ella sonrió.
– Vamos a buscarlo – me dijo comenzando a caminar.
La seguí sin decir nada, sólo le sonreí, aunque creo que no me vio. Cuando íbamos llegando, vimos a Mike, que esperaba en la puerta del baño con cara de desagrado. Al vernos juntos, noté que se sorprendió un poco, pero no dijo nada sobre el tema.
– Ya quita esa cara – le dije sonriendo –. No me odiarás tanto por abandonarte luego de que te contemos lo que sucedió.
Fuimos rápidamente a nuestro salón de clases. Ya todos estaban en sus lugares, y la profesora nos retó un poco, nada grave. Nos sentamos rápidamente sin querer dar ninguna explicación, y antes que me gire hacia Mike para comenzar a contarle, vi que Sally miraba con cara de odio. Le sonreí falsamente, vi que se enojó más por eso, y luego me puse a conversar en voz bien baja con mi amigo. Un rato después, Mizuki se giró y me dejó un papel encima de la mesa y se volvió para que la maestra no le diga nada. Lo abrí rápidamente y leí: “Gracias por defenderme hoy”. Me miró unos segundos y sonrió. Yo también sonreí.
– ¿Qué es eso? – inquirió Mike sacándome el papel de la mano.
Al terminar de leer, sonrió con picardía y me miró. Bien, había ganado el resto del día lleno de bromas tan estúpidas como “a Billie le gusta Mizuki” o “¿cuándo se casarán? ¡Yo quiero ser el padrino!”. No me importó realmente. En el segundo recreo estuvimos un tiempo con ella, y, si me lo preguntan, se podría decir que fue una manera de comenzar una amistad.
– ¿Qué harás en la tarde, Billie? – preguntó Mike mientras caminábamos a la salida de la escuela.
– Nada, aburrirme… Tal vez haga la tarea que nos dejó la profesora – contesté sin mirarlo. Mizuki lanzó una risa.
– Pero no es para mañana – repuso ella.
– Eso ya lo sé – contesté con tono de obviedad –. ¿Tienes una idea mejor?
– Yo te iba a decir de vernos – contestó Mike por ella, y al ver que se había quedado en silencio añadió: – Tú también puedes venir.
– Está bien… Pero no sabes dónde es mi casa. ¿Por qué no vienen y de mi casa llaman para avisar que están conmigo?
– Sí, creo que será mejor así – dijo Mike –. ¿Y tú, Mizuki?
– A mí me da igual – repuso encogiéndose de hombros. Luego sonrió –. Si no es molestia para tu mamá, vamos.
Sonreí también y seguimos camino a mi casa. ¿Qué era lo que podíamos llegar a hacer? Hablar y contarle con más detalle a Mike lo sucedido con Sally, o preguntarle a Mizuki qué tan bien se sentía golpearle la cabeza contra el suelo realmente. No habíamos planeado nada realmente, pero seguro la pasaríamos bien… eso queríamos pensar.
– ¿Qué se supone que haremos ahora? – preguntó Mike por quinta vez desde que nos habíamos tirado en el sillón, desde hacían diez minutos.
– No lo sé… No hay nada en la televisión – dije viéndolo todo al revés, ya que estaba recostado dejando colgar mi cabeza.
– Vamos a tu habitación – propuso Mizuki.
Era la única que no se quedaba quieta. Se movía constantemente de un lado a otro, y cuando veía que ya estábamos todos en silencio, nos molestaba haciéndonos cosquillas o dándonos golpes en el hombro.
– Será lo mismo aburrirnos allí que aquí – dijo Mike frunciendo la boca.
– Bueno… está mi guitarra…
– ¿Tienes una guitarra? – preguntó con interés –. Quiero verla.
– No sabía eso – mencionó mi amigo también con interés e incorporándose.
– Vengan – les dije sin dar demasiadas vueltas más.
Corrimos a mi habitación. No sé por qué corrimos; es que ellos estaban ansiosos y yo les seguía el paso. Al entrar, saqué a Blue. Así llamaba a la guitarra que me había regalado mi padre antes de morir, y el regalo que más apreciaba. Hacía un tiempo ya que aprendía, así que toqué algo mientras ellos miraban. Noté que Mizuki miraba como analizando lo que hacía, no era la misma mirada de Mike. Me miraba a mí, a la guitarra y luego sonreía. Siempre hacía que me pregunte cosas que al parecer no tendrían respuesta, y al final resultaba respondiéndolas como si me leyera el pensamiento. Por supuesto, en ese entonces recién nos estábamos conociendo.
– ¿Me prestas la guitarra? – preguntó en un momento. Mike y yo permanecimos en silencio unos segundos mirándola, sin poder reaccionar, entonces preguntó otra vez: – ¿Me la prestas?
– Sí – contesté finalmente –, claro…
Le extendí el instrumento y ella se sentó en mi cama acomodando la guitarra sobre sus piernas. Pensó durante unos segundos y luego comenzó a tocar. Creo que tanto Mike como yo nos sorprendimos, lo último que me hubiera imaginado es que sabía. No conocía la canción que tocaba, pero tampoco me atreví a interrumpir. Sólo cuando terminó me extendió el instrumento nuevamente con una amplia sonrisa.
– Deberías escuchar esa banda, a mí me gusta mucho – dijo si dejar de sonreír.
¡Mizuki! Siempre lograste sorprenderme. Desde que te conozco que vengo descubriendo todos los días cosas nuevas de ti, y el día de hoy creo que debería volver a comenzar a investigarte. Pero aquella vez no fue simplemente una tarde que pasamos juntos. Desde ese día, nos volvimos tan inseparables, que nadie creería la situación en la que estamos hoy en día. Es así… hay cosas que inevitablemente suceden, y a nosotros nos sucedieron las peores.
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Cualquier relación con la realidad es mera coincidencia...
Bueno, tal vez no tanto NINJA

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Re: Scattered

Mensaje por Scattered.Pictures el Sáb Mayo 22, 2010 8:43 pm

pucha u.u, tendre que esperar D: xD

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Re: Scattered

Mensaje por NaturalxDisaster el Sáb Mayo 22, 2010 8:45 pm

^ No es tanto igual, porque voy a subir seguido y de a dos capítulos si es posible... So, imaginate que son 31 caps sin el prólogo (I) (: En un par de semanas ya estará xD

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Re: Scattered

Mensaje por Scattered.Pictures el Sáb Mayo 22, 2010 8:53 pm

si!!! *se pone a bailar* xD
ok... esperare ^^

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Re: Scattered

Mensaje por AndieDookie el Dom Mayo 23, 2010 3:54 pm

aaaaaaaw Celes el martes leo *-*

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Re: Scattered

Mensaje por NaturalxDisaster el Dom Mayo 23, 2010 4:39 pm

^ Bueno n.n (L)

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Re: Scattered

Mensaje por NaturalxDisaster el Lun Mayo 24, 2010 4:19 pm

Capítulo... again D:! (?)
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Capítulo 4: La obra de invierno.

