The Judge's Daughter/Church on Sunday

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Re: The Judge's Daughter/Church on Sunday

Mensaje por NaturalxDisaster el Vie Sep 10, 2010 11:55 pm

Me quedé pensando en Andrew y sus desafinadas de voz que le salen cuando se emociona haciendo de Mad Hatter WUB Yo quiero uno para mí <3 (?)
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Chapter 6: Like my mother.

Permaneció quieta sin decir nada, al igual que su amiga, pero no con la misma expresión de ensueño. Kim observaba a Billie de forma inquisitiva y a la vez simplemente lo contemplaba. Él se aclaró la garganta y se acercó.
—Dijiste que hablaríamos después… a la salida —le dijo la joven antes de que diga nada.
—Sí, es verdad. Sólo quería saludarte —repuso encogido de hombros. En ese momento, Astrid se llevó las manos a la boca y él la miró extrañado—. Me parece que ella no estaba enterada…
— ¿Que nos conocíamos? No… Bueno, nos vimos ayer, y digamos que no tuve tiempo, y no fue un muy buen día que digamos —explicó la chica lanzando una breve risa.
—Obvio que no, tenerme de profesor no es bueno —mencionó él y luego rieron—. ¿Estuvo bien la clase?
—Genial —musitó Astrid con dificultad. Kim la observaba de reojo.
—Sí, estuvo muy bien… Nunca te había imaginado de profesor, y mucho menos de batería.
—Bueno, no soy experto, pero sé tocar… Además, vete olvidando de mi imagen explicando ejercicios de coordinación, es sólo un par de días. Podré ayudar aquí con algunas otras cosas, pero no enseñando —aclaró haciéndolas reír.
—Qué raro es todo esto…
—Sí. Si yo soy profesor, significa que cualquier otro de un día para otro puede pasar de actor a vendedor de golosinas… OK, no es una buena comparación —mencionó y ella rió.
—A la salida te espero afuera —dijo finalmente.
—Sí, nos vemos luego —se despidió entrando a la habitación nuevamente.
Kim avanzó y luego de unos pasos se dio cuenta que Astrid no la seguía. Giró y la vio parada todavía donde antes, pensando.
— ¿Qué ocurre? —preguntó acercándose a ella.
— ¿Lo… lo habías conocido? —tartamudeó incrédula.
—Si vienes conmigo te explico —dio a modo de respuesta, y su amiga abrió grande los ojos.
El resto del día se pasó bastante rápido a pesar de los emocionados comentarios de Astrid sobre su profesor de batería. Tenían luego dos clases más: guitarra con Oliver y luego piano con otro profesor no tan simpático como el resto llamado Horacio. En el pasillo, cuando se dirigían a la última clase que les tocaba, cruzaron a Max, que salía de su primera clase de batería con Billie Joe como profesor. Intercambiaron algunas palabras antes de que Oliver llegara a apurar al chico, que le tocaba su clase de guitarra en un curso no tan avanzado como el de las chicas. Quedaron en verse a la salida y luego se separaron otra vez.
¿Pero quién dijo que Kim no estaba emocionada por la sorpresa del día? Había olvidado varias cosas debido a estar pensando en que el cantante de su banda favorita, la persona que la había influenciado a la música estaba enseñándole él mismo. Era difícil de concentrarse teniendo eso en mente y si su profesor de piano les enseñaba una canción que los hacía dormir. Más fastidioso era escuchar a Astrid hablar del tema, por lo que prefería aquellos silencios que reemplazaba cantando una canción de Green Day.
Una hora después, salieron del establecimiento. Como todos los días, atravesaron las miles de pequeñas orquestas que se juntaban en la puerta, más en aquel horario. Ninguno llevaba guitarra ese día, así que mucho no se iban a quedar conversando. Al girar hacia la puerta, Kim vio salir un hombre vestido de negro casi por completo, exceptuando las rayas azules de su remera, con anteojos de sol y una gorra; era Billie, y ella recordó que debía esperarlo. Al verla, sonrió y apresuró el paso. Kim también sonrió, y se quedó observándolo hasta que Astrid le gritó en la oreja haciendo que dé un salto.
— ¡Kim! ¿Te quedas o vienes? —preguntó aparentemente no por primera vez.
—Emm… me quedaré con Billie —contestó metiéndose el dedo en la oreja con cara de aturdida. Su amiga rió.
—Cierto… Bueno, entonces Max y yo nos vamos solos hoy… Nos reemplazas por él… —decía agarrando al chico del brazo y arrastrándolo con ella.
— ¿Por qué te alejas? Siempre nos vamos por caminos distintos igualmente —dijo Max a Astrid.
—Cállate, Max —espetó ella fulminándolo con la mirada.
—Hola chicos —saludó Billie llegando a su lado.
—Hola —contestaron los tres a la vez, sonriendo.
—Ya lo dije, nosotros nos vamos —insistió Astrid llevándose a Max, que protestaba.
—Espera, Astrid. ¿Estás loca o qué? Nunca te vas tan rápido…
— ¡Adiós Kim!
— ¡Adiós chicos! —dijo ella saludando con la mano, algo molesta por los estúpidos celos de Astrid.
Los dos jóvenes se alejaron escuchándose sólo sus quejas, y Billie rió haciendo que Kim deje su molestia de lado.
—Ese chico tiene facilidad para hacer graciosa cualquier situación —mencionó mirando a la pareja alejarse.
—Max es así… Aunque a veces dan ganas de matarlo. Y Astrid tiene un carácter muy fuerte —dijo haciendo una mueca. Luego se quedaron en silencio unos segundos—. Así que… profesor Armstrong…
— Pff! Repite eso que será difícil de volver a oír —exclamó con risa.
— ¿Me puedes explicar qué hago yo diciéndote profesor? —rió alzando una ceja. Él dejó de reír y pensó unos segundos.
—Mmm… ¿Un café? Y te explico cómo es que llegué aquí —invitó poniendo luego cara de súplica.
—De acuerdo, si lo pides así —aceptó gustosa.
Caminaron hacia el auto de él y cuando subieron, Billie puso música. Conversaban tranquilamente mientras London Calling, de The Clash sonaba haciendo que de vez en cuando, alguno de los dos se detenga para cantar algunos versos. Llegaron rápidamente a una cafetería que estaba cerca de allí, en el centro de Los Ángeles. Se sentaron en una mesa y un rato después llegaron dos tazas humeantes de café servidas por una mesera muy simpática.
—No pensé que te tendría como alumna —comentó él dando un sorbo muy pensativamente.
—Ni yo como profesor, créeme que mucho menos —agregó ella abriendo grande los ojos—. Ahora que te conoceré mejor, sabré si realmente influyes más en mí que mi padrastro, o si prefiero quedarme con la imagen que yo misma elaboré de ti.
—No mezcles las cosas, es distinto un padre que una figura a seguir…
—Él no es mi padre, es mi padrastro —corrigió cortante. Luego suspiró—. En realidad, mi madre ha sabido reemplazarlo, supongo. Diría que el vacío que dejó mi padre lo reemplazaste tú más que Gabriel, pero al fin y al cabo, mi madre hizo que te escuche; ella me explicaba a qué te referías en cada palabra que escribías y yo no comprendía. Entendí así mucho de ti, y mucho lo incorporé… De mi padrastro no incorporé nada; es un típico hombre que trabaja en una aburrida oficina y llega a casa para oír a mi madre y meterse sólo donde lo llaman, y esos asuntos no me incluyen a mí.
— ¿Por qué tu madre te habló tanto de mí? Es decir, yo no soy una persona tan sabia, mis canciones no son las que dicen todo. Tal vez con algunas cosas quiero decir más de lo que se puede llegar a entender, pero igualmente, es bastante raro el “modelo” que siguió… Y sabes tanto de mí —dijo contemplándola con su taza olvidada en sus manos.
—Sé lo que cualquier fan sabe. Te conozco lo que te he oído hablar, y tengo miles de preguntas que hacerte, y las he olvidado todas —respondió agachando la mirada—. Sin embargo, siento que he oído tus palabras antes. Creo que si siguiera escuchando de ti y observando tu forma de ser, me convencería de que tienes actitudes muy parecidas a alguien…
— ¿A quién?
—A mi madre —musitó mirándolo a los ojos. Él no pudo evitar lanzar una leve risa.
— ¿En qué puedo parecérmele yo a ella? No la conozco, pero es extraño —comentó intrigado.
—Bueno, hablamos poco… pero tu manera de explicar las cosas, cómo quieres ser entendido. Y cuando hablábamos ayer, cuando me regañaste por todo lo que yo hacía… Me retaste, sí, pero no haciendo gran escándalo… Así era antes ella.
— ¿Por qué antes? —inquirió extrañado. El tema le interesaba en serio.
—Ha cambiado mucho ella. Antes era más divertida, sabía apreciar más todo lo pequeño. Sabía vivir los momentos que para otros no tienen valor, y sin embargo, ella los disfrutaba más que nunca. Vivía para mí… No para consentirme comprándome juguetes y esas cosas, sino para escucharme reír cinco segundos más, para quedarse hasta que me dormía, o para espiarme sonriendo mientras cantaba escuchando música o jugaba a que tocaba la guitarra… Ahora vive para su trabajo.
Guardaron silencio luego. Billie dio un último trago a su café y suspiró.
—A veces la gente cambia para mal. Puede que tu madre no sea mala persona, pero perdió ese niño que todos deberían llevar adentro. Yo creí perderlo un tiempo… pero era imposible olvidarme de lo bello que puede ser un simple momento estando con mis hijos —comentó sonriendo al recordarlos.
—Qué bien que lo notaste. A mí me gustaría hacérselo ver —dijo haciendo una mueca de desagrado. Él alzó las cejas mirándola resignado.
—Bueno… Mira el lado bueno… tienes más libertad en algunas cosas. No te anda persiguiendo, ni nada por el estilo… —comentó intentando animarla—. Sé lo que se siente, porque me pasó con mi madre también. Después de que mi padre no estuvo.
Kim, que daba un trago a su café, alzó las cejas haciendo un gesto de comprensión y acuerdo, pero luego se alejó la taza escupiendo todo de repente, atragantada. Billie se paró de su asiento como primera reacción, y ella hizo lo mismo tomando una servilleta y limpiando todo apuradamente. Él no entendía nada.
— ¡Maldición, debo irme! —exclamó nerviosa—. Gracias por todo, Billie Joe, lamento esto, luego te pago el café…
Dispuesta a salir corriendo, dio unos pasos, pero él la sostuvo del brazo acercándola de repente.
—Espera, ¿qué sucede? —preguntó mirándola atentamente a los ojos. Tardó en responder.
—Mi madre iba a pasar a buscarme por la escuela al terminar mis clases de piano… Lo olvidé, va a matarme.
Aunque había bastado con aquella explicación, seguían igual de cerca, mirándose de la misma manera, con mucha atención y con tal detenimiento a los ojos que parecía que nada más existía que aquellos verdes paisajes. Billie hizo un gesto de confusión entrecerrando levemente sus ojos, y con temor e inseguridad, aproximó más su rostro. Arrepentido por aquel amague, agachó la cabeza y la soltó mordiéndose el labio.
—Te llevaré a tu casa —dijo finalmente.
Kim tenía coloradas hasta las orejas y se limitó a asentir sin atreverse a contradecirlo. Subieron al auto y él condujo en silencio, silencio el cual ella no se atrevió a romper. Al llegar a la supuesta casa de Kim (desde la vez anterior, ella no le había dicho la verdad aún de dónde vivía), Billie detuvo el auto y la miró esperando que diga o haga algo. Sonrió, como hincapié a que salgan las palabras.
—Nos vemos —musitó ella sonriendo también.
Se acercó y con un torpe movimiento recibió un beso en la mejilla de él.
—Adiós —se despidió de manera casi inaudible.
La joven salió del auto y agitando la mano lo saludó hasta que se perdió en la misma esquina que la última vez. Sin dudar cinco segundos más y dejando de pensar en Billie, comenzó a correr en dirección a su casa. Rogaba más que cualquier otra cosa que su madre no la mate… o que no haya muerto de un ataque de nervios.

