The Judge's Daughter/Church on Sunday

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Re: The Judge's Daughter/Church on Sunday

Mensaje por Scattered.Pictures el Dom Jun 06, 2010 5:07 pm

te juro que me duelen los dedito Crying or Very sad me falta dos lineas y termino WOOT xD. yo toy caga de frio aca xD

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Re: The Judge's Daughter/Church on Sunday

Mensaje por Whatsernamee el Dom Jun 06, 2010 6:16 pm

._. Oh Billie! como pudiste *tono de esposa que encuentra al tipo con otra* (?) sinceramente habia leido cap ayer pero no me moleste en comentar xD aww quiero el siguiente Laughing

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Re: The Judge's Daughter/Church on Sunday

Mensaje por Dookie el Dom Jun 06, 2010 7:38 pm

hermanita manana roba billie's qe tanto amo WUB yo tmbn qiero ser parte dle team billie WUB y no sabia qe tenias cap aca ._. así qe en la noche me los leere toos incluyendo el de having a blast WOOT

Spoiler:
tu fuiste la causante de qe me enviciara again qn las fics xd

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Re: The Judge's Daughter/Church on Sunday

Mensaje por NaturalxDisaster el Dom Jun 06, 2010 7:55 pm

^ Una vez que entras, no salis más 1313 (?) Dale, poné "Team Billie" en tu firma y sos miembro WOOT! (?)

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Re: The Judge's Daughter/Church on Sunday

Mensaje por Greenxxday el Dom Jun 06, 2010 8:29 pm

yo leía esta fic en tu flog, pero despues me dio paja y no la segui leyendo :B
la empezare a leer denuevo, aquí Smile tienes una fiel lectora más WOOT xD
y yo tambien quiero ser parte del team billie Happy no tengo idea qe es pero igual xDD

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Re: The Judge's Daughter/Church on Sunday

Mensaje por Dookie el Dom Jun 06, 2010 9:00 pm

yeah ntonz deja y hago una firma y pongo team billie WOOT

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Re: The Judge's Daughter/Church on Sunday

Mensaje por Scattered.Pictures el Lun Jun 07, 2010 5:25 pm

Somos más en este maldito Team anti Rose WOOT

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Re: The Judge's Daughter/Church on Sunday

Mensaje por Greenxxday el Lun Jun 07, 2010 5:27 pm

me puedo unir?? xD

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Re: The Judge's Daughter/Church on Sunday

Mensaje por Scattered.Pictures el Lun Jun 07, 2010 5:35 pm

Dale WOOT

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Re: The Judge's Daughter/Church on Sunday

Mensaje por Greenxxday el Lun Jun 07, 2010 5:40 pm

wiii xD pero la firma la aré despues ahora tengo que leerme un libro...entero Crying or Very sad
y tambien leere despues todos los capitulos de the judge's daughter Smile

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Re: The Judge's Daughter/Church on Sunday

Mensaje por NaturalxDisaster el Lun Jun 07, 2010 5:59 pm

Va creciendo la comunidad WUB (? xD

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Re: The Judge's Daughter/Church on Sunday

Mensaje por Scattered.Pictures el Lun Jun 07, 2010 7:02 pm

^capitulo WOOT

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Re: The Judge's Daughter/Church on Sunday

Mensaje por Renacuajo Tripolar el Lun Jun 07, 2010 7:07 pm

NaturalxDisaster escribió:Subo cap sólo porque tengo necesidad de comentar algo: EL CUARTETO DE NOS TOCA EL 19 DE JUNIO EN EL LUNA PARK! WOOT No puedo creer que se lo dije a mi hermana de lo más normal Laughing Y quiero ir, pero no sé confused Está $70 la entrada... Debería cobrarle a mi vieja las clases de inglés de mi hermana que me debe, y seguro que me alcanza WOOT Igual, Renacuajo, Wharser, díganme qué onda, si se prenden vamos! WUB
Mirá, yo ya fui dos veces, y sabiendo que van a tocar Bipolar entero ni en pedo vos.
En cuanto a vos yendo, si tenés alguien que te acompañe buenisimo te vas a re copar y son buenos en vivo (mientras no vayas el fucking Roxy Club que tiene un sonido repugnante, y no se entienden las letras Mad)
Igual lo de "si se copan vamos" no se si fue un chiste, pero no da para que nos veamos :3, primero, se cortaría mi anonimato, segundo, no pienso estar al lado tuyo sabiendo nuestra diferencia de edad (me sentiría un peque) y tercero se cortaría mi amor por vos, la distancia y el misterio son la composición principal de nuestro romance WUB

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Re: The Judge's Daughter/Church on Sunday

Mensaje por NaturalxDisaster el Lun Jun 07, 2010 7:26 pm

xDDDDD! Ese análisis xDD No, igual yo tampoco creo que vaya porque le dije a mi vieja y me miró con cara de "vos te pensas que tengo plata?" así que no ._. x) Igual yo ya fui antes a verlos, y que toquen Bipolar no me molesta, me gusta el CD [I ♥ Raro NINJA]. "no pienso estar al lado tuyo sabiendo nuestra diferencia de edad (me sentiría un peque)" Y yo me sentiría grande sabiendo que tenés la edad de mi hermana NINJA Y me causa intriga igual lo de tu "anonimato" porque no lo había visto tan de esa manera hasta ahora xDD Y de todas formas, nunca me viste por fotos o algo? xD Yo te vi en el video nomás... y tenías un cartel en la cara .___. Pero en fin, ya fue x)

En un rato subo cap, Vale xD

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Re: The Judge's Daughter/Church on Sunday

Mensaje por Renacuajo Tripolar el Lun Jun 07, 2010 7:30 pm

Jaja yo te ví en el video de Holiday también Smile (sos la morocha ¿no? porque había como tres minitas Smile)
Y sí, soy anónimo y que te quede claro 1313 (?)
Me encantó el capítulo
^ Para no spamear xddd (obviamente no lo leí Rolling Eyes )

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Re: The Judge's Daughter/Church on Sunday

Mensaje por Scattered.Pictures el Lun Jun 07, 2010 7:31 pm

ok Celes WOOT

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Re: The Judge's Daughter/Church on Sunday

Mensaje por NaturalxDisaster el Lun Jun 07, 2010 7:43 pm

Renacuajo.Tripolar escribió:Jaja yo te ví en el video de Holiday también Smile (sos la morocha ¿no? porque había como tres minitas Smile)
Y sí, soy anónimo y que te quede claro 1313 (?)
Me encantó el capítulo
^ Para no spamear xddd (obviamente no lo leí Rolling Eyes )

La del pelo cortito que llevaba la remera de GD xD y la que graba al principio (I) La que tiene el pelo atado no, la otra (:

TENGO QUE ABRIR EL DOCUMENTO D:!

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Re: The Judge's Daughter/Church on Sunday

Mensaje por NaturalxDisaster el Lun Jun 07, 2010 8:45 pm

Ahora sí... [♫ como la canción de Attaque NINJA]
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Chapter 20: I feel so guilty.

Habían corrido las sábanas y seguían en la cama. Billie solo la abrazaba y ella parecía aferrarse más a su cuerpo debido al frío. Solo quería dormir, estaba muy cansada; mientras él pensaba en todo. Esperaba por un lado, que su amigo no se entere lo ocurrido, eso le traería problemas por haber roto la promesa. Igualmente, ya se había quitado las ganas de llevar a Rose a una cama, y lo único curioso era que había sido una situación especial. ¿Por qué? Ni él lo sabía.
El pecho de ella chocaba contra su cuerpo haciendo presión al respirar, y su mano se levantaba cada vez que él inhalaba aire, ya que lo rodeaba con un brazo casi por completo. Billie miró la hora. Las 10 de la mañana. No habían dormido nada y al darse cuenta lo tarde que era, decidió que tampoco podían hacerlo en ese momento.
– Rose… – musitó acariciándole el cabello.
– ¿Mmm…? – se oyó con pereza y casi dormida.
– Tienes que ir a tu cama, si Matt nos ve no creo que le agrade demasiado la situación… – advirtió seriamente.
La muchacha ni se movió, por lo que se incorporó y se quedó mirándola. Ella abrió los ojos fulminándolo con la mirada, pero sin moverse ni un poco.
– Mierda, ¿acaso quieres que nos vea? Las explicaciones las darás tú si…
– ¿Yo debo hacerme responsable? – interrumpió incorporándose –. Disculpa, pero tú estabas con eso de la deuda, por lo que…
– Yo no me paré semidesnudo delante de ti – espetó levantándose a buscar sus boxers que habían quedado tirados por algún lugar de la desordenada habitación.
Rose se ruborizó, al principio por lo que le había dicho y luego por verlo caminar desnudo con tanta naturalidad. Él se sentó al borde de la cama dándole la espalda. Al observar mejor, la chica notó que tenía lastimada la espalda. Se acercó y colocó su mano sobre las heridas con cuidado de que no sienta dolor, aunque igual lo sintió. Se sobresaltó al reaccionar.
– Eso es…
– Son las marcas de tus uñas – contestó antes que pregunte. Ella tragó saliva con dificultad.
– Lo… Lo siento… – musitó apenada.
Se quedaron en silencio. Ella bajó la mano al ver que él ni siquiera se daba vuelta y no levantaba la mirada. No sabía qué más decir, así que se recostó tapándose y le dio la espalda, su propósito era dormir.
“Yo no quiero que nuestra amistad se arruine… y tampoco quiero que ella sufra”; eso era lo que le había dicho a Matt. Había roto su promesa con gran facilidad, y ahora no sabía qué paso dar. Lo mejor sería hablar con Rose, prefería que Matt no se entere de nada. Se dio vuelta y la observó “dormir” unos segundos.
– Rose… – llamó acercándose, pero no le contestaba –. ¡Vamos, Rose! ¡No seas chiquilina!
Esto parecía hacerla enojar más, por lo que ni siquiera pensaba darse vuelta. Él deslizó su mano a lo largo de su espalda, que estaba descubierta, causándole escalofríos. Después se acercó a su oído mientras su mano se acercaba a sus pechos.
– ¿Me vas a escuchar o puedo seguir jugando contigo? – susurró con un hilo de voz –. OK, entonces…
– Basta – se oyó como un respiro casi inaudible. Se dio vuelta quedando cara a cara con él –. ¿Qué quieres?
– Que… aclaremos ésta situación – contestó apoyando su cabeza en la almohada.
Se quedaron en silencio otra vez; Billie tal vez pensaba ser él quien tenía toda la responsabilidad de controlar la situación, pero Rose también tenía los ojos abiertos ante todo, le molestaba que piense que era tan inocente cuando en realidad ella pensaba como él.
– ¿Qué hay que aclarar? – rompieron sus palabras el silencio –. No te confundas, Billie. Sé perfectamente cómo son las cosas y lo supe desde un principio. Ahora bien… ¿a ti… te sucede algo más?
Sus palabras lo dejaron estupefacto, mudo totalmente. Como un impulso susurró un pequeño y cortante “no”, que se perdió entre sus respiraciones que chocaban constantemente. Agachó la mirada, la había subestimado, tal vez demasiado. Ella en cambio, lo vio tan inseguro, tan sorprendido, completamente ensimismado. Le levantó la mirada con la mano e iba a preguntarle si estaba seguro de lo que había contestado.
– Ya que estás tan segura de lo que dices… conviene que te vayas a tu cama antes de que venga tu hermano – la interrumpió mirando hacia cualquier otro lado que no sea su rostro.
¿Él, inseguro? No, Billie nunca lo estaba… o eso quería suponer. El orgullo y la superioridad eran notorios en él, prefería dejar la conversación ahí antes de comenzar a pelear otra vez. Se incorporó sujetando la sábana que la cubría y él se quedó recostado observándola. Se colocó su ropa interior rápidamente y recogió el resto de sus prendas, ya que se pondría el pijama al llegar a su habitación (que estaba al lado). Antes de irse se acercó y vaciló unos segundos. Él miró hacia cualquier otro lado esperando que se vaya de una vez, con algo de molestia, pero entonces ella lo tomó del rostro y besó levemente sus labios. La sujetó de la cintura sin querer que se detenga, pero inevitablemente se alejó y salió de la habitación cerrando la puerta detrás de si.
– Que gran mierda… – murmuró agarrándose la cabeza con las manos.
Yacía en la cama, con la mirada fija en el techo, sin fuerzas suficientes como para hacer algún movimiento. Tenía un cargo de conciencia que era difícil de disimular, lo ponía nervioso. Si seguía pensando en las miles de maneras en que Matt se podría enterar sin que sea necesario terminaría paranoico y fácilmente saldría a la luz ese nuevo e importante secreto que había entre él y Rose, sus nervios lo delataban muchas veces. Sin embargo, no se arrepentía de nada. La había pasado muy bien, hacía tiempo no tenía una noche así con alguien. Aunque Rose había sido un caso especial, tal vez por el tema de su virginidad, pero… ¿tenía algo que ver realmente? Esas reacciones, todos sus movimientos y gestos inocentes, su respiración que todavía recordaba sentirla perfectamente al oído; todo había sido único.
Con cada momento dando vueltas en su mente comenzó a dejar descansar sus ojos. Los párpados que le pesaban como si no hubiera dormido en días, su cansado cuerpo, su mente misma, se fueron relajando sin importar que ya iban a ser las 11 de la mañana, el propósito era uno solo: dormir. Qué sensación tan placentera era estar soñando después de una noche tan buena y agitada.

– Rose… – se oía a lo lejos.
La joven miraba hacia todos lados y no veía nada. Caminaba en círculos y no iba a ningún lado.
– Rose, despierta… – repitieron oyéndose cada vez más cerca.
Vio una luz que impactó fuertemente con sus ojos, que cubrió instantáneamente. Parpadeó varias veces y volvió a abrir los ojos, divisando un rostro en frente suyo.
– ¿Matt? – musitó dando un bostezo.
– No, Santa Claus, jovencita. ¿No ves la barba blanca? – ironizó molesto.
– ¿Qué me trajiste este año? – inquirió bromeando con sus ojos cerrados y una sonrisa perezosa. Él no contestó y se cruzó de brazos, a la vez que su hermana se daba vuelta y le daba la espalda –. Ya, no era para que te pongas así de sensible.
– Oye, ¿qué haces? – la detuvo él.
– Intento dormir, si no es mucha molestia – contestó de malos modos.
– Sí, sí es una molestia. ¡Son las 3 de la tarde, Rose! – exclamó señalando el reloj.
– ¿Y qué tiene? Dormiré siesta… – repuso sin hacerle caso.
– Por supuesto, duermes siesta con pijama y desde que yo llegué – reprochó otra vez.
– ¡Por favor, no molestes más! – gritó cansada.
– ¡Ésta también es mi habitación, si no dormiste anoche, lo lamento, pero quiero que te levantes para cuando vuelva! ¿Entendido? – ordenó antes de salir de la habitación sin siquiera oír lo que ella tenía para decir.
Resopló con enojo y se incorporó. Iba a gritarle que él no le daba órdenes, pero la detuvo un sonido que provenía de afuera. Apoyó sus descalzos pies en el piso y salió de la habitación. Conducida por el sonido, llegó al teléfono. Lo recogió rápidamente antes que deje de sonar.
– ¿Hola?
– Hola… emm… disculpa, ¿hablo con la casa de Billie Joe? – se oyó la voz dubitativa de una mujer.
– Sí, aunque tengo entendido que duerme – contestó extrañada –. ¿Quién habla?
– Una… amiga. ¿Se puede saber quién eres tú? – preguntó insegura.
– Oh, me llamo Rose. También soy una… amiga – contestó pensando si exactamente lo era –. Dime tu nombre, y le diré que llamaste.
– No importa ahora. Después de todo, hace mucho que no hablamos, tal vez no le interese. Solo quería saber cómo estaba, y veo que bien, así que adiós – repuso con algo de decepción, aunque disimulando.
– Como quieras. Adiós, que sigas bien – se despidió con inseguridad. Pensó en ese momento que hubiera sido mejor despertar a Billie para que atienda.
Por más que lo intentara, ya no podría dormir. Maldito Matt y llamada que la habían despertado. Pasó por la puerta del cuarto de Billie. Efectivamente, dormía boca abajo, abrazando la almohada a su cuerpo y abarcando toda la cama. Agachó la cabeza algo apenada y se preguntaba si realmente había estado bien haber pasado su primera vez con él. Es decir, había estado muy bueno, pero había engañado de la peor manera a alguien que la amaba de verdad: Gabriel. Se sentía muy culpable; además de haberlo engañado, cuando él había querido estar con ella, lo había rechazado. Eso no lo sabía Billie, tal vez sería mejor no contarle nada al respecto. Pero debía hablar con alguien, no podía seguir sin nadie con quien compartir sus sentimientos. No le importaba que Billie la insulte después, agarró el teléfono y marcó el número de su amiga Amy. Esperó un rato hasta que atendió el padre de la chica, que le pasó con ella al instante.
– ¿Rose? – se oyó la voz de la chica del otro lado.
– ¡Amy! – exclamó la rubia llena de felicidad.
– ¿Cómo estás? ¡No esperaba tu llamado! Quiero que me cuentes todo – se apresuró a decir igual que su amiga.
– No ha pasado tanto tiempo, Amy – rió ella tirándose en el sillón –. Y para eso te llamaba en realidad…
– ¿Llegaron bien? ¿Tu hermano está bien? ¿Dónde están quedándose? – preguntó con curiosidad.
– Sí, llegamos bien; mi hermano no tengo ni la menor idea de dónde se ha metido. Estamos en la casa de Billie.
– ¿Vive solo? – se extrañó ella.
– Y así parece… Yo no he visto a nadie más aquí – dijo con tono irónico.
– Ah… ¿Y qué tal las cosas con él? – preguntó imaginándose todas las quejas que se le venían encima de cada pelea que habrían tenido.
– Bueno… bien, supongo… Es que, entre todas las cosas que te tengo que contar, hay algo que no sé si es malo… OK, a mí me gustó, pero estuvo mal…
– No te entiendo… ¿Qué pasó?
– Fue anoche… llegamos y salimos los cinco juntos… y después…
– ¿Podés contarme de una vez? – pidió con intriga.
– Es que… no es algo que se pueda decir con tanta ligereza, considerando la manera en que nos llevábamos… – daba vueltas jugueteando con sus manos.
– ¡Pero decime! O sea, entiendo que capaz que es serio y todo eso, pero soy tu amiga, y…
– Me acosté con Billie Joe.
– ¡¿Qué hiciste qué?! – exclamó al oírla cambiando completamente su tono de tranquilidad.
– Eso… hice eso… con él… – musitó con su cara tan roja como un tomate.
– No lo puedo creer… – decía con tal expresión de sorpresa que cualquiera hubiera pensado que estaba en estado de shock.
– Pues créelo. Amiga, no te estoy cargando – repuso tragando saliva con dificultad.
– ¿Pero cómo terminaron juntos? ¿Cómo es que tu hermano no sabe? ¿Qué pasó después? ¿Es bueno en la cama? – batalló de preguntas a su amiga, que sentía que la cabeza le iba a explotar.
– Es que, fue raro… Él decía que yo le debía favores y quería que se los pague… de esa manera. Y es que… no sé, en ese momento no pensé, para ser sincera, quería que pase desde hace tiempo, supongo, pero solo porque me parece lindo – explicó nerviosa. Después rió –. Y sí, es muy bueno. No sé mucho de esto, pero yo la pasé muy bien.
– Me imagino… ¡Sos una perra! – rió la chica –. Es raro, es que te llevabas tan mal… Y nunca me habías dicho ni siquiera si te parecía lindo, solo me llenabas la cabeza sobre todo lo que discutían.
– Lo sé…
– Oye, ¿y tu hermano?
– Él no estaba, se había desaparecido con una chica – contestó restándole importancia, luego se dio cuenta de la brusquedad con la que lo había dicho –. Oh, lo siento Amy…
– No importa – musitó sonriendo débilmente.
– Si quieres mi opinión, a mí me gustaría tenerte a ti de cuñada mil veces antes que cualquier otra estúpida…
– En serio no importa. Seguí contándome – dijo para cambiar de tema, no tan desanimada.
– De acuerdo – aceptó apenada –. Creo que hice mal…
– ¿Por qué? – inquirió con curiosidad.
– Es que… – se detuvo y dio un sonoro suspiro –. Por quitarme las ganas terminé acostándome con Billie, pero fui egoísta porque no pensé en alguien más importante… Gabriel había querido estar conmigo el día que fui a su casa – terminó agachando la cabeza.
– Pero Rose… ¿no pensaste que es probable que Billie te inspirara más confianza?
– ¿A qué te refieres? – preguntó sin entender.
– Bueno… es más grande que Gabriel, pasaste más tiempo con él, aunque a Gaby lo conoces hace años. No importa que te llevaras mal, pasaste más tiempo con Billie. Y… vos no lo amas… ¿o sí? – preguntó insegura.
– No, es más, la relación entre nosotros no sé si ha cambiado… Todavía no lo volví a ver, está durmiendo – contestó haciendo una mueca de desagrado –. Solo siento que traicioné a Gabriel… Y me siento muy culpable.
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Re: The Judge's Daughter/Church on Sunday