Las semanas habían pasado tan rápido, que cuando menos nos dimos cuenta, estábamos muy cerca de comenzar las vacaciones de invierno. Era algo pesado caminar por el colegio o por las calles esos días. En el salón de clases, todo el mundo estaba feliz de que llegaba Navidad, obviamente la gran mayoría por los regalos que se imaginaban que recibirían. A mí me daba igual. Sabía que en mi casa no iba a ser un buen año, todos sentirían la ausencia de mi papá, incluso yo, y me imaginaba que sería una noche bastante melancólica. Mike y Mizuki no decían mucho. Creo que a Mike le importaba el asunto tanto como a mí, no le agradaba la idea de ver a su padrastro embriagado; y de Mizuki realmente no tenía idea. El tema es que no sólo por eso eran días pesados.
En la cartelera de la escuela habían aparecido carteles con fechas de obras de teatro, y sinceramente me horroricé al ver que mi curso era el encargado de presentar La Cenicienta. Tenía pensado participar en algún papel secundario… ¿ayudante, bailarín de fondo, de árbol? Era lo más probable. Sin hacer demasiado caso y esperando a hablar de eso con la profesora y el resto de la clase luego, corrí al salón, estaba llegando tarde. Al entrar, ya estaban todos en sus lugares, pero la profesora no había llegado. Me acerqué a mi lugar y saludé a Mizuki y Mike, que conversaban tranquilamente y sonrieron al verme. Era así: cuando yo llegaba tarde, Mizuki llegaba extremadamente temprano, y cuando yo llegaba temprano, ella probablemente aparecía media hora después del comienzo de las clases. Lo comprobé después de la tercera vez que había ocurrido.
– ¿Vieron…?
– ¿Lo que nos toca representar? – me interrumpió Mike con una mueca de desagrado.
– Exactamente – contesté con una sonrisa y blanqueando los ojos.
– Bueno, tal vez nos toque hacer de algún bailarín de fondo – mencionó nuestra amiga como si me hubiera leído el pensamiento.
– No creo que se preocupen por hacernos participar, Sally llamará más la atención para hacer su estúpido papel de princesa – dijo Mike mirando de reojo hacia el lugar donde se ubicaba la niña.
– Miren el lado bueno… Si le toca el papel de Cenicienta, la veremos fregar los pisos del escenario – mencionó Mizuki frunciendo la boca, totalmente seria, aunque Mike y yo reímos.
Justo luego llegó la profesora de arte, que era la que se encargaría de la obra. La mujer, que tenía el pelo tan enrulado que parecía una esponja rojiza gigante, dejó sus cosas y pidió silencio a todos. Habló un rato sobre lo que habíamos hecho la clase anterior y después tocó el tema de la obra, que tenía fecha una semana antes de Navidad. En realidad, yo no había estado prestando atención realmente hasta que dijo que elegiríamos los papeles. Entonces pensé que sería bueno escuchar para decirle a mi mamá de qué debería disfrazarme… Realmente no tenía ganas de participar. Yo no era antipático, me gustaba participar con los demás de mi clase en cualquier cosa. Pero todavía no me había adaptado bien a ese curso, y por todas las demás circunstancias, no me sentía con ganas de participar.
– Bien, niños – dijo la mujer –, para que la elección sea justa, anotarán cada uno su nombre en un papel y lo pondremos en ésta bolsa. No, Nancy, ya te dije que no elegirás tú. Intentaremos que el papel de princesa le toque a una niña, y el del príncipe a un niño, pero los demás papeles, salga quién salga, quedará así, ¿de acuerdo?
Todos contestamos diciendo “sí” a la vez, y luego escribimos nuestros nombres. Escribí el mío y se lo di a Mizuki, que lo llevó junto con el de ella y el de Mike para dejarlos en la bolsa. Esperamos unos minutos mientras conversábamos, ya todo era un revuelo total nuevamente. A la profesora no le importaba, y era la única que nos dejaba pasarla bien durante sus clases.
– Silencio, niños, comenzaré a decir los papeles – gritó parada frente al pizarrón. En éste estaban escritos todos los papeles disponibles con un espacio vacío al lado –. El príncipe será… Michael Pritchard.
Mizuki y yo comenzamos a reír, y Mike se quedó con la boca semiabierta en una expresión de horror que no pudo ocultar. Le di unas palmadas en la espalda que hicieron que despierte, pero nos miró molesto. Si yo no tenía ganas de participar, él mucho menos.
– Seguiremos con la “familia real” – dijo la profesora con una sonrisa divertida, al ver que más de una que otra chica se había quedado en silencio, atenta a lo que decía –. El rey será… James Washburn.
Y así siguió hablando. Ni mi nombre ni el de Mizuki habían salido aún, pero sí nos reímos con ganas cuando salió del de Sally.
– ¡Aquí tenemos a las dos hermanastras! – Exclamó de repente la profesora, sacando dos papeles –. Sally McNeill y… sí, tú Nancy.
Obviamente la reacción no fue buena. Mientras nosotros reíamos (esto había puesto de mejor humor a Mike), Sally y Nancy le rogaban a la profesora que cambie los papeles, argumentando cosas ridículas. Fue divertido, haber visto a Sally golpear el suelo con su pie otra vez le dio más gracia a la situación. Y finalmente…
– Bueno, el papel que más se estuvo esperando, creo yo, es el de la princesa – mencionó la profesora con una sonrisa –. Mizuki Li, es la encargada del papel.
– ¿Esa? ¡Podrá ser sirvienta de alguien, pero nunca princesa! – exclamó Sally (en ese momento tenía lágrimas en los ojos).
Me extrañó que Mizuki no haya contestado, y luego entendí por qué. Se había puesto colorada como un tomate, y todavía no había podido moverse desde que la profesora había anotado su nombre al lado del papel que le correspondía.
– ¡Arriba el ánimo, Mizu! – le dije para alentarla.
– Sí, ayúdame a creer que lo que nos tocó no es tan malo – agregó Mike, sin ser de gran ayuda en realidad.
– Escucha, puede haber peores cosas, ¿no? – seguí poniendo mi mano en su hombro.
– ¿Billie Joe? ¡Billie! Te toca ser el Hada Madrina – anunció la mujer que en ese momento tuve ganas de asesinar.
Hubo una carcajada general, pero me quedé igual que Mizuki: rojo y petrificado con la misma expresión con la que estaba hablando, incluso todavía sonreía como idiota. Luego, cuando pude moverme, miré al piso y maldije mil veces para mis adentros, mientras Mike seguía riendo y Mizuki miraba de brazos cruzados, algo enojada. Ninguno de los dos estaba conforme con el papel que nos había tocado, y tampoco intentábamos ocultarlo.
– Bueno, ese fue el último papel – terminó finalmente la mujer que más detestaba en ese momento –. Les daré los libretos para que ensayen sus diálogos un poco, y veremos si en la semana podemos utilizar el auditorio para ensayar todos juntos. De todas formas, les recomiendo a los más tímidos que se reúnan con sus amigos a practicar, principalmente el señor Pritchard y la señorita Li, que tienen los papeles más importantes de la obra –. Mike y Mizuki fruncieron mucho más el entrecejo –. Como pueden ver en la cartelera, la fecha que nos toca es una semana antes de Navidad, un viernes. Tenemos entonces dos semanas para preparar todo. Vayan consiguiéndose los trajes, y… eso es todo.