Una hora para que termine la descarga! :BBB Pero tendrá que terminar mañana D:!

Chapter 7: Do you still love me?

Rose daba vueltas con su auto sin saber qué hacer. ¿Llamar a Gabriel? ¿Para qué? Nunca sabía nada de nada, y mucho menos de Kim. Podía intentar buscar a los amigos de su hija, ¿pero cómo encontrarlos? No sabía dónde vivían ni tenía sus números de teléfono. Estaba desesperada, a punto de colapsar y echarse a llorar. Seguro solamente había sido un descuido de su hija, seguro andaba por ahí con alguien, de eso quería convencerse. ¿Pero si no era así? ¿Si le había pasado algo, si la habían secuestrado? Como cualquier madre, imaginaba hasta lo más imposible de lo preocupada que estaba, además de cierta culpa que seguía cargando sobre sus hombros, todos los días. Y Kim no aparecía.
Tan desconcentrada iba, que superó el límite de velocidad y no respetó un semáforo en rojo en el que afortunadamente nadie se cruzó por su camino. Decidió volver a su casa, buscar números para intentar llamar. Tal vez en la escuela tenían la dirección de Astrid y Max, y a ellos les podría preguntar.
Apenas estacionó, salió del auto casi corriendo sin siquiera ponerle el seguro (a duras penas se tomó el tiempo para empujar la puerta). Subió a su habitación y hojeó en su agenda a velocidad récord. No encontró nada. Buscó en sus carteras y en medio de miles de papeles: nada. En un momento se le cayeron todas las cosas de las manos y dio un grito de odio hacia ella misma. Cayó de rodillas al suelo completamente rendida y rompió a llorar, la situación la había superado.
¿Tan mala madre era? Su cargo de conciencia no pesaba solamente por ese tipo de cosas, y de esa manera se sentía fracasada, inútil totalmente. No tenía en cuenta que a pesar de todo, había sido madre con escasos dieciséis años, tal vez le había faltado comprender más de todo. Pero no quería justificarse. Porque allí seguía la mentira, el secreto que había mantenido durante todos esos años. De esa manera, sabiendo lo que le ocultaba a su propia hija, nunca podría sentirse bien con ella misma, ni siquiera aunque la situación fuera diferente. En muchas ocasiones había querido terminar con todo, mas no lo había hecho, porque allí estaba él otra vez, y todo lo que sentía hacia su persona. Porque había ya quince años que no lo tenía delante de ella, y aún así lo seguía apreciando lo suficiente como para no querer arruinar su vida perfecta. Eso era lo que siempre la detenía y le ponía un alto a la verdad.
Unos minutos después, oyó el ruido de la puerta de entrada en la planta baja. Levantó la cabeza y corrió a lo alto de las escaleras. Sintió como el corazón le volvía al cuerpo viendo como Kim entraba agitada a su hogar. Dio un suspiro y la preocupación pareció transformarse instantáneamente en odio. Sus pasos resonaban furiosos en cada peldaño que iba bajando, y vio muy anticipadamente la cara de su hija, que sabía que estaba en problemas.
Cuando la tuvo en frente, la observó unos segundos. Todavía tenía la cara empapada en lágrimas, con el maquillaje todo corrido, y reprimía tantas cosas a la vez que sólo supo hacer una cosa: le pegó. Su mano impactó con la cara de su hija de repente, y luego, silencio.
—No me vuelvas a levantar la mano —logró decir Kim con los dientes tan apretados como sus puños y con lágrimas en los ojos, que aún así no salieron.
— ¿Te pegué alguna vez? —Farfulló elevando el tono de voz—. Porque he evitado hacer miles de cosas contigo. Lo he intentado, y aún así… ¡Parece que no te das cuenta todo lo que me cuesta manejar esto, maldita sea! ¡Estoy cansada de ver éstas cosas que haces como fracasos míos!
— ¿Me sacarás en cara ahora todo lo que hiciste por mí? ¿Que te has desvivido por criarme y te lo agradezco así? ¿Que con TODO lo que intentaste, fracasaste porque no soy como tú quieres? —Sollozó llevando su mano a su boca.
—No, Kim. Nunca te he sacado en cara nada, y lo que te digo no es hacerlo. Y no pienses que preferiría haber obtenido otras cosas en lugar de ti, porque sabes que te elegiría por sobre todo —contestó Rose—. Pero… aún así veo mis errores, tú no eres uno, sino lo que yo he hecho contigo… Y me atormentan cosas que ya no puedo controlar.
— ¡Dilas! ¡Dilas todas ahora! Así entenderé lo que me quieres decir. ¿Por qué la señorita Imperfección tiene una madre más imperfecta? ¡Estoy cansada de no entender nada, de no entenderte nunca, ni que tú me entiendas a mí!
— ¿Yo no ten entiendo? ¡Tú eres la que se encierra en su mundo y me oculta cosas! ¿Con quién te fuiste por ahí recién, qué anduviste haciendo? Si de eso no me entero, no es porque no quiera.
— ¿Y quién es la que se pasa el día en su maldito edificio firmando estúpidos contratos? Si tanto te apasiona la música, ¿por qué no escuchas la que tienes tan cerca para, por lo menos, dar tu opinión? Tengo una banda, ¿sabes? Y he compuesto canciones de las que nadie sabe todavía, y la única que nos hemos atrevido a mostrar con Astrid y Max, la ha oído Oliver primero, ni siquiera tú, tocada por mi guitarra acústica.
Luego de eso permanecieron en silencio, a no ser por el llanto de Rose, que era lo único que se oía. Kim también lloraba, pero intentando ser más fuerte, sin hacer ningún ruido, y aún así, notablemente afectada.
—Fíjate por un momento en lo que te hace feliz a ti, Rose, y si realmente te importo, el que yo sea feliz formará parte de tu felicidad… Y yo así no soy feliz —sentenció mirándola una vez más. Luego subió las escaleras rápidamente.
La rubia la observó desaparecer y luego se desplomó en el primer escalón, tomando su cara entre sus manos.
— ¿Por qué es tan igual a su padre? —musitó, aunque ya nadie más pudo oírla.