Mensaje por Renacuajo Tripolar el Mar Jun 08, 2010 10:04 am

Me encantó la parte en que aparece BJ (????)

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Re: The Judge's Daughter/Church on Sunday

Mensaje por Angie Armstrong el Mar Jun 08, 2010 9:56 pm

jooojo acabo de terminar de leer, me encanto *o* sube más :') !! WUB

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Re: The Judge's Daughter/Church on Sunday

Mensaje por Greenxxday el Mar Jun 08, 2010 9:59 pm

ya me puse el team billie en mi firma :DD
y ahora voy a volver a leer los primeros capitulos, porque como los leí hace tiempo ya ni me acuerdo :B

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Re: The Judge's Daughter/Church on Sunday

Mensaje por Whatsernamee el Mar Jun 08, 2010 10:19 pm

Awww se sumaron mas xD que se valla con Gabriel y que BJ quede tranquilo ¬ (?) quiero el proximo cap ^

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Re: The Judge's Daughter/Church on Sunday

Mensaje por Scattered.Pictures el Miér Jun 09, 2010 4:48 pm

:O! que perra no ¬¬ xD... quero mas WOOT xD

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Re: The Judge's Daughter/Church on Sunday

Mensaje por roxxiie.GD el Jue Jun 10, 2010 1:27 pm

SE LA REEEEEEE FUCKEEEAA A ROSE BJ XD ya lei lero lero, y se lo que va a pasar en capitulos adelantes :B:B

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Re: The Judge's Daughter/Church on Sunday

Mensaje por AndieDookie el Jue Jun 10, 2010 5:15 pm

a ver cuando m.ierda saco tiempo de leer esto... hoy leí unos cuantos... espero mañana leerme los que faltan aunque no prometo nada u.u

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Re: The Judge's Daughter/Church on Sunday

Mensaje por NaturalxDisaster el Jue Jun 10, 2010 8:17 pm

Roxxie, creo que vos, al igual que mi prima Lulu, disfrutas haciéndole eso a los demás... Yo también lo disfruto cuando me pasa NINJA
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Chapter 21: Green Day.

– Billie, ¿qué sucede? Tienes una cara de dormido… – comentó Tré mirándolo de cerca para inspeccionarlo.
Se encontraban los tres juntos ensayando en la casa del más chico, y el joven de ojos verdes estaba que moría de sueño. Sus ojos le pesaban y abundantes bostezos salían de su boca. Para colmo, el día estaba muy pesado, el calor era sofocante e insoportable. Su boca estaba seca, pero no hacía nada por saciar esa sed. Giró levemente hacia su amigo, que esperaba respuesta.
– Nada, no dormí bien, es todo – contestó levantándose del sofá donde estaba sentado y colgándose la guitarra.
– Pero amigo, son las 6 de la tarde, te levantaste a las 3 y casi las 4, ¿cómo puedes tener sueño? – replicó Mike.
– Acabo de decir que no dormí bien – repuso con molestia.
Sus amigos se quedaron mirándolo muy extrañados, mientras él tocaba algunos acordes. Mike no estaba convencido, revisaba en su mente algún hecho que pueda dar hincapié a averiguar qué le pasaba. Entonces recordó que él había caído muerto en la cama la noche anterior, y eso era porque estaba algo ebrio… ¡y Tré estaba con él! Eso quería decir que habían dejado a Billie y a Rose solos esa madrugada.
Se aclaró la garganta a la vez que se paraba con su bajo ya colgado y listo para tocar. Cuando estaba por hablar, un sonido lo interrumpió, la voz de Billie.
– ¡Mierda! – exclamó con enojo.
– ¿Qué te…?
– ¡Se me rompió una cuerda! ¿Acaso no ves, Tré? – lo interrumpió tratándolo de la peor manera.
– ¡Hey, no es para que te pongas así! – espetó levantándose del asiento que estaba detrás de la batería.
– OK, ya chicos. No peleen – los tranquilizó Mike –. Billie, ven conmigo, yo tengo cuerdas de repuesto – ordenó después.
– No, yo aquí en la funda tengo… – repuso alzando un paquete pequeño. Mike se lo quitó de la mano y lo tiró hacia atrás. Billie lo miró asombrado.
– Que pena, ya no tienes… ven – reiteró saliendo de la habitación.
Una vez que estuvieron afuera, se detuvieron. Mike pasó su mano por su pelo mientras Billie encendía un cigarro.
– ¿Qué mierda te pasa? ¿Por qué tiraste esas cuerdas? ¡Eran nuevas! – reprochó luego de lanzar humo por la boca.
– Era una excusa – explicó restándole importancia –. No es que no confíe en Tré… Solo que no sé si te gustaría hablar de esto con alguien, y cuanta menos gente lo sepa, mejor. Ni yo debería saberlo, si es que es verdad lo que estoy suponiendo.
– ¿De qué hablas?
– Quiero que me contestes algo con la verdad…
– Sí, ¿qué sucede? – volvió a preguntar extrañado.
– Anoche yo me fui a casa con Tré… Y yo no soy tonto Bill, te conozco, y a Rose la deseas hace mucho. Lo que quiero saber es… ¿Qué pasó anoche? – preguntó tratando de mirarlo a los ojos.
Sin dudarlo, Billie comenzó a actuar. Frunció el entrecejo y lanzó humo por a boca con cara de extrañado. Aún no miraba a Mike a los ojos, debía tomarse su tiempo. Luego lo miró “indignado”.
– ¿Acaso piensas que le haría algo así a Matt? – fingió de manera tal que pudo mirarlo a los ojos sin pestañear.
– Sí, sí creo que podrías hacerle algo así a Matt. ¡Porque tú no piensas cuando ves un trasero que te gusta, Billie Joe! Te conozco… – espetó sin creerle.
A cualquiera lo hubiera convencido la perfecta actuación del chico, pero no a Mike. Lo conocía demasiado, sabía sus trucos y cuándo los usaba, era como estar mintiéndose a sí mismo. Y también sabía que no se iba a retractar, por lo que prefería decir que le creía, sin dejar de vigilarlo.
– Piensa lo que quieras, pero anoche yo daba vueltas en la cama mientras Rose dormía tranquilamente, y por una vez sin molestar – repuso blanqueando los ojos.
– Como digas – le dijo dándose vuelta para volver junto a Tré –. Pero… no lo creo – musitó dando un suspiro.
El resto del día siguieron ensayando los tres. Estaban practicando varias canciones nuevas, que Billie quería comenzar a tocar en sus próximos shows. Mike no le volvió a tocar el tema, pero estaba más cortante con él. A Tré, en cambio, no le importaba, él quería tocar y seguía con su humor de siempre.
Se habían echo como las 8 de la noche, y ya estaban guardando las cosas para irse cada uno a su casa. Estaban callados, un incómodo silencio reinaba la habitación comparado con lo que era hace un rato, cuando estaban tocando. Tré quiso romper el silencio, sacar un tema de conversación, pero no lo hizo de la mejor manera.
– Oye, Billie, ¿qué pasó con la chica esa que te tenía loco? ¿No era que estabas muy enamorado? – preguntó con risa.
En ese momento a Billie Joe se le erizó la piel y se quedó paralizado. Intentó contestar, pero el constante balbuceo que lograba salir de sus labios no decía nada. Había olvidado a Adrienne por completo, qué idiota había sido.
– Lo siento chicos, debo irme – logró decir antes de salir corriendo sin avisar.
Mike y Tré se quedaron mirándolo alejarse por la ventana, éste último algo asombrado.
– Vaya, no sé qué le habrá pasado, pero tiene que ver con esta chica de Minnesota – comentó a su amigo.
– Yo creo saber qué le pasó ahora – dijo Mike en cambio, haciendo que el otro le dirija una mirada inquisitiva.

– Vamos… atiende… – musitaba Billie con el teléfono en la oreja. Jugueteaba golpeando el cable del aparato mientras esperaba oír la voz de Adrienne del otro lado, nada más que eso.
Se sentía muy culpable por ni siquiera haberle avisado que ya estaba de vuelta en su casa. La seguía amando, obviamente, pero se le había pasado por completo. Necesitaba volver a verla, quería estar junto a ella, pero la distancia era demasiada; lograrían verse pocas veces. Cuando estaba por cortar, una voz se oyó del otro lado.
– ¿Hola?
– ¡Adrienne, soy Billie! – exclamó feliz.
– ¿Billie? No conozco ningún Billie. Soy la madre de Addie, en seguida te paso con ella – espetó la mujer de manera cortante.
– Oh, lo siento. De acuerdo, gracias – se disculpó avergonzado. “Qué bien, Billie Joe, ya por teléfono no le caes bien a su madre”, se dijo para sus adentros. Había notado que a aquella mujer no le había agradado la llamada. Quizá debió ser más precavido al hablar.
– ¿Billie? – oyó la voz de Addie del otro lado.
– Hola hermosa – saludó dulcemente.
– Disculpa a mi madre, por favor – dijo nerviosa.
– No te preocupes, yo también me confundí. Es que tienen la voz igual – repuso con risa.
– Si tú lo dices… – agregó algo cortante.
Él notó que no estaba con el mismo ánimo que siempre, o que tal vez con él solo se comportaba así. Se quedaron en silencio unos segundos, un silencio que parecía que ella no iba a romper.
– Addie… ¿sucede algo? – inquirió con preocupación.
– No, nada – contestó de igual manera que antes.
– ¿Cómo que nada? Te noto rara, tú no eres así de cortante conmigo – insistió frunciendo el entrecejo –. ¿Hice algo mal? ¿Dije algo malo?
– No, no dijiste nada malo… – contestó en voz baja.
– ¿Entonces?
– Yo… te llamé hoy, tú no estabas – contestó sin querer seguir.
– Sí, es que estaba ensayando con Mike y Tré, mis amigos con los que tengo la banda… Tienes que conocerlos, te caerán muy bien…
– Atendió una chica – lo interrumpió tímidamente. Él se quedó mudo y ella continuó –. Ella no me dijo eso… Ella me dijo que estabas durmiendo y que estaba viviendo contigo. ¡Y eran las tres de la tarde! – terminó algo enojada.
– Ah, debe haber sido Rose – musitó algo molesto.
– Sí, ella. ¿Qué hace viviendo contigo? ¿Ella es… algo más tuyo que una amiga? – cuestionó al instante. Billie se quedó mudo unos instantes y luego se echó a reír haciendo que se sienta indignada.
– ¿Esto es una escena de celos, o qué? – preguntó todavía riendo.
– No, Billie. Quiero saber la verdad – contestó con enojo.
– OK, te diré la verdad – dijo dejando de reír, igualmente sonriendo –. Rose es la hermana de mi amigo Matt, que está viviendo aquí porque están de vacaciones en Oakland. Ella no es nada mío, es más, te mentiría si te dijera que nos llevamos bien, está aquí solo por mi amigo – explicó luego.
– Ah, bueno… Emm… lamento haberte tratado así… – vaciló avergonzada.
– ¿Quieres que te diga una cosa? – preguntó interrumpiéndola.
– ¿Qué?
– Si estuvieras aquí conmigo no dudaría en besarte, te debes ver hermosa toda colorada de la vergüenza – rió luego.
– Ja-ja, qué gracioso. A ti te hubiera pasado lo mismo si hubieras llamado a mi casa y hubiera atendido otro hombre que no sea mi padre – replicó haciéndose la enojada.
– Pero yo no hubiera evitado hablar contigo. Yo te hubiera ido a buscar, para matarlo personalmente – repuso haciéndola reír.
– Quiero verte… – musitó después de una pausa. Billie suspiró.
– Yo también, hermosa – contestó de la misma manera.
Del otro lado se oyó que llamaron a Addie, ella contestó y luego se dirigió a Billie nuevamente.
– Oye, tengo que cortar – dijo apenada.
– ¿Ya? ¡No! Por favor, por favor, por favor… – pidió como un niño chiquito y ella rió.
– Sí, lo siento, me llama mi padre – explicó apenada.
– De acuerdo… ¡Me llamas luego! – advirtió seriamente.
– Por supuesto – aseguró ella –. Adiós.
– Adiós, Eighty – se despidió dispuesto a cortar.
– Un momento, ¿Eighty? – inquirió extrañada.
– Cuando escuches esa canción te darás cuenta por qué – aclaró dejándola intrigada igualmente –. Te amo.
– Yo también. Cuídate – se oyó por último.
Billie se quedó con el teléfono en la mano. Pensaba en todo, deseaba ver a Adrienne más que nunca. Al oír su voz su corazón se aceleraba, todo lo que decía o hacía lo hacían perder el control y no podía controlarse él mismo. Causaba emociones que con nadie había sentido antes, emociones extrañas pero agradables, que quería seguir sintiendo por el resto de su vida.
Sin tener que volver a pensar en Eighty, se dio cuenta que desde que había ido a Argentina, algo faltaba en su cuerpo. Había tomado hasta embriagarse, pero le faltaba la presencia de lo irremplazable, que lo hacía olvidarse de todo. Se levantó y se dirigió a su cuarto. Allí buscó y sacó una bolsita pequeña con una hierba picada dentro. Tomó algunos papelillos y preparó un par de cigarrillos de marihuana, listos para ser consumidos haciendo que cause las mejores sensaciones que jamás había sentido. Salió al patio de atrás y se tiró en el pasto a observar las estrellas de la calurosa noche de verano mientras se disponía a prender uno de los porros. Lo detuvo una voz que se aclaró la garganta a sus espaldas. Se dio vuelta de inmediato y observó a Rose parada frente a él con las manos en sus caderas y una expresión de desaprobación. Él sonrió con algo de maldad.
– ¿Me vas a empezar a dar un sermón diciéndome todo lo malo que hace la marihuana? Porque no te veo como esa clase de persona…
– ¿Yo? ¿A ti? ¿Para qué? Si no me interesa en lo más mínimo. Si fumas es tu problema – lo interrumpió cortante. Él alzó las cejas y se dio vuelta otra vez –. ¿Así que no soy ni siquiera tu amiga, nos llevamos pésimo y no te interesa nada más? – preguntó sentándose a su lado. Se quedó mirándola.
– ¿Escuchas mis conversaciones o qué? – preguntó indignado.
– ¿Y tú te olvidaste lo que pasó anoche o estoy pintada? – espetó con enojo.
– Si hubieras estado pintada no la hubiera pasado tan bien, supongo… – bromeó con risa. Ella lo miró de brazos cruzados –. No, no lo olvidé, pero ella no me preguntó si había tenido relaciones contigo. Y si vamos al caso, tampoco puedo decir que eres mi amiga porque nos llevamos pésimo, ninguno de los dos nos aguantamos – contestó orgullosamente.
– Qué sin vergüenza eres – susurró mirando hacia otro lado.
– Demasiado – acotó acercándose a ella –. ¿Tu hermano está en casa?
Ella lo miró alzando una ceja, contestando que no con la mirada, y queriendo decir mucho más.
– Sabía que esto pasaría, ¿y piensas que estaría aquí si mi hermano estuviera? – dio a modo de respuesta blanqueando los ojos.
– Buen punto – comentó pensativo. Después sonrió y siguió acercándose para terminar besándole el cuello delicadamente –. Entonces sabías lo que iba a pretender…
– Claro, pero tenía que hablarte de eso. Ahora ya me puedo ir y te dejo que fumes tranquilo – dijo alejándose y parándose. Él la sostuvo de la pierna.
– No, espera… ¿No me acompañas? – preguntó con cara de inocente.
– Yo nunca fumé esas cosas, ¿por qué habría de empezar hoy y contigo? – repuso seriamente.
– Porque es lo mismo que empieces hoy y otro día; porque quiero compañía ahora; y porque creo que yo soy tu mala influencia – contestó sin soltarla.
Ella se quedó callada unos segundos sin mirarlo, él la seguía sosteniendo. Luego lo miró y después de ver por última vez su mirada de súplica se sentó a su lado. Él sonrió y prendió el primer porro. Fumó primero y suspiró con satisfacción, como si hubiera estado deseando hace años. Luego se lo pasó a ella, que dudó otra vez, pero luego aceptó y lo imitó.
Unos minutos después de seguir fumando, cuando parecía que esa cosa no provocaba nada, todo se le dio vuelta a su alrededor. Comenzaron a conversar, y como la droga ya había comenzado a causar efectos en él, decía idioteces y ella de descostillaba de la risa. Nada le importaba, no quería preocuparse por nada y no lo hacía. Billie estaba igual que ella, ya luego de un rato sus ojos se estaban poniendo levemente colorados. “¡Estás china!” le gritó en un momento viéndola a la cara y echándose a reír, a lo que ella se cubrió la boca riendo también, pero de la cara de él. Cuando se terminó el primero, siguieron con el otro que estaba armado, y luego, Billie se tomó la libertad de armar otro más. Seguían fumando y riéndose uno del otro sin tener interés en nada más, conversando de cosas sin sentido, de temas salidos de la nada; la sensación única que les recorría el cuerpo causaba que además juntos la pasen mejor. De a momentos se quedaban con la vista perdida, colgados en algún punto incierto, y cuando uno reaccionaba, el otro también lo hacía. No veían ni distinguían nada, ¿para qué hacerlo si no importaba?