Justo sonó el timbre del primer recreo, que dio por finalizada su obra. Se despidió de nosotros con una sonrisa, tomó sus cosas y se fue rápidamente. El hecho de habernos enterado de nuestros papeles a primera hora del día, había hecho que nuestro humor no sea el mejor. Ninguno de los tres había dicho nada hasta que estuvimos sentados afuera, viendo al resto de los alumnos pasar.
– Esto es detestable – dijo Mizuki con enojo –. Nunca he actuado en mi vida, ¿cómo se supone que ahora tengo que representar un papel tan importante?
– Vamos, no es para tanto – repuso Mike haciendo una mueca –. Es una obra infantil, no tendrás que actuar para alguien en Hollywood.
– Es igual – farfulló cruzándose de brazos –. Todo apesta…
– Ustedes no tienen que quejarse – exclamé alzando una ceja –. Por lo menos no tendrán que vestirse como una niña… Bueno, me refiero sólo a ti, Mike.
Mizuki estalló en carcajadas. Creo que se había aguantado en su momento, pero cuando ya se le había pasado el enojo con su suerte, se permitió reírse de la mía. Con la cara enrojecida, me miró y se pasó la manga de su remera por los ojos, limpiándose las lágrimas que le habían saltado de la risa.
– No precisamente tienes que vestirte de niña, puedes usar… no lo sé, calzas – dijo sin dejar de sonreír, y luego se le escapó otra carcajada más.
– Y puede ser de azul… Aunque tal vez no convine tanto con tu cabello – señaló Mike, haciendo reír más estruendosamente a Mizuki, risa a la cual se sumó la de él.
¡Qué buena suerte que estaba teniendo! Aunque a mi madre le alegraría que participara de una obra en la escuela, para mí era totalmente desagradable teniendo en cuenta el personaje que me tocaba representar. Y más aún si tenía como amigos a esos dos que me recordaban cada cinco minutos lo gracioso que era. En esos momentos, no me hacían falta enemigos, en serio.
Aquel día, cuando le comenté a mi mamá lo de la obra, se puso muy feliz, como imaginaba. En la noche, me tiré en mi cama y me puse a leer un poco el libreto. No era demasiado lo que debía decir, aparecía dos o tres veces en toda la obra, afortunadamente. Pensé que, para ser un personaje importante, era demasiado poco, y creo que intenté tomarlo como algo de “suerte”. Igualmente, no era la primera vez que pisaba un escenario. Lo había hecho antes, en jardín de infantes. Había actuado de… no me acuerdo de qué, pero mi participación había sido realmente muy poca. Estaba más acostumbrado a cantar en frente de los demás. Eso sí que me gustaba. Lo hacía como quería, de la manera que me salía, y no era necesario fingir en nada. Si me lo preguntan, la actuación es algo desagradable para mí. No es que no me guste reconocer que hay personas que lo hacen bien, porque me gusta que en una película, por ejemplo, se note que el actor es bueno. De otra forma, si es un personaje bueno, pero el actor no vale nada, derrocha todo lo bueno que puede tener una película. Y cantar… eso sí que era liberarse. Cada vez que lo hago, me sale de la manera en la que exactamente me siento. No digo que un cantante cuando está encima de un escenario no actúe. De hecho, cuando subes a un escenario, no puedes agarrártelas con el público si tienes problemas personales. Y de cierta forma, te olvidas de todo, a la mierda si tu día fue horrible, si tu vida no es lo que los demás piensan que es. Estás cantando, y si estás enojado, lanzas un grito en medio de la canción que los demás notan como ensayado. Sólo los que tocan contigo se dan cuenta de ese dejo de rabia repentina, pero tampoco mencionan nada al finalizar un show. Si cantas una canción que te llega mucho, lo haces como si quisieras hasta llegar a gritar la letra, acompañando con gestos, acciones, y cuando terminas de cantar el último verso suspiras, sonríes y sólo eso basta para sentirte bien, nada más, ya lo hiciste, ¿importa si alguien no escuchó? De seguro alguien inteligente entre el público lo hizo, te entendió, y en cierta manera, lograste sentirte escuchado. Es lo mejor que puede haber.
Creo que me desvié de tema. Revisaba mis líneas, las repetía en mi mente una y otra vez para memorizarlas y de vez en cuando practicaba para ver qué gesto hacer exactamente. No era tan difícil después de todo. La historia la conocía muy bien, como todo el mundo, así que si me olvidaba lo que debía decir, simplemente podía improvisar. Cuando había logrado concentrarme y encontrarle algo entretenido a lo que estaba haciendo, mi madre abrió la puerta, interrumpiendo maravillosamente.
– Disculpa, hijo – dijo apresuradamente al ver mi cara de disgusto –. Atiende el teléfono, es para ti.
– ¿Quién es? – pregunté levantándome de la cama de un salto y caminando hacia la puerta.
– Es Mike, dice que quiere preguntarte algo – contestó ella con una leve sonrisa.
Corrí a atender el teléfono, que estaba bastante alejado de mi habitación. Acerqué el tubo a mi oreja y pregunté:
– ¿Cara de tortuga?
– ¿Cómo estás, Bill? – dijo Mike luego de unos instantes, en los que me imaginé que habría hecho alguna mueca de molestia.
– Bien, ¿y tú? – pregunté con risa.
– Muy bien. Estuve ensayando el libreto ese que nos dieron… ¡Vaya que ese príncipe era idiota! – mencionó haciéndome reír.
– Sí, yo también estuve haciendo lo mismo. Pero lo que me toca a mí es menos que lo tuyo – dije con cierto tono presumido. Después de haberlo conocido, hacer enfadar a Mike era una de las cosas que más me divertía –. ¿Me querías preguntar algo?
– Sí, precisamente es sobre eso. Es que yo sólo no sé como arreglarme con esta cosa. No puedo imaginarme a alguien delante de mí y hablarle como si realmente existiera. ¡Parezco un loco, hasta mi padrastro me ha preguntado si estoy bien!
– Bueno – dije sin aguantarme la risa –, yo también pensé que era algo tonto, pero no me importa si parezco un loco hablando solo… ¿Quieres venir a practicar conmigo a mi casa?
– Estaría bien. Le podemos decir a Mizuki también, creo que así se preocupará un poco más en ensayar lo que tiene que decir… ¿Tú crees que le dé importancia?
– No lo sé. Lo que sí es seguro es que a ella no le agradaba para nada su papel. Y le haríamos un favor si la obligamos un poco – dije con una risita nerviosa –. ¿Se lo decimos mañana o la llamas ahora?
– Mañana. O llámala tú en todo caso…
– Qué tonto eres – espeté lanzando un resoplido.
– ¿Tú quieres que me atienda su padrastro? Porque yo no conozco a ese hombre, y con sólo saber que a ella no le gusta estar con él, me basta para imaginarme que no debe ser tan agradable.
– Bien, entonces le avisaremos mañana – acepté finalmente. En realidad, Mike tenía razón –. Nos vemos.
– Sí, adiós – se despidió él, y luego cortó.
Una vez finalizada la conversación con mi amigo, me encerré en mi cuarto otra vez. No leí más el estúpido libreto, ya lo había hecho antes, y me quería imaginar que con Mike y Mizu iba a adelantar bastante las prácticas. ¡Qué tontería! Esa era una de las oportunidades en que me convencía de una de mis más ridículas mentiras. Iba a ser difícil que los tres hagamos algo, pero quién sabe… Tal vez el aburrimiento nos ganaría a todos, y así finalmente terminaríamos ensayando, por lo menos, la escena en que el príncipe le pone el zapato a la Cenicienta.