La mañana siguiente fue muy distinta a las anteriores. La rutina de Rose incluía levantarse a la hora que su hija iba al colegio, pero ese día se quedó en cama. Gabriel ya no estaba a su lado, y la noche anterior lo había ignorado por completo, ni siquiera habían hablado demasiado. Cerca de las diez de la mañana, se levantó ya sin poder dormir ni cinco minutos más. Entró al baño, se desvistió rápidamente y entró en la ducha. Luego de un largo baño, salió, cepilló sus dientes y se vistió. Bajó las escaleras sintiendo el vacío de la casa al ser ésta tan grande y estar ella sola. Penetró en la cocina y se tomó como desayuno rápido una simple taza de café (teniendo en cuenta que además no tenía nada de apetito).
¿Iba o no al estudio? No le gustaba ser de esas dueñas que no se aparecían nunca por el lugar, y le gustaba atender sus asuntos ella misma. Sonó el teléfono. Atendió y escuchó del otro lado a su secretaria, que le decía que tenía una entrevista aquel día por el tema de un contrato. Lo había olvidado, y sin mucho más insistir, tomó sus llaves y salió de la casa luego de cortar la comunicación. Subió a su auto, encendió el motor y antes de salir a la calle revisó entre lo que tenía allí buscando algún CD que le guste. Tomó uno al principio que en su tapa tenía una chica con un arma en la mano… No, definitivamente no era el día para oír Green Day, y mucho menos los temas que ella llegó a oír en vivo, cantados para ella. Encontró así Mommy’s a Little Monster, de Social Distortion, y lo puso a reproducir antes de arrepentirse. Mucho no logró olvidarse: lo primero que recordó fue una oportunidad en que se quedó dormida en brazos de Billie Joe escuchando aquella banda. Si se iba a poner a pensar en los detalles, todo le recordaría a él.
En veinte minutos de viaje (que se habían hecho interminables), llegó al edificio, estacionó en un lugar que tenía reservado, y se encaminó a su oficina. Pensó dos veces antes de atravesar la puerta, pero luego sacudió su cabeza y entró.
Lo siguiente fue la rutina de todas las mañanas. Pasar por en frente de la recepción donde su secretaria diría:
—Buen día, señorita Harrington.
A lo cual ella respondería:
—Buen día, Kate —sonrisa—. ¿Alguna novedad?
—No por el momento —contestaba la joven mientras Rose, en su mente, iba repitiendo las palabras como si fueran leídas de un libro—. Cualquier cosa, le avisaré.
—Muchas gracias —y fin de la charla.
Entró en su oficina, una habitación bastante amplia, con un gran ventanal detrás de la silla del escritorio. Había cajones con miles de fichas a un costado, y, por afición y pedido de ella, un par de guitarras acomodadas en un rincón al lado de unos sillones, para cuando quería tocar.
Pero ese día se limitó a caer rendida en su silla. Miró el reloj, su cita debía estar por llegar. Estaba a punto de ir a tirarse en uno de los sillones, cuando giró sobre su silla y vio por el ventanal que un auto negro se acercaba y se detenía en frente del edificio. Era un… No sabía, ella no sabía de autos. “Mi entrevista llegó”, pensó con algo de desgano. Y es que recibir a alguien implicaba tener que fingir la mejor de sus sonrisas y el mejor de sus ánimos. Se le cruzó por la cabeza en un momento decirle a Kate que le diga a su cita que no se encontraba, que vaya otro día, pero al final se dio por vencida. Agarró el teléfono y pidió a su secretaria que cuando entre la persona que esperaba, alcance dos cafés, o más, no estaba segura de si era una o más personas. Luego se limitó a mirar por la ventana pensando en todo menos en lo que la traía mal (o lo intentaba). Minutos después, llamaron a la puerta. ¿Atender? No estaba para ser amable con nadie ese día.
—Pase, está abierto —se limitó a responder sin quitar su vista de la ventana.
—Permiso — se oyó una voz insegura, prácticamente antes de abrir.
Rose se paró y salió de atrás del escritorio acomodando su ropa para recibir de una vez al invitado. Lo que vio seguidamente fue como estar viviendo una de sus peores pesadillas y a la vez más bellos sueños. Por la puerta ingresó, nada más y nada menos, que Billie Joe. Lo reconoció al instante, a pesar de lo cambiado que estaba. El pelo lo llevaba más largo y de un negro distinto, muy oscuro, vestido mucho más arreglado que la última vez que lo había visto, pero siempre conservando su estilo. Muchos años más de madurez encima, aunque seguramente que después de hablar iba a confirmar que de madurez no había nada más que su aspecto. Y sus labios y ojos, tan iguales como siempre. Su mirada tan intensa y profunda, con ese brillo especial en aquella forma melancólica. Entró por aquella puerta la misma persona que había abandonado en el aeropuerto de Oakland años atrás.
Billie, por su parte, estaba tan asombrado como ella. Movía sus labios levemente, intentando sacar alguna palabra de ellos, pero nada salía. La estaba viendo de vuelta, la persona por la que habría dejado todo. ¿Era un sueño o su mente le estaba jugando una mala pasada? No, ella era tan real como él mismo. Sus rasgos eran los mismos, incluso aquella expresión en su rostro, pero se notaba a kilómetros que su personalidad no.
—Rose… —fue lo primero que pudo salir de su boca con la voz afectada.
No podía evitar conmoverse, y una lágrima rodó desde sus ojos hasta su mentón. Tampoco se preocupó en ocultarla, no tenía remedio. Él sonrió tímidamente y avanzó hacia ella cerrando la puerta detrás de sí. Luego de observarla unos segundos bastante largos, levantó su mano dispuesto a hacer desaparecer el húmedo recorrido de la lágrima, pero ella lo detuvo y extendió su mano para estrecharla a la de él. Con algo de decepción en sus ojos, le tomó la mano y la saludó brevemente. El silencio volvió a invadir la habitación.
—No lo puedo creer —comentó contemplándola. Ella rió y se pasó el puño por la cara.
—Yo… suponía que en Los Ángeles por alguna de esas casualidades podía llegar a cruzarte, aunque no así —admitió mordiéndose el labio—. Billie, yo… sé que tienes mucho que preguntar, mucho que hablar…
—Y mucho por aclarar —interrumpió con un hilo de voz—. ¿Por qué?