Las personas que acusan a otras de ser gays generalmente ocultan su propia homosexualidad latente. Lisa Simpson

Chapter 22: Sex, drugs and punk rock!

Estaban tirados en el pasto mirando al cielo en silencio. Conversaban de vez en cuando, todavía bajo el efecto de las drogas, por lo que esas conversaciones eran oraciones insensatas generalmente. Billie estaba serio con la vista clavada en el cielo, balbuceando cosas que salían de la nada, sin sentido. Y Rose se revolcaba de la risa cada vez que lo escuchaba, y si es que lo hacía.
En un momento ella se quedó contando las estrellas, como había dicho anteriormente, y de vez en cuando lanzaba alguna risa. Mientras tanto, Billie se acercó y comenzó a besarle el cuello, haciéndole cosquillas a la vez. De a poco quedó arriba de ella besándola desenfrenadamente, tocándole todo el cuerpo, disfrutando de todas las sensaciones que pasaban por su cuerpo a la vez. Ella se alejó unos centímetros, aunque él se quedó recostado encima de ella, con su cabeza encima de sus pechos.
– Me quiero bañar – dijo de la nada. Billie rió brevemente sin moverse de su posición, oía como le latía el corazón atentamente –. ¿Vamos a bañarnos? – insistió riendo.
– ¿Sabes una cosa? Pareces drogada… – repuso tocándole la punta de la nariz con el dedo.
– No… – musitó riendo entre dientes.
– Sí… a mí no me mientes – siguió el juego con complicidad. Rose rió a modo de respuesta y él la imitó.
– Oye Rose…
– ¿Mmm? – se limitó a responder.
– Me gusta la idea del baño…
– ¿Qué baño? ¡Ah! Sí… me quiero bañar – recordó con tranquilidad. Billie volvió a besarla y sus manos se metieron debajo de su ropa.
– ¿Vamos? Yo te ayudo… – comentó riendo.
Ella rió y luego se separó y le mordió el hombro. Él se alejó mientras ella reía al verlo pasar su mano por el lugar. Rose se levantó y Billie la perseguía con una mirada que claramente indicaba que se iba a vengar.
– ¡Hey! ¡Perra! – le gritó levantándose y comenzando a perseguirla.
Ella corrió adentro y fue perseguida por un largo rato. En un momento, entró en la cocina con cautela, pero no vio a Billie antes de que la tome por sorpresa de la cintura; él la levantó y la llevó al baño entre las quejas y risas. La recostó en la bañera y antes que se pueda levantar, abrió y dejó correr el agua sobre ella.
– ¿Querías bañarte? – preguntó riendo.
Rose salió de debajo de la ducha y lo alcanzó justo antes que llegue a la puerta. Lo empujaba tratando de llevarlo a la bañera, pero Billie tenía más fuerza, nunca podría. La levantó levemente y la volvió a llevar a la ducha, pero ésta vez, ella no lo soltó. Lo abrazó con más fuerza por lo que terminó mojándose también y luego lo miró con maldad, pero de manera triunfante. Luego rodeó su cuello con sus brazos y él la sujetó de la cintura.
– Rose… – musitó a su oído tiritando de frío, el agua estaba helada.
– ¿Qué? – inquirió de la misma manera.
– ¿Podemos hacer el amor? – se oyó casi inaudible al oído de la rubia. Ella sonrió.
– Pero con agua tibia…
Él comenzó a besarla arrinconándola contra la pared, alejándose un poco de la lluvia artificial. Sin dejar de besarla, tanteo hasta encontrar las canillas, y cerró el agua fría un poco para regular la temperatura con agua caliente. Le quitó la remera justo cuando el agua estaba a temperatura adecuada, el sabor de la piel y el líquido se fusionaban provocando que quiera más de ella. Sus pechos subían y bajaban constantemente, chocando con el cuerpo de él, que ahora se encontraba desnudo también. En un momento, resbaló y él la sujetó justo antes que caiga. Así fue como quedó recostada en una mejor posición que antes, por lo que él comenzó a besarle los pechos con más comodidad. Lo dejó un rato, él oía sus suspiros claramente, su cuerpo traía algo que lo incitaba a beberla y tocarla una y otra vez. Rose se incorporó un tanto y le bajó los pantalones, dejándolos en el fondo del agua que se acumulaba, como el resto de la ropa. Comenzó a besarlo y al llegar a su estómago se detuvo instantáneamente.
– Oh Rose, sigue más abajo por favor – pidió con excitación.
Ella rió y siguió besándolo, hasta que llegó a su bóxer. Se lo sacó tomándolo con la punta de los dedos y dejando que su dedo meñique roce con la piel de él al bajar, lo vio tragar saliva con dificultad. Cuando ya no tenía ni una prenda comenzó a acariciar su miembro provocando que Billie se ponga tenso y su boca comience a emitir sonidos involuntariamente. Luego acercó sus labios y le dio un pequeño beso que se sintió cálido y provocador. Siguió besándolo cada vez con más intensidad; Billie comenzaba a gemir cada vez más excitado. Seguía jugando con su boca de distintas maneras y él la sostenía de su cabello rubio totalmente enredado. Lo miraba de reojo y parecía que no iba a aguantar más, estaba colorado y no parecía traspirado por el agua que los empapaba a ambos. Se alejó lentamente al ver lo excitado que estaba y se tiró encima de él para hablarle al oído.
– Ahora diviérteme a mí – pidió con una sonrisa maliciosa.
– No puedo, Rose… Necesito… estar dentro tuyo, ahora… – pidió jadeando.
La sostuvo de la cintura y de deshizo rápidamente de lo que le quedaba de ropa. Ella sintió luego como se introducía lentamente dentro suyo, mientras la sostenía de la espalda. Lo rodeó con sus largas piernas y comenzó a gemir mientras subía y bajaba todavía con las manos de Billie en su espalda, lo que hacía que eche su cuerpo ligeramente hacia atrás. El ambiente estaba lleno de vapor, y gran cantidad de las gotas que caían de sus frentes era sudor. Sentía como entraba en ella cada vez con más fuerza y deseando llegar más adentro, con total desesperación y movimientos cada vez más placenteros. El agua comenzó a rebalsar de la bañera empapando el piso; solo la cabeza de Billie estaba fuera del agua, y sus brazos que alcanzaban todo el cuerpo de la joven.
Luego de omitir un último grito los dos a la vez, cayó rendida; él se encontraba dentro suyo todavía cuando ella quedó recostada encima, con sus caras una al lado de la otra y abrazándolo. Con el brazo algo débil, extendió la mano y cortó el agua. Ambos tenían los ojos cerrados, respiraban rápidamente haciendo que el agua no quede quieta ni un segundo.
– Oh, sí… – trastabilló después –. Tú sí que haces que la pase bien…
– No hables por ti solo, yo también la paso bien – replicó como un estúpido motivo de discusión.
– Pero tú no te divertiste tanto ésta vez. Además yo te atrapé hace un rato y te metí bajo la ducha… ¡gané! – se burló riendo.
– Vete a la mierda – espetó con enojo.
Se incorporó y se quedó sentada en el otro extremo del sitio lleno de agua, sin mirarlo y sujetando sus rodillas con sus brazos. Él se acercó.
– Hey, no era para que te pongas así, era una broma – dijo abrazándola de atrás y colocando su cara en el hombro de ella.
Rose no contestó. A pesar que no quería a Billie más que como amigo, le molestaba que él se abuse de ello. Lo había escuchado hablar por teléfono con esa mujer, que no tenía idea quién era, pero a ella le decía “te amo”. A ella no la tenía solo para acostarse cuando se le cantaba, y por más que la pasara bien, odiaba que sea tan directo. Tal vez estaba enojada y lo estuvo la primera vez que estuvieron juntos, porque se regañaba a ella misma por dentro, por desmerecer tanto su persona, por caer tan bajo solo para pasarla bien. Si tan solo él demostrara algo de afecto, las cosas serían distintas.
– Rose… – comenzó a decir después de unos minutos de estar en la misma posición sin moverse – siempre que terminamos de hacerlo, peleamos… ¿Por qué? – inquirió dándole un pequeño beso en el hombro.
Parecía una típica pregunta de niño, esas que salen de la nada, con demasiada intriga y sin explicación alguna, por lo que generalmente uno no sabe contestar. Y Billie era un niño grande. Siempre salía con cosas inesperadas, con preguntas sin respuesta, y siempre terminaba siendo adorable cuando miraba con cara angelical.
– No lo sé – mintió con la vista perdida. No le iba a decir lo que sentía nunca.
– Entonces… No peleemos más – pidió abrazándola con fuerza y repentinamente –. Yo… te aprecio mucho, Rose, en serio. Podemos pelear todo lo que queramos, pero seamos amigos, por favor.
Se alejó para verlo a los ojos. Su rostro reflejaba preocupación y súplica, como algo urgente que quería resolver hace tiempo. Ella le sonrió y, al verla, contestó con otra sonrisa a la vez que su rostro se iluminaba. Se abrazaron y se quedaron así unos minutos.
Sentía su cálido cuerpo pegado al de ella, con sus brazos rodeándola por completo. No lo quería soltar, pero a la vez le resultaba extraño, no quería alejarse de él. Billie alejó su rostro unos centímetros y se quedó observándola mientras acariciaba su mejilla. Era extraño, nunca la había mirado así, tan atentamente. Nunca había notado lo arqueadas y armoniosas que eran sus pestañas, ni ese brillo intenso en el verde de sus ojos. De repente comenzó a acercarse lentamente para besarla, pero ella reaccionó.
– Billie, salgamos… Tengo frío – musitó agachando la cabeza.
– De… acuerdo – tartamudeó algo quedado.
Rose se levantó mientras él la observaba con detenimiento. Su cuerpo perfecto y desarrollado como para tener 15 años, su largo cabello rubio y su mirada inocente hacían que se derrita en esa situación por completo. La joven ni se percataba de lo entretenido que estaba mirándola, se dirigió a agarrar una toalla que estaba colgada al lado de la puerta y se envolvió en ella. Luego agarró una más chica y comenzó a secarse el pelo.
– Vaya, qué chiquero… Será mejor que comencemos a limpiar esto… – comentó observando el lugar –. Billie, ¿me escuchas?
– ¿Eh? Oh, sí… sí, va a ser mejor que ordenemos todo – reaccionó parándose lentamente.
– Toma, aquí tienes otra toalla. Ven a cambiarte y luego secamos todo – ordenó saliendo del baño.
– OK – se limitó a responder.
Apenas cerró la puerta, Billie se mojó bien la cara con agua alejando todo pensamiento de su mente. Se secó un poco, se envolvió con la toalla de la cintura hacia abajo y salió del baño.

Ya era de madrugada, Billie Joe estaba en su cama sin poder dormir. Una inexplicable paranoia lo invadía, se sentía inseguro, perseguido, asustado estando allí solo. Luego de a momentos pensaba en la posibilidad que había de que Matt se entere lo que había ocurrido entre él y su hermana. Elaboraba así en su mente miles de maneras locas y extrañas de cómo la noticia llegaba a sus oídos, y luego lo perseguía muy enojado. Apenas se escuchaba música con el volumen muy bajo desde la habitación de Rose, había noches que lo necesitaba para dormir.
Como si otra persona lo estuviera controlando, se levantó y caminó hacia la puerta. Era como por instinto, algo le indicaba que debía seguir. No estaba drogado, el efecto de lo que había fumado se había ido hacía rato. Se acercó a la puerta de al lado y dudó antes de abrir. Sentía una brisa recorrerlo por completo, le causaba escalofríos. Sin detenerse a pensarlo más, abrió lentamente.
La observó unos instantes. Rose estaba sentada en la cama de espaldas a él, escribiendo algo en un cuaderno. Con una involuntaria y estúpida sonrisa se quedó recostado en el marco de la puerta. En un momento, ella giró y lo vio, asustándose un tanto.
– Billie, ¿qué haces ahí? – preguntó a la vez que él se incorporaba instantáneamente.
– Eh… nada… yo… recién llego – se apresuró a decir.
– Ven aquí – dijo golpeando con su mano el lugar en la cama al lado de ella.
– ¿Qué hacías? – inquirió sentándose a su lado.
– Se me ocurrió la letra de una canción… igual no avanzo demasiado si escucho música también – rió dejando el cuaderno a un lado. Billie agudizó el oído.
– Oye, eso yo lo conozco… – comentó escuchando con atención.
– Es Social Distortion. Sí, es obvio que debes conocerlos, son de California – aclaró sonriendo.
– Sí, hablamos varias veces, tienen el mismo bajista que Rancid… Son muy buenos – agregó asintiendo con la cabeza.
– Sí, me encantan – acotó produciendo silencio –. OK… yo creo que me acostaré a dormir…
– ¿La princesa está cansada de limpiar baños que ella misma ensucia? – bromeó mirándola con complicidad.
Ella rió pero no comentó nada. Él la observaba, estaba con la cabeza gacha y la mirada perdida. Extendió la mano y la tomó del mentón haciendo que lo mire. Luego de unos segundos le dio un pequeño y dulce beso, que fue creciendo hasta que llegó a saborear por completo sus labios y cada rincón de su boca. Se recostó encima de ella y poco a poco se detuvo. Después del último contacto con sus labios, ocultó su cabeza en el cuello de ella, cerrando los ojos. Rose acariciaba su cabello y su espalda, brindando y recibiendo calor, sintiendo el perfume natural de él.
– Rose… – musitó a su oído.
– ¿Qué? – inquirió casi de manera inaudible.
– ¿Puedo dormir contigo? Tu hermano llegará mañana, tarde – pidió de manera que le recordó mucho a cuando ella era una niña pequeña y dormía abrazada a su hermano.
– Sí – contestó sonriendo –. Pero a mi lado, mejor te quitas de encima mío si no quieres que me asfixie – bromeó con risa.
Él rió y se acostó a su lado. La miró unos segundos y le dio un beso en la mejilla. Luego la abrazó rodeándola con el brazo y abrigándola. Dejaron en CD puesto, ya terminaría. Juntos sin miedo a nada, con música de la que les gustaba sonando, y sin nada más en qué pensar, los dos jóvenes que ahora eran amigos se quedaron profundamente dormidos.
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- Magie, tú sí aprendes rápido... Por qué no aprendes a VOLAR?!
- P e r o t e a m o...

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Re: The Judge's Daughter/Church on Sunday

Mensaje por Greenxxday el Jue Jun 10, 2010 9:44 pm

recien voy en el capitulo 6 u.u
debo ponerme al día mas rapido Ermm

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Re: The Judge's Daughter/Church on Sunday

Mensaje por Whatsernamee el Jue Jun 10, 2010 11:13 pm

xDDDDDDD! "- Magie, tú sí aprendes rápido... Por qué no aprendes a VOLAR?!
- P e r o t e a m o..." no tenia nada que ver con la fic pero tenia que ponerlo xD! ahora son amigos? D: quiero que BIllie vuelva con Addie xDD! (soy muy mala NINJA)

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Re: The Judge's Daughter/Church on Sunday

Mensaje por Scattered.Pictures el Vie Jun 11, 2010 5:08 pm

:O! shit! ... ahora me acuerdé que sigue después de este capitulo de la fic! por la santa cachucha xDDD.... que Addie aparesca y que le saque la xaxu a Rose WOOT xD es mi sueño Crying or Very sad xDDDDD
me necesita mas Smile

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Re: The Judge's Daughter/Church on Sunday

Mensaje por roxxiie.GD el Sáb Jun 12, 2010 11:42 pm

– Oh Rose, sigue más abajo por favor – pidió con excitación.

se me vino a la mente este video xDDD


jajajajaj re pajera xD DANCING BANANA jajajajajajajajajajajaja xDDDDD OMG XD

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Re: The Judge's Daughter/Church on Sunday

Mensaje por NaturalxDisaster el Dom Jun 13, 2010 12:00 am

^ Fuck, lo tengo que ver mañana D: porque no encuentro los auriculares en la oscuridad e.e Me duele la lengua D: [porque hoy me mordí y quedé como Bart cuando se chocó y se mordió la lengua y Lisa le avisa a Marge, posta que hablaba así y todo] Emm... sí, cap (I)
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Chapter 23: I promise.