Algo que AMO de esta historia, es que BJ salga de Hada Madrina en la obra WUB

Capítulo 5: La apuesta.

Todo ese asunto de la obra cada vez lograba hacerme molestar por más cosas. Ya me había “resignado” finalmente a que debería hacer el estúpido papel de Hada Madrina, pero los que parecían no haberlo olvidado eran los demás. Al llegar a la escuela al día siguiente, varios grupos de chicos y chicas no habían podido disimular la risa al verme pasar, y más de uno hizo comentarios que realmente no escuché. Afortunadamente, Mike y Mizuki se habían aburrido rápido de reírse de eso. Ya ni lo mencionaban, aunque nunca descubrí si realmente no les importaba o si se callaban para que no termine de enojarme más de lo que lograban hacerme enojar los demás. El punto es que hasta me defendían cuando alguien decía algo.
De todas esas burlas que había recibido aquella mañana, había tardado bastante en llegar, pero la de Sally no fue una excepción. Era el primer recreo, y estábamos sentados en unos bancos cerca de los baños con mis amigos, cuando apareció ella. Se hubiera pavoneado si le hubiera tocado un papel que le agradara, pero se limitó solamente a hacer imitaciones totalmente estúpidas de un supuesto yo actuando de Hada Madrina.
– ¿Ya le pediste a tu madre que te compre tu vestido, Armstrong? – preguntó muy seria, y cuando las dos que siempre estaban con ella comenzaron a reír, ella también lo hizo.
– ¿Y tú ya comenzaste a ensayar tu papel? Bueno, aunque creo que el papel de bruja no te queda tan mal después de todo… Por eso seguramente será muy fácil para ti – mencionó Mizuki con una sonrisa llena de ironía. Miré a Mike que entendió perfectamente lo que había querido decirle: debíamos sujetar a Mizuki si se le ocurría tirarse encima de Sally en algún momento.
– ¡Cállate, tú! – exclamó la niña muy irritada. Al parecer, realmente le dolía que le recuerden lo que debía representar –. Sabes que por lo menos yo lo haré bien. ¿En qué pensaba la profesora cuando te dio a ti el papel de princesa? En mi opinión, debió darte el papel de rata.
– Mmm… Se hubiera destacado más una rata que una princesa, y eso no creo que le agrade al público – repuso ella llena de furia. Se le notaba porque apretaba fuerte los puños.
Sally lanzó una risa irónica y se acercó a ella alzando una ceja. La miró de arriba abajo y no pudo evitar una sonrisa burlona.
– ¿Crees que tú harás un mejor papel que yo? – preguntó incrédula.
– Por supuesto. Pero piénsalo, Sally. Ninguno de los profesores dirá que yo lo hice mejor que tú, sería ridículo. Sólo podemos contar con la opinión de nuestros compañeros… Obviamente dejando de lado las amistades – contestó Mizuki hablándole muy calmadamente a Sally. ¡¿Quién eres y qué hiciste con mi amiga?!, pensé en un segundo.
– Así que eso crees… – Sally rió brevemente y luego suspiró –. Entonces te reto a que no lograrás nada. Harás el ridículo. Te olvidarás lo que tienes que decir, y todos verán a la princesa más patética que haya pisado un escenario alguna vez. No servirás ni para fregar un piso, Mizuki.
– Mi papel va a ser perfecto. No me voy a equivocar ni siquiera en un paso de baile, cuando me toque con éste – dijo elevando un poco la voz y refiriéndose a Mike, que frunció el ceño e hizo una mueca de desagrado.
– No durarás ni diez segundos, Li – le dijo Sally finalmente alejándose.
– Vete al diablo, Sally, y dile dónde te compraste ese moño tan ridículo que seguro le agradará sólo a él – dijo Mizuki saludándola con la mano y con una falsa sonrisa. Luego nos quedamos en silencio unos largos segundos, segundos en los que miré a Mike, que tampoco sabía qué decir, como yo –. Esto ahora es algo muy personal – musitó ella de repente, haciendo notar una expresión de odio por primera vez. Se alejó y se metió al baño sin decir nada más.
– ¿Crees que ahora se tomará un poco más en serio las cosas? – preguntó Mike mirando hacia el lugar por donde se había ido nuestra amiga.
– ¡No, para nada! – exclamé con ironía y blanqueando los ojos. Le lancé una mirada severa a Mike, y él sonrió dificultosamente.
No volvimos a ver a Mizuki durante ese recreo. Se había encerrado en el baño, y tal vez por eso Sally había evitado ir durante los minutos que quedaban antes que toque el timbre otra vez. Cuando volvimos a clases, nuestra amiga llegó varios minutos después, caminó pisando fuerte hasta su lugar y se desplomó en la silla sin mirar a nadie. Preferimos esperar un rato a que se le pase el enojo para decirle que en la tarde iríamos a mi casa.
Cuando se lo dijimos, ya estaba de mejor humor. Sonrió y dijo que sí casi al instante. Así volvió a hablarnos… O en realidad, después descubrí que nosotros éramos los que no le habíamos hablado a ella. Así que al terminar el día (bastante largo, por cierto), salimos de la escuela y nos dirigimos a mi casa. Al llegar, mi madre ya nos esperaba con la comida hecha. Mientras comíamos, conversábamos de cualquier cosa, y volví a pensar que en esas circunstancias no ensayaríamos absolutamente nada de la obra.
– Bueno, saquen sus libretos – dijo Mizuki cuando llegamos al living ya bastante llenos.
– ¿Ya? – dijimos Mike y yo al mismo tiempo y con la misma cara de horror.
– Sí. A eso vinimos, ¿no? A ensayar – contestó sacando el suyo de su mochila.
– ¿Y desde cuándo tú haces todo tan al pie de la letra? – inquirió Mike alzando una ceja.
– ¿Y desde cuándo tú piensas que voy a dejar que una retrasada como Sally me gane en algo tan estúpido como una obra de escuela? – espetó Mizuki de la misma manera que él.
– Eso tiene más sentido – murmuré blanqueando los ojos.
– ¿Pero no podemos hacer cualquier otra cosa un rato? Y luego ensayamos los diálogos – insistió Mike, rehusándose a la idea de hacer algo productivo.
– Porque después no haremos nada si no hacemos algo ahora – contestó ella, negándose a dejar alguna posibilidad a Sally de ganar.
– OK, Mizu, ensayemos ahora, pero no hasta que se vayan… En todo caso, lo hacemos un rato y luego hacemos cualquier otra cosa – propuse intentando no perder mi postura de intermediario. Ambos dudaron un segundo.
– Está bien – dijeron a coro, y yo sonreí.