Rose lo miró con los ojos llenos de lágrimas otra vez y luego agachó la cabeza.
— ¿Por qué, qué? No hay cosas que aclarar, las cosas pasaron como pasaron a su tiempo… Aunque tal vez no como tenían que pasar.
—Una llamada… ¿Te costaba tanto una llamada? —Dijo con indignación—. Una carta, una posta… ¡Señales de humo, no lo sé! ¿Tan rápido me querías hacer desaparecer de tu vida?
—No, espera un minuto. Las cosas no son tan así como dices, ni es la manera de hablarlas —lo detuvo Rose—. Billie, debemos sentarnos y comenzar a hablar, supongo que todas tus dudas tienen respuesta, igual que las mías. Y por favor, mantén la calma, nos pueden oír…
— ¡Eso quiero hacer, hablar! —exclamó exaltado—. Y estoy tranquilo, estoy tranquilo…
—De acuerdo —se limitó a decir agachando la cabeza.
—Primera pregunta —dijo Billie luego mirándola fijamente—. Y perdona por ser muy directo… ¿Todavía me amas?
Rose lo miró con los ojos muy abiertos y queriendo balbucear algo. Permaneció en silencio unos segundos y él se aproximó más a ella, que retrocedió.
—Dime, contesta —insistió. La tomó de la cintura con intención de que no retroceda más y así verla a los ojos, y ella tropezó torpemente. La tenía entonces tan cerca que podía fácilmente sentir el calor de su piel—. Rose… ¿todavía me amas?
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Re: The Judge's Daughter/Church on Sunday

Mensaje por Camilaa el Jue Sep 30, 2010 6:29 pm

esta re buena ! sube cap Very Happy

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Re: The Judge's Daughter/Church on Sunday

Mensaje por Camilaa el Sáb Dic 04, 2010 9:14 pm

sube cap ase mil ke no hay

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Re: The Judge's Daughter/Church on Sunday

Mensaje por NaturalxDisaster el Vie Dic 17, 2010 9:59 pm

Perdón por el cuelgue, supongo que no me hicieron acordar porque ma mayoría de los pocos que leen ya la estan leyendo por segunda vez. Gracias Cami por hacerme acordar Smile
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Chapter 8: One of my lies.

Se seguían mirando fijamente. A los ojos de Rose se le asomaban aún lágrimas de conmoción, a las cuales él no hacía caso. Quería su respuesta, siempre obtenía las que quería, y esa que era muy importante para él, no sería la excepción. En ese momento, la puerta se abrió de repente. Ambos se sobresaltaron y se alejaron un paso hacia atrás con rapidez. Kate entró con una bandeja.
— ¡Oh, lo lamento, señorita Rose! No quise interrumpir nada —se disculpó muy apenada y dispuesta a retirarse.
—Ven Kate, deja el café —la detuvo ella—. Pero la próxima vez golpea la puerta, no es la primera vez que te lo digo.
La muchacha asintió poniéndose muy colorada y prácticamente corrió fuera de la habitación. Cuando cerró la puerta, Rose se acercó a Billie e inesperadamente le dio una cachetada. Él la miró con los ojos muy abiertos.
— ¿Qué demonios…?
—No creas que porque tuvimos algo te puedes acercar o tratarme así —espetó con enojo.
— ¿Tuvimos “algo”? Maldita sea, Rose, tú me amabas. ¡Yo a ti también! ¿Eso fue sólo “algo”? ¿Nada más? —dijo Billie ofendido. Ella desvió la mirada.
—Como sea, no te vuelvas a acercar —repuso volviéndolo a ver fijo—. Además… No creí que te sentirías así si nos volvíamos a ver… Creí que la situación sería distinta tanto para ti como para mí.
—No es que sienta algo… Es que en serio te amaba —musitó desviando él la mirada en ese momento. A ella se le revolvió el estómago—. Fuiste tú la que me obligó a olvidar, no creo que haya sido al revés.
—Yo no te olvidé —dijo Rose. Él la miró extrañado—. Es decir, siempre te recuerdo… Es más, sé mucho de ti. No dejé de escuchar Green Day nunca.
— ¿Y por qué no me llamaste? —preguntó nuevamente sin comprender. Ella suspiró.
—Me encantaría darte una simple respuesta, pero es que nada es simple aquí… ni lo que pasó después conmigo, ni contigo, creo —comenzó de manera que a Billie se le erizaron los pelos de la piel.
—Rose… ¿con eso te refieres a…? Bueno… Aunque me olvido de algunas cosas siempre, yo no he olvidado que estabas embarazada —terminó por fin con mucho nerviosismo, y fue para Rose como recibir un golpe en la boca del estómago. Al ver la expresión de su rostro, él abrió grande los ojos—. ¿Tu-tuviste al bebé?
—Eso es… parte de lo que me gustaría explicar —contestó luego de unos segundos—. Que seas qué fue lo que pasó, pero no ahora… Entiende que es todo muy confuso para mí, debo elegir bien las palabras que usaré para intentar no fallarte.
—Por lo menos contéstame con un sí o un no, y no te juzgaré hasta que hablemos —pidió insistente.
No podía decírselo, no era la manera ni el momento. Sabía que finalmente el momento de decir la verdad estaba muy cerca, pero a pesar de eso, no era el momento de decirle nada. ¿Mentir? No, sólo era darle tiempo a una mentira, y aún así estaba mal. Lo sabía, pero no tenía fuerzas suficientes para decir todo en ese momento. Se imaginaba lo ridículo que sería decirle algo así como “sí, tienes una hija y se llama Kim”. Era simplemente absurdo.
—No —respondió de impulso—. Puedes quedarte tranquilo.
Permanecieron en silencio luego. Ella agachó la cabeza otra vez, esperando algún tipo de reacción de él. Billie asintió levemente mordiéndose el labio inferior y suspiró.
—Menos mal —dijo irónicamente—. ¿El sábado estás libre?
—Supongo —contestó cortante.
—Hay un café aquí a dos cuadras. ¿Podemos vernos y me cuentas lo que sucedió? —terminó su invitación con mirada de súplica. Ella lo vio a los ojos y lanzó una risa.
—Hay expresiones tuyas que no cambiaron para nada —comentó sonriendo—. De acuerdo, a las seis.
—Allí estaré —dijo Billie esbozando una sonrisa—. Creo que esto del contrato lo hablaremos luego.
Se acercó a ella y besó su mejilla suavemente antes de darse vuelta. Rose ni siquiera pudo moverse. Giró y la vio por última vez antes de abrir la puerta.
—Sabes que… creo que no he cambiado mi manera de pensar a cuando tenía veinte años. Me hubiera gustado ser padre de ese niño —agregó dando un suspiro. Luego salió y cerró la puerta.
Rose no lo volvió a ver sino hasta la fecha y hora arreglada.