La semana estaba lista para comenzar. Ese lunes, Billie debía levantarse temprano, para que Matt no lo encuentre durmiendo al lado de su hermana cuando llegue después de una noche afuera haciendo quién sabe qué cosas. Como si un sexto sentido lo hubiera ayudado, abrió los ojos a las 9 de la mañana. Al aclararse su vista, solo se llegó a encontrar con un enredado paisaje rubio en su rostro. Estaba abrazado a Rose, y el pelo de ella estaba totalmente esparcido sobre su cara, ya que le estaba dando la espalda. Levantó levemente la cabeza y observó a su alrededor, pero cuando se quiso levantar se detuvo. Su mano estaba entrelazada a la de ella, si la soltaba de repente lo notaría y no quería que se despierte. Apoyó su cabeza en la almohada otra vez, acercando su rostro al cuello de ella y respirando profundamente. Le encantaba sentir su perfume, era el aroma más dulce que había sentido alguna vez.
Con cuidado y con movimientos casi imperceptibles, dejó de rodearla con su brazo y se incorporó con cautela. Ella ni se enteraba lo que pasaba, dormía profundamente tapada solo con una sábana hasta la cintura. Él la cubrió bien, ya que se sentiría la ausencia de su cuerpo luego de un rato, y se quedó observándola justo cuando ella suspiró y se movió un poco. Sonrió espontáneamente, no sabía por qué lo había echo. Se acercó y le dio un beso en la mejilla, para luego levantarse y buscar su remera, que se la había sacado a la noche por el calor. Cuando salió al pasillo, escuchó la puerta de entrada abrirse. Se asomó y observó a Matt entrar en la casa. Rápidamente corrió a su habitación, y su sorpresa fue mayor cuando se encontró con Rose sentada en su cama. Ya había entrado en desesperación.
– ¡¿Qué haces ahí?! – exclamó en un susurro, su expresión lo decía todo.
– Solo desperté y quería…
– ¡Tu hermano acaba de llegar! ¿Acaso crees que le va a agradar encontrarte en mi cama y en pijama? – la interrumpió con gestos desesperados.
– En todo caso, había salido a caminar o algo, no va a venir a revisar tu habitación – contestó con despreocupación.
– Espero que tengas razón… – repuso más tranquilo. Cuando escuchó la habitación de al lado cerrarse, se dirigió a sentarse al lado de ella, con mucha más tranquilidad –. ¿Qué me ibas a decir?
– Quiero que hablemos… de nosotros – contestó seriamente.
– ¿A qué te refieres? – inquirió con confusión.
– OK, tú sabes que la nuestra es una relación algo… rara – comenzó haciendo una mueca de desagrado –. Es decir, nosotros… hacemos cosas como la de… anoche, pero recién ahora se puede decir que somos “amigos”. A todo esto, quiero agregar que tú amas a esa mujer, no sé como se llama…
– Addie – aclaró él.
– Sí, ella. Y lo que yo quiero sabes es… Ella algún día sabrá que tú y yo… es decir, ¿no le molestará? Bueno, seguro que sí… ¿A ti no te molesta? Porque…
– ¿A ti te molesta acostarte conmigo si es que tienes ganas? – la interrumpió con algo de risa, al verla sin encontrar las palabras adecuadas. Rose se quedó mirándolo sin saber qué contestar, su boca era una laguna de palabras que se amontonaban para salir a la vez.
– No… es que… si tengo ganas no tendría por qué molestarme… Y las dos veces que pasaron, yo no me arrepentí – contestó pensativa.
– ¿Y te molestaría si quisieras que vuelva a pasar y yo también quisiera? – volvió a preguntar para llegar a lo planteado.
– No, no me molestaría, pero a Addie tal vez si, y a mi hermano – recordó.
– Pero yo sé que amo a Addie. ¿Y sabes otra cosa? A ti también te amo – soltó haciendo que abra grande los ojos.
– ¿Q-qué? – tartamudeó con una expresión de sorpresa difícil de disimular.
– Eso, pero no te asustes. A ti como amiga – aclaró riendo. Ella suspiró con cierto alivio –. Entonces no creo que le esté haciendo daño a nadie. Es decir, nosotros la pasamos bien, yo siempre sabiendo que Addie es la mujer que amo, y entonces todos conformes, felices y contentos – explicó con simpleza.
– Qué fácil haces que suenen las cosas… pero lo entiendo. OK, yo eso lo acepto… pero no quiero hacerle mal a nadie – repuso preocupada. Él sonrió levemente y la abrazó.
– Yo no creo que le hagamos mal a nadie. Tampoco es para que cada vez que nos veamos terminemos juntos, pero si se da… tú sabes… – ella rió y se quedaron en silencio.
Realmente no era una mala propuesta, era solo para pasarla bien. Jamás había hablado de relaciones de esa manera, en realidad Billie Joe era una persona muy rara. A pesar de ser nueva en eso, de verdad no pensaba que esté mal y le daba la razón. Al fin y al cabo, en dos semanas volvería a Argentina, y a él lo vería demasiado poco. Solo una cosa la seguía preocupando.
– Billie, prométeme algo – dijo rompiendo el silencio.
– Depende – contestó con risa.
– No, es en serio – repuso riendo.
– OK, dime.
– Prométeme que me dirás si… a ti te empieza a pasar algo más que una amistad conmigo, pero apenas te des cuenta – pidió con seriedad.
– Solo si tú prometes lo mismo – condicionó él.
– De acuerdo, te lo prometo – prometió mirándolo a los ojos.
Se quedaron mirándose unos segundos y luego ella agachó la mirada, apoyando levemente su cabeza sobre el pecho de él. Sin embargo, él la seguía mirando.
– ¿Sabes una cosa? Comenzaré a cumplir mi promesa ahora – comentó levantándole la mirada.
– ¿Qué sucede? – cuestionó en susurros.
– Muchas veces cuando te veo, me dan muchas ganas de besarte. Y eso no les sucede a los amigos… – musitó acercando su rostro al de ella, haciendo que sus narices se choquen mutuamente.
Rose trató de balbucear algo, pero dejó sus palabras atrás para recibir los labios de Billie, que chocaron con los de ella. La besó sutilmente, como pensó que volvería a pasar después de ese momento. Por fin les habían quedado las cosas más que claras… o eso pensaba.

En la tarde, Billie se despidió de Rose y se encaminó a la casa de Mike. Eran cerca de las 3, ella no iba a ir, no tenía demasiadas ganas, así que esperaría a que su hermano despierte. Por cierto, Matt no había aparecido desde que llegó. Seguía encerrado en la habitación, durmiendo, y su hermana no le había echo demasiado caso porque Billie le decía que no se preocupe tanto.
El chico de 20 años caminada bajo el agobiante calor, con una gorra puesta que le cubría levemente del sol pero le hacía sudar la frente. Al llegar, pasó directamente sin llamar. No encontraba a su amigo en ningún lado, hasta que escuchó ruidos en el fondo. Se acercó a la ventana y encontró a Mike y Tré sentados en el patio trasero, bajo un árbol y con una guitarra en la mano. Al verlo, sus amigos dejaron de tocar y sonrieron. Salió a su encuentro rápidamente, los saludó y se tiró a su lado.
– ¿Qué tocaban? – inquirió con curiosidad.
– Mike está escribiendo una canción… ¡Yo también escribí una! – exclamó Tré con orgullo y felicidad.
– Oh, yo quiero oír eso – repuso Billie con risa.
– Sencilla y graciosa… – comentó Mike, que tocaba algunos acordes.
– ¿Y tú has terminado también? – le preguntó a su otro amigo, que parecía concentrado.
– No, tengo algunos versos en mente… pero no se me ocurre qué puedo decir después del primero… – contestó con fastidio.
– Hace canciones al estilo Frankenstein… empieza con la primera estrofa, la deja sin terminar; sigue con el estribillo, lo deja por la mitad… – comentó Tré con total sinceridad, pero haciendo reír a Billie.
– ¡Ya sé! – Exclamó de repente Mike –. I saw my friend the other day, and I don’t know exactly just what he became, it goes to show... – cantó después de anotar en una libreta.
– Me gusta, me gusta – dijo su amigo de manera graciosa.
– En serio está bueno, pero igualmente no creo que te puedas concentrar demasiado con nosotros aquí – opinó Billie.
– Tienes razón – acotó dejando la guitarra a un lado.
– Hey, Tré, tú si terminaste. Muéstrame lo que escribiste – recordó luego.
– Éste es, querido amigo… – comenzó a decir agarrando la guitarra – el mejo tema que nuestra banda hará alguna vez.
– Espero que tengas razón – acotó blanqueando los ojos con risa.
Tré acomodó la guitarra sobre sus piernas y comenzó a tocar una simple melodía en la que utilizaba solo dos cuerdas. Billie frunció el entrecejo sin borrar una sonrisa de extrañeza.
I was alone… I was all by myself… No one was looking… I was thinking of you… Oh yeah, did I mention… – comenzó a cantar haciendo que sus amigos lancen una carcajada, seguido de un simple estribillo que decía All by myself constantemente. Sin embargo, seguía cantando con seriedad, a pesar que Mike se descostillaba de la risa y Billie quería hacerlo reír –. I went to your house, but no one was there… I went to your room… I was all by myself… You and me had such wonderful times… When I’m all by myself… – terminó riendo debido a los gestos que hacía Billie para que pierda la seriedad –. No se puede trabajar en serio con ustedes – bromeó haciéndose el ofendido.
– ¡Está genial! – comentó Billie todavía riendo.
– Gracias – agradeció con el mismo orgullo que antes.
– Qué raro que no hayas venido antes – comentó Mike.
– Sí, es que Matt seguía durmiendo, y Rose se iba a quedar sola, así que la acompañé un…
– Un momento, un momento – lo interrumpió Mike –. ¿Tú le hiciste compañía a Rose? – inquirió sin creerlo.
– Sí… sí, así es, ¿qué tiene de malo? – contestó confundido.
– Nada… No, no es nada realmente, solo que… sorprende – vaciló igualmente sin entender su actitud.
– En realidad, a Mike le sorprende porque antes la odiabas y ahora no la quieres dejar sola – explicó Tré viendo que su amigo no decía la verdad.
– Bueno es que… ambos dimos el brazo a torcer… Ahora somos amigos. No sé si los mejores, pero lo somos – explicó mirando hacia cualquier otro lado –. Pero díganme, ¿no es mejor así? – planteó después.
– Y… antes de escucharlos pelear por idioteces, cualquier cosa es mejor – opinó Mike dando un suspiro.
– Oye, ve a buscarla – propuso Tré.
– ¿Qué? – reaccionaron sus amigos a la vez.
– Que vayas a buscarla. Digo, es que debe estar aburrida sola, y Matt no se levantará, lo sé porque es como yo en ese sentido – explicó encogiéndose de hombros. Billie dudó unos segundos.
– OK, tienes razón – aceptó después –. Creo que no tenía demasiadas ganas de salir, pero la convenceré.
Salió en busca de Rose, atravesando el inmenso calor otra vez. Algo le había dicho que tenía que decir que sí, y ese mismo algo hacía que camine apurado en lugar de ir con pereza y lentitud, como hubiera echo debido al calor. Aún así, ni se imaginaba lo que podía llegar a encontrar.

Es sábado en la noche, hay una fiesta de 15 muy cerca de casa y escucho "y mira como se menea ♫" o.O Después no digan que Capusotto exagera...

Chapter 24: You’re drugged.

Se había arrepentido de decirle que no a Billie cuando éste le preguntó si quería acompañarlo a la casa de Mike. Rose estaba tirada en el sillón con la vista clavada en el techo y un ventilador que le daba directamente a ella. La televisión estaba apagada, no había absolutamente nada para ver. Esa sensación de vacío y desoladora era horrible. Se preguntaba de a momentos cómo era que hacía Billie para vivir completamente solo.
Necesitaba hablar con alguien, y como ya era algo tarde pensó en despertar a su hermano, que dormía en la habitación. Prácticamente saltó del sillón cuando se le ocurrió la idea. Esperaba poder salir y recorrer algunos lados con él, ya no hacía tanto calor como antes y quería aprovechar sus vacaciones. Abrió la puerta espiando primero, y luego entró por completo. Su hermano estaba esparcido sobre la cama, con la sábana olvidada a un costado. La joven se acercó tímidamente.
– Hermano… – musitó prácticamente de manera inútil – Hermano… – repitió sentándose a su lado.
Iba a volver a hablarle, pero al apoyar su mano entre las sábanas sintió algo. Frunció el entrecejo y escarbó buscando lo que había tocado. Cuando lo encontró quedó paralizada después de haber desviado la vista, no podía mirarlo, no quería reconocerlo. Su respiración se agitó mientras hacía fuerza para no llorar y tratando de buscarle alguna explicación a la jeringa que tenía en su mano, una explicación lógica que no incluya a su hermano, pero no la hallaba. Todavía temblando, se giró hacia su hermano.
– Matt… – llamó con la voz afectada – ¡Matt, despierta ya!
– Deja de joder, Rose – se quejó con la voz ronca.
– No, levántate ahora – ordenó con firmeza, pero no le hizo el menor caso.
Llena de impotencia se levantó y salió corriendo de la habitación, entró en la cocina y sacó una jarra de agua helada del refrigerador. Volvió a donde yacía el joven y volcó todo el contenido sobre él, provocando una reacción instantánea.
– ¡Hija de puta! ¡¿Qué mierda haces?! – le gritó dando un salto.
– Levanto tu asqueroso trasero de la cama. Y nuestra madre no es una puta ni nos ha enseñado nada mal. Por eso quiero que me des una explicación de ésta asquerosa jeringa – espetó tirándola delante de él –. ¿Qué hacías tú con algo así?
Matt se quedó absorto y sin saber qué decir. Sus ojos recorrían con nerviosismo la habitación sin querer mirar el objeto a sus pies y mucho menos la cara de decepción de su hermana.
– Rose… – comenzó a decir bajando el tono de voz –. No te preocupes por esto, hermanita. Yo sé lo que hago…
– ¿Qué? – interrumpió ella –. ¿Qué no me preocupe por eso? No, Matt, no sabes lo que haces. ¡Esa porquería mata, Matt! ¡Va a acabar contigo! – exclamó indignada.
– No, Rose. Yo sé lo que hago, es algo que puedo controlar – trató de explicar, pero su hermana lo seguía mirando con decepción y tristeza. Esto lo enfadó, no soportaba que lo mire de esa manera tan acusadora –. ¡Mierda, Rose! ¿Por qué te interesa tanto? Es mi vida, no la tuya – espetó dándose vuelta.
– Me interesa, Matt, y me interesa mucho. ¡Maldita sea, eres mi hermano! ¿Piensas que quererte es dejar que hagas estas cosas? – estalló obligándolo a que se dé vuelta, aunque no la miraba.
– ¿Sabes qué? Pensé que eras la única persona que lo entendería, pero me defraudaste en serio – dijo dolido.
– ¿Estás demente? Ninguna persona cuerda permitiría que te dañes de esa manera. Yo te amo, Matt. Te amo, eres una de las personas más importantes en mi vida, no quiero perderte y mucho menos por una adicción a esa cosa – sollozó tomando su cara entre sus manos.
– Pero has cambiado, Rose. Antes no eras así, no agravabas tanto estas situaciones estúpidas. Antes de que venga a California eras una niña despreocupada, inocente, divertida… esa Rose me hubiera entendido – le reprochó sin hacer caso a su llanto.
– Ah, ¿si? Entonces preferías que siga siendo despreocupada, inocente y divertida porque así yo te diría “qué bien hermano, sigue inyectándote heroína hasta una sobredosis si te hace feliz”. ¿Sabes una cosa? Si tanto cambié, entonces me alegra hacerlo echo para estar diciéndote estas cosas ahora…
– ¡Pretendes ser madura y no lo eres! ¡No sabes por qué lo hago! – la interrumpió con más gritos.
– ¿Por qué lo haces? Matt, tienes una vida envidiable, buen trabajo, buenos amigos, una hermosa familia, las chicas que quieres están a tus pies. Esto no tiene justificación – replicó sin entender.
– ¿Lo ves? Primero vuelve a ser la de antes y luego hablamos – señaló queriendo finalizar el tema.
– ¡No mezcles las cosas! ¡Estamos hablando de esa jeringa ahora, no de lo madura o no que soy! – exclamó agarrando el objeto y mostrándoselo.
– Vete a la mierda, Rose. Odio en lo que te has convertido. Pero sabes que muy en el fondo sigues siendo la misma pendeja odiosa, caprichosa y mimada que siempre fuiste – espetó haciendo que sus palabras impactaran fuertemente como flechas en el corazón de ella, que se había quedado muda y dolida como nunca antes se había sentido.
Silencio. Solo eso se oía ahora en la habitación en la que Rose seguía mirando a Matt, y él desviaba la mirada.
– ¿Así que eso fui siempre para ti? – musitó con la cara inundada en lágrimas –. Solo fui una pendeja odiosa, caprichosa, mimada… ¿Nunca me amaste? ¿Ni siquiera un poco? – preguntó levantando un poco más la voz –. Dime una cosa, la primera vez que te inyectaste esto… ¿no pensaste en mí? ¿No pensaste en mamá, papá y Tod? ¿No te habías dado cuenta de que yo sí te amaba? – luego de eso hubo un corto silencio nuevamente.
– Rose, no quise decir eso… – comenzó a decir, pero dejó su oración incompleta.
Su hermana comenzó a llorar con desesperación otra vez y salió corriendo sin siquiera cerrar la puerta detrás de sí. Corrió al living y se arrinconó en el primer hueco que encontró. Se encontraba entre la pared y el sillón, sollozando en el suelo, acurrucada y ocultando su cara entre sus brazos. ¿Era verdad lo que le decía Matt? ¿Nunca la había amado como ella a él? ¿Había cambiado? Ella no estaba pretendiendo ser otra persona o más adulta, simplemente tenía razón. No podía dejar de llorar, por más que lo intentaba, la conversación se le iba a la mente y lloraba no por voluntad propia. Era difícil perdonar a alguien que le había dicho todas esas cosas… a pesar de que era su propio hermano.