La primera escena que ensayamos, es la del baile. Cuando Mizuki debería llegar y bailar con Mike. Fue muy divertido. Ella seguía tomándose las cosas muy en serio, pero cuando tropezaron y cayeron no pudo dejar de reír, al igual que nosotros dos. Los diálogos eran fáciles y algo tontos, pero por un lado, era mejor para nosotros. Luego seguimos ensayando alguna escena en donde entraba yo.
– ¡Límpiate esa cara! No puedes llegar al baile con los ojos tan colorados…
No había terminado mi oración porque ninguno de los dos logró contener la risa. Se revolcaban por la alfombra mientras lloraban de la risa. Mike tenía la cara colorada, y creo que Mizuki no veía bien debido a las lágrimas que salían de sus ojos.
– Ya cállense los dos. Yo estaré allí para ver cuando bailen y así reírme de ustedes también. Por suerte, ésta cosa no incluye un beso romántico – mencioné dando vuelta las páginas del pequeño libro.
– Ya hubiera renunciado a esto – mencionó Mike.
– Yo no – dijo Mizuki en cambio. Ambos la miramos con los ojos muy abiertos, entonces continuó –. El tema es que ahora no puedo renunciar, por nada del mundo.
– ¿Y por qué eso? – dije sin comprender. Ella resopló blanqueando los ojos y se sentó en el sillón, para comenzar a contarnos.
– Resulta que no sólo aposté a que sería mejor que Sally en la obra. Una apuesta así sería estúpida, y no dejaría ninguna prueba de que realmente yo hice mejor las cosas – explicó mientras nosotros asentíamos –. Bueno… entonces hicimos apuestas con esa niña. No debemos equivocarnos en nada. Si ella se equivoca en algo, deberá cumplir una prenda, y si yo me equivoco en algo, deberé cumplir una prenda también.
– Con sólo conocerte un poco me imagino que no es cualquier prenda – mencioné con notorio recelo.
– ¿Y si las dos se equivocan? – preguntó Mike sin quitarle la vista de encima a ella.
– Las dos cumpliremos la prenda – contestó con tono de obviedad.
– ¿Y si ninguna se equivoca? – volvió a preguntar casi sin esperar a que ella termine de hablar.
– ¡Entonces ninguna hará nada que divierta a la otra! – le gritó molesta. Mike frunció la boca y la miró con desagrado.
– ¿Y qué prendas son esas, Mizu? – le pregunté alzando una ceja.
– No puedo decirles – contestó lanzando un suspiro –. Eso también es parte del trato. Pero ya se enterarán, no se preocupen… Estoy segura de que algo le saldrá mal, por lo menos a ella.
– Estás muy segura – mencioné sonriendo con complicidad.
– Por supuesto – dijo poniéndose de pie otra vez, también sonriendo –. YO me encargaré de que suceda.
Casi al instante, llegó mi madre y nos preguntó si queríamos que compre algo para que tomemos algo a la tarde, y cuando se fue, decidimos que ya había sido suficiente práctica. Además, las escenas nos salían bastante bien, creo que nos lo habíamos tomado en serio todos al fin y al cabo.
– Ya no estés enojado con ella, sabes que suele contestar así – le dije a Mike, que seguía molesto.
– ¿Y qué te hace pensar que es por ella? – espetó en voz lo suficientemente alta como para que Mizuki escuche y se dé vuelta hacia nosotros.
– ¿Sucede algo? – preguntó con curiosidad.
– Nada – contestó mi amigo antes de que yo pueda hablar –. Billie, iré al baño.
Asentí y luego él se levantó y atravesó la habitación hasta la puerta dando grandes zancadas. Miré a mi amiga, que seguía mirando seriamente el lugar por donde se había ido Mike, y luego ella me miró.
– Es un idiota – murmuró agachando la cabeza. Noté que a pesar de eso estaba algo apenada.
– Y tú no le tienes nada de paciencia – dije acercándome a ella. Sonrió levemente.
– No es eso… Tal vez sólo soy muy brusca para decir las cosas – repuso mirándome nuevamente.
– Bueno, eso también es verdad – reí levemente. Ella también rió –. Pero si te pones a pensar, Mike también es un poco así cuando algo le molesta… Bueno, lo conozco tanto como a ti, no desde hace mucho, pero se nota eso en ustedes. Sólo que él es de los que está siempre de acuerdo con las propuestas de los demás, y tú eres más… mandona.
– ¿Yo te parezco mandona? – preguntó con risa.
– Sí – contesté sonriendo –. Hoy si no hubiera intervenido, te hubieras peleado con Mike porque él quería… bueno, hacer nada, y porque tú querías ensayar para la obra.
– Bueno, pero él tampoco dejaba de lado su idea, y también iba a pelear conmigo – replicó de manera divertida.
– Ya, olvida lo que dije – musité desviando la mirada, aún sonriendo –. Mandona…
– ¡Deja de decirme así! – exclamó dándome un golpe en el brazo.
– ¡Hey, pegas fuerte! – dije dándole otro golpe también.
– Pregúntaselo a Sally – dijo haciéndome reír.
Cuando Mike llegó nuevamente, dejamos de reír de a poco. Iba a decir algo pero llegó mi mamá otra vez, con las compras.
– ¿Van a tomar un chocolate caliente? – preguntó metiéndose en la cocina.
– Sí, mamá.
– Sí, Ollie.
– Sí, señora A.
– ¿”Señora A”? – repitió Mizuki, mirando a Mike.
– ¿Qué? ¿Tu apellido se escribe con “H”, Bill? – inquirió él encogiéndose de hombros.
Comenzamos a reír y yo negué con la cabeza. Fue una manera de “reconciliación”, creo, ya que después de eso ni Mike ni Mizuki dieron señales de seguir enojados. Después de un rato, tomamos el chocolate que nos hizo mi mamá. Afuera ya comenzaba a hacer bastante frío esos días. Teniendo en cuenta que faltaba menos de un mes para Navidad, todavía no había nevado, y era extraño.
Pero esa tarde antes que oscurezca, Mike y Mizuki se fueron juntos, y justo un rato después empezó a lloviznar. Recostado desde el sillón, miraba por la ventana, y pensaba en todo. En la obra, en lo mucho que comenzaba a detestar la escuela, en mi mamá, en mi papá, en Mike, en Mizuki… Cosas que en ese entonces me importaban mucho, y con las cuales tenía problemas que tal vez me tomaba muy en serio. Era un niño, seguramente era por eso. Luego la escuela me dejó de importar, mi mamá no me dio demasiados problemas y seguí extrañando mucho a mi papá con el correr del tiempo, pero resignándome mucho más a la idea de su ausencia. Mike y Mizuki siempre estuvieron, y también los vi de una manera distinta luego de un largo tiempo. Creo que mi vida no hubiera sido la misma si por alguna de esas casualidades, Mike no se hubiera acercado a mí aquel día en la cafetería de la escuela, y si Sally no hubiera venido a hablarme para fingir que le importaba. Sí, me alegraba de que eso haya pasado. Después de todo, Mizuki se acercó a hablarme gracias a ella, ¿no?
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Qué manana Mike, todo calentón n.n (?)