Aquella tarde cuando ya se veía caer la noche muy a lo lejos, Rose se puso una chaqueta de cuero negro, agarró las llaves de su auto y se encaminó a la salida de su casa. Al abrir la puerta, vio a Kim, que volvía de comprar con Astrid a su lado; las dos llevaban un paquete de galletas cada una.
— ¿Dónde vas? —preguntó cortante su hija, pasando a su lado.
— ¿Tú me contestaste cuando te pregunté con quién habías estado todas las veces que desapareciste sin avisar? —dio a modo de respuesta.
La adolescente hizo un gesto de desagrado y sin querer alargar mucho más la conversación, se metió en la casa con su amiga siguiéndola.
Definitivamente no se lo diría. Rose subió a su auto intranquila a pesar de haber dejado “conforme” a Kim con esa respuesta. Condujo con velocidad hacia una cafetería de Los Ángeles, cerca de donde trabajaba, sintiendo como sus manos comenzaban a sudar. Al llegar, su corazón se aceleró al ver que en una mesa, Billie Joe ya esperaba, tan nervioso como ella (o eso parecía, según los movimientos nerviosos de su pie y sus manos). Antes de salir, se miró al espejo, se soltó el pelo y lo acomodó un poco, pero no tenía remedio, mucho más no podría retrasar la situación.
Salió del vehículo y no la puso más tranquila ver como él le clavaba sus ojos verdes encima. Agachó la cabeza y apresuró el paso hasta que estuvo delante de Billie, que se había puesto de pie. Le temblaban las piernas.
—Por fin, Rose, no que quedan tantos años por delante como antes, ¡y casi me vuelvo anciano esperando! —exageró sobreactuando su falsa molestia.
—Creo yo que has esperado mucho más que diez minutos para esta charla —señaló haciendo una mueca. Él lanzó una risa irónica, que demostraba algo de la impotencia que sentía al no poder volver el tiempo atrás.
—Es verdad… ¿Te puedo saludar con un beso en la mejilla, como debe ser?
—Tú eres el que se puso a criticarme que llegué cinco segundos tarde —contestó acercándose.
—No has cambiado… Te sigue gustando pelear —rió contemplándola unos segundos.
Ella sonrió y se quedó en silencio. Luego se aclaró la garganta y él reaccionó; se acercó y le dio un beso en la mejilla. Luego de sonreír sonrojados otra vez, se sentaron a la mesa, y no tardó mucho en venir una mesera a tomarles el pedido. Luego de que la mujer se fue, permanecieron en silencio unos prolongados segundos. Él apoyó su cara sobre su mano y se quedó observándola teniendo como objetivo causarle molestia… Funcionó de inmediato.
— ¿Qué tiene de entretenido ver mi cara? —espetó ella con el ceño fruncido.
—Nada, sólo que hace rato que no la veía, así que debo ponerme al día —bromeó sin quitarle los ojos de encima, y aún así muy seriamente.
— ¿No crees que tenemos que “ponernos al día” con otras cosas, en lugar de que te fijes si tengo tres pestañas más que antes? —volvió a decir Rose con molestia.
—Mmm… ¿Como qué tipo de cosas? —inquirió con interés en sus depravados ojos.
—Nada que pase por tu asquerosa mente —contestó desviando la mirada mientras él reía—. Creí que querías hablar en serio…
— ¡Vamos, Rose! No seas así, estaba bromeando. ¿Ya no aguantas una broma? —dijo él cuando dejó de reír.
—Sí, pero no es el momento… No sabes cuánto me costó venir aquí, y te veo a ti que ríes como si nada fuera importante… Veo que sigues sin tomarte nada en serio.
Se produjo un silencio otra vez. Billie seguía con su rostro apoyado sobre su mano, pero inclinaba su vista hacia abajo levemente. Unos instantes después, llegó la mesera con los dos cafés. La mujer los dejó en la mesa y se fue rápidamente al notar lo distantes que estaban ambos.
—No creas que no estoy nervioso —musitó Billie Joe revolviendo el café—. Estaba a punto de colapsar… cuando te vi, fue tan extraño. Quiero saber qué ha pasado… Y sólo extrañaba verte reír. Creo que deberé esperar un poco más.
Rose no se pudo mover ni quitarle los ojos de encima durante unos segundos después de esa confesión. Luego agachó la cabeza, ocultando sus ojos de la vista de él, para que no viera que había hecho que se asomen lágrimas. Él sonrió, de manera casi imperceptible.
—Veo que por lo menos sigues siendo igual de sensible —mencionó haciendo que levante la vista. Era imposible, no podía ocultar ese tipo de cosas a él—. Rose, ¿me puedes contar lo que pasó después de que te fuiste?
— ¿Estás seguro que esa es la pregunta que quieres hacer? —musitó ella sin poder esforzar demasiado su voz.
Dudó antes de contestar, y luego levantó su mano. Billie acarició la mejilla de Rose y obligó luego a que lo mire a los ojos, sin dejar de sentir el suave contacto de su piel.
— ¿Por qué no me llamaste? —inquirió entonces con la mirada algo triste—. ¿No quisiste volver a saber nada de mí?
Ella corrió su cara y le alejó la mano sin mirarlo. Luego suspiró profundamente.
—Las cosas no fueron tan fáciles como parecían después de que subí a aquel avión —comenzó volviéndolo a ver a los ojos—. Cuando llegué a mi casa me enteré que me iba a mudar, y si vamos al caso, tú tampoco me llamaste nunca.
—Eso no es verdad, yo sí te llamé… —repuso al instante. Luego lanzó una irónica risita—. Aunque era obvio que no te lo habían dicho nunca. Llamé luego de dos o tres días, porque pensé que esperar tu llamado se me haría eterno, y atendió tu madre. Me dijo que ni tú ni Matt estaban en casa… Luego llamé intentando acertar en un horario en el que estuvieras tú sola en tu casa, y atendió tu padre… Aunque dijo que el número era equivocado, y hacía de cuenta que no entendía inglés. Por última vez, llamé luego de dos semanas de la última vez que te vi, y ya me decían que el número estaba inhabilitado. Fue como si desaparecieras de la faz de la Tierra.
—Nunca supe de esas llamadas… Maldita sea, no puede ser —dijo tomando su cabeza con ambas manos. Él alzó las cejas y suspiró.
—Tus padres supieron del embarazo, ¿no? —mencionó luego, haciendo que ella lo mire con los ojos muy abiertos—. ¿Por eso me odiaron tanto?
Odiar, había dicho la palabra exacta para describir lo que habían sentido sus padres el día en que se enteraron que iban a ser abuelos. Lo habían detestado más que a nadie en el planeta, por aprovecharse de su confianza, según ellos, y por meterse con su pequeña hija. Rose no lo creía justo, en ningún sentido.
—Sí —contestó apenada—. Mi padre se volvió loco, Matt le contó la verdad. En el momento en que lo vi, ni siquiera me preguntó cómo me sentía, si estaba nerviosa, si dudaba o no. Fue directamente a darme la única cachetada que me dio en su vida… Me juró que no te volvería a ver, aunque yo no creía eso, de alguna manera te encontraría… Luego nos mudamos, y pensé entonces que todo lo que había hecho era malo. Lo sé, fui una idiota, pero te había perdido, no tenía permitido usar el teléfono, tú no sabías cómo encontrarme tampoco, y así tuve que comenzar de vuelta.
Hizo un gesto de comprensión descubriendo a la vez que no tomaría un sorbo de su café, así que lo dejó a un lado. Luego pasó su mano por su nuca con nerviosismo.
—Rose, entonces… ¿no tuviste al bebé? ¿Yo… tuve otro hijo? —preguntó tragando saliva con dificultad.
—Te he dicho que no —contestó de inmediato—. Fue lo más triste de toda esa situación… Después me enteré que te casaste, tuviste hijos… Creo que un hijo mío habría arruinado todo eso.
—No, no digas eso. Hubieran sido distintas las cosas, porque quiero imaginar que me lo habrías dicho antes… Pero aún recuerdo lo feliz que fui mientras duró. Iba a ser padre… Fue tan increíble, que obviamente tenía que durar poco.
—Pero luego fuiste padre, ¿no? Y te casaste… No te va tan mal que digamos, ¿no? —comentó alzando una ceja.
—Emm… No me quejo. Amo a mis hijos y son lo más importante que tengo. Y Adrienne supongo que también, aunque no es como cuando nos conocimos… Creo que ya no la amo.
— ¡Billie Joe! ¡¿Te das cuenta lo que dices?! —exclamó Rose de inmediato, y él se echó a reír a carcajadas.
—Era mentira, tontita. No soy tan frío y cruel como tú —espetó sonriendo con malicia.
—Me alegra enterarme que no hablabas en serio —ironizó blanqueando los ojos. Él volvió a reír.
—En realidad… No sé hasta que grado es verdad o mentira lo que dije. Las cosas cambian, ¿sabes? Pero ahora que estamos hablando de esto, me doy cuenta de que nunca me puse a pensar en eso. No me detuve a medir lo que sentía aún por mi esposa… Ni podría hacerlo ahora. Maldita rutina, es la culpable de que este diciendo esto ahora.
—Te entiendo… Me pasa lo mismo —repuso ella sonriendo levemente. Luego decidió cambiar de tema de repente—. Cuando me mudé aquí, pensé que te cruzaría, pero mucho antes. Creo que pasó mucho después.
—Nos veremos seguido ahora, supongo. Tengo pensado trabajar en tu discográfica, y además, estoy colaborando en una escuela de música de por aquí. ¿Puedes creer que soy profesor de batería?
Rose no pudo ni siquiera sonreír. El único lugar que se le ocurrió fue donde aprendía Kim… No contestó cuando Billie le preguntó qué le sucedía.