Billie alcanzó la sombra cuando estuvo en la puerta de su casa. Entró en ésta, sin sentir en lo más mínimo un ligero cambio de temperatura. Miró a su alrededor y comenzó a buscar a Rose para invitarla a ir a la casa de Mike, como había quedado con sus amigos. No encontrarla y que ella no haya salido a recibirlo se le hacía raro, por lo que frunció el entrecejo extrañado.
Al entrar al living, completamente silencioso, oyó claramente unos sollozos que no sabía de dónde provenían. Miró a su alrededor hasta que descubrió a la adolescente llorando en un pequeño rincón. Rápidamente se acercó, ella todavía no lo había visto.
– Rose, ¿qué te pasó? ¿Qué te ocurre? – inquirió sin terminar de acercarse.
Ella levantó la mirada y al verlo se abalanzó sobre él. Rodeó su cuello con sus brazos y él la tomó de la cintura con asombro, a la vez que ella apoyaba su cabeza en el hombro de él.
– Bonita, tienes que calmarte y decirme qué sucede – pidió Billie sin soltarla y sin obtener respuesta.
– Billie… no me dejes… Dime que tú sí me quieres – pidió aferrándose más fuerte a él.
– Claro que te quiero, y por eso no me gusta verte así – repuso tomándole el rostro con las manos. La acariciaba mirándola apenado, y queriendo que deje de sufrir, sea por lo que sea que lloraba. Aproximó sus labios a los de ella, pero la boca de la joven se abrió no para recibir el beso, sino que para balbucear algo.
– Yo… no me siento bien, Billie – musitó a la vez que sus ojos se daban vuelta vagamente. Se tomó la cabeza y se sostuvo unos segundos.
– Rose, no, no te desmayes. Por favor no me hagas esto – suplicó en vano. La rubia se había desvanecido en sus brazos, sin poder soportar más el agudo dolor que sentía en el pecho.
La levantó en brazos y recorrió el lugar con sus ojos pensando en dónde acostarla. Se dirigió hacia el sillón y suavemente acomodó el cuerpo de la joven, sin dejar de quejarse entre dientes. Se dirigió a la cocina y sirvió un vaso con agua para alcanzárselo e intentar reanimarla. Al volver se quedó en frente de ella con nerviosismo.
– Emm… Rose, despierta… Ten, te traje agua… ¡Qué idiota soy! Por favor, reacciona… – suplicó haciendo torpes movimientos que querían comenzar algo pero no lo terminaban.
En su desesperación, se le resbaló el vaso de las manos y cayó al suelo, rompiéndose en mil pedazos. Protestaba e insultaba entre dientes y corrió los vidrios a un lado.
– Matt… – se oyó claramente que murmuró ella inconciente.
El chico se incorporó luego de que se le ocurra que debía avisarle a su amigo que su hermana había desmayado. Entró en la habitación sin siquiera golpear, pero a simple vista no vio a nadie. Unos sonidos lo guiaron para que fije sus ojos en el rincón en el se encontraba Matt, aunque hubiera preferido no hacerlo. Lo vio tirado en un rincón, llorando silenciosamente e… ¿inyectándose algo al brazo? Se quedó perplejo, sin poder mover un músculo y solo supo reaccionar de una manera.
– Matt, ¿qué mierda haces? – gritó corriendo a sacarle la jeringa de las manos.
– ¡Déjame en paz, Billie Joe, no te metas! – exclamó forcejeando e intentando darle la espalda.
– ¿Estás loco? ¡Dame eso! – insistió logrando su objetivo.
Le quitó el objeto y lo tiró por la ventana, para que no la alcance, luego debería ir a buscarla.
– ¡¿Qué has hecho?! – sollozó el joven tomando a Billie del cuello de la remera.
– ¡Te quito esa maldita droga que te arruinará la vida! – contestó con dificultad. Empujó a Matt y se quedó observándolo –. No es la primera vez, ¿no? – Preguntó sin que él contestara –. ¿Qué has hecho, Matt? Te estás arruinando la vida, y algo le hiciste a Rose, porque está muy mal, por si no lo sabías.
– A ella no le importo – mintió sabiendo que no era verdad.
– Ah, ¿no? No tienes idea de cómo se siente… Llegué y lloraba como nunca había visto a nadie llorar de esa manera por otra persona. Y luego se desmayó, está inconciente. ¡Todo eso es por ti! – se quedaron en silencio, Billie mirándolo con odio y él llorando en silencio –. No sé qué le habrás dicho, pero ni te imaginas el mal que le has hecho…
– Y supongo que tú si – interrumpió mirándolo por primera vez –. Claro, desde que la relación entre ustedes mejoró, sabes todos sus secretos, son grandes amigos, ¿no es así? – decía con ironía. Billie no sabía qué decir, ni siquiera se atrevía a balbucear nada –. ¿Sabes algo, Billie? Una mujer provocó esto. Una… maldita perra… que me traicionó y ahora me drogo con esa mierda… Y Rose, lo único que hizo fue hacer que me dé cuenta de mi error. Me arruiné la vida por un trasero bonito y yo… estaba tan enojado… Mi hermana me odia ahora, y ella es una de las personas más importantes de mi vida. No sé qué hacer.
Se arrinconó otra vez y hundió su cabeza en sus brazos, llorando por una fuerte impotencia que sentía al no poder volver el tiempo atrás. Billie suspiró pasando su mano desde su frente hasta su nuca, desviando la vista hacia cierto punto inseguro en el piso. Luego se acercó y colocó su mano en el hombro de Matt.
– Amigo… Mike, Tré y, por supuesto, Rose, me ayudarán a sacarte de esto. Te lo prometo – musitó mirándolo con seguridad, y al mismo tiempo totalmente apenado de la situación.
– Gracias, Bill… lo más importante para mí en éste momento es la lealtad que empeñas en nuestra amistad – agradeció abrazándolo.
Billie se quedó en silencio, pensando en cómo lo estaba traicionando a la vez. La culpa lo atormentaba por dentro, no quería imaginar lo que sería si Matt se enterara lo sucedido con Rose justo en ese momento.
– Estás drogado, Matt – repuso dándole unas palmadas en la espalda.
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Y mira como se menea ♫ e.e Mañana en el foro de entrevistas: Entrevista a Amanda Very Happy Goodnightfolks!

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Re: The Judge's Daughter/Church on Sunday

Mensaje por Whatsernamee el Lun Jun 14, 2010 10:13 pm

Me mato el cap ._. y me reí mucho Y mira como se menea ♫ AJAJAJA! xD

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Re: The Judge's Daughter/Church on Sunday

Mensaje por NaturalxDisaster el Mar Jun 15, 2010 6:23 pm

^ Qué terrible u_U xDD!
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Chapter 25: Help me.

Rose comenzó a abrir débilmente los ojos. Se llevó la mano a la cabeza, se sentía algo mareada. Cuando terminó de despertar se refregó el ojo con su puño y miró a su alrededor. Le bastó solo un par de segundos reconocer que estaba en la habitación de Billie. Era un lugar inconfundible, todo desordenado y con un montón de cosas esparcidas por el piso, era peor que su propia habitación. Miró por la ventana, era de noche.
Decidió no levantarse, se recostó nuevamente, ésta vez de costado y con una de sus manos debajo de su cara. Recordaba lo que había pasado antes de desmayarse y prefería no haber despertado. Nunca había pasado tan mala situación, era nuevo para ella vivir algo tan triste y penoso. Debía hablar con Matt, pero no quería volver a hacerlo; no para que le diga todo ese montón de cosas horribles que prefería omitir.
De repente, la puerta se abrió, y al instante levantó la cabeza con espontaneidad. Reconoció al muchacho que entraba por la puerta al instante; ningunos ojos brillaban de esa manera ni tenían un verde tan intenso. Ambos sonrieron al verse, solo que ella se quedó inmóvil, y él se sentó a su lado dejando una bandeja que llevaba en la mano encima de una mesa de noche.
– Me alegra que hayas despertado – mencionó en un susurro.
La rubia sonrió y fijó su vista en la bandeja, que tenía un vaso de jugo y un par de sándwiches.
– Los preparé porque pensé que tendrías hambre cuando despiertes – se adelantó antes que pueda preguntar nada.
– Gracias – musitó simplemente.
Se sentía algo incómoda, él estaba siendo muy amable con ella y se preguntaba si era lástima. No quería provocar ese sentimiento, ni en Billie, ni en nadie. Era solo una situación en la que saldría adelante.
– Rose, yo… sé lo que pasó – comenzó bajando la mirada.
– Lo sé – repuso levantando la vista –. Billie, no tienes que preocuparte por cómo me siento ahora. El problema es ayudar a Matt, él está realmente mal.
– Ya sé que él es el que está mal – concordó mirándola a los ojos –. Pero escúchame… Si tú estás deprimida y tu hermano te ve así, no lo ayudarás. Tiene que verte bien y contágiale esas ganas de estar bien para que salga adelante – repuso tomándola del mentón con delicadeza.
Lo observó a los ojos unos interminables segundos, con sus ojos llenos de lágrimas que reprimía porque no era el momento de llorar en vano. Luego se acercó y apoyó su cabeza sobre el pecho de él, haciendo que la abrace y se sienta protegida en cierta forma. Un rato después de estar en la misma posición, Billie se recostó y ella lo volvió a abrazar sin querer quedarse sola. Por más que lo intentó no pudo dormir, y cuando se dio cuenta, él ya se había quedado profundamente dormido.
Lo observó dormir. Se veía tan tranquilo y relajado. Su pecho subía y bajaba constantemente, y de a ratos suspiraba, parecía un niño grande. Lo acarició dejando por último descansar sus dedos sobre sus labios y como si hubiera despertado de un trance se alejó repentinamente.
Hubiera seguido pensando en lo ocurrido pero su estómago la interrumpió. Sintió un fuerte estrujón que le hizo darse cuenta de lo hambrienta que estaba. Tomó un poco de jugo y luego devoró los dos sándwiches que había preparado Billie. Al no poder dormir, saltó de la cama y decidió llevar la bandeja a la cocina. En el trayecto caminó con lentitud, ya que estaban las luces apagadas y no quería chocarse con nada. Le asustaba la oscuridad, lo había comprobado ya en el campamento.
Al atravesar el living, en un momento chocó con algo en sus pies. Ese algo la tomó de la pierna y murmuró entre dientes. Su cara se había transformado por completo en una expresión de terror absoluto. Al reaccionar dio un grito sin moverse del lugar. Dejó de gritar cuando la luz se prendió.
– ¿Qué demonios ocurre? – preguntó un chico rubio que estaba al lado del interruptor de la luz pasando su puño por su ojo.
– ¿Mike? – inquirió confundida. Luego clavó su vista en su pie, que lo seguían abrazando –. ¡¿Tré?! ¡Suéltame ya! ¡Casi me matas de un infarto!
– Oh, sí mami… solo dime cuál de todas es la tía Teresa… – murmuró entre dientes dándose vuelta hacia el otro lado, completamente dormido.
– La próxima vez dormiré yo en el piso – mencionó Mike blanqueando los ojos –. ¿Qué haces aquí?
– ¿Cómo que qué hago? ¿Tú que haces aquí? – inquirió sentándose en el sillón.
– Vinimos porque Bill nos contó lo que pasó – contestó apenado –. Y nos quedamos a dormir. Oye, que bueno que despertaste.
– Sí… gracias por estar – musitó algo ruborizada.
– Ni lo menciones. Tú y tu hermano son dos personas geniales, obviamente que queríamos ayudar – repuso sonriendo. Miró a su alrededor como buscando algo, alzando una ceja –. ¿Dónde está Billie?
– En su cuarto, se quedó dormido – contestó mirando de reojo hacia la puerta.
– ¿Ustedes no…? – dejó sin formular la pregunta, haciendo que Rose abra grande los ojos y entienda perfectamente a qué se refería.
– Oh, no, claro que no. Él solo me llevó algo para comer y se recostó a mi lado mientras hablábamos, eso es todo.
– Mmm… ya veo – musitó inseguro –. ¿Sabes una cosa, Rose? Sé que ustedes recién ahora comienzan a llevarse bien, aunque aún así las cosas pueden pasar, por una razón u otra… – Ella asintió levemente –. Y te seré sincero, yo ya hablé de esto con Billie varias veces, le pregunté si tú y él… – hizo una pausa haciendo que ella comprenda nuevamente lo que quería decir.
– ¿Y qué dijo? – lo incitó a seguir fingiendo naturalidad y desinterés.
– Que no, obviamente. Pero ahora te lo pregunto a ti, y suenas igual a él – comentó seriamente –. Cuando me hablan me miran de esa manera tan… natural y convincente… Ustedes mismos logran convencerse de lo que dicen, y ni siquiera pestañean al mentir…
– ¡Yo no miento! – exclamó abriendo grande los ojos.
– No digo que lo hagan… solo que son iguales y tan distintos a la vez… Eso que hiciste recién, Billie también lo hubiera echo – rió tranquilamente.
Rose se quedó pensativa y entre eso, Mike se levantó del sillón y se acomodó en el otro para intentar volver a dormir.
– Dile a Billie que venga así puedes dormir. Supongo que te contó lo de Matt – dijo colocando sus manos detrás de su nuca.
– No, ¿qué pasa? – preguntó ella.
– Mañana irá a un centro para tratar su adicción a la heroína. Por eso también nos quedamos – contó mirándola de reojo. La joven suspiró y bajó la cabeza –. Es que hablaron tanto que pensé que te lo había dicho…
Se quedaron en silencio mientras ella recorría el piso con la vista. Se levantó y fue a dejar la bandeja a la cocina. Al volver, se quedó dudando.
– Mike, ¿sigues despierto? – preguntó susurrando.
– Sí, no puedo dormir – contestó instantáneamente.
– ¿me puedo quedar a dormir aquí? Así no despierto a Billie, además yo tampoco tengo sueño – pidió acercándose.
– Claro, duerme en el otro sillón, ahí iba a dormir Billie – respondió girando hacia ella.
La rubia apagó la luz y con cuidado de esta vez no pisar a Tré, se acostó en el sillón, que estaba en frente al de Mike. Se quedaron hablando largo rato hasta que por fin ambos lograron conciliar el sueño y se quedaron dormidos profundamente, cerca de las 3 de la madrugada.
Al otro día, una molesta e insistente voz que retumbaba en su cabeza y oído, logró despertar a Rose. Ella tapó su cabeza con un almohadón, pero insistían igual.
– ¡Vamos Bella Durmiente! ¡Levántate ya! – gritaban a su oído prácticamente –. ¿Bella? OK, eso se puede omitir…
– Billie, déjala ya, no es necesario que nos acompañe – dijo Mike dando un bostezo.
– Sí, claro, como no… Después vendrá a quejarse conmigo – espetó con fastidio. Luego se aclaró la garganta –. “¿Por qué no me despertaste?”, “yo quería acompañar a Matt”, “la próxima vez avísame, Billie Joe”…
Su amigo lanzó una risa y se levantó del sillón en el que estaba acostado. En la puerta del baño se encontró con Tré, que salía de darse una ducha.
– ¿Cómo dormiste? – preguntó deteniéndose un segundo.
– Bien, aunque soñé algo raro… – contestó con confusión –. Primero me acordé de mi madre y mi tía… acordarse de ellas no es agradable, lo juro… Y luego soñé con… pies – contó rascándose la cabeza. Mike se echó a reír.
– ¡Qué extraño! ¿Por qué habrá sido?
Se metió en el baño y cerró la puerta, dejando a su amigo todavía dudando. Luego éste se encogió de hombros y se dirigió a donde Billie. Al llegar al living solo escuchó gritos.
– ¡Eres un completo idiota! – espetó la voz de Rose dando un portazo.
– Ah, ¿si? ¡Pues éste idiota fue el que…! – dejó sin completar su oración al darse cuenta de que Tré lo observaba –. Lo… lo siento, no debí gritar tanto…
– Mejor no pregunto qué era lo que le ibas a decir a Rose, prefiero que lo hablemos luego, cuando no tengamos que acompañar a Matt para que se trate una adicción – recordó blanqueando los ojos.
– Por cierto, ¿está despierto? – inquirió recordando a su amigo.
– Claro que si. Aunque no lo creas, fui el segundo en despertar. Matt estaba tocando la guitarra afuera… Se lo veía algo deprimido – contestó poniéndose las zapatillas.
– Como para no estarlo…
Una vez que terminó de atarse los cordones, Tré se levantó de un salto y se acercó a Billie, que seguía dubitativo.
– ¿Vamos al Gilman hoy? – invitó animado.
– ¿En día de semana? Por favor, Tré… – se quejó haciendo una mueca de desagrado.
– ¡Vamos! Por ser vacaciones abren también algunos días de la semana. Y hoy toca Rancid, quieres ver a tu amiguito Tim, ¿no? ¡A que sí! – insistió como un niño.
– No lo sabía… – reconoció pensativo. Dudó unos segundos y luego miró de reojo a Tré –. OK, pero nada de pasarse con los porros hoy, no estoy de ánimos para eso… – aceptó diciendo lo primero que se le vino a la mente.
– Vamos, Two Dollar Bill… esa ni tú te la crees – repuso con risa y saliendo de la habitación saltando de contento.
Billie rió y luego agachó la vista. Solo reaccionó cuando una puerta detrás de él se abrió y observó salir en silencio a Rose, sin dirigirle la palabra. Se había molestado porque la había fastidiado demasiado, ella le había gritado que era un inmaduro y Billie no se quedó atrás. Hacía tiempo no peleaba con ella, y ahora que había vuelto a pasar, era extraño, y un poco lo lamentaba.

La adolescente salió al patio de afuera y suspiró. Luego sacó una pequeña caja del bolsillo y prendió un cigarrillo. Había dejado de fumar hacía un tiempo, no era una necesidad para su cuerpo, y había empezado nuevamente solo porque se le cantaba. Recostó su cuerpo contra la pared mientras salía humo de sus labios y miraba despreocupadamente a la gente que pasaba.
A su lado se aclararon la garganta, ella giró algo asustada. Su hermano la miraba con desaprobación, ¿hacía cuánto que estaba allí? Giró su cabeza otra vez, dudaba si hablarle o no, no quería hacerlo, pero era una obligación.
– Rose… hablemos, por favor – pidió en susurros, como leyendo su mente.
– ¿De qué hay que hablar? Las cosas que más me importaban ya las dijiste ayer… y dolieron, ¿sabes? – musitó aspirando otra vez de su cigarrillo, para no comenzar a titubear.
– Y sobre las cosas más importantes, me equivoqué – repuso agachando la mirada. Se quedaron en silencio.
– Mirá vos… – comentó comenzando a hablar en castellano de repente.
Matt movía con nerviosismo sus manos y mordía su labio. Se incorporó y se acercó a ella quedando frente a frente. La contempló unos segundos. Su hermana lo miraba directo a los ojos y sin quebrar, podía hasta haberse sorprendido de ella misma. Con movimientos inseguros, rozó su mano sobre su mejilla haciendo que ella agache la mirada. La abrazó fuertemente, ahora reprimiendo él las ganas de llorar, la expresión de Rose era nula, y ni siquiera contestaba al abrazo.
– Lo siento, Rose, lo siento mucho – musitó mientras una lágrima rodaba por su mejilla –. Estaba drogado, o no sabía lo que decía, no lo sé. Yo te aseguro que eres una de las personas más importantes para mí, y tenías razón… en el momento de inyectarme esa porquería debí haber pensado en ti, mamá, papá y Tod.
La chica ahora lloraba en silencio. El cigarrillo había caído de sus manos y se consumía solo. Rose solo prestaba atención a lo que Matt decía, recordando todo y tratando de olvidarlo a la vez.
– Rose, ayúdame – imploró por último –. Ayúdame a alejarme de eso. Sin tu ayuda no podré, no podré sabiendo que me odias. Generalmente un hermano mayor ayuda al menor… pero cambiemos de papeles por un segundo. Te necesito.
La dejó dudando, de la misma manera en la que estaba desde que comenzaron a hablar. Luego ella lo abrazó repentinamente.
– Claro que te ayudaré – musitó entre llantos.
– Gracias, muchas gracias – mencionó de igual manera.
Se quedaron abrazados por un rato, hasta que salieron sus tres amigos, ya listos para irse. Se separaron y comenzaron a caminar con ellos, hacia el lugar en el que Matt iría a tratarse.
En el camino los únicos callados eran Rose y Billie, como de costumbre cuando estaban juntos, y más que nada enojados. Los otros tres, en cambio, conversaban, reían, hasta cantaban sin poder terminar las canciones seriamente. Mike y Tré le habían levantado el ánimo a Matt, pero ninguno de los tres olvidaba que más tarde deberían hablar con Rose y Billie por separado, para hacerles algunas pequeñas preguntas sobre su extraño comportamiento.