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Re: Scattered

Mensaje por Amanda el Lun Mayo 24, 2010 7:03 pm

OOOH, YO LEÍ ESTO!!!!!!! XD SIEMPRE LO RECORDARÉ COMO "ELLA HIZO QUE BJ FUERA EL HADA MADRINA!" Laughing Anyways, esperaré a que subas la segunda parte Smile

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Re: Scattered

Mensaje por NaturalxDisaster el Lun Mayo 24, 2010 7:14 pm

^ Si... yo también voy a esperar (?) xDDD Tengo que seguir escribiendo D: y seguir con Having A Blast ._.

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Re: Scattered

Mensaje por Scattered.Pictures el Lun Mayo 24, 2010 9:48 pm

a csm! xD... igual me cague de la risa con lo del papel de hado madrino (?) xD... es que tienen tanta mala suerte el muy mongo :3 xD... me acuerdo de algo que me dio risa que pasa en la obra xD... ya mejor no lo digo ¬¬ xD

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Re: Scattered

Mensaje por NaturalxDisaster el Miér Mayo 26, 2010 2:24 pm

Y porque la fisico-química cuántica... (?)
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Capítulo 6: Vestidos y calzas celestes.

Había llegado el día. Aquel viernes, no hubo clases, ya que en la tarde iríamos al auditorio de la escuela directamente para hacer la obra. Me levanté algo temprano igualmente. No había dormido bien, todo aquel asunto me traía bastante nervioso. Estuve dando vueltas en la cama hasta las nueve de la mañana y luego me dirigí a la cocina para tomar algo. Mi mamá ya estaba levantada, así que desayuné con ella mucho más tranquilo que antes. Aunque esa mujer sí que logra ponerme nervioso. Nos sentamos, me alcanzó el cereal y apenas terminé de decir “gracias” comenzó a preguntarme cosas. Que si me acordaba lo que debía decir, si me sentía cómodo con el traje, si estaba seguro de que no me daría vergüenza delante de tanta gente… Era una locura. Le tuve que decir que se calle, que todo estaba en orden. Creo que se avergonzó un poco, pero es que si no se lo decía, haría que termine tirándome bajo un auto, en serio.
Después del mediodía, esperé a que llegaran Mike y Mizuki para revisar un poco algunas cosas, queríamos que todo salga realmente perfecto, y nuestra amiga había estado muy agradecida porque nosotros la habíamos ayudado. Estábamos seguros de que Sally no le ganaría la apuesta, aunque no sabíamos aún qué planeaba Mizuki para hacer que se equivoque. Confiábamos en ella, pero nos intrigaba realmente, lo que haría, y cuál era la maldita prenda. Un rato después, corrí a la puerta cuando tocaron el timbre. Al abrir, me encontré con mis dos amigos.
– Ya era hora que llegaran – dije sonriendo. Los miré a ambos y mi sonrisa se desvaneció cuando vi que Mizuki estaba muy enfadada y que Mike fruncía la boca –. ¿Qué pasó?
– Tuvimos problemas…
– YO tuve problemas, no hables por ti – interrumpió ella a Mike, pasando por al lado mío.
Miré a Mike, que suspiró y luego entramos para sentarnos a conversar.
– ¿Qué te pasó, Mizu? – pregunté sentado en frente de ella mientras Mike se sentaba a mi lado.
– No voy a poder ir a la estúpida obra, ese es el problema – farfulló cruzándose de brazos.
– ¡¿Qué?! ¿Por qué? – exclamé sin que ella me conteste. Mike suspiró a mi lado.
– No tiene el traje – dijo agachando la vista.
– ¿Cómo que no tienes el traje? Pero nos avisaron hace semanas…
– ¿Y tú crees que a mi padrastro le importó? – interrumpió ella otra vez –. No le importó cuando le dije que debería actuar… Y no iba a gastar dinero en un vestido.
– ¡Es por una sola vez! Realmente no lo puedo entender – agregó Mike con enojo.
– Yo sí lo entiendo, el tipo es una mierda – espetó Mizuki con los ojos brillosos.
Se generó un repentino silencio. Ella agachó la vista al instante al ver que me quedé observándola. Se sentía mal, era una situación incómoda, y sabíamos todos que no era la primera vez que su padrastro la decepcionaba, pero nunca permitiría que la viéramos llorar. Nunca abandonaría su postura rígida, nunca diría que le importaba el asunto. Mizuki era así. Según ella, nunca le importaba nada. Y tal vez era cierto, pero le enojaba tanto perder, no poder hacer lo que quería. En ese momento pensaba que era algo mandona… pero es que ella lo que quería era ser libre completamente y su padrastro era algo así como la cadena que la mantenía atada. Si hubiera querido, sé que a los diez años de edad se hubiera ido de su casa, me lo dijo una vez. Pero no sería demasiado inteligente de su parte, no tendría techo, comida, no tendría nada. Y no tenía otros parientes vivos que la puedan salvar de ese hombre. Siempre había pensado que me hubiera gustado liberarla de él, para que logre cumplir ese sueño de libertad que tenía… Pero era tanto un sueño para mí como para ella.
– Ya está, todo termina aquí – dijo de repente –. Sally ganará. Y yo no podré actuar… Arruiné toda la obra.
– No digas eso – dije levantándome y elevando la voz. Mike me miró con los ojos muy abiertos, pero no le hice caso –. Escúchame, no puedes enviar todo al demonio a último momento. Y en todo caso, nadie tiene que reclamarte nada, porque diste lo mejor de ti, yo lo vi, Mike lo vio, somos testigos de eso. Y si Sally se atreve a decirte algo, yo mismo la callaré, porque no tiene por qué hacerlo. No te dejes ganar tan fácil, porque tú no eres así. Irás a ese auditorio y representarás a la maldita Cenicienta, ¿me oíste? Bailarás con Mike y yo estaré detrás del telón para reírme por lo bajo, dejarás en ridículo a esa tonta, todo como lo planeamos, ¿está claro?
Se quedaron en silencio, ambos mirándome con la boca levemente abierta.
– Bien – aceptó ella sonriendo levemente –. Pero a pesar de que des un discurso como para convertirte en presidente, no tengo el vestido, genio.
– Ese es un problema – rió Mike.
Abrí la boca para contestar, pero no pude decir nada. Me senté otra vez y apoyé mi mentón en mi mano. Nos quedamos en silencio, pensando en qué podíamos hacer para solucionar el problema.
– Tal vez te entre algún vestido de Ollie – dijo Mike luego de un rato.
– Imposible… ¿Piensas que mi mamá tiene el cuerpo de una niña de diez años? Además… no tiene buen gusto, ¿sabes? – repuse frunciendo la boca con desagrado.