Había quedado muy traumante eso e.e

Chapter 9: Could it be worse?

—Estoy desesperada, parece que últimamente el mundo está en mi contra. ¡Ni siquiera las casualidades me benefician! Y por otro lado, sé que yo estoy mal, pero no sé cómo resolver ninguno de mis problemas sin hacer sufrir a nadie.
Rose estaba totalmente exaltada. Cuando se callaba cinco segundos, era para darle una profunda pitada a su cigarrillo y luego volver a hablar hasta cierto punto en el que le temblaba la voz. Delante de ella, Amy se encontraba con otro cigarrillo en una mano, y la otra le sostenía la cabeza mientras se limitaba a oír a su vieja amiga. La misma joven que había estado a su lado desde que iban al colegio, ahora contaba con treinta años al igual que su amiga. Su pelo antes verde y negro ahora estaba entre una mezcla de rubio y marrón oscuro, aunque con el mismo corte desarreglado que tan bien le sentaba a su rostro. En su dedo, brillaba un anillo que correspondía a su matrimonio con Matt… Sí, a eso se debía el hecho de que siga junto a Rose también.
Antes de hablar por primera vez, le dio una pitada a su cigarrillo y la miró con cara de te lo dije. A veces detestaba conocerla y decírselo tanto.
— ¿Cómo sabes que justo tiene que estar enseñando en el lugar donde estudia Kim? Hay miles de lugares en Los Ángeles donde jóvenes como ella aprenden batería —señaló haciendo un gesto de desinterés. A Rose se le iluminaron los ojos, más esperanzada que antes—. Aunque… Kim tiene razón, hay muchas cosas que no sabes de ella porque no hay comunicación, probablemente no te contó que tiene a Billie Joe de profesor porque no le dieron ganas de compartir eso contigo… Y deberías haber hablado con ella de esto hace muchos años.
— ¡Qué alentador! —ironizó cuando esa pequeña luz de esperanza se apagó de repente.
—No esperes que te mienta, porque sería fácil vivir de ilusiones —espetó corriendo el cenicero con los restos a un lado.
—Es verdad —dijo finalmente, abatida—. Pero no quiero que se enteren los dos atando cabos sueltos y por casualidad… Me odiarían más de lo que lo harán.
—Entonces habla con tu hija, habla con Billie Joe, y termina con ésta mentira de una vez —aconsejó cono si fuera muy simple, y Rose lanzó una risa irónica.
—No puedo ahora, y lo dices como si fuera lo más fácil del mundo… Creo que ya sé qué haré.
— ¿Sacar a tu hija de la escuela y volver a vivir con tus padres fuera del país? ¡Rose, dilo de una vez! —exclamó ya cansada.
—No volveré con mis padres… Pero por el momento tal vez no sea bueno que Kim vaya a ese establecimiento —respondió para que Amy abra grande los ojos.
—Te equivocas, ¿sabes?
—No te estoy diciendo que no se lo diré nunca —se defendió frunciendo el ceño—. De hecho, pienso decírselo… Muy pronto, en serio. Pero ya te dije, lo que no quiero es que se enteren por otro lado, ninguno de los dos.
— ¿Y por qué te importa tanto Billie? —preguntó alzando una ceja. Rose la miró molesta.
—Porque es el padre de Kim, Amy. Y además te recuerdo que es una persona y se supone que tiene sentimientos.
—Y parece que a pesar de todo, tú también los tienes —mencionó con una leve sonrisa.
—Eso es obvio… Pero sé que de todas formas, estoy haciendo mal las cosas —repuso dando por finalizado el tema, y Amy meneó la cabeza levemente.