Help! I need somebody ♫ ♥

Chapter 26: Will I stay alone all my holiday with you?

Matt había pasado a hablar con varios doctores distintos, entre ellos un infaltable psicólogo. Le habían echo algunos análisis también, estaba harto de estar en ese lugar. Lamentablemente, era algo a lo que debía acostumbrarse.
Justo en el momento en el que su hermana había ido a comprar algo con Tré, el médico se acercó a Billie y a Mike para contarles del paciente.
– Buen día, soy el doctor Nessler – se presentó estrechándole la mano a cada uno.
– Buen día, yo soy Billie y él es Mike – se apresuró a decir él, que ya tampoco quería estar más allí.
– Un placer. OK, seré claro y directo con ustedes – advirtió tranquilamente v. Le hemos hecho unos estudios a Matt, y entre lo que él también le ha contado a nuestro psicólogo, lleva consumiendo, inyectándose, es decir, heroína desde hace dos años – esto dejó perplejos a los dos jóvenes, que estaban ambos con la boca ligeramente abierta.
– No… no entiendo. Él comenzó a venir a California poco antes que eso, ¿cómo es posible que no lo hayamos notado? – inquirió Billie confundido, más como un pensamiento en voz alta.
– Tal vez porque no los veía cuando estaba drogado. Hemos notado que la sustancia en su cuerpo ha sido incrementada en mayor cantidad estos últimos tiempos. Incluso nos contó el paciente que en una oportunidad pensó que moriría de sobredosis…
– No puede ser… – musitó negando con la cabeza.
– Lamentablemente, sí – repuso agachando la mirada –. Lo bueno es que él reconoce que lo que hace está mal, que le hará daño en todo sentido. Y hay una fuerte voluntad de su parte por dejar la droga. Pero… el proceso es muy complicado, y hasta podría decirse… violento o abrupto… Sufrirá mucho esa falta en su cuerpo, y en este proceso la cura es peor que la enfermedad – dio un suspiro y pasó su mano por su nuca –. Tengo entendido que él es de otro país, ¿y cuándo vuelve?
– En dos semanas – contestaron a coro.
– OK… Tendrá que tratarse allí cuando llegue, es preferible que no deje las cosas a mitad de camino.
– ¿Pero y hasta entonces qué? Matt es fuerte, pero si me está diciendo usted que es difícil…
– Es que deberá quedarse aquí – explicó interrumpiendo –. La falta de heroína se podrá reemplazar con otra droga en menor cantidad y cuando sea necesario. Obviamente si él quiere o cree que no puede seguir.
Ambos se miraron y luego Billie agachó la mirada. Rascó su cabeza y dio un suspiro, buscando las palabras adecuadas para dar por finalizada la conversación. También pensaba en Rose, que todavía no estaba al tanto de la situación de su hermano.
– OK, creo que… si se quedará aquí, tendré que llevarle sus cosas – musitó sonriendo forzadamente.
– Sé que es difícil hasta para ustedes, pero piensen que Matt saldrá sano de aquí – animó sonriendo levemente.
Billie solo asintió y luego el doctor se alejó. Luego de unos instantes, decidieron ir a casa a buscar las cosas de Matt. En el camino encontraron a Rose y Tré, que regresaban hablando tranquilamente, cada uno con un helado de chocolate en la mano. Sin dar alguna explicación aún, les dijeron que los sigan.
Caminaban en silencio, los que se unieron últimos preguntándose qué ocurría. Billie se sentía algo tocado por la situación. ¿Estaba siendo hipócrita? Él no era adicto, pero fumaba algo que bien podría convertirse en una adicción. Era muy irónico, justo él estaba ayudando a un amigo. ¿Y por qué no? Lo que no entendía tal vez, era que la diferencia entre Matt y él era que su amigo necesitaba, llegaba el momento en el que no podía estar sin la droga. Era conciente de que la marihuana era una droga también, pero él no moría si pasaba una semana sin fumar. Y a todo esto, se sumaba la sorpresa de la cual no caía todavía. De la persona que menos hubiera esperado algo así era de Matt. Eso aseguraba que le podía pasar a cualquiera.
En cierto punto, Mike y Tré cambiaron de rumbo y se encaminaron hacia la casa del primero. Preferían esperar y así en la noche irían al Gilman, como el baterista quería. Billie iría solo si deseaba levantar un poco su ánimo. Siguió su corto camino solo con Rose, en completo silencio y sin querer decir nada. Al llegar, aumentó la velocidad de sus pasos apenas pisó su jardín delantero, mientras que la chica se frenó mirándolo inquisitiva.
– Billie, espera – bastó con que susurre para que se frene en seco.
– ¿Qué sucede? – inquirió dándose vuelta hacia ella.
– ¿Cómo que qué sucede? No te hagas el desentendido, sabes bien lo que quiero…
– Últimamente pretendes más cosas de mí que antes – interrumpió con una mirada pícara y lanzando una risa.
– No seas idiota, hablo en serio – espetó molesta.
– Yo también hablo en serio – exclamó defendiéndose.
La chica lanzó un suspiro con molestia y se cruzó de brazos bajando la mirada. Billie rió y se aproximó haciendo que lo mire a los ojos tomándola del mentón con suavidad.
– No me mientas – replicó con la misma expresión de enojo que antes –. Tú nunca te tomas nada en serio.
Él desvió la vista, parecía un niño regañado por su madre. Luego la miró con cara de súplica, esperando sacarle por lo menos una sonrisa, pero ella no quería hacerle caso. Insistió acariciando su mejilla con la misma mirada compradora.
– Perdóname… – musitó con tono de arrepentimiento.
– ¿Por lo de hoy también? – inquirió intentando ser indiferente. Él asintió –. De acuerdo, ya te perdoné – repuso intentando alejarse, pero él la sostuvo del brazo.
– Lo dices de la boca para afuera – se quejó arqueando una ceja.
– OK, sí, tienes razón. Pero desde que llegamos quiero preguntarte sobre mi hermano y te haces el tonto – recordó de manera cortante –. Después te tomas las cosas en serio…
Billie la soltó y se quedó pensativo. Luego la miró de reojo.
– No me iré, quiero que me digas qué le harán a mi hermano – mencionó antes que pregunte nada.
El joven suspiró y se sentó al lado de la puerta de entrada, y ella se acomodó a su lado. Decidió comenzar a contarle desde el principio, todo lo que le había explicado el doctor. Rose escuchaba “tranquilamente”, reprimiendo el dolor punzante que le causaban cada una de sus palabras en ella. Por último se quedaron en silencio. Ninguno de los dos se había puesto a pensar lo que significaba el hecho de que Matt deba quedarse en esa clínica, y parecía que habían caído al mismo tiempo.
– Un momento… – dijeron al unísono levantando la mirada.
– Si Matt no va a estar, entonces…
– ¿Tendré que quedarme contigo… sola el resto de mis vacaciones? – interrumpió mirándolo con un gesto no tan agradable.
– ¡Oh, no puede ser! – se lamentaron nuevamente hablando a la vez.
– Te lamentas como si fuera la peor tortura del mundo – reprochó él blanqueando los ojos.
– Bueno, tú también lo hiciste. Y no me molesta eso, solo que viajé aquí para estar con mi hermano y he desperdiciado mis vacaciones – explicó con fastidio.
– Sí, claro. Te olvidas que también la has pasado bien – recordó arqueando una ceja. Ella resopló fastidiosamente.
– Ya s suficiente – murmuró levantándose.
– No, no, no, no… espera… – la detuvo poniéndose de pie también –. Por favor, no te enojes…
– ¡Me haces enojar! – replicó indignada.
– Pero sabes como soy. Sabes que me gusta verte así, pero no por tanto tiempo… Si lo sabes, no me des el gusto, no quiero que peleemos en serio. No peleemos más, ¿si? – musitó acercándose más, quedando a centímetros de ella.
– De acuerdo – susurró acercando tanto su rostro, que parecía que se devorarían mutuamente cuando terminen de acercarse. Él tragó saliva con dificultad, buscando los labios de ella, pero de repente dejó de sentir el contacto de sus respiraciones –. Tú también sabes como soy… Y sigo enojada.
Se dio vuelta y entró en la casa, dejándolo inmóvil en el mismo lugar. Billie entrecerró los ojos y se mordió el labio para no salir a discutirle. Negó levemente con la cabeza y se metió en su casa.
El resto del día fue normal. Luego de preparar todo en un bolso, le alcanzaron las cosas a Matt. No lo vieron tan mal, simplemente resignado a la idea de estar metido en ese lugar, allí y cuando vuelva a Argentina. A pesar de haber acompañado a Billie en todo momento, Rose casi no le dirigió la palabra, ni él a ella. Tal vez estaba demasiado seguro de que ya se le pasaría… O todo podría tener un simple fin a esa extraña relación.

– ¡Bien! Pensé que ya no venías – exclamó Tré con felicidad al ver a Billie en el umbral de su puerta.
– En realidad tardé porque pensé que estaban en la casa de Mike, y fui a buscarlos ahí primero. De no ser así, hubiera llegado más temprano – explicó pasando.
Saludó a Mike, que tenía el bajo colgando de su hombro, y se acercó también a Tré, que estaba sin remera detrás de la batería. No estuvieron demasiado, Billie no tenía su guitarra, así que no quería estar demasiado tiempo mirando. “Eres egoísta”, reprochó el bajista fingiendo enojo, ya que siempre hacía lo mismo en esas circunstancias.
Decidieron entonces, dirigirse al 924 de la calle Gilman. Ya a algunos metros del lugar se escuchaba la música de la banda que tocaba en ese momento. Una banda que por su sonido tan particular (y la voz del cantante principalmente), reconocieron al instante. Entraron para meterse entre la multitud y los tres divisaron la banda de su amigo Tim Armstrong sobre el escenario. Consiguieron algo para tomar rápidamente y sin esperar demasiado se pusieron a saltar al ritmo de las canciones de Rancid. Al detectarlo entre el público, en un momento en el que habían dejado de tocar para descansar cinco segundos, Tim se acercó al micrófono para dirigirse a Billie.
– ¡Hey, Bill! ¡Sube, toca algo con nosotros, sabes los temas! – gritó señalándolo –. Vamos, Armstrong, sé que tienes ganas…
Rió y subió pasando con dificultad entre la gente. Saludó con un apretón de manos y unas palmadas en la espalda a cada miembro de la banda y le prestaron una guitarra. Tim le susurró los temas que tocarían y luego de recordar los acordes con su ayuda, estuvieron listos para tocar.
Comenzó a sonar la música otra vez, luego de que Brett haga sonar cuatro veces las baquetas. Billie estaba de segunda guitarra, como en otras ocasiones, y de vez en cuando se acercaba al micrófono para cantar algo. Ambos vocalistas eran muy amigos.
Tim había conocido a Billie hacía algunos años, cuando en ese tiempo la banda de ellos se llamaba Operation Ivy, y Green Day, que recién se iniciaba, se hacía llamar Sweet Children. Desde ese momento eran buenos amigos, y varias veces los habían confundido pensando que eran hermanos, por apellidarse Armstrong los dos. Billie había sido segunda guitarra varias oportunidades, aunque no estaba demasiado seguro si darle una afirmación segura a Tim. No quería estar en una banda que le tomaría tanto tiempo y responsabilidad como Rancid, es decir, Green Day era su banda y por más que podía estar en las dos, solo lo haría si la banda de su amigo no fuera tan en serio. Pero ambas bandas pensaban estar juntas por largo rato, iban por cosas importantes, y no quería joder a Tim por descuidos suyos. Prefería dejarlo así: un invitado más.
Cuando terminó la canción, le alcanzaron un vaso de cerveza a cada uno. Estaban por seguir cuando Billie pasó su vista por el público. Su expresión de tranquilidad cambió por completo a una de sorpresa e incredulidad. El vaso cayó de sus manos volcando su poco contenido en el suelo. Sentía su corazón, había comenzado a latir salvajemente, acompañado de unos constantes escalofríos en la espalda. Tim al verlo, se extrañó y se acercó a él.
– ¿Sucede algo? – inquirió con algo de preocupación.
– No… no ocurre nada… Tim, me tengo que ir, voy a buscar a Mike y a Tré – mintió rápidamente.
– Como quieras, estuvo bueno tocar contigo – sonrió gentilmente –. Oye, acuérdate siempre que… la segunda guitarra sigue vacante.
– Lo sé, y tú sabes que me gusta la banda, pero ya te lo expliqué – repuso sin demasiadas vueltas –. Pero tenemos que tocar juntos otro día.
– Por supuesto – aceptó con entusiasmo –. Que sigas bien, Bill.
– Tú igual Tim – se despidió saliendo de allí casi corriendo.
Seguía con las mismas sensaciones que antes, y buscaba desesperado. Esas sensaciones únicas, que amaba sentir, y que con una mirada solo podía causar una mujer llamada Adrienne Nesser.
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Dije alguna vez que AMO Rancid? WUB
En fin, Whatser, Scattie [sí, te voy a decir así ahora, porque Scattered es muy largo, pero ese debe ser tu apodo Very Happy (?)], gane quien gane, para mí las mejores lectoras son ambas, y'know that ♥ Porque ahora leen... 2 personas más, creo Very Happy Pero ustedes fueron las únicas que leyeron esto bien solas xD Y kajhakf thank you WOOT Por más de que sea una basura ^^, y de todas formas siempre lean algo mejor, girls, hay muchos libros interesantes y más aportivos en todo sentido que esto (: Y eso, me emocioné :') (???) ok, no es verdad ._.

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Re: The Judge's Daughter/Church on Sunday

Mensaje por Scattered.Pictures el Mar Jun 15, 2010 7:19 pm

me cague de la risa con el sueño de pies de Trè xDDD....

wa!... otro sobrenombre mas... que lindo WUB... Hi!, I'm Scattie WOOT xD. oh!, me haz hecho llorar :') [srtike]na, mentira xD[/strike], pero suena lindo Laughing . Unicas he irreemplazables Cool con Whatser WOOT , seguiré un poco tu consejo xD... solo un poquito por que la verdad, leer libros, a pocos les hago confused . en fin.... prox. capitulo pronto :3

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Re: The Judge's Daughter/Church on Sunday

Mensaje por Whatsernamee el Mar Jun 15, 2010 11:02 pm

– Oh, sí mami… solo dime cuál de todas es la tía Teresa… – murmuró entre dientes dándose vuelta hacia el otro lado, completamente dormido.


AJAJAJAJAJ! ^ Me mato xD Awww apareció Addie WUB

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Re: The Judge's Daughter/Church on Sunday

Mensaje por roxxiie.GD el Miér Jun 16, 2010 9:07 pm

y no viene rancid:(

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Re: The Judge's Daughter/Church on Sunday

Mensaje por NaturalxDisaster el Miér Jun 16, 2010 9:09 pm

^ No, después de eso que salió hace un tiempo, parece que no ¬¬ Tim de mierda, voy a ir hasta yanquilandia, primero le doy un beso, lo abrazo, etc, y después lo golpeo ¬¬ (?) xDD

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Re: The Judge's Daughter/Church on Sunday

Mensaje por Whatsernamee el Jue Jun 17, 2010 1:34 am

"yanquilandia" Awww pensé que era la única que le decía así Laughing

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Re: The Judge's Daughter/Church on Sunday

Mensaje por NaturalxDisaster el Dom Jun 27, 2010 4:06 pm

jafgjashj escribi30veceslomismoyporpajeraapretoalgoquemeborralascosasakjhfajkfhasjfba ¬¬ después voy a escribir HAB ¬¬
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Chapter 27: Where is Billie Joe?