Ella rió y Mike suspiró para volver a quedarse en silencio. Luego de un rato sin que se nos ocurra nada, entró mi mamá en el living y saludó a mis amigos ya que no los había visto aún.
– ¿Listos para la obra de hoy? – preguntó sonriéndoles. Todos blanqueamos los ojos.
– Todo lo contrario – dijo Mike.
– Tenemos un problema – agregué yo.
– No tengo vestido para actuar – terminó Mizuki dando un resoplido.
– Oh, pero Mizu, hace semanas avisaron los papeles, ¿no pudiste conseguir ninguno? – preguntó apenada.
– Esa es otra historia – murmuré de manera que sólo Mike me oyó y alzó las cejas.
– Estamos pensando si podemos pedir algún vestido a alguien… pero no se nos ocurre nada.
Mi mamá se quedó en silencio unos segundos y observó a Mizuki durante unos segundos. Luego sonrió y le dijo:
– Ven conmigo.
– ¿Dónde van? – preguntamos Mike y yo poniéndonos de pie.
– Ustedes no se metan – espetó mi mamá.
Hice una mueca de desagrado y miré a mi amigo. Nos volvimos a sentar, ambos dando un suspiro.
– ¿Crees que tu mamá la podrá ayudar? – preguntó mirándome.
– Si se la llevó tan apurada, seguro que se le ocurrió algo demasiado convincente… Creo que debemos ponernos a practicar un poco hasta que vuelvan – propuse tomando los libretos que habían quedado olvidados arriba de la mesita delante nuestro.
– No, mejor vamos afuera un rato. Mi cabeza explotará si vuelvo a leer una vez más esa cosa – repuso Mike.
Asentí sin que fuera necesario que me insista demasiado y salimos al patio trasero. Nos pusimos a jugar con la nieve un rato, había nevado la noche anterior por lo que todo el terreno estaba cubierto de blanco. Era algo raro, si me lo preguntan… Creo que lo habían pasado como una gran novedad en el noticiero aquella noche, no me había importado, y ahora me gustaría recordarlo bien. Haría más especial la historia, tal vez. Aunque ahora que lo pienso, prefiero no dar detalles… Sino, esto se transformaría en la historia de “el día que nevó en Oakland”, y no creo que eso interese, de seguro interesaría más una nevada en Buenos Aires. Me agarró frío muy rápidamente. Tenía el cuello desabrigado y hacía algunos días había perdido mi bufanda. Justo cuando iba a decirle a Mike que vayamos adentro (ya tenía los labios algo morados, supongo), la puerta se abrió y salió Mizuki, con una sonrisa de oreja a oreja.
– ¿Solucionaron el problema? – preguntó Mike acercándose a ella corriendo.
– Sí, Ollie consiguió un vestido – respondió felizmente –. Me dijo que había sido de tu hermana, Billie.
– Oh, sí… Los vestidos de Anna… Siempre le gustaron más a mi mamá que a ella, al parecer – dije acercándome a ellos, tiritando.
– Deberías ir adentro – me dijo ella al verme.
– Qué observadora – espeté abrazándome e intentando que mis dientes dejen de castañear.
– Deberías haberte puesto un abrigo, qué idiota – agregó Mike meneando levemente la cabeza –. Tomemos chocolate.
– No te diré que no – dije acercándome primero a la puerta y con ellos siguiéndome.
Nos tomamos una taza de chocolate caliente cuando llegamos adentro. Se notaba bastante el cambio de humor de los tres, y más que nada de Mizuki. Así que no demasiado tiempo después, nos preparamos para irnos. Mike ya tenía su traje en mi casa, así que los tres aguardamos allí hasta que fue momento de irnos. Nadie de la familia de mi amigo podría asistir a la obra, por eso se quedaría en mi casa aquella noche, y, planeado a último momento, Mizuki también.
– ¿No tienes bufanda? – me preguntó mi amiga cuando estábamos parados al lado de la puerta, esperando a Mike y a mi mamá.
– La perdí – contesté sin darle importancia –. No te preocupes, ésta remera llega a cubrirme el cuello.
Iba a decirle algo pero justo llegó Mike junto a nosotros y mi madre poniéndose su abrigo. Me acomodó el pelo, como estaba malacostumbrada a hacer, y luego salimos. Como solía sucederme seguido, caí recién a último momento de lo nervioso que estaba. El camino se me hizo tan corto que cuando menos me di cuenta, ya le estaba viendo los colorados pelos de león a la profesora en el auditorio. Ella iba recibiendo a mis compañeros y luego de vernos, nos dijo dónde estaban los vestuarios para cambiarnos. Mi mamá se fue en busca de un buen lugar para sentarse y nosotros nos quedamos con una bolsa grande cada uno, que contenía los trajes. Mejor les ahorro un momento de risa y no les adelanto cómo era el mío, lo diré después.
– ¡A cambiarse todos! ¡Salimos en media hora! – exclamó mi profesora por encima de las cabezas de todos.
Era un descontrol, unos corrían a un lado, otros para el otro, había madres desesperadas que no querían abandonar a sus hijos, y también niños desesperados que no querían abandonar a sus madres. Una maldita locura en verdad.
– Iré a cambiarme; salgo primera – anunció Mizuki con la voz temblorosa.
– Nos vemos luego – le dije y ella se metió en el salón que hacía de vestuario de niñas –. Mejor vamos nosotros también.
– Sí, por lo menos tenemos más tiempo que ella – repuso Mike.
Caminamos hacia el vestuario y una vez allí, abrimos las bolsas. Nos cambiamos en silencio, y sin mirarnos en ningún momento. Descubrí entonces que Mike estaba tan nervioso como yo o tal vez más. Recién cuando estuvimos cambiados nos dirigimos la primera mirada, y mi amigo se echó a reír a más no poder.
– ¿Tan mal está? – pregunté colorado como un tomate. Sentía arder mis orejas.
– No… Bueno, por lo menos te hace ver como niño… ¡Pero bien maricón! – soltó sin dejar de reír en ningún momento.
– Cállate – farfullé frunciendo el ceño. Luego fruncí la boca –. ¿No crees que se me marca demasiado el trasero?
No sé si Mike se rió más por la voz afeminada que había inventado o si seguía riendo solamente por el traje. Reí también. Me había resignado a vestir así desde el día en el que mi madre me mostró el “mejor traje que había conseguido”. Llevaba una calza celeste que hacía juego con la remera y que encima de todo debía llevar unas horribles cosas en la espalda que simulaban ser alas. Un espanto de verdad. Si alguna vez se preguntaron por qué soy como soy ahora, tal vez deban preguntarme si hubo momentos en mi vida que me dejaron algo… traumado con mi sexualidad. Tal vez ese no sea uno… Ustedes me dirán qué piensan al respecto.