Era el primer lunes del mes, y Kim apagó su despertador esa mañana con más ganas de quedarse en la cama que nunca. Era noviembre, y ya hacía mucho frío en la mañana, lo que hacía que muchas veces llegue tarde a la escuela por quedarse durmiendo un rato más. Se levantó a regañadientes, se vistió y se lavó los dientes, aunque no pudo hacer desaparecer la cara de dormida que tenía. Luego bajó las escaleras y, como siempre, se sentó a desayunar casi sin mirar a Rose y Gabriel, que desayunaban listos para irse.
—Buen día, Kim. Sí, yo también estoy bien, gracias por preguntar —ironizó su madre alzando una ceja.
—Qué pesado que está el día —musitó blanqueando los ojos.
—Sí, Kim, demasiado pesado —habló de repente Gabriel. Ambas lo miraron perplejas, generalmente mientras ellas discutían, él nunca acotaba nada—. Si me permiten decirles algo, ya estoy cansado de ésta maldita rutina todos los días. Es algo que nadie puede digerir. Peleas como primera cosa que debo oír en el día, gritos, incluso insultos, ¿no podemos por un día desayunar en paz? No parecemos una familia, parecemos extraños entre nosotros…
—Nunca fuimos una familia —murmuró la adolescente sin mirar a ninguno de los dos.
A Rose se le llenaron los ojos de lágrimas, mas no dijo nada. Tal vez no debió haber dicho nada para no causarle molestia a alguien. Pero su esposo tenía razón, y ya no podía seguir así. O era cambiar o terminar con aquellas ridiculeces de una vez por todas.
— ¡Kim, no digas estupideces! —exclamó Gabriel con enojo.
—Primero: no me hables así porque no eres nadie para hacerlo. Segundo: no son estupideces, es la verdad. Y tercero: nunca fuimos una maldita familia porque tengo una madre a la que no le importo, un tipo que tiene la ilusión de ser mi padre para mandarme, y a mi verdadero padre no lo vi ni en fotos. ¡Si tuviera edad para mantenerme sola, ya me habría ido de aquí, maldita sea!
Se levantó con brusquedad dejando a ambos enmudecidos. Rose ya no había podido evitar que cayeran lágrimas de sus ojos, pero aún así, su expresión seguía firme e incluso fría e intentando no darle importancia.
—Hoy no irás a las clases de tus instrumentos —mencionó rompiendo el silencio y haciendo que Kim se detenga en la puerta. Se giró hacia su madre de inmediato.
— ¿Qué dices? —salió de su boca como un forzoso murmullo.
—En realidad, no volverás a ir —agregó con notable enojo en sus palabras—. Comienza el mes, y no he pagado… ni volveré a pagar. Luego hablaré con Oliver para que no se preocupe por ti…
—No puedes hacer eso —interrumpió meneando la cabeza, sin creer lo que oía—. ¡No puedes alejarme de lo que amo!
—Nadie te aleja de nada, puedes seguir practicando aquí —dijo fríamente—. Si tuvieras edad… lo pagarías tú, y ya te hubieras ido, ¿no?
Kim no podía permanecer en su postura firme y hacer de cuenta que no le importaba lo que su madre dijera en esa situación. Las lágrimas comenzaron a caer de sus ojos una tras otra, y llevó su mano a su boca llorando cada vez más fuerte. No pudo seguir allí. Salió corriendo y desapareció dando un portazo. Rose apoyó los codos en la mesa y se tomó la cabeza con ambas manos.
—Tú misma sabes que tampoco era para que hagas eso —mencionó Gabriel después de haber dado el último sorbo a su café.
Se puso de pie, se colocó su chaqueta y se dispuso a dirigirse a la cochera.
—Lo sé… Pero no es sólo por eso. De hecho, fue una excusa —confesó sin mirarlo y haciéndolo que se detenga a oírla—. Tengo mis buenos motivos para alejar a mi hija de ese lugar.
Gabriel prefirió no preguntar a qué se refería, no era el momento. Se fue de una vez, dejando sola a su esposa finalmente. Rose no terminó su desayuno. Limpió y ordenó con pocas ganas lo que habían utilizado y luego subió a su auto para dirigirse al estudio. Ya hasta le daba miedo ir ahí. Temía recibir cualquier día una llamada de Billie Joe diciéndole que iría a verla, o peor, que esa llamada la recibiera Matt. Su hermano era el otro dueño de aquella discográfica, pero a diferencia de Rose, no iba siempre a la oficina (iba cuando se le antojaba). Además que él había formado una banda con los viejos amigos de Rose, Jimmy y Nick, poco después de haberse conocido y se habían mudado también a California, al igual que Ale, Luly y Lily.
Una vez en su oficina, tomó su guitarra eléctrica, la conectó y se puso a tocar un rato tranquilamente… O mejor dicho, para tranquilizarse ella, ya que se descargaba de todo de una manera poco tranquila para los oídos de cualquier otra persona. No quería revisar contratos, cartas o algún tipo de documento, pero tampoco quería estar en su casa. Pretendía alejarse cinco minutos de sus problemas, y su solución era tocar el instrumento que más le gustaba. Después de un rato, se quedó en silencio, pensando hasta que divisó su celular.
—Diga —se oyó una voz masculina.
—Oliver, soy Rose —dijo ella cuando la atendieron.
— ¡Rose, querida! ¿Cómo estás? Hace tiempo que no nos vemos —exclamó feliz de oírla.
—Es verdad. Se puede decir que bien… Media estresada, pero estoy bien —contestó lanzando una risita.
—Me alegro, me alegro mucho —repuso él—. ¿Kim está bien?
—Por supuesto. Ella está… en la escuela ahora —contestó comenzando ya a sentirse culpable y nerviosa por imaginar cómo reaccionaría él cuando le dijera lo que le tenía que decir—. De ella te quería hablar…
—Ah, bien. Bueno, antes que nada, quiero asegurarte que su desempeño en todo lo que hace aquí es excelente. Una de las mejores guitarristas de mi clase, supongo que tendrá de quién sacarlo…
— ¡Nunca me has oído tocar! —exclamó ella con risa.
—No —confirmó él—, pero ella me ha dicho que tocas bien.
Rose se quedó muda unos segundos y luego suspiró con dificultad, de manera que Oliver ya se imaginaba que iba a decirle algo no tan agradable.
—Esto que me dices no me facilita en nada a decirte lo que te tengo que decir —musitó con amargura.
— ¿Qué sucedió? —preguntó temeroso—. ¿Qué me tienes que decir?
—Kim no irá hoy a ninguna clase…
— ¿No puede? ¿Tiene turno con el médico, mucha tarea? —preguntó no queriendo imaginar la verdad.
—No, Oliver. Ella no volverá a ir —soltó de una vez.
— ¡¿Qué?! —gritó haciéndole doler el oído a Rose, que se alejó el teléfono de la oreja unos centímetros—. ¿Qué mierda dices? ¿Por qué?
—Es por una decisión que tomé, por algo personal, pero juro que no es por algún estúpido castigo. Sabes que con Kim no funcionan esas cosas —explicó apresuradamente.
En ese momento (en el que Oliver se quedó en un horrible silencio), el teléfono de la oficina sonó.
— ¡Pero Rose, tiene que ser algo terrible!
—Escucha, luego te llamo, me llaman al otro teléfono —se apresuró a decir.
—Esto no queda así. Tú no privarás a la niña de que haga una vida feliz.
—Te recuerdo que soy su madre.
—Y yo que no estás usando bien la cabeza —replicó él.
—Adiós Oliver —quiso terminar la conversación de una vez.
—Nos debemos una larga charla —dijo antes de cortar—. Adiós.
Rose dejó su celular arriba del escritorio y levantó el tubo del teléfono con prisa.
— ¿Si? Habla Rose Harrington.
—Buen día, señora Harrington —se oyó la voz de un hombre muy formal del otro lado—. Soy el señor Smith, director de la escuela de su hija.
—Oh, buen día. ¿Ha pasado algo? ¿Ella está bien? —preguntó de inmediato.
—Tranquilícese, ella está bien. Está aquí en frente de mí ahora, no por buenos motivos en realidad —contestó con tono severo.
— Pero, ¿qué hizo? ¿Se ha portado mal o algún percance…?
—En realidad, ésta fue la gota que renvalsó el vaso —interrumpió con molestia—. ¿Ha recibido usted alguna de las notificaciones que lleva ella pegadas en su cuaderno?
—No, nunca he recibido malas notas de ella —contestó con confusión.
—Sus calificaciones son buenas dentro de todo, tiene un buen promedio —repuso sin darle importancia—. Pero su conducta llegó a ser intolerable. Ha estado castigada más de ocho veces en lo que va del año, usted no se entera, y ya pensamos que debía venir a hablar con nosotros del asunto.
—Le juro que no tenía idea —sólo pudo decir con un dolor punzante en el pecho—. ¿Qué hizo ahora?
—Además de llegar una hora tarde a clases, le jugó una broma de muy mal gusto a la profesora. Nunca había pasado así realmente, pero creemos que por algún motivo lo hizo a propósito para llegar a esto. Sé que somos una escuela pública, señora Harrington, pero tendremos que considerar la expulsión o no de la alumna si no se trata el tema con usted y ella.
—Entiendo —soltó con el estómago estrujado.
— ¿Podría venir ahora o mañana a hablar del tema? —preguntó el hombre.
—En seguida voy —musitó Rose.
—Bien… Hasta luego, gracias por su atención —dijo el director y cortó.
Rose dejó el teléfono en su lugar con sus manos temblando y sin poder creer nada de lo que había oído. No quería que expulsen a Kim, se le haría difícil encontrar otra escuela a esas alturas del año… Y se le haría más difícil aún convencer a su hija de ir. Una vez más, se acordó de Billie Joe. ¿Podía algo más empeorar su día? No podía negarse a salir y afrontar esos problemas de una vez. Apoyó sus codos sobre el escritorio y se sostuvo la cara con sus manos, queriendo poner su mente en blanco. Ya nada podía empeorarle el día, y recién eran las once de la mañana. No le faltaba ninguna noticia más para acomplejar todo… O eso creía, ya que después sonó el teléfono otra vez.
— ¿Sí? —se limitó a decir.
—Señorita Rose, acaban de dejar un mensaje para usted —oyó a su secretaria del otro lado—. Era el señor Billie Joe Armstrong. Dice que pasará a hablar del contrato el miércoles en la mañana. Dice también que no puede a la tarde, así que… que no se atreva a cambiar la hora… Lo lamento, me dijo que se lo diga así. Y por ahora nada más.
—Gracias, Kate —dijo Rose quedadamente.
Suspiró después de dejar el teléfono. Se había equivocado, sí podía empeorar.
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Re: The Judge's Daughter/Church on Sunday