Billie buscaba desesperado. ¿Por qué lo hacía? Esa mujer causaba cosas en él que no tenían explicación. Por último pensó que no estaba, se había dado por vencido. Pensaba que seguramente había sido producto de su imaginación, de sus deseos de verla. Ella se encontraba en Minnesota, alejada de él, era imposible verla en Oakland. Era difícil, por otro lado, pensar que hasta le causaba alucinaciones, no podía estar tan obsesionado con ella.
Una mano que lo tomó del hombro, hizo que se sobresalte y que despierte de sus pensamientos.
– Billie, aquí estás – mencionó Mike.
– ¿Qué pasó, Bill? Estaban tocando muy bien – quiso saber Tré.
– Y no creo que sea porque nos extrañabas que te bajaste del escenario – planteó nuevamente su amigo. Billie no respondía –. Por lo menos por nosotros dos no, pero sí por alguien más…
– Yo… creí ver a alguien – confesó quedadamente. Sus amigos lo miraron inquisitivos –. Tré, ¿recuerdas a Addie? ¿La chica que estaba conmigo antes que viajemos a Argentina?
– Oh, sí… ¿Cómo olvidarla? Cabello rizado, morena, no tan alta, bonito cuerpo, bonitas…
– OK, basta de detalles – espetó Billie haciendo reír a Mike.
– ¿Qué hay con ella? – inquirió Tré, también riendo.
– Creí haberla visto – contestó mirando a su alrededor.
– ¿Pero no es de Minnesota? ¿Qué haría en Oakland? – inquirió confundido.
– No lo sé, ahora que lo pienso, ni siquiera sé por qué estuvo aquí antes – respondió pensativo.
– Tal vez tenga familiares – opinó sabiamente Mike.
– No lo sé… – musitó el chico de ojos verdes buscando entre la gente con su mirada.
Siguieron hablando de cualquier cosa, aunque Billie seguía con su mente siempre en la misma persona. Esperaba verla, quería y lo necesitaba, pero si había sido solo producto de su imaginación se quedaría con unas ganas enloquecedoras de tenerla a su lado.
– Billie… ¡Billie! – le gritó Mike para que reaccione.
– ¿Eh? Ah, lo siento… – se disculpó prestándole atención.
– Hace años te estoy hablando, ¿sigues pensando en la chica? – preguntó adivinando.
– Más o menos – musitó mirando hacia cualquier otro lado.
– ¿Por qué no sales afuera a despejarte? Fuma un cigarrillo… o respira aire fresco… Y luego vuelves a entrar para sentir el olor a porro, transpiración y vómito de aquí – propuso Tré, sin terminar de hablar en serio, como debería hacer al dar un consejo. Billie rió.
– Tienes razón, ahora vengo – avisó alejándose.
– OK – dijeron a coro.
Caminó hacia la entrada y al estar afuera, dio un suspiro mirando al cielo. Las estrellas brillaban en el cielo, como era común en verano, y el aire que corría no era tan frío como para estar más abrigado. Siguiendo el consejo de Tré, prendió un cigarrillo y se sentó contra la pared a fumar tranquilo. En ese momento, su vista se fijó en la oscuridad de la vereda de en frente. Una silueta estaba sentada de la misma forma que él, y miraba hacia otro lado, parecía que no se había dado cuenta de su presencia.
Su corazón comenzó a acelerarse nuevamente, el cigarrillo se le cayó de las manos, y su paralizado cuerpo sentía deseos de salir corriendo hacia ella. No podía estar alucinando, la tenía delante de él. Tragó saliva con dificultad, no le importó si su cabeza le estaba jugando una mala pasada, se acercó rápidamente.
Ella levantó la vista al ver que una sombra la cubría, y al verlo, quedó inmóvil mientras una gran sonrisa se dibujaba en su rostro. Se puso de pie y se abalanzó sobre él, abrazándolo con fuerza.
– ¿Cómo estás, bonita? – musitó a su oído. Se alejó unos centímetros para verlo a los ojos.
– Ahora mucho mejor – contestó sin dejar de sonreír.
Se aproximó sin dudarlo cinco segundos más y comenzó a besarla tiernamente. Las respiraciones y corazones de ambos iban rápidos y con desesperación, como si hubieran estado deseando sentir eso desde hace mucho tiempo. Él había estado esperando por mucho tiempo sentir la delicadeza de esos labios junto a los de él, había recordado cuánto los anhelaba.
Se separaron levemente, solo para mirarse fijamente a los ojos. Billie sonrió contagiando de esa manera a Addie, y la acarició levemente.
– ¿Cómo es que…?
– Vine a verte – lo interrumpió antes que pregunte nada –. Mis padres dijeron que se irían de vacaciones este mes, entonces yo elegí venir a la casa de mis tíos, que viven aquí, en lugar de quedarme sola.
– Oh, que inteligente – rió dándole un beso en los labios.
– Espero no arrepentirme – repuso de excelente humor.
– No lo harás. Qué suerte que te acordaste de mí, no sé que hubiera echo con más tiempo sin verte – dijo apoyando su cabeza en el hombro de ella.
– ¿Quién dijo que fue por ti? – bromeó riendo.
– Supongo que entonces me puedo ir y dejarte sola – se hizo el ofendido alejándose. Ella lo tomó de la mano deteniéndolo.
– No, no me dejes – musitó acercándose a él, que permanecía inmóvil. Dio un pequeño beso en la comisura de sus labios –. No me dejes…
Rodeó su cuello con sus brazos y él la rodeó por la cintura, sin dejar de besarla. Luego de conversar un rato, decidieron caminar sin algún rumbo seguro. Billie sabía que en cualquier momento sus amigos saldrían a buscarlo, y no quería que arruinen su momento junto a Addie. Así llegaron hasta la casa donde ella estaba pasando los días. Lo invitó a pasar y juntos se sentaron en el living a tomar algo, mientras conversaban abrazados. La tenía sobre su pecho, después de tanto haberlo deseado, simplemente estando junto a él, así Billie Joe era feliz.

– Oye Tré, ¿dónde está Billie Joe? – inquirió Mike a su amigo, notando la ausencia del otro después de un largo rato.
– No lo sé, había salido y allí se quedó – contestó encogiéndose de hombros.
El chico frunció el entrecejo con extrañeza y luego de pensar unos segundos, le indicó a Tré que lo siga. Ambos salieron afuera y buscaron a su amigo con la vista a su alrededor, pero no lo vieron. Mike se cruzó de brazos y su amigo lo miró inquisitivo.
– ¿Qué pudo haberle pasado? – pensó en voz alta.
– No lo sé… – contestó pensando rápidamente para sus adentros, buscando alguna respuesta.
– ¿Crees que se haya sentido mal? Tal vez se fue a su casa…
– ¡Eso es! – Se le ocurrió de repente –. ¡Tré, eso es!
– ¿Qué es? – inquirió sin saber exactamente lo que había dicho.
– Vamos a su casa – ordenó comenzando a caminar.
– ¿Para qué quieres saber tanto dónde está? – protestó siguiéndolo.
– Escucha, Billie desaparece de repente, y casualmente Rose está sola en casa… Quiero comprobar de una vez por todas si algo se traen esos dos – explicó rápidamente.
Ambos aceleraron el paso hasta llegar a la casa de Billie. Era tarde, de madrugada, pero extrañamente encontraron la puerta abierta. En completo silencio, o tratando de estarlo (Tré había chocado con una silla mal ubicada en la entrada), caminaron por el pasillo aún iluminado. Al fondo se veía la puerta de la habitación de Rose abierta e iluminada: después de descartar la de Billie era la única que quedaba. Sus pasos eran cada vez más lentos, se detuvieron cuando estuvieron al lado de la puerta. Mike le hizo señas a Tré, y a la cuenta de tres, ambos asomaron sus cabezas con rapidez. Justo en ese momento, se apareció delante de ellos, con una zapatilla en la mano, la silueta de la joven. Los tres dieron un grito del susto, y como reflejo, Rose estampó la suela del objeto en la cara de Tré, haciendo que caiga al suelo. Dio unos pasos hacia atrás, respirando agitadamente y mirándolos a ambos. Cuando reaccionó, se abalanzó sobre su amigo que estaba aún tirado en el piso, con una mano en el lugar del golpe.
– ¡Tré, lo siento muchísimo! No fue mi intención… – exclamó corriendo la mano de él y examinando el golpe.
– No te preocupes, por lo menos eran zapatillas de buena calidad, yo lo confirmé… – repuso haciendo una mueca de dolor. Ella rió.
– Vaya susto – comentó Mike aguantándose una breve risa debido a la situación.
– Sí, la verdad – acotó la joven –. ¿Qué hacen aquí?
– Nosotros… – comenzaron a decir a coro. Se miraron con nerviosismo y luego Tré prefirió dejar a su amigo que hable:
– Vinimos a visitarte.
– ¿A las dos de la mañana? Qué oportunos… – ironizó sin creerles una sola palabra.
– OK, en realidad a Billie… Creíamos que estaría contigo – confesó por fin Tré levantándose, tratando de no mirar la cara de Mike.
– No, ¿por qué estaría conmigo? Salió con ustedes – refutó extrañada de la situación.
– Eso es lo extraño – repuso Mike.
– ¿Qué haces levantada y cambiada? – preguntó Tré mirándola de arriba abajo.
– Iba a ir al Gilman Street… No había nada interesante en la tele y no tenía sueño, así que me cambié. Entonces escuché ruidos y para ser sincera, me asustaron mucho – explicó fingiendo enojo.
– Y tú a nosotros – rió su amigo –. Además de eso, Tré se quedó con un recuerdo tuyo.
– Muy gracioso, Mike – espetó mirándolo de reojo. Los otros dos rieron –. OK, Billie no está. ¿Ahora qué haremos nosotros dos?
Mike se encogió de hombros y ambos se quedaron pensando. Luego se miraron con complicidad y ambos pusieron caras de pobrecitos a Rose.
– Pueden quedarse aquí, si quieren – dijo encogiéndose de hombros antes de que pregunten.
– Ya que insistes – dijeron al mismo tiempo los dos, y luego rieron.
Se dirigieron a la cocina y prepararon algo para comer y tomar, algo, obviamente, que sea posible teniendo en cuenta lo poco que se podía encontrar en la lacena de esa casa. Luego se tiraron en los sillones mientras comían lo improvisado y hablaban y reían de cualquier cosa sin interés. Mike y Tré tenían la facilidad de hacer pasar bien a cualquiera, más cuando estaban juntos; y por separado, el que más lo lograba era el segundo. El tiempo pasaba volando, ya cuando se dieron cuenta eran más de las cinco de la mañana y estaba amaneciendo.
– Bueno Mike… ¿Quién la lleva primero a la cama? ¿Tú o yo? No tengo problema en ser segundo… – dijo Tré en un momento dando un gran bostezo.
– ¡Tré! – exclamó la chica poniéndose colorada.
– Qué desubicado – rió su amigo, que estaba tirado en el sillón de en frente.
– Hablando en serio, tengo sueño – repuso luego, acomodándose al lado de la rubia para dormir.
– Si quieren podemos ir a la cama…
– ¡Ah! ¿Ves que sí querías? – repuso Tré despertando de repente, alzando su dedo para señalarla.
– ¡No para nada que pase por tu cochina mente! – Espetó frunciendo el entrecejo –. Lo decía por si querían dormir más cómodos, la cama de Billie está libre.
– De acuerdo, no creo que vaya a volver tan temprano – aceptó Mike –. Vamos, levanta tu trasero.
– Ya voy – dijo Tré siguiéndolo.
Todos se fueron a acostar; los dos chicos se durmieron rápidamente, pero Rose, por más que lo intentaba, no podía. Su vista recorría el techo una y otra vez, y cuando ese paisaje le aburrió se giró hacia un costado. Pensaba en lo mismo que pensaba Mike al llegar: ¿dónde estaba Billie Joe? No sabía por qué tanta curiosidad por saber, solo algo dentro de ella la hacía sentirse curiosa e impaciente. Poco a poco fue quedando dormida, pensando que cuando lo vea, debería darle varias explicaciones… ¿pero por qué justo a ella?

Billie no está, Billie se fue, Billie se... escapa de mi vida (?) sdkljghdjkgha... Y SI TE COMO A BESOS, TAL VEZ, LA NOCHE SEA MÁS CORTA... no lo sé (?) Neutral

Chapter 28: Maybe it’s a jealousy.

– Billie, ¿me escuchas? – llamó Addie su atención en un momento en el que él se había quedado pensativo.
– Sí… te escucho – contestó en susurros.
– ¿Qué sucede? – inquirió igualmente preocupada acariciándole el rostro con delicadeza.
– Nada, solo… pensaba. Es que Mike y Tré deben estar buscándome – contestó restándole importancia. Ella hizo un gesto de comprensión y no dijo nada más sobre el tema –. Oye, ¿con quién estás viviendo?
– Te dije que con mis tíos – contestó con risa.
– Lo siento, lo había olvidado – rió también.
– Pero creo que no están… – musitó besándolo incorporándose un tanto.
– Mmm… que interesante situación. ¿Me parece a mí o me estabas insinuando algo? – cuestionó tomándola de la cintura.
– Tómalo como quieras, solo fue un comentario – respondió esta vez dejándose besar por él.
Billie rió y la siguió besando, arrinconándola contra la pared sin soltarla. Continuó por su cuello, dejando sentir claramente la respiración de ella en su oído, y a la vez sus manos no dejaban de recorrerle la espalda, deseando quitar de en medio la tela que impedía el contacto de su piel. Pero fue ella quien se encargó de dejarle el cuerpo desnudo, seguido de pequeños besos que daba sobre él, provocándole cosquillas. Él lanzó una pequeña risa y luego volvió a acercarse a sus labios, metiendo sus juguetonas manos debajo de su ropa, sintiendo el contacto de sus dedos y el caluroso cuerpo de ella que hacía rato quería sentir. La miró con complicidad y desprendió su sostén prácticamente por sorpresa, ambos sonrieron y luego él decidió por fin quitarle la remera. Se abalanzó sobre ella metiendo sus manos por debajo de la única prenda que cubría sus pechos, que prendía solo de los breteles. En un momento se incorporó alejándose de ella, que lo miró extrañada.
– Ven aquí – murmuró levantándola en brazos.
– ¿Pero qué haces? – rió Addie haciéndolo reír a él al besarle el cuello a propósito.
Billie caminó hacia la habitación de ella y la recostó en la cama muy suavemente. Luego se quiso vengar haciéndole cosquillas como ella lo había hecho. Un rato después de estar haciéndola reír se quedó observándola. La suavidad de su piel, lo atrayente que se le hacían sus labios, y sus ojos que brillaban como nunca había visto brillar otros, lo atraían como un imán.
Ella se acercó y después de unos pequeños besos en la comisura de sus labios, él respondió, mientras con disimulo las manos de la chica le desprendían los pantalones. Él la imitó pero se los quitó por completo, acariciando desde sus caderas hasta sus piernas. Se terminó de quitar él sus pantalones, y luego Addie siguió metiendo su mano dentro de su bóxer, provocándole excitación instantánea. Terminó de deshacerse de la prenda al mismo tiempo que él quitaba la de ella. Las manos de la chica se metían entre los cabellos de él, a la vez que lo besaba intensamente, sin dejar que se aleje en ningún momento. Sus cuerpos ya comenzaban a sudar; cuando la atmósfera era perfecta, Billie le separó delicadamente las piernas y se introdujo en ella con delicadeza. Lo que deseaba hacía tiempo por fin se estaba haciendo realidad, junto a Adrienne Nesser se sentía el hombre más completo del mundo. Oír su respiración agitada tan cerca de él lo motivaba más, sus movimientos eran cada vez más placenteros y desesperados. Los gemidos entre ambos aumentaban, cada vez deseaban más, ya hasta cuando sabían que no lo iban a conseguir. Siguieron hasta acabar juntos; Billie quedó levemente recostado encima de ella, que le acariciaba la espalda.
– Oh, Addie… Te amo – susurró con la respiración entrecortada y su corazón acelerado.
– Y yo a ti, Billie Joe – contestó dando un pequeño suspiro con una tierna sonrisa en sus labios.
Esa noche, Billie se acomodó a su lado y apoyó su cabeza sobre los pechos de ella, que subían y bajaban, haciendo que la respiración de él también siga ese ritmo calmado. Se sentían ambos protegidos juntos, no solamente ella. Eso era lo que causaba Addie en él que ninguna otra mujer había provocado. Se sentía abrigado y resguardado en sus brazos, con la confianza suficiente como para ser escuchado y encontrar la contención que necesitaba, como lo hacía su madre de pequeño. Esa contención y atención que no había conseguido en nadie más, ni siquiera en sus mejores amigos. Sus ojos verdes se fueron apagando, y quedó completamente dormido en cuestión de segundos. Al notarlo, ella sonrió mirándolo con ternura, lo acarició y besó levemente, y luego se acomodó para dormir también.
Eran más de las cinco de la mañana, Billie soñaba, como siempre cosas sin demasiado sentido. Una rubia cabellera se presentaba delante de él, una linda figura y unos furiosos ojos verdes. Furia, eso emanaban. Los veía enojados y queriendo devorarlo. Pero luego, se volvían algo tristes y con cierta dulzura en ellos. Ocultaban algo, que por obvios motivos, no sabía qué. En un momento pensó que eran los de él, pero su grandeza lo contradecía. Era extraño como no podía reconocer esa mirada, que había visto tantas veces en el rostro de Rose.