Los perdonamos, a los políticos los perdonamoos! ♫ ♪ O.O e.e

Capítulo 7: Dominado por la confusión.

No pude evitar que me miren al salir del vestuario, y en todos los rostros que vi, noté el esfuerzo que hacían para no reír. Fue terrible, en serio. Pero creo que todos estaban demasiado ocupados o apurados como para detenerse a mirarme, lo que me quitó varias miradas de encima. Nos acercamos con Mike al costado del escenario y él se acercó para espiar al público. Volvió blanco como la harina junto a mí y dijo que estaba lleno de gente e incluso niñas de otros cursos. El muy desgraciado se ponía nervioso por él, no me imagino cómo hubiera sido si hubiera tenido que vestir calzas azules. Se habría desmayado.
– Lindo traje – dijeron con risas a mis espaldas.
Mizuki se acercó a nosotros ya cambiada y mirándome de arriba abajo. Ella vestía una pollera larga hasta las rodillas y algo rota, al igual que la camisa que llevaba, que debía ser dos talles más grandes del que le quedaba la ropa en realidad. Tenía un pañuelo en la cabeza, recogiéndole el cabello, y alpargatas, todo de color marrón, exceptuando la camisa blanca.
– ¿En serio te gusta? – bromeé haciéndome el avergonzado –. El tuyo está muy bien.
– Gracias. Éste lo hice yo, no fue difícil. Tuve que achicar la pollera… Y creí que una camisa grande estaría bien – dijo sonriendo.
– ¿Y el vestido que te prestó Ollie? – inquirió Mike.
– No seas tonto, Mike. Ese tengo que usarlo después. Primero debo parecer una sirvienta – contestó con tono de obviedad.
– Yo creo, Li, que con usar la ropa que vistes siempre iba a estar bien – se oyó una vocecita llena de odio detrás de nosotros.
Sally se acercó a nosotros con sus dos escoltas siempre detrás. Una de ellas vestía de ratón, era Sue, y la otra vestía un vestido al igual que Sally, era Nancy.
– ¿Han oído algo, amigos? Porque creí hacer oído algo. Debe haber sido el viento – ignoró Mizuki sin mirar en ningún momento a Sally.
Pero Mike sí lo hizo, y le dieron ganas de reírse, al igual que a mí. Su vestido violeta y lleno de excesivo brillo era muy inflado y no le dejaba los pies a la vista. En la cabeza llevaba un moño del mismo color que el vestido y tres veces más grande que el habitual. Y para completarla, se había maquillado tanto que parecía un payaso. Era lo más gracioso y ridículo que había visto en mi vida.
– Igualmente, Mizu, creo que no tienes nada que envidiar – dijo Mike sin poder contenerse y comenzó a reír. Tremenda tentada que le dio.
– Cierra la boca, Pritchard. Tú como príncipe dejas bastante que desear – le espetó Sally con una mirada fulminante.
– No te metas con él, Sally. Saca tu horrible cara de aquí de una vez y en lugar de andar presumiendo, ensaya tus líneas – farfulló Mizuki acercándose amenazadoramente.
– Vámonos, niñas – les dijo a las otras dos –. Parece que las únicas que se comportan como damas aquí somos nosotras… ¡Y Armstrong, por supuesto! Cómo olvidarnos de la querida Billie. – Las tres rieron a carcajadas (eso me ganaba, además, por tener nombre de niña), y cuando Mizuki se acercó con el puño en alto, Sally se apresuró a decir: – Recuerda nuestro trato. Incluía no golpear.
Nadie dijo nada y Mizuki bajó la mano. Sally rió burlonamente y justo en ese momento llegó la profesora. Tenía los pelos más erizados que lo común, y su cabeza colorada parecía una gran esponja. Parecía exhausta.
– ¡A escena, niños, los que deben entrar! ¡Vamos, todos! Katie, arréglate ese moño. Dylan, súbete el cierre del pantalón, querido. Melanie, tráeme mi taza de café, por favor, está allí arriba… ¡y acomoda tu chaqueta! Y tú – miró a Mizuki y suspiró –, ve a tu lugar…
– Sí, profesora – dijo ella sonriendo, olvidando de una vez a Sally. Nos miró antes de alejarse y sonrió –. Todo saldrá bien.
La obra había comenzado. Con Mike observábamos todo desde al lado del escenario, y hasta ese entonces marchaba todo excelentemente. Tengo que reconocer que me costaba imaginarme a Sally equivocándose, ella también hacía todo perfecto. Pero en un momento en el que Mizuki salió del escenario y se cruzó conmigo, la vi igual de confiada que antes. Llegué a conocerla demasiado hasta ese entonces como para no darme cuenta de que nos ocultaba más información de la que pensábamos, por lo menos a mí. Mizuki siempre fue así. Por un lado, siempre me asustó, porque si le salían las cosas mal (y miren que ha sucedido), se ponía muy mal, se decepcionaba, aunque no lo demostraba de esa manera, por supuesto. Se enojaba, y su cara por el piso perduraba demasiado tiempo, y nadie podía quitársela. Volviendo a aquel momento, luego llegó mi momento de aparecer.
Al llegar al escenario, no pude evitar ponerme colorado. Me negaba a mirar hacia delante, a la única que veía era a Mizuki, que era con la que debía hablar. Hubiera deseado más que nada tener problemas de visión en ese momento, para ver borrosas todas las caras delante del escenario, y problemas de sordera, para no oír tampoco. Es extraño decirlo ahora. Soy mucho más relajado en el escenario (no es que no tengo nervios antes, pero es más la ansiedad por saber que todo saldrá bien), y además solemos hacer varias locuras siempre, nos divertimos, la pasamos bien. No podemos privarnos de eso; si el público disfruta, lo hace con nosotros. Entonces, algo alejó de mi mente la vergüenza que sentía.
– ¿Por qué crees que no puedes ir al baile? – dije sin dejar de actuar. Y la respuesta nunca llegó.
– Eh… – vaciló Mizuki poniéndose algo colorada. La miré con los ojos muy abiertos y entonces repetí mi diálogo.
– Vamos, dime… No seas tímida, ¿por qué crees eso? – Tragué saliva con dificultad y, para peor, vi que desde un costado del escenario Sally observaba con una sonrisa burlona y triunfante, la más grande que le había visto jamás –. ¿Es por tu madrastra… y tus hermanastras?
– Sí – dijo por fin mi amiga, recordando –. Por eso era…
Continuamos la escena sin más interrupciones. De no ser por ese pequeño momento, hubiera sido perfecto. Al salir, tomé a Mizuki del brazo antes de que se vaya.
– ¿Qué te pasó? Esa fue la parte que más ensayamos – dije sin comprender.
– Salió bien, ¿no? Hasta pude hacer de cuenta que me olvidaba lo que debía decir… Debo ir a cambiarme rápido, lo siento – contestó sonriendo, y luego se alejó corriendo.
Entendiendo menos que antes, me acerqué a seguir viendo la obra mientras esperaba alguna señal de error por parte de Sally. Sabía que con ese pequeño error, Mizuki iba perdiendo la apuesta, por eso precisamente no entendía por qué estaba tan feliz. Aunque por otro lado, sabía que si Mizu estaba tranquila entonces yo debía estarlo. Algo se traía entre manos, estaba seguro. Y el error de Sally llegó pronto. Casi unos segundos después de que yo me acercara a ver, y por suerte no me lo perdí. Me lo hubiera lamentado por el resto de mi vida, se los juro.
En el escenario, Mike bailaba un horrible vals con Sally, con una cara de asco que no habría podido disimular ni aunque fuese Mel Gibson actuando. En ese preciso momento, no llegué a ver qué pies fueron los que se enredaron más, pero unos segundos después, Mike y Sally se revolcaban en el piso del escenario. El peinado de ella quedó desecho, y Mike luchaba por poder quitar a Sally de encima de sus piernas y así levantarse. Hubo una risa general por parte del público, y yo… No voy a mentirles, estaba tirado en el piso llorando de la risa. Luego de eso, cuando Mike estuvo por fin de pie, entró Mizuki por el otro lado del escenario. Noté que la cara de asombro de mi amigo fue verdadera, al igual que la mía. Es que Mizuki estaba simplemente hermosa. Su largo cabello estaba peinado y echado hacia un costado, nada de rodetes horribles. El vestido era de color celeste con algunos detalles blancos. Lo había visto antes, claro que sí, pero que me perdone mi hermana… A Mizu le quedaba mejor. Algo ruborizada, se puso entonces a bailar con Mike, hasta que sonaron campanadas que indicaban una supuesta medianoche.
El resto de la obra no la contaré. Todos saben perfectamente cómo termina la historia y además, no es lo más importante de todo esto. El tema es que todos estábamos felices, porque había salido todo perfecto (omitiendo los dos momentos que conté). A pesar de haberse equivocado, Mizuki estaba muy contenta, diría yo que demasiado. Es que Sally debía cumplir la prenda, pero ella también. Y así se confirmaba mi hipótesis: había algo que yo no sabía y que tenía mucha curiosidad por saber.
– ¡Todo salió bien! – exclamó cuando íbamos de camino a mi casa. Mi madre caminaba adelante nuestro.
– ¡Si! Bueno, a no ser por la caída… – mencionó Mike. Entonces miró a Mizuki con complicidad y comenzaron a reír.
– ¿Qué sucede? – pregunté extrañado.
– Es que Mike lo hizo a propósito. Por eso yo sabía que Sally se equivocaría. Estaba planeado – contestó ella.
– ¡Fue un escándalo! Quedó más ridiculizada de lo que esperaba – acotó Mike sin dejar de reír.
– ¿Por qué no me lo habían dicho? – pregunté frunciendo el ceño.
– Era sorpresa, Bill. ¿No te reíste suficiente, acaso? – respondió Mike. Alcé las cejas y no contesté.
– No te enojes, Billie. Sabes que te quiero igual aunque no te haya mencionado nada – dijo Mizuki acercándose.
En ese momento, creo que no hubiera podido caminar más si no hubiera estado viendo que se iban sin esperarme. Ella me tomó del rostro y me dio un leve beso en los labios, tan sorpresivamente que parecían haber sido milésimas de segundos el tiempo que la había tenido tan cerca. Todavía podía imaginarme su rostro en frente de mí, con sus ojos cerrados para que se aleje con una leve sonrisa luego. Y hasta el día de hoy lo recuerdo como si hubiese pasado hace instantes. Los labios de Mizuki fueron los primeros que besaron los míos.
– ¿Te gusta confundir a la gente? – oí que Mike le preguntó con una sonrisa, mientras seguían caminando.
– Al parecer no lo logré contigo – respondió ella de la misma manera.
– ¡Hey, Billie! ¡Apúrate! Te besó en los labios, no en las piernas – me gritó Mike viendo que me había quedado atrás; entonces corrí para alcanzarlos.
Me costó entender en aquel momento que había sido un simple beso. Dudé si yo realmente era sólo un amigo para Mizuki. Es que de chico era bien inocente, en serio. Pero esa inocencia la fui perdiendo, y no poco a poco, eso también se los puedo asegurar. Y a pesar de que luego entendí que sólo había sido un beso, sin ningún tipo de sentimiento además de mi confusión, fue el primero. No había sido la gran cosa tampoco, no fue como mi manera de besar chicas ahora. Pero fueron los primeros labios que sentí junto a los míos… Y realmente me gustó.
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Pobre Billie... Primero tiene dudas sobre si es maricón y después tiene dudas por la otra que juega a la mamá y al papá u_U (?)
[extrañamente me acordé de Ralph, cuando le contaba s sus viejos que habían encontrado al director Skinner con la profesora en el armario de escobas e.e xDDDD] Smile

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Re: Scattered

Mensaje por roxxiie.GD el Miér Jun 16, 2010 9:08 pm

aca estoy creo qe lei xD esta fica no me acuerdo xD

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Re: Scattered

Mensaje por NaturalxDisaster el Miér Jun 16, 2010 9:22 pm

Me hiciste acordar que el sábado tengo que empezar a subir WS! D:!

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Re: Scattered

Mensaje por Whatsernamee el Jue Jun 17, 2010 1:25 am

extrañamente me acordé de Ralph, cuando le contaba s sus viejos que habían encontrado al director Skinner con la profesora en el armario de escobas e.e xDDDD

^ "estaban haciendo bebes y uno de los bebes me estaba viendo" xDDD! como dije entes,amo esta fic WUB por raro que parezca,Sally no me parece tan desagradable como debería (no me preguntes porque NINJA)

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Re: Scattered

Mensaje por NaturalxDisaster el Jue Jun 17, 2010 1:42 pm

Es que es chiquita, siempre cuando uno es chico tiene algun compañero/a en el curso que es odioso pero a pesar de todo se lo quiere :Ñ xDD Yo la tenía... e.e Ahora no me cae tan mal, pero no hablamos mucho directamente porque la cruzo a veces a la salida de la escuela x)

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Re: Scattered

Mensaje por roxxiie.GD el Vie Jun 18, 2010 2:19 pm

si x favor¬¬

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Re: Scattered

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