Mensaje por Camilaa el Sáb Dic 18, 2010 2:34 am

gracias lo estaba esperando por dios lo tendré que leer mañana. cool gracias

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Re: The Judge's Daughter/Church on Sunday

Mensaje por Camilaa el Dom Dic 19, 2010 1:26 am

woooooooow como le pudo decir que nooo la tubo y como la saco de la escuela exijo OTRO esta re buena

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Re: The Judge's Daughter/Church on Sunday

Mensaje por Carla el Lun Dic 20, 2010 3:05 pm

Algun dia leeré la historia, cuando me de el tiempo de seguro escribes super bien. Very Happy

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Re: The Judge's Daughter/Church on Sunday

Mensaje por Camilaa el Jue Ene 06, 2011 7:41 pm

quiero cap Crying or Very sad

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Re: The Judge's Daughter/Church on Sunday

Mensaje por Camilaa el Mar Ene 11, 2011 12:27 am

¬¬ LO VOY A BUSCAR EN TU FOTOLOG

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Re: The Judge's Daughter/Church on Sunday

Mensaje por roxxiie.GD el Mar Ene 11, 2011 12:56 pm

Yo tengo todos los capitulos real 1313 Y NO SE LOS VOY A PASAR LERO LERO jaja
CELES POSTEALE CAPITULOS NO SEAS MALA XDD

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Re: The Judge's Daughter/Church on Sunday

Mensaje por NaturalxDisaster el Mar Ene 11, 2011 7:05 pm

^ Sí, ya se, pero hoy no voy a poder u.u xd

Camilaa escribió:¬¬ LO VOY A BUSCAR EN TU FOTOLOG

No te enojes, de colgada nomás no subo, sino preguntale a Roxxie D: xDDDD

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Re: The Judge's Daughter/Church on Sunday

Mensaje por Camilaa el Sáb Ene 15, 2011 2:11 am

NO SI ANTES TENIA TU FOTOLOG PERO EL PC SE ME MURIÓ Y PERDÍ TODOS LOS FAVORITOS PERO YA LO ENCONTRÉ AJAJJA Y YA LO TENGO TODO XDD SOY FELIZ

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Re: The Judge's Daughter/Church on Sunday

Mensaje por Whatsernamee el Sáb Ene 15, 2011 2:20 am

Yo no,así que subi acá ¬¬' (?

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Re: The Judge's Daughter/Church on Sunday

Mensaje por Camilaa el Jue Ene 20, 2011 12:13 am

yaaao si ya la termine y la ame

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Re: The Judge's Daughter/Church on Sunday

Mensaje por NaturalxDisaster el Jue Ene 20, 2011 12:24 am

Whatsernamee escribió:Yo no,así que subi acá ¬¬' (?

Es que... toda la paja D: (? xDDDDDD Si podes buscarlo en flog 77. http://www.fotolog.com/handgrenade_gd
En los enlaces está el primer capítulo Smile xDDDDDD

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Re: The Judge's Daughter/Church on Sunday

Mensaje por Whatsernamee el Jue Ene 20, 2011 1:16 am

Right,tambien tengo que leer esa fic de Mizuki,pero ya tengo el link de esa xD

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Re: The Judge's Daughter/Church on Sunday

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