Eran aproximadamente las 11 de la mañana cuando la adolescente comenzó a despertar debido a unos ruidos que provenían de la cocina. Se sentó en el borde de la cama refregándose el ojo con la mano derecha. Se vistió con lo primero que encontró y se lavó en el baño. Al salir seguía oyendo ruidos, además de constantes risas. Se dirigió a la cocina y al llegar se quedó atónita con lo que vio. Delante de ella, cada uno con una bandeja en la mano, se encontraban Mike y Tré arrojándose cualquier clase de comida o cosa que manche que encontraban. El bajista tenía un tarro de mayonesa en la mano, estaba completamente sucio y oculto detrás de una silla; mientras que su amigo estaba parado arriba de la mesa cubriéndose con la bandeja de lo que le lanzaba Mike y a la vez tratando de llenarlo de mostaza.
– ¡¿Qué demonios hicieron aquí?! – gritó horrorizada mirando el desastre que habían dejado.
Ambos muchachos se quedaron inmóviles, Mike se incorporó y en eso, Tré le tiró mostaza en el pelo. Su amigo hizo una mueca de desagrado y le quitó lo que tenía en la mano antes de que siga ensuciándolo más.
– Ya dejen de pelear los dos – espetó haciendo que le presten atención otra vez.
– Lo sentimos, Rose. Solo… nos dejamos llevar – explicó Tré encogiéndose de hombros.
– Ya veo… – comentó blanqueando los ojos.
– En realidad, Tré pensó que era la primera buena broma del día – farfulló Mike mirando de reojo a su amigo. Luego sonrió con malicia cuando él lo miró con complicidad y le hizo una seña –. Además, Rose, no tienes que enfadarte…
– Es verdad, sabemos que te habrías divertido si hubieras estado con nosotros cuando comenzamos a arrojarnos cosas – agregó el otro quitándole la mayonesa a Mike de la mano. Rose retrocedió.
– Chicos, creo que debemos comenzar a limpiar esto… A Billie le molestará…
– Pero, ¿par qué limpiar ahora si… volveremos a ensuciar? – exclamaron ambos mirándola con maldad.
Se abalanzaron sobre ella y uno la sujetó para que no escape, mientras el otro tiraba mayonesa y mostaza ensuciándola por completo.
– ¡Idiotas! ¡Suéltenme ya, dementes! – gritaba tratando de empujarlos.
Cuando se pudo librar, corrió hacia el refrigerador y sacó dos huevos. Los dos jóvenes retrocedieron, igualmente riendo, pero en un rápido ademán, la chica logró hacer impactar el primer huevo sobre la cabeza de Tré. Comenzaron a reír, y mientras Mike seguía riendo, los otros dos se miraron con complicidad. Rose agarró un par de huevos más (y los últimos que quedaban), y Tré buscó harina para luego levantar a la chica encima de su espalda para perseguir al muchacho. Encima de Tré, la rubia logró alcanzar la cabeza de Mike con más facilidad, ya que era bastante más alto que ella, y dos huevos impactaron en su cabeza y espalda, seguido de una lluvia de harina.
– Eres una perra… Y tú un idiota – espetó igualmente riendo.
– Lo sé – dijo Rose con risa. Sin previo aviso, rompió el último huevo que le quedaba en la mano sobre la cabeza de Tré, que instantáneamente dejó de reír –. Ya está, no dejé evidencias.
– Hija de puta… – murmuró bajándola de su espalda.
Al verse los tres completamente sucios, comenzaron a reír a más no poder. Luego de unos minutos, sus risas fueron interrumpidas por un portazo que los dejó mudos. Rose espió hacia la puerta de entrada, y luego miró con horror a Mike y Tré.
– Billie llegó – bastó con que murmure con un nudo en el estómago y la garganta. Mike y Tré se miraron con nerviosismo.
– OK, no hay que suponer que va a venir a la cocina, tal vez se acueste a dormir – opinó el baterista en susurros con algo de “esperanza”.
– Pues no lo creo, viene hacia aquí – repuso Rose alejándose de la puerta.
Mike salió al encuentro con Billie, corriendo a la rubia de en medio y cerrando la puerta de la cocina detrás de sí. Su amigo lo miró quedándose sin habla por prolongados segundos.
– Mike, ¿qué mierda te…?
– Llegué así de mi casa – interrumpió fingiendo una mueca de desagrado poco creíble –. Estaba limpiando y… Se cayeron algunas cosas de la lacena encima de mí, veía a pedirte… harina… Voy a cocinar.
– ¿Qué estás diciendo Mike? ¿Tú, cocinar? ¿Tomaste algo? Déjame pasar – pidió queriendo ingresar en la habitación.
– ¡No! Tré está ahí, descompuesto… y no es agradable – volvió a inventar poniéndose en medio.
– Con más razón debo entrar, ¡que vaya a vomitar a su casa! – repuso intentando pasar –. ¡Ya córrete! ¿Qué sucede contigo? – Lo empujó y abrió la puerta por fin, mientras Mike se cubría los oídos para no oír los gritos que esperaba de su amigo –. ¿Qué… sucedió aquí?
El lugar estaba cubierto por papel de diario completamente. El piso, la mesa, la mesada, todo tapado absolutamente por papel periódico. En un costado, se encontraban Rose y Tré, sin mirarse y completamente inmóviles. Estaban ambos sucios, al igual que Mike.
– ¿Por qué… hicieron esto? – inquirió el guitarrista mirando a su alrededor.
– ¡Oh, no! – exclamó Tré fingiendo.
– Nos descubriste… – agregó Rose “apenada” –. Nosotros…
– Íbamos a pintar la cocina – terminó Mike pasando su brazo por el hombro de su amigo, que tenía cara de no entender absolutamente nada.
– Ustedes estuvieron consumiendo alguna especie de droga, eso a mí no me lo niegan – dijo mirándolos acusadoramente.
– Nop, es la verdad – insistió Tré.
– Pero… ¿Era necesario que pongan papel en la mesa también? – dijo mirando todo con detenimiento y alzando una ceja.
– OK, Billie, tú sabes… Es mejor prevenir… – vaciló la chica.
– Obvio, si de repente empezamos a molestar, a tirarnos pintura… ensuciándonos por completo… – siguió Tré, pero se detuvo al ver la cara de amenaza de Mike –. Bueno, para que no se manchen.
– ¿Piensan que les voy a creer esto?
– Bueno, no te quejes. Después de todo, para recompensarte sí pensábamos ayudar, y tú llegas a horas indebidas solo para quejarte. Creo que no tienes que opinar aquí – espetó la rubia cruzándose de brazos y alzando una ceja.
– ¿Me estás cuestionando lo que debo hace o no? ¿Me privas de dar opiniones en mi propia casa? – refutó mirándola con indignación.
– Sí, ¿sabes que sí? Te desapareces sin dejar rastro de dónde está tu maldito trasero. Estoy sola, ¿recuerdas? Ni siquiera a Mike o a Tré les has avisado – contestó levantando la voz.
– OK… creo que aquí sobramos… – musitó Mike mirando lo enfadados que se estaban poniendo ambos.
Al no ser escuchado por nadie, agarró a Tré del cuello de la remera y lo arrastró fuera de la habitación. Ni Rose ni Billie lo notaron.
– En todo caso son asuntos míos, ¿acaso crees que te contaré cada detalle de mi vida solo porque eres la hermana de mi amigo? – repuso desviando la mirada hacia cualquier lado.
– ¡Ah! ¿Solo eso? ¿Y qué ocurrió con nuestro trato? Eres un idiota BJ, dices las cosas que te convienen en el momento que te conviene. ¿Será que encontraste un trasero más bonito que el mío? – Billie le clavó la mirada con asombro y ella desvió la suya al instante.
– Y si lo hice, ¿qué? – Espetó quedando delante de ella, separado por centímetros –. ¿Qué hay con eso? ¿Te podrás celosa?
Con sus labios tensos de furia, levantó su mano y le dio vuelta la cara de una cachetada. Respiraba con dificultad, reprimiendo lágrimas en sus ojos y tratando de no titubear.
– Eres la persona más mentirosa, sin vergüenza… ¡No te vuelvas a acercar a mí! – le gritó sin encontrar sus ojos, ya que tenía la cabeza agachada.
Sin decir nada más, salió del lugar con pasos firmes y fuertes. Billie la observó hasta que desapareció dando un portazo.
– Creo que debería seguir cumpliendo su promesa como antes – murmuró dando un profundo suspiro y llevando su mano a su mejilla, que se estaba tornando algo colorada… Aunque no era lo que más le dolía.

Tengo que esperar una hora para ver Pokemon porque en youtube no salen más capítulos y los estoy viendo por megavideo D: (U)

Chapter 29: Forget things is important when you go to bed with Billie Joe.

Rose salió casi corriendo de la cocina y se encerró en su habitación dando un fuerte portazo, sin siquiera fijarse en Mike y Tré, que habían estado esperando afuera, por lo tanto, habían escuchado todo. La cara de confusión y sorpresa de ambos parecía imborrable, por lo que estaban necesitando sacarse ya mismo todas esas dudas.
Justo cuando se dieron vuelta, Billie salió a donde estaban ellos, quedándose los tres en completo silencio y mirándose alternadamente.
– ¿Qué sucedió? – inquirió Mike rompiendo el silencio.
– ¿A ustedes qué mierda les sucedió? – repuso él –. A los únicos dos dementes que se les puede ocurrir comenzar a tirarse basura en mi casa es a ustedes.
– Sí, lo sabemos, pero no cambies de tema. Sabes que queremos saber qué pasó contigo y Rose, ¿por qué salió tan enojada? – cuestionó Tré alzando una ceja a la vez que sonreía con ironía.
– Saben que se enoja por cualquier cosa – se excusó queriendo finalizar el tema.
– “¿Será que encontraste un trasero más bonito que el mío?” – Imitó Mike, haciendo que Billie desvíe la mirada – ¿A qué se refería, Bill? ¿Por qué ella te anda cuestionando esas cosas, y por qué le contestas?
– Por idioteces, Mike…
– No, Bill, no por idioteces. Escuchamos todo, no intencionalmente, estaban gritando. Quiero que nos expliques y que sea la verdad – interrumpió de inmediato.
Billie suspiró y se fue directo a tirarse en el sillón, dejando sus ojos ligeramente cerrados. Sus dos amigos se sentaron cerca de él, y lo miraron esperando que empiece a contar. El guitarrista comenzó a explicarles lo sucedido, de cómo había sido que él y Rose habían terminado juntos en la cama, y del “trato” que tenían. Así Mike y Tré entendieron todo.
Era vergonzoso contar esas cosas después de haberles mentido por tanto tiempo, y más sabiendo que Mike muchas veces había preguntado. Éste estaba, en cierto modo, orgulloso de su “sexto sentido” para poder ver ese tipo de cosas solo con comportamientos. Tré, en cambio, no lo podía creer; sus ojos estaban más abiertos y grandes que lo normal, y su boca levemente abierta. Le sorprendía más la extraña relación que mantenían ambos. Si bien no era algo que escape de la normalidad, lo que lo hacía raro era el hecho de que se trataba de Billie y Rose; ese era el tipo de cosas que no se veían todos los días.
– Estoy preocupado – musitó tomando su cara entre sus manos.
– ¿Por qué? Sabes que te perdonará, por lo que nos cuentas, lo ha hecho por cosas peores – opinó Mike restándole importancia.
– No, no es por eso. Es que no me gustó su reacción, en el sentido que… parecía celosa de mí – explicó frunciendo el ceño –. Puede estarlo si quiere… pero a lo que quiero llegar es que tengo miedo que se termine enamorando de mí. No quiero eso para Rose, ella merece más que estar con un tipo como yo.
– Hey, no te desvalorices. Pero en lo que dices, tienes razón, debes volver a hablar con ella – recomendó Tré.
– Pienso lo mismo. Sería terrible, no solo para ella. Tú también la pasarías mal, porque sé que no te gustaría verla triste – acotó Mike.
– Sí, pero ahora no me quiere ni ver. Esperaré a que se le pase un poco el enojo… y a que se me pase el ardor de mi mejilla – se quejó frotando con su mano el lugar donde la rubia lo había golpeado.
Mike y Tré rieron y luego trataron de cambiar un poco de tema.

Rose acababa de bañarse por segunda vez en el día, su pelo estaba húmedo y lo cepillaba suavemente. Dejó el cepillo a un lado y se dirigió frente al espejo para acomodar su cabello un poco. Se quedó observando su reflejo y pensando a la vez en lo ocurrido. Tal vez hubiera sido mejor no meterse en ese enredo en el que estaba, ni tampoco reaccionar como lo había hecho por la mañana. Salió a su habitación y se quedó parada en la ventana observando la noche. Hacía calor para estar encerrado, y en ese lugar corría una pequeña brisa. Suspiró lenta y profundamente, sintiéndose fresca y tranquila de una vez por todas. Escuchó el ruido de la puerta abrirse a sus espaldas, con lentitud y notable cautela, por lo que ni se gastó en darse vuelta a ver quién era.
– Sal de aquí, Billie Joe – espetó con un tono de voz bastante fuerte y cortante.
– Emm… recuerda que es mi casa, me parece que…
– Me parece que si quieres arreglar las cosas, como sueles hacer, has empezado muy mal – interrumpió haciendo comillas con los dedos a la frase “arreglar las cosas”.
– Vamos Rose, no seas chiquilina – dijo acercándose.
– No mejoras bastante que digamos.
– ¿Qué quieres que te diga? ¿Qué eres la mujer más madura del mundo, que te mienta? En ese sentido somos iguales, Rose – replicó ya parado detrás de ella – Y ahora, no vine solo a pedirte disculpas por haberte contestado como lo hice hoy, también quiero que hablemos de nuestra promesa.
Silencio; un leve viento que los alcanzaba a ambos y silencio. La adolescente se dio vuelta para mirarlo por primera vez, pero rápidamente agachó la mirada. Se sentía algo intimidada por la manera en que le estaba planteando las cosas, pero no lo demostró en ningún momento, trataba de no hacerlo.
– Yo… sé que lo que dije estuvo mal. Para mí sí eres mi amiga… Estaba enojado, entiéndelo – explicó con cara de reproche.
– Lo sé. Pero igual no te vuelvas a mí. Tú sabes bien en qué sentido te lo digo – advirtió mirándolo de reojo.
– Sí – musitó agachando la cabeza –. Rose, contéstame algo… ¿tú… estás cumpliendo tu promesa?
– Te aseguro, Billie Joe, que si pasara por mi cabeza alguna idea así, te lo diría. No te lo ocultaría si es lo que ambos prometimos – respondió al instante.
No sabía por qué él la miraba igual que la miró Mike cuando le mintió diciendo que entre ellos no había pasado nada.
– De acuerdo – dijo asintiendo levemente con la cabeza. Levantó la vista y la miró a los ojos unos segundos, y luego abrió los brazos ofreciéndole un abrazo –. Ven… – murmuró aunque ella no se movía del lugar; entonces se acercó él –. Por favor, ya no puedes estar enojada… Tú me golpeaste y no me quejo.
– Es que te conozco mucho, Billie. Conozco tu manera compradora de arreglar las cosas y terminar haciendo conmigo lo que se te canta – dijo con cierto odio hacia ella misma por dentro.
– ¿Será que te puedo? – musitó de manera provocadora a su oído.
– Wow, ya estamos llegando a donde yo no quería llegar. ¿Qué te acabo de decir? – recordó alejándose instantáneamente.
– No lo sé… Se me olvidó, ¿a ti no? La gente suele tener falta de memoria de corto plazo – bromeó tomándola de la cintura y persiguiendo su boca, que lo esquivaba con algo de dificultad pero con gran rapidez.
– ¿Ves que dices y haces lo que quieres cuando te conviene? – espetó colocando su dedo índice sobre los labios de él para separarlos de su boca.
– No es eso, es solo mi poca fuerza de voluntad – corrigió cansado de perseguir sus labios sin conseguirlos.
– Qué bueno que yo sí la tengo – dijo sonriendo con ironía –. Ahora, si me permites…
– No, no te lo permito – rió sin soltarla.
– ¡Billie!
– Por favor, solo un beso – la detuvo cuando se quiso alejar.
– Sí, ¿y después del beso qué querrás? Ni me lo quiero imaginar, así que…
– Rose, sé que hice mal hoy, pero ya habíamos hablado sobre esto – dijo caprichosamente –. Y tú también quieres… ¿Sabías que olvidar cosas le ocurre generalmente a jovencitas rubias de quince años?
– Qué curioso, justamente a mí no me pasa – contestó aún así riendo por la ocurrencia.
– Sí, sí… mira como estás olvidando… – murmuraba rodeándola con sus brazos otra vez –. ¿Y? ¿Habías dicho algo? – inquirió rozando sus labios.
– Billie, por favor – rió bajando la vista, un tanto colorada. Él la miró levantando las cejas y sonriendo –. Creo que sí había dicho algo… pero realmente no lo recuerdo.
– Qué pena – alcanzó a decir sin contenerse más para después besarla.
Terminar juntos una vez más tal vez no era lo que ella quería, pero como había dicho antes, Billie siempre terminaba saliéndose con la suya. Aquella noche no iba a ser la excepción de las que venían pasando juntos, para despertar al otro día después de una noche agitada. En aquellos momentos, Rose no pensaba, se dejaba llevar sin detenerse a preguntarse si lo que hacía estaba bien o mal. Esa noche, los ojos de Billie brillaban más que nunca, y solo lo notó cuando se detuvieron. Sus respiraciones, tanto como sus corazones seguían tan acelerados como cuando habían caído en la cama, y sus manos no se habían soltado en ningún momento, tenían sus dedos entrelazados. Cuando la joven sintió la otra mano de él rozando la piel de su mejilla, cerró los ojos lentamente tratando de sentir cada contacto por más mínimo que sea. Así se fue quedando dormida lentamente, mientras el chico no le quitaba la vista de encima y sonreía levemente al verla conciliar el sueño, que también se iba apoderando de él. Allí estaban de vuelta, uno al lado del otro cuando creían que todo terminaría. Ninguno sabía lo que pensaba exactamente el otro, pero parecía que siempre encontraban resolver las cosas de esa manera.
Delirio, solo eso pasaba por su mente, como si una potente droga invadiera su cuerpo causando cosas impensadas e inesperadas. Cerró los ojos ya completamente dormido, al parecer ella también lo estaba.
– Te amo, Rose – murmuró involuntariamente y dio un suspiro tan profundo que parecía que comenzaría a roncar.

A la mañana siguiente, Rose se despertó acalorada. Como para no estarlo, tenía a Billie prácticamente aplastándola. La abrazaba con ambos brazos como si fuera un oso de peluche y su pierna estaba estirada por encima del resto de su cuerpo. Solo su brazo quedaba libre.
– Fuck off… qué mal dormido es este hombre… – murmuró buscando una manera de salir –. Bi-Billie… ¿puedes por favor… quitarte?
Él no contestaba, parecía muerto encima de ella. Lo volvió a llamar, y como no reaccionaba, hizo lo primero que se le vino a la mente. Se corrió el pelo de la cara y le mordió el brazo que la rodeaba, provocando reacción instantánea.
– ¿Qué mierda haces? ¿Estás loca? – exclamó incorporándose luego de dar un grito. Ella rió al ver que sus ojos todavía se entrecerraban solos y tenía todo el pelo revuelto.
– Es que no te levantabas…
– Y supongo que todo lo arreglas a los mordiscos – rió, todavía frotándose el lugar de la mordida.
– ¿Y de qué otra manera hubieras querido que te despierte? Te estuve llamando y…
– Con un beso – interrumpió acercándose a ella –. De mil maneras distintas, tú sabes las cosas que me gustan.
– La próxima vez lo pensaré mejor entonces – dijo sonriendo. Le dio un pequeño beso en los labios y luego se levantó mientras él la perseguía con la mirada en silencio –. ¿Qué pasa que estás tan pensativo?
– Nada… Sólo que eres hermosa – contestó tan espontáneamente que hizo que la rubia se ruborice un tanto.
– ¿No hay nada más que tengas que decir? – cuestionó produciendo silencio. Se tomó su tiempo para contestar, como solía hacerlo en esas situaciones.
– No, no hay nada que confesar – dijo después –. ¿Y tú?
– Yo sí, pero no tiene que ver con nosotros. Es por Matt – respondió sentándose en el borde de la cama y jugueteando con el cabello corto de Billie.
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Re: The Judge's Daughter/Church on Sunday

Mensaje por Scattered.Pictures el Dom Jun 27, 2010 4:07 pm

Justo te iba a pedir capitulo Celes! WOOT , me leiste la mente Cool , leere WUB

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Re: The Judge's Daughter/Church on Sunday